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Meditación Ante el Dolor Físico y Psicológico

by Maria Ramirez

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Serluz, enfrentarnos al dolor físico y psicológico no es sencillo. Al manifestarnos en un cuerpo inevitablemente debemos afrontar el dolor, aún más, si alguna enfermedad crónica aparece y se instaura. La corteza cingulada anterior del cerebro se activa, nos hace percibir el dolor tanto físico como psicológico, pero esa zona cerebral no es la misma que reconoce la zona corporal que padece del dolor, lo que indica que es tu cerebro el que interpreta el dolor. Podemos afrontar el dolor. Acompáñame.

Transcripción

El dolor físico y el dolor psicológico o mental forman una parte importante en la vida de todos.

Todos hemos experimentado dolor en algún momento de nuestras vidas,

Algunos por más tiempo,

Otros por menos.

El dolor es un mecanismo que nos avisa que hay algo que no está bien y aunque busquemos rechazarlo no pudiéramos sobrevivir sin esas señales,

Sin esos mensajes no pudiéramos sanar y nos causaríamos más daño.

Hay quienes padecen enfermedades crónicas y deben enfrentarse con mayor frecuencia a las fuentes de dolor.

Hay también quienes deben enfrentarse a fuentes de dolor psicológico con frecuencia o que en este momento están padeciendo algún tipo de dolor psicológico.

Para todos esos seres esta práctica puede ser muy beneficiosa.

Comencemos.

Ser luz,

Si sientes dolor en este momento,

Intenta ajustar tu cuerpo para que esté cómodo.

Tienes la libertad para encontrar tu postura,

Bien sea en una silla,

Sobre una manta,

Sobre un cojín de meditación,

Acostado o incluso de pie.

En la postura que mejor se ajuste a tus necesidades en este momento,

Podemos cerrar los ojos o dejarlos levemente abiertos.

Cuando hay dolor la respiración se altera con frecuencia,

El dolor la puede hacer entrecortada,

Superficial,

Rápida y en los momentos de más dolor incluso podemos dejar de respirar.

No es sencillo darse cuenta de todos estos mecanismos automáticos de respiración,

Porque nuestro foco de atención por lo general se va hacia la fuente de dolor y no hacia la respiración.

Sin embargo a pesar del dolor vamos a llevar nuestra atención a la respiración.

Probemos a respirar a profundidad,

Con un ritmo regular.

Observemos el aire que entra,

El aire que sale.

Inspiro y expiro.

Observo el recorrido que hace el aire en mis fosas nasales,

El aire que entra y el aire que luego regresa al ambiente donde me encuentro.

Inhalo,

Exhalo,

Inhalo,

Exhalo.

Cuando llevamos nuestra atención a la respiración comenzamos a percibir nuestro cuerpo de un modo diferente.

Nuestro cuerpo comienza a integrarse,

A soltarse y el tiempo deja de cobrar importancia.

Incluso la percepción del mismo pasa a ser un eterno instante en el que inundamos nuestro ser de aire con cada inhalación y soltamos las tensiones con cada exhalación.

Inhala,

Exhala.

Observemos si el dolor modifica nuestra respiración.

Si la presencia de un punto o área dolorosos hace que se entrecorte la inhalación o se acorte la exhalación.

Reconozcamos si en nuestra respiración se produce algún cambio.

Atendamos un instante a esa respiración.

Observemos.

Inhala,

Exhala.

Nuevamente inhala,

Exhala.

Observa tu respiración.

Llevemos con amabilidad la atención a esa parte de nuestro cuerpo que ahora manifiesta dolor.

Respiremos con la misma regularidad sin apartar la atención de esa zona de tensión,

De dolor.

Observa esa zona de dolor.

Inhala,

Exhala.

Si te cuesta mantener tu atención en esa zona dolorosa,

Puedes alejarte un poco,

Distanciarte de ese punto doloroso.

Mientras sigues respirando,

Mientras sigues inhalando y exhalando y observando.

Ahora,

Ser luz,

Lleva tu atención a una región de tu cuerpo libre de dolor,

Que en este momento no presente ninguna sensación incómoda,

Que no presente dolor.

Y observa tu respiración.

