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Meditacuento: el León que Perdió su Voz

by Cindy Vanessa Parra

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Puntuación
4.9
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
5.4k

¡Hola! bienvenido a otro capítulo de los meditacuentos, donde te estaré acompañando a construir el hábito de la meditación. El día de hoy te traigo una historia de león más enojón de la sabana, y cómo aprendio a manejar su enojo. Espero que lo disfrutes, ¡gracias por meditar conmigo! No olvides comentarme que te pareció y si te gustaría escuchar un meditacuento de algún tema en especial Un abrazo

Transcripción

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Meditacuentos.

Este espacio que ha sido diseñado especialmente para ti,

Para que te relajes y disfrutes mientras construimos el hábito de la meditación.

Antes de comenzar,

Haremos unos ejercicios de respiración que nos ayudan a activar nuestra imaginación,

Nuestra atenta escucha y nuestra concentración.

Ubícate en una postura que te resulte cómodo,

En la que te puedas quedar quieto o quieta durante los próximos minutos y que de preferencia los brazos y las piernas no estén cruzados.

Toma profundamente el aire por tu nariz,

Imaginando que del centro de tu pecho comienza a crecer una luz blanca hacia los lados.

Deja salir el aire suavemente por tu boca.

Nuevamente toma el aire por la nariz,

Imaginando que esa luz se comienza a expandir hacia sus piernas,

Hacia tus brazos.

Deja salir el aire suavemente por la boca.

Una última vez toma el aire sintiendo como esta luz va hacia todos los rincones de tu cuerpo,

Desde los dedos de los pies hasta la cabeza.

Deja salir suavemente el aire por tu boca sintiendo como esa luz blanca cubre todo tu cuerpo y te hace sentir relajado o relajada,

Seguro y completamente tranquila.

Cierra los ojos,

Activa los oídos y disfruta de esta historia.

El Meditat Cuento de hoy va dedicado especialmente para Luqui y Leo y su mamá María Torre que nos escuchan desde México.

Este cuento se llama El león que perdió su voz.

En una gran sabana africana,

Un lugar desértico y con poca sombra,

En el que el calor se sentía con tal intensidad que parecía que el sol naciera allí,

Vivían una manada de leones.

Con abundantes y frondosas melenas,

Ellos eran los reyes de la selva.

Esta manada estaba compuesta por tres leones y diez leonas fieras salvajes que siempre estaban al cuidado de los cachorros.

Moose era el león más pequeño de todos,

El último cachorro de la camada,

Por lo tanto era el más querido y consentido por las leonas.

Moose amaba salir a perseguir lagartijas,

Buscar la sombra de los pocos árboles que había y observar cómo a lo lejos los leones de la manada se juntaban para ir a proteger todo el territorio.

También cazaban,

De manera muy sigilosa se camuflaban con la naturaleza para sorprender a su presa en un solo parpadeo.

En el fondo Moose soñaba con hacerse grande y poder ir a cazar como los leones de la manada.

Pero Moose no sólo era observador y juguetón,

También era el león más enojón de toda la manada.

Le molestaba que lo interrumpieran mientras jugaba con las lagartijas,

Le molestaba que mamá lo bañara con su lengua,

Le molestaba que lo llamaran para ir a dormir,

Le molestaba que los demás leones nunca querían jugar con él.

Se la pasaba de enojo en enojo y la mayor parte del tiempo se la pasaba solo.

En esa manada ya todos conocían el rugido de Moose y cada que lo escuchaban todos decían en coro,

Moose otro enojo.

Así habían pasado todos y cada uno de los días de los tres meses de vida que tenía Moose el cachor.

Un día harto de que todos hicieran comentarios sobre su enojo y sus rugidos y que los demás cachorros no quisieran jugar con él,

Se hizo una promesa.

Mientras miraba las estrellas cerró sus ojos y con todas las fuerzas de su corazón prometió no volver a rugir cada que sintiera enojo.

Al día siguiente se levantó como de costumbre y su mamá lo llamó para acicalarlo y él no rugió.

Se aguantó todos los lambetazos hasta quedar limpio y salió a jugar.

Se encontró con los demás cachorros quienes al verlo le dieron la espalda y él sorprendentemente no rugió.

Tal fue la sorpresa de todos que se acercaron a ver qué tenía.

Aún así Moose no rugió.

Se fue a perseguir lagartijas y los demás cachorros sorprendidos por su actitud se fueron detrás de él y comenzaron a cazar las lagartijas que él estaba observando tratando de hacerlo enojar,

Pero Moose no rugía.

Decidió escalar una montaña para observar lo que hacía papá a lo lejos y mientras se acomodaba su mamá lo llamó porque era hora de cenar y Moose no rugió.

Así pasó todo el día y el día siguiente y el día siguiente.

Moose estuvo más de una semana tragándose todo su enojo sin un solo rugido.

La manada estaba sorprendida de lo que había sucedido.

Era de lo único que se hablaba.

Moose no ha rugido.

¿Ya viste que Moose no se volvió a enojar?

Moose ha cambiado,

Murmuraban todos los leones y las leonas.

