
Meditación de la montaña
Práctica que ayuda a reconectar con nuestro centro y ecuanimidad en esos días de caos. Adaptada del script de Jon Kabat-Zinn.
Transcripción
Meditación de la montaña Esta meditación se realiza normalmente sentados,
Ya sea en el suelo o en una silla,
Como te sientas más cómodo.
Encuentra una posición de estabilidad y equilibrio.
Mantén la espalda erguida,
La parte superior del cuerpo balanceado sobre tus caderas.
Los hombros en una postura cómoda,
Pero alerta.
Las manos en una posición cómoda también,
Pueden estar en tu regazo o en tus rodillas.
Mantén tu cuerpo relajado y estable.
Cuando te sientas listo,
Cierra los ojos,
Pero si lo prefieres,
Puedes dejarlos abiertos.
Busca un punto donde puedas enfocarte en el suelo durante toda la meditación.
Comienza por detectar las sensaciones de tu cuerpo con la superficie.
Presta atención a tu postura.
Conecta con tu cuerpo.
Ahora presta atención a la respiración.
Siente cada respiración a medida que entra y sale.
Observa su ciclo.
Observa cómo fluye naturalmente.
No intentes cambiarla o regularla de ningún modo.
Observa su ritmo,
Sabiendo que no tienes que hacer nada para que respires.
Esto simplemente ocurre.
Mientras estás aquí sentado,
Permite que venga a tu mente la imagen de la montaña más maravillosa que jamás hayas visto o que te puedas imaginar.
Deja que poco a poco toda tu atención se centre en la montaña.
Si no viene a una imagen,
Intenta sentir su presencia.
Observa o siente su forma.
Sus picos altos casi tocando el cielo.
Su base establecida en el lecho rocoso de la tierra.
Observa o siente si está empinada o suavemente inclinada a los lados.
Nota su grandeza,
Su solidez,
Su inmovilidad.
Es absolutamente maravillosa.
Vista de lejos o de cerca.
Tal vez tu montaña tiene nieve en su cima y árboles que le llegan hasta la base.
Puede ser que tenga rollos y cascadas que bajan por las laderas.
Puede que tenga un pico o una serie de picos.
O que tenga prados y lagos altos.
Observa sus características.
Cuando te sientas listo,
Intenta atraer la montaña a tu propio cuerpo.
De modo que la montaña y tú se vuelvan uno solo en tu mente.
Para que mientras estés aquí sentado,
Puedas compartir la grandeza,
La quietud y majestuosidad de la montaña.
Ahora tú te conviertes en montaña.
Completamente conectado con tu cuerpo,
Tu cabeza se convierte en el pico elevado,
Apoyado por el resto del cuerpo,
Que ofrece una vista panorámica.
Tus hombros y brazos son los lados de la montaña.
Tus nalgas y piernas son la base sólida,
Con raíces en tu cojín o la silla.
Experimentando en tu cuerpo una sensación de elevación,
Que va desde el fondo de tu pelvis y pasa a través de la columna vertebral.
Con cada respiración,
Vas convirtiéndote cada vez más en una montaña que respira,
Que es viva,
Pero que es inquebrantable en tu quietud interior.
Te hace sentir completo,
Más allá de palabras o pensamientos.
Es una presencia centrada,
Conectada e inmóvil.
Mientras te sientas aquí,
Tomando conciencia del hecho de que a medida que el sol viaja a través del cielo,
La luz,
Las sombras,
Los colores se están cambiando virtualmente,
Momento a momento.
En la quietud de la montaña,
Su superficie se llena de vida y actividad.
Corren riachuelos,
Cascadas,
Hay muchas plantas y vida silvestre.
Y durante su jornada la montaña presencia,
Como la noche sigue al día y el día sigue la noche.
Como el sol caliente es seguido por el cielo nocturno lleno de estrellas.
Y como con cada amanecer llega un nuevo día.
A pesar de todos estos cambios,
La montaña simplemente es.
Experimentándolos en cada momento,
Pero siendo siempre ella misma.
Permanece inmóvil a medida que las estaciones fluyen unas a otras.
Y observando como el tiempo cambia momento a momento y día a día.
La calma persiste durante el cambio.
En verano no hay nieve en la montaña.