Observa si tu respiración cambia,

Si permanece con la misma regularidad,

Si se hace más profunda.

Inhala,

Exhala.

Y observa esa zona de tu cuerpo libre de dolor.

Ahora,

Mientras inhalas,

Vuelve a llevar tu atención a la zona dolorosa.

Y mientras exhalas,

Regresa la atención a la otra parte de tu cuerpo que está libre de dolor.

Inhala y observa el dolor.

Exhala y observa la parte libre de aflicción.

Inhala y observa el dolor.

Exhala y ve a la zona libre de dolor.

Inhala y observa las sensaciones dolorosas.

Exhala y libera esas sensaciones al apartarte de la fuente del dolor de tu cuerpo.

Inhala y observa el dolor.

Exhala y aparta tu atención de la fuente del dolor.

Permanece unos instantes más.

Inhalando,

Exhalando.

Inhalando,

Exhalando.

Ahora observa todo tu cuerpo,

Tu postura.

El lugar donde se encuentran tus manos,

Tus pies.

Observa cómo se encuentra tu cuello y tus hombros.

Sigue respirando.

Sigue observando.

Inhalando,

Exhalando.

Inhalando,

Exhalando.

Veamos si la sensación del dolor ha cambiado,

Si continúa con la misma intensidad o se ha modificado de alguna forma.

Mientras inspiramos,

Llevamos nuestra atención hacia la parte del cuerpo que está libre del dolor.

Y mientras expiramos,

Llevamos la atención a la zona dolorosa.

Inspiro y permanezco en la zona libre de dolor.

Expiro y llevo mi atención al dolor.

Inspiro y permanezco en la zona libre de aflicciones.

Expiro y regreso a la zona del dolor.

Inspiro,

Expiro.

Respiramos con regularidad,

Con atención,

Con concentración,

Con una paciencia infinita.

Inspiro,

Expiro.

Vamos a probar llevar nuestra atención hacia otras partes del cuerpo,

Hacia las partes más distales o alejadas de tu cuerpo.

Tú decides qué es para ti alejado o cercano.

Tú incluyes tus puntos de referencia.

Observa las sensaciones que hay en esas partes de tu cuerpo.

Observa qué sensaciones nuevas comienzan a despertarse en tu percepción.

Inhala y observa las partes distales de tu cuerpo.

Exhala y suelta cualquier tipo de percepción incómoda en esa zona de tu cuerpo.

Inhala,

Observa,

Exhala,

Observa.

Pensamos que el dolor es nuestro,

Que nos pertenece,

Que forma parte de lo que somos cuando éste aparece,

Que es una posesión como los objetos de los que creemos ser dueños.

Pero si somos capaces de llevar nuestra atención al dolor y luego a la zona libre del dolor,

Si comenzamos a observar y a separar y a percibir esas transiciones,

Reconocemos que el dolor no nos pertenece como nada nos pertenece.

Nos podemos desprender de los apegos,

De las pertenencias,

De las ataduras,

De los conceptos,

De las definiciones.

Nos podemos desprender de la creencia que el dolor es parte de lo que somos.

El dolor no es una pertenencia,

No es un objeto que nos define.

Simplemente se encuentra allí,

Se hace sentir,

Se hace escuchar y se manifiesta y lo observamos.

Como observamos el frío,

Como observamos el calor,

Como observamos el deseo,

Sin apegarnos,

Sin ser frío,

Sin ser calor,

Sin ser dolor,

Sin ser deseo.

Inhala,

Exhala,

Inhala,

Exhala.

Podemos darnos cuenta que somos capaces de reconocer la zona dolorosa y al mismo tiempo la zona donde no hay dolor.

Hay zonas libres de dolor que dejamos de atender cuando todo nuestro foco de atención reside sobre el dolor.

De esta manera vemos que lo que experimenta dolor en nuestro cuerpo no es todo lo que somos,

Que el cuerpo no está sufriendo,

Tan solo una parte del cuerpo está manifestando dolor.

Mientras respiramos,

Observamos la parte del cuerpo que está bajo dolor.

Mientras exhalamos,

Observamos la parte del cuerpo libre de dolor.

Inhalamos y observamos el dolor.

