
El Duende de la Felicidad
Hola, aquí te traigo otro meditacuento, en el capítulo de hoy escucharemos un cuento sobre la felicidad escrito por Pedro Pablo Sacritán. Con este cuento podemos trabajar el autoconocimiento, la bondad y el cuidado del otro. Gracias por meditar conmigo, un abrazo.
Transcripción
Hola,
Bienvenidos a otro Medita Cuento,
Un espacio para ti,
Para tu relajación,
Para que disfrutes,
Así que ponte cómodo,
No cruces brazos ni piernas,
Toma profundamente todo el aire sintiendo como se infla tu estómago y lentamente saca todo el aire por la nariz sintiendo como se desinfla tu estómago y todo tu cuerpo se relaja,
Cierra los ojos y disfruta de esta historia.
El duende de la alegría Hace tanto tiempo que ya nadie se acuerda,
Hubo una época en la que cada niño vivía con un duendecillo de la felicidad que lo acompañaba desde su nacimiento.
Los duendecillos se alimentaban de la alegría de los niños y por eso eran expertos inventores de juguetes y magníficos artistas capaces de provocar las mejores sonrisas.
Con el paso de los años los duendes mejoraron sus inventos y espectáculos,
Pero la alegría que conseguían era cada vez más breve.
Por más que hicieran que los niños fueran felices a través de juguetes,
Comida o las cosas más tecnológicas,
Los niños se volvían gruñones y exigentes cada vez más temprano.
Todo les parecía poco y siempre querían más,
Y ante la escasez de felicidad los duendes comenzaron a pasar hambre,
Pero cuando pensaban que todo estaba perdido apareció el pequeño Danny.
Danny había sido un niño muy triste,
Pero de pronto se convirtió en la más poderosa fuente de energía.
Él solo bastaba para alimentar cientos y cientos de duendes,
Pero cuando quisieron felicitar a su duende,
El pequeño Flop,
No lo encontraron por ningún sitio,
Por más que buscaron no hubo suerte,
Y cuando lo dieron por desaparecido decidieron sustituirlo por Pin,
El mejor duende de todos.
Pin descubrió enseguida que Danny era un niño diferente,
Él no disfrutaba mucho de los regalos y las maravillas de su duende,
Regalaba a otros niños la mayoría de los juguetes que recibía y nunca dejaba que su duende actuara solo para él.
Vamos,
Que parecía que su propia alegría le importaba mucho menos que la alegría de los demás niños,
Y a Pin le preocupaba que con esa actitud se pudiera ir gastando toda su energía.
Una noche,
Mientras Pin descansaba en su cama de duende,
Sintió algo extraño debajo del colchón,
Y al levantarlo descubrió la ropa de Flop,
Cubierta de chocolate dorado.
Como todos los duendes,
Pin conocía las leyendas sobre el chocolate dorado,
Pero pensaban que era una mentira.
Ahora,
Viendo que podían ser ciertas,
Pin corrió hasta la cama en la que dormía Danny y miró a través de sus ojos.
¿Y qué crees?
¡Sí!
Allí estaba Flop,
Regordete de tanta felicidad.
Pin sabía que desde dentro Flop no podía verle,
Pero volvió a su cama feliz porque había encontrado a su amigo y porque había descubierto el secreto de la felicidad de Danny.
Flop se había convertido desde dentro en un duendecillo de la felicidad,
Y ahora estaba tan ocupado haciendo felices a otros que se había convertido en un niño verdaderamente feliz.
Los días siguientes,
Pin investigó cuanto pudo sobre el chocolate dorado para enseñar a los demás duendes cómo hacer el mismo viaje.
Bastaba con elegir un niño triste,
Ponerse en sus manos mientras dormía,
Darle un fuerte abrazo y desear ayudarlo con todas sus fuerzas.
Así fue como Pin se convirtió en un bombón dorado y a la mañana siguiente aquel niño triste se lo comió.
Aunque sabía que no le dolería,
Pasó muchísimo miedo,
Al menos hasta que le tocó la lengua,
Porque a partir de ahí sintió cosquillitas y rió y rió y rió hasta que se estalló de la risa.
Y entonces apareció en el alma de aquel niño triste,
Dispuesto a convertirlo en un auténtico duendecillo de la felicidad,
Ayudando a todos los otros a ser felices.
Los demás duendes no tardaron en imitar a Pin y a Flop y pronto cada niño tuvo en su interior un duendecillo de la felicidad,
El mismo que aún hoy nos acompaña a todos,
Nos habla todos los días para decirnos lo que verdaderamente nos hace feliz y que hay que olvidarse un poco de las propias diversiones y hacer algo por los demás.
Así que ya sabes que dentro de ti hay un duende de la felicidad que se alimenta a diario de esas acciones que hacemos por los demás,
Como jugar con ellos,
Abrazarlos,
Darles un regalo,
Agradecer a papá,
A mamá,
A tu abuela,
A tus primos,
A tus tíos por acompañarte y ya sabes que la clave está en regalarles una sonrisa para mantener vivo tu duendecito de la felicidad y tú cómo llamarías al tuyo.
Te espero en un próximo capítulo de los meditacuentos,
Nos vemos.
Conoce a tu maestro
4.8 (143)
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