Quizás hay un poco en los picos o en las zonas protegidas de la luz directa del sol.
En el otoño la montaña puede estar cubierta de hermosos colores de fuego.
Mientras en invierno una manta de nieve y hielo la cubre.
Y en cualquier estación la montaña puede estar a veces envuelta en nubes o niebla.
O estar bañada por la lluvia helada.
La gente puede venir a ver la montaña y comentar lo bella que es.
O como no es un buen día para ver la montaña.
Porque está demasiado nublado,
O está lluvioso,
O hay mucha bruma,
O es muy oscuro.
Pero nada de esto le importa a la montaña que mantiene siendo ella misma.
Las nubes pueden ir o venir.
A los turistas les puede gustar o no.
La grandeza y la belleza de la montaña no cambia ni un poco si la gente la ve o no.
Visto o no visto.
Con sol o con nubes.
Con calor o con frío.
De día o de noche.
Ella simplemente se sienta y es.
A veces la montaña es visitada por violentas tormentas.
Y es azotada por la nieve y la lluvia y vientos de una magnitud impensable.
A través de todo esto,
La montaña sigue siendo ella misma.
Sigue siendo montaña.
La primavera llega.
Las hojas de los árboles salen.
Las flores florecen en los altos prados y las laderas.
Los pájaros cantan de nuevo en los árboles.
Las corrientes se desbordan con el deshielo de la nieve.
A pesar de esto,
La montaña permanece,
Indiferente al clima,
A lo que ocurre en la superficie,
A un mundo de apariencias.
Permanece siendo ella misma a través de las estaciones,
Del tiempo variable,
O de la actividad que desciende y fluye en su superficie.
Del mismo modo,
Mientras nos sentamos en esta meditación,
Podemos aprender a experimentar la fortaleza de la montaña.
Su equilibrio y ecuanimidad frente a todo lo que cambia en nuestras propias vidas,
En cuestión de segundos,
En cuestión de horas,
Durante días,
O durante años.
En nuestras vidas y en nuestra práctica meditativa,
Experimentamos constantemente la naturaleza cambiante de la mente,
Del cuerpo y del mundo exterior.
Tenemos nuestros propios periodos de luz y oscuridad,
De actividad e inactividad,
Momentos de color y momentos de tristeza.
Es verdad que experimentamos tormentas de diferente intensidad y violencia en el mundo exterior,
Y también en nuestras propias mentes,
Y en nuestros cuerpos.
Siendo a veces azotados por fuertes vientos,
Por el frío y la lluvia,
Soportamos periodos de oscuridad y dolor,
Así como momentos de alegría y grandeza.
Incluso nuestra apariencia cambia constantemente,
Experimentando su propio clima.
Al convertirnos en la montaña durante nuestra meditación,
Podemos conectar con su fuerza y estabilidad,
Y adoptar estas cualidades para nosotros mismos.
Podemos usar sus energías para apoyar nuestra energía,
Para encontrar cada momento con atención,
Ecuanimidad y claridad.
Puede ayudarnos a ver que nuestros pensamientos y sentimientos,
Nuestras preocupaciones,
Nuestras tormentas y crisis emocionales,
Incluso las cosas que nos suceden,
Se parecen mucho al clima de la montaña.
Tendemos a tomarlo todo personalmente,
Pero las personalidades fuertes son impersonales.
El clima de nuestras propias vidas no debe ser ignorado o negado,
Debe ser encontrado,
Honrado,
Sentido,
Conocido por lo que es,
Y celebrado a conciencia.
Manteniéndolo de este modo,
Llegamos a conocer un silencio más profundo,
Que está lleno de quietud y sabiduría.
Las montañas nos pueden enseñar esto y mucho más,
Si lo permitimos.
Así que si resuenas de alguna manera con la fuerza y la estabilidad de la montaña en esta sesión,
Puedes usarla de vez en cuando en tu práctica,
Para recordarte lo que significa sentarte conscientemente con determinación y verdadera quietud.
Ahora en el tiempo que queda,
Continúa sosteniendo la meditación de la montaña por tu cuenta,
Siente su grandeza,
Experimenta su silencio,
Y percibe su solidez,
Momento a momento,
Hasta que oigas el sonido de la campana.
Conoce a tu maestro
4.5 (218)
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