Exhalamos y observamos el no dolor.

Nuestra conciencia permite observar el no dolor y el dolor.

Inhalo y observo el dolor.

Exhalo y observo el no dolor.

Inhalo,

Exhalo.

Manteniendo la tensión en la respiración,

Probemos a ver cómo está el dolor ahora y también cómo está el no dolor,

Cómo está la parte que sufre,

Cómo está la parte que no sufre,

Cuál prevalece,

Cómo está la mente que observa,

Cómo está la mente que no experimenta el dolor,

Cómo está la mente que experimenta el dolor y sufre,

Y cómo está la conciencia que observa a la mente que observa el cuerpo y observa el dolor.

Inspiro y observo a la mente que sufre.

Expiro y observo a la mente que no sufre.

Inspiro,

Observo el dolor.

Expiro,

Observo el no dolor.

Inspiro,

Observo el cuerpo.

Expiro,

Observo la conciencia.

La mente que sufre puede crear pensamientos de lamentos.

Observo esa mente que sufre.

Cuando hay dolor es frecuente que la zona cercana al dolor use mecanismos para defenderse,

Que se contraiga con la ayuda de la respiración.

Observemos esa área,

Esa fuente de dolor y comencemos a alejarnos con lentitud de ese punto doloroso para así rastrear las sensaciones que existen.

Nos alejamos con lentitud,

Con bondad y observamos cómo está el cuerpo alrededor del punto doloroso.

Con la ayuda de la respiración llevemos la atención directamente hacia el dolor nuevamente y veamos hasta dónde alcanza ese dolor,

Hasta dónde se expande la ola dolorosa,

Qué otras zonas alcanza,

En qué punto o lugar desaparece.

Observa el alcance de tu dolor,

Hasta dónde llega.

Inspira y ablanda esa zona.

Expira y deja la atención en ese límite entre la zona dolorosa y la zona no dolorosa.

Mientras inhalas ablanda esa zona.

Mientras exhalas regresa al punto doloroso.

Mientras inhalas ablanda esa zona.

Mientras exhalas regresa a la fuente del dolor.

Inhala y observa hasta dónde es el alcance de tu dolor.

Exhala y regresa a la fuente del dolor.

Puede que al inicio este punto doloroso sea visto como un espacio del que deseamos huir o escapar,

Que no deseamos enfrentar sino desechar.

Pero en este momento de nuestra práctica somos capaces de observar sin juicios esta fuente dolorosa.

Así que la observamos con atención.

Mientras respiramos con regularidad.

Mientras nos adentramos más y más en el dolor.

Y observamos con atención qué está sucediendo en ese lugar donde nace ese dolor.

Permanece un instante observando esa fuente dolorosa.

El tiempo que seas capaz de permanecer.

Si crees que es muy intenso y no puedes observar esa fuente con toda tu atención,

Entonces con la misma sutileza ve alejándote de ese foco centímetro tras centímetro sin prisa.

Hasta que llegues a un punto donde te sientas cómodo para observar.

Inhala y observa.

Exhala y observa.

Inhala y exhala.

Puedes observar si hay rigidez alrededor.

¿Qué hay alrededor de la causa del dolor?

Respira con gentileza.

Inhala y exhala.

Al inhalar vas a regresar a la profundidad del dolor y al exhalar vas a ablandar las tensiones que hay alrededor.

Inhala y regresa a la fuente del dolor.

Exhala y ablanda la zona alrededor.

Inhala y exhala.

Observamos el dolor tal y como se presenta en nuestro cuerpo.

Si nos distraemos,

Si nuestro cuerpo quiere huir,

Si nuestra mente quiere marcharse o alejarse,

Entonces recurro a mi respiración,

A mi ancla para regresar a la calma.

Respiro tras respiro.

Y regreso a la calma del momento presente.

Observo mi cuerpo.

Observo mi mente.

Observo el dolor.

Inhalo.

Reconozco el dolor.

Exhalo.

Me alejo de la tensión.

Ablando la tensión que hay alrededor.

Inspiro y observo el no dolor.

Expiro y relajo la zona no dolorosa.

Inspiro y observo el no dolor.

