
El camino del alma
La vida humana se presenta como un viaje de aprendizaje y de despliegue del ser. Aunque nuestra esencia sea atemporal e infinita, necesita la experiencia limitada de lo terrenal para conocerse, crecer y reconocerse a través del contraste. En este camino, el alma encarna para vivir un ciclo, aprender y avanzar hacia formas más conscientes de existir. Sin embargo, en el día a día pueden aparecer fuerzas internas —el ego herido, el juez severo y el niño caprichoso— que nublan la conexión con lo esencial y generan miedo, incoherencia o estancamiento. El propósito del viaje consiste en atender estas partes con aceptación y compasión, recordando que la humanidad incluye la vulnerabilidad, el llanto, la necesidad de amor y el deseo de acompañamiento. En última instancia, este recorrido nos invita a volver al ser, a sentir la vida y a abrazar cada instante como parte del despliegue del alma.
Transcripción
Podemos ver la vida humana como una experiencia de aprendizaje.
¿Y quién aprende en la vida?
El ser.
Podemos ver la vida humana como una experiencia de despliegue.
¿Y quién se despliega en la vida?
El ser.
La vida es el medio por el que el ser puede conocerse a sí mismo.
El ser es atemporal y eterno,
Pero necesita encarnar,
Vivir para aprender,
Relacionarse y crecer para desplegarse,
Y así conocerse a sí mismo.
Es curioso que algo atemporal,
Infinito,
Que parece tan magnífico,
Pueda necesitar algo tan sencillo como un espacio temporal,
Limitado.
Pero esta es la única manera de conseguir un espejo donde reconocerse,
Aprender y desplegarse.
¿Qué sentido tendría algo que es,
Pero que no hace nada,
Que no se despliega?
Podríamos imaginarnos a nosotros mismos como un alma que un día decidió iniciar un nuevo viaje y sembrarse en la tierra.
Que otros seres de esta tierra,
Unos padres,
Le dieron el apoyo físico necesario para que pudieran hacer,
Y poco a poco,
Crecer para desplegar.
Un alma que aprende durante un tiempo,
Durante un ciclo que tiene su principio y su final,
Y que este ciclo dará paso a otro ciclo,
Y quizá a otro.
Esto no lo sabemos con certeza,
Pero quizá le dé un sentido a todo esto.
Y más sentido tiene si cada uno de estos principios es algo más consciente,
Más luminoso.
¿Y qué nos invita a hacer el alma en el viaje de esta vida?
A recordar que la esencia de nuestro ser es infinita.
Quizás nuestro cuerpo es finito,
Y sea hecho de trozos de este mundo,
Y al mismo tiempo,
Puede que nuestro ser no sea finito,
O que tampoco sea de este mundo.
¿Qué sentido tendría algo que nace y muere sin ningún propósito?
Siento que muchas de mis ansiedades,
De mis miedos,
De mis preocupaciones,
Y mis angustias,
Vienen de desconectarme de lo esencial en mí.
Vienen de no seguir lo que el ser ha venido a aprender.
Vienen de alejarme del camino del despliegue de mi alma,
Y lo veo,
Lo sé,
Me doy cuenta,
E igualmente me cuesta un montón conectarme con mi ser,
Que intuyo oscuro cuando en realidad es luz.
Recordarlo todos los días no es sencillo.
Hay fuerzas que son también de la vida y que operan en sentido contrario,
Que nos alejan de los valores esenciales y que provocan falta de coherencia en nuestras acciones.
Cuando hago cosas que no están alineadas entre sí,
Ni tampoco con lo que el alma pulsa,
Lo sé porque no aprendo.
Todo sigue siendo cíclico,
Pero el punto de partida siempre es el mismo.
No hay crecimiento.
Siempre se repite el mismo ciclo.
Cuando siento que escucho poco mi alma cuando me habla,
Lo sé porque no me despliego.
Me contraigo.
Me protejo.
Evito.
Tengo miedo.
Y sobre todo,
Me entretengo dando vueltas con pensamientos compulsivos,
Rumiativos,
Que en realidad solo son una buena manera para no sentir la vida,
Para no ser.
Identifico tres fuerzas que ponen velos en el camino del alma.
Un yo egocéntrico con un ego interplanetario,
Que está muy herido,
Que se hace el víctima.
Y dice,
Tú no podrás hacer esto,
Tú no,
Pobrecito.
Pero en realidad está muy,
Muy cabreado.
Y dice,
Ya no eres tan joven ni tan fuerte.
¿Qué haces?
Cada vez vales menos.
Y lo que te espera aún es peor.
La vejez y la muerte.
Este yo vive en un cuadrado,
Dentro de un cuadrado.
Hace lo que puede.
Y no conoce al ser.
No conoce el alma.
Después hay un juez muy duro que no tiene compasión y al que no sé acallar.
Y que cuando sigo lo que mi alma pulsa me dice,
Sí,
Sí,
Tú tira,
Pero cuanto más subas,
De más arriba caerás y más daño te harás.
Este juez es como un fiscal inmaduro,
Acusa,
Culpa,
Sin saber nada del ser,
Sin saber nada de la alma.
Y un niño,
Un niño que quiere lo que no tiene,
Quiere lo que tienen los demás y al que no le sé poner límites y que me dice cosas así,
Si no me das aquello ahora me enfado,
Quiero esto ya.
Y que también teme ir solo por la vida.
Es un niño.
Él cree que va solo,
Separado,
Porque no conoce al ser,
No conoce al alma.
Y esta es la misión,
Este es el viaje,
Atender a estas partes con aceptación,
Determinación,
Suavidad y coherencia,
Sobre todo coherencia.
Hasta ahora esto es lo que voy haciendo y cuando no puedo,
Cuando me rindo a estas fuerzas y me dominan,
No pasa nada.
Recuerdo que soy humano.
Recuerda que eres humano.
Eres humana.
Y sí,
Puedes llorar de tristeza hasta que navegues sobre tu propio llanto.
Sí,
Puedes llorar de rabia hasta que salga toda a través de tu piel.
Sí,
Puedes imaginar cómo te gustaría sentir ahora el fuerte abrazo de un padre.
Sí,
Puedes imaginar cómo sería sentir la mirada gentil de una madre y sentir cómo te brillan los ojos al conectar con ella.
Sí,
Puedes invocar el acompañamiento silencioso de un buen amigo o amiga.
Con quien no son necesarias las palabras para entenderse.
Sí,
Puedes invocar el acompañamiento de tu tribu.
Y sí,
Puedes recordar cómo te gustaría hacer el amor delicadamente.
Sí,
Puedes decirte que todo está bien y puedes disfrutar de los pequeños momentos de la vida.
De la vida.
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