Exhalo y relajo la zona no dolorosa.

Con la estabilidad que tenemos ahora,

Podemos observar con detenimiento la parte de nuestro cuerpo que está libre de dolor.

Respiro y observo esa zona.

Cómo se comporta mi mente cuando me enfoco en el área libre de dolor.

Inhalo.

Exhalo.

Y me alojo en la zona libre de dolor.

Inhalo.

Exhalo.

Puedo también desapegarme de la zona del no dolor,

Porque tampoco somos la zona libre de dolor que hay en nuestro cuerpo.

Tampoco somos el cuerpo que está libre de dolor.

Percibo en mí el desapego.

Percibo la libertad que produce en mí el desapego.

Deseo desapegarme y suelto.

Relajo.

Renuncio al apego.

Inhala y observa el desapego.

Exhala y renuncia al apego.

Inhala y observo en mí el desapego.

Exhalo y renuncio al apego.

Ahora hacer luz.

Observa cómo está el dolor en tu cuerpo.

¿Permanece igual o ha cambiado,

Aumentado,

Disminuido o simplemente está sin ningún juicio añadido?

Observemos si tiene la misma intensidad,

Si pulsa,

Si va y viene,

Si se mantiene o si va desapareciendo.

Llevemos la atención hacia la conciencia,

Hacia esa parte que no siente dolor,

Que no es mente,

Que no es cuerpo.

Esa parte libre,

Iluminada,

Perfecta,

Donde solo hay paz.

Permanezcamos unas inhalaciones enfocados en la conciencia.

Inhala.

Exhala.

La conciencia observa el dolor pero no es dolor.

El dolor está.

La zona no dolorosa está.

La conciencia está.

El cuerpo está.

La conciencia observa la zona dolorosa.

Pero la conciencia no es dolor.

La conciencia observa al dolor.

Observemos con curiosidad y gentileza esa parte del cuerpo donde está el dolor.

Inhala y observa esa parte de tu cuerpo.

Ahora exhala y lleva tu atención hacia el lado opuesto del cuerpo donde no hay tensiones,

Donde no hay dolor,

A la zona del no dolor.

Inhala y observa al dolor.

Exhala y observa al no dolor.

Mantenemos siempre la respiración como nuestra guía.

Aunque el dolor haga que nuestra respiración se acorte,

Tan solo observamos la respiración acortada.

Y si hace que se prolongue,

Tan solo observamos nuestra respiración alargándose.

Inhalamos y exhalamos y observamos nuestra respiración.

Intentamos mantener regularidad en nuestra respiración.

Inhalamos y exhalamos con regularidad.

Mientras respiramos vamos a identificar con atención la diferencia entre el dolor físico y el dolor psicológico.

Muchas veces hay dolor psicológico agregado al dolor físico y otras veces hay dolor físico agregado al dolor psicológico.

Observemos ambos dolores y diferenciemos uno del otro.

Cuando hay dolor físico puede que aflore la rabia,

La sensación de injusticia.

Decimos que no lo merecemos,

Que no hay salida,

Que se hace infinito.

Pero ahora nos damos cuenta que no es culpa de nadie.

Tan solo es así.

Hay dolor.

Simplemente hay presencia de dolor en nuestro cuerpo.

Es el resultado de tener un cuerpo.

Tener un cuerpo trae consigo que puede existir el dolor,

Que existe el envejecimiento del cuerpo.

El cuerpo puede enfermar,

Es normal,

Es así.

Hay impermanencia en el cuerpo,

Pero no la hay en la conciencia.

La conciencia es eterna,

Está libre de dolor,

Está libre de muerte,

De enfermedad,

De sufrimiento.

Reposo en mi conciencia,

Inhalo,

Exhalo y me dejo descansar en mi conciencia un instante más mientras inhalo,

Mientras exhalo.

Con frecuencia amplificamos el dolor físico al agregarle dolor psicológico,

Al reforzar ideas de que no debemos sufrir,

De que no lo merecemos,

De que pudimos evitarlo,

Que todo está mal.

Pero al respirar y al observar que ese dolor psicológico es producto de nuestros pensamientos,

Nos aportamos un instante de esa mente que sufre y solo observamos el momento presente tal y como es,

Respirando.

Respiro y observo.

Respiro y sé que respiro.

Respiro y sé que no soy ese dolor que observo.

Inhalo y observo las ilusiones en torno al dolor.

Exhalo y dejo oír las fantasías agregadas al dolor,

Agregadas al dolor.

Inhalo y observo la rabia,

La injusticia.

Espiro,

Dejo oír las ilusiones.

Suelto el dolor psicológico.

Inhalo y dejo oír.

El dolor psicológico también puede presentarse sin dolor físico,

Cuando mi mente me lleva al arrepentimiento,

A la culpa,

Al miedo a perder,

Al miedo al ganar,

A la insatisfacción,

Cuando incluyo el pasado en mi presente para sentir culpa.

Pero no hay diferencia entre el dolor físico y el dolor psicológico.

Ambos son fuente de sufrimiento.

Ambos se comportan como fuentes de ilusión.

Así que lo reconozco y recuerdo que soy un ser que ahora busca la paz.

Siente la paz.

Respira.

Un ser que busca en su interior las fuentes para experimentar la profundidad del ser.

Observo mi mente.

Observo mi cuerpo.

Reconozco mi dolor.

La rabia.

La culpa.

La insatisfacción.

El apego.

Las expectativas.

Y los dejo oír.

Inspirando,

Observo la rabia.

O cualquier otro sentimiento.

Inspirando,

Dejo oír ese sentimiento.

Y regreso a la tranquilidad del momento presente.

Libre de cualquier emoción.

Inspirando,

Observo si hay algún sentimiento de injusticia.

Inspirando,

Escucho ese sentimiento.

Lo acepto y lo dejo oír.

Respiro.

El dolor no es nuestro.

Simplemente está.

Hay dolor.

No somos el dolor.

Nuestro cuerpo no es el dolor.

La conciencia no es el dolor.

Inhalo.

Exhalo.

La mente no es el dolor.

La mente puede tener dolor.

Puede incluir al dolor.

Pero cuando reconocemos que no hay dolor en la mente,

Respiramos y soltamos.

Inhalamos.

Exhalamos.

El dolor,

El cuerpo,

La mente y la conciencia.

Son cuatro procesos diversos.

Los hemos establecido siempre juntos,

Integrados.

Pero ahora probemos a desintegrarlos,

A separarlos,

Con ayuda de la respiración.

Reconocemos que son separados.

Separamos al dolor del cuerpo,

De la mente,

De la conciencia.

Aceptar el dolor implica mucha fortaleza.

Poseemos una fortaleza infinita en nuestro ser puro.

Con gentileza recurrimos a esa fortaleza y regresamos a nuestra respiración.

Inspirando.

Observo el dolor.

Inspirando.

Observo el no dolor.

Inspirando.

Observo el cuerpo.

Inspirando.

Relajo el cuerpo.

Inspirando.

Observo la mente.

Inspirando.

Dejo oír cualquier pensamiento de la mente.

Inspirando.

Observo la conciencia.

Expirando.

Veo que no hay dolor en la conciencia.

Con la ayuda de la respiración observamos el cuerpo a través de los ojos de la conciencia.

Podemos ver el cuerpo a través de nuestra propia conciencia.

Desde ese lugar observo las partes de mi cuerpo.

Voy de la coronilla hacia los pies.

Ahora voy desde los pies hacia la coronilla.

Inhalo y recorro mi cuerpo.

Exhalo y observo cómo está mi cuerpo.

Desde la coronilla hasta los pies.

De los pies hacia la coronilla.

Podemos ver el dolor cuando recorro el cuerpo.

Puede ser que el dolor busca detenerme en esa zona.

Sin embargo continúo observando desde los pies hasta la coronilla.

Desde la coronilla hacia los pies.

Sin detenerme.

Tan solo observo.

Veo las partes de mi cuerpo.

Inhalo.

Exhalo.

Observo si hay algún dolor mental o psicológico asociado.

Permito que mi conciencia observe esa mente.

Observo a la mente.

La conciencia observa a la mente.

La mente queda libre de sufrimiento cuando es observada a través de la conciencia.

Inhalo.

Exhalo.

Inhalo.

Exhalo.

El ambiente que nos rodea forma parte de nosotros.

Como nosotros formamos parte del ambiente.

En el estado de conciencia abierto no hay separación entre unos y otros.

En este momento podemos integrar al cuerpo con la mente con la conciencia a través de la respiración.

Inhalamos y exhalamos.

El dolor psicológico no es la conciencia.

La mente no es dolor psicológico.

La mente crea pensamientos y emociones que conducen al dolor psicológico.

A través de nuestra respiración observamos y reconocemos que el dolor solo está pero no somos dominados por el dolor.

Nuestra mente no es dominada por el dolor y no crea por lo tanto más dolor.

No crea emociones a partir del dolor.

Llevemos la atención a nuestro cuerpo y escuchemos las emociones que llegan.

Las sensaciones que se producen a partir de un cuerpo que no es dolor.

Escuchemos con calma la paz,

La sensación de ser y de estar integrados.

Inhala.

Exhala.

En este momento ser luz piensa en una fuente de amor en tu vida.

¿Qué color observas alrededor de esa fuente de amor?

Permite que esa fuente de amor vacíe su pureza en ti.

Llene tu cuerpo de su gracia.

Respira.

Llénate de ese amor.

Lleva ese amor de tu coronilla a tus pies,

De tus pies a tu coronilla.

Llénate de ese amor.

Lleva ese amor de tu conciencia a tu mente,

A tu cuerpo.

Inhala.

Exhala.

Esa fuente llega a tu cuerpo,

Llega a tu mente,

Llega a tus pensamientos y emociones.

Esa fuente abraza a tu conciencia.

Inhala.

Exhala.

Y permite que esa fuente enlace todo tu ser.

Reposa en esa fuente de amor.

Inhala.

Exhala.

Esa fuente de amor está en ti.

Está en tu cuerpo,

En tu mente,

En tu conciencia.

Inhala.

Exhala.

Y observa a tu ser integrado.

Podemos sentir emociones,

Pero no ser poseídos por las emociones.

Podemos sentir dolor,

Pero no ser poseídos por el dolor.

No somos un cuerpo que siente dolor.

No somos un cuerpo que siente el no dolor.

No somos el dolor.

No somos el cuerpo.

Inhala y exhala.

Permite que los sonidos se incorporen en tu estado de conciencia.

Que el ambiente se integre en tu percepción en este momento.

Deja que el aire te haga sentir la temperatura del ambiente.

Inhala y exhala.

Observa la infinita fortaleza que hay en ti.

Hay una fuente de amor en tu ser que te abraza,

Que no se aleja de ti.

Percibe en ti esa luz y respira sin apegos,

Sin ataduras,

Sin definiciones.

Inhala y exhala.

Que el amor te acompañe.

Que la luz oriente tu camino.

Que tu respiración te acompañe.

Que tu respiración oriente tu camino.

Inhala,

Exhala.

Inhala,

Exhala.

Hay una infinita fortaleza en ti.

Hay una fuente de amor en todo tu ser.

En todo tu cuerpo.

En toda tu mente.

Permítela reposar en tu estado de conciencia.

Permite observar a través de los ojos de esa fuente.

Inhala,

Exhala.

Permanece en esta calma el tiempo que consideres necesario antes de finalizar esta práctica.

Muchas gracias por acompañarme en esta práctica.

Gracias por tu fortaleza,

Por ser luz.

Gracias por llegar a este espacio que es tan tuyo como mío.

Gracias por ser luz.

Te envío mis bendiciones y te transmito mi amor infinito.

Soy María Ramírez y estoy aquí para compartir contigo.

4.9 (42)

Reseñas Recientes

Claudia

September 21, 2024

Increíble meditación, por primera vez he podido despegarme del dolor físico y por ello te estoy sumamente agradecida. Gracias por compartir y ayudarme.

Tutor

September 14, 2024

Gracias

Libia

March 11, 2024

¡Bellísimo momento! Gracias por recordarme que Soy.

Janett

April 25, 2023

Muy contenta, bella meditación, tenia un dolor al estómago y después de hacer esta meditación, me siento muy bien. Muy agradecida!

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