Una tarde de verano,

De esas en las que el calor era tan intenso que los leones no tenían fuerza para caminar,

Moose encontró una sombra ideal para acostarse a descansar,

Pero los demás cachorros llegaron al lugar,

Invadieron ese espacio,

Comenzaron a montársela encima,

A escalar al árbol que daba la sombra,

A jugar sobre él.

No lo dejaban dormir.

Moose sintió como dentro de él algo empezó a cambiar.

Sintió mucho calor,

Más del que ya había en el ambiente.

Su corazón se aceleró,

Respiraba más rápido y hasta veía borroso.

De repente,

El rugido más fuerte que jamás se había escuchado en la sabana,

Estalló sobre los oídos de todos los leones.

Luego de eso,

Hubo un gran silencio.

Toda la manada acudió al árbol en el que estaban los cachorros,

Espantados por tal sonido,

Temían que hubiera pasado lo peor.

Sin embargo,

Al llegar sólo encontraron a los cachorros asustados y a Moose completamente agotado.

¿Qué sucedió?

Preguntaron los leones.

Los cachorros tenían miedo de hablar y Moose intentó explicarlo,

Pero aunque movía la boca,

No salía la voz.

Trató de aclarar su garganta y volvió a hablar,

Pero el sonido no salía.

Intentó gritar,

Rugir,

Susurrar,

Pero de ninguna manera le salía la voz.

Moose había perdido su voz.

Las leonas llevaron a los cachorros a su refugio y todas se arremolinaron alrededor de Moose,

Buscando comprender cómo era que este cachorro había perdido la voz.

Preocupados comenzaron a darle bebedizos,

Masajes y hasta intentaron hacerle cosquillas,

Pero nada funcionaba.

Horas más tarde regresaron los leones que se encontraban cazando y se enteraron de todo lo que había sucedido.

Se dieron cuenta que era momento de tener una charla con los cachorros.

Los reunieron a todos y Seebo,

El león más viejo de todos,

Comenzó a explicar qué era el enojo y por qué lo sentían.

Los leones tenemos una furia en nuestro interior,

Pero está ahí por una razón,

Para protegernos,

Para permitir que no nos sucedan cosas injustas y para cazar en momentos que tenemos hambre.

Siempre que sintamos enojo hay que expresarlo con palabras.

También podemos correr,

Gritar,

Incluso podemos ir escarbar en la tierra para sacar el enojo,

Pero tragarlo,

Como hizo Moose,

Puede enfermarnos gravemente.

No se trata de hacerle daño a los demás,

Se trata de expresar lo que nos molesta utilizando las palabras y buscar una solución.

Si usan en exceso su rugido o se lo tragan,

Terminarán enfermos.

Moose temía quedarse para siempre sin voz,

Pero la verdad es que el sabio Seebo le dio una bebida especial y fue santo remedio.

A partir de ese día todos los cachorros comenzaron a usar su voz antes que su rugido para expresar lo que les molestaba.

Moose por fin pudo jugar con toda la camada,

Siguió cazando lagartijas y observando con mucho orgullo a los leones y las leonas,

Tan sabios y valientes como él quería ser,

Tan sabios y valientes como él ya lo era.

Y hasta aquí el meditacuento de hoy.

¿Qué opinas de esta historia de Moose?

Al igual que él,

Nosotros también sentimos enojo por cosas que nos parecen injustas o que nos molestan,

Como cuando alguien nos quita un juguete que nos pertenece.

Sin embargo,

Siempre es importante utilizar nuestra voz.

No importa si quien está a nuestro lado es alguien más pequeño o más grande que nosotros,

Ésta será la mejor herramienta que nos defenderán todos los casos.

Siempre la voz antes que un rugido fuerte que termine haciéndonos daño o haciéndole daño a los demás.

Pon en práctica este consejo y cuéntame cómo te va.

Espero que hayas disfrutado de esta historia tanto como yo y que me dejes ahora en los comentarios qué tal te sentiste,

Si la disfrutaste,

Si te has sentido identificado con Moose o si tienes ideas para unos próximos meditacuentos.

Recuerda que siempre estoy muy atenta en los comentarios para leerlos y conocerlos un poco mejor.

Les mando un fuerte abrazo y nos escuchamos en un próximo capítulo.

Adiós.

4.9 (154)

Reseñas Recientes

Marcelo

February 12, 2026

Muchas gracias 🙏🧘

Lilian

August 19, 2025

❤️

Mrs.

February 3, 2025

Amo los leones!!! Sabes como se llama el sentimiento de que extrañas algo o quieres repetir el momento Por ejemplo: quiero volver ir a DisneyLand Si sabes como se llama me escribes aquí el nombre y haces un meditacuento sobre eso, gracias. Ten una bonita semana

Carmen

November 13, 2023

Bello. Bendiciones por tu arte!

Abel

July 11, 2023

Muy bonito cuento!

Ornella

July 1, 2023

Me encantan los meditacuentos. Disfruto muchísimo escucharlos, me ayudan a entrar en sueño con la relajante voz y narración de Cindy. Espero cada nuevo meditacuentos!!

Luna

June 21, 2023

Muy hermoso y muy buena reflexión. Un abrazo con cariño desde Alemania, Paula y Manuella 🌺

María

June 6, 2023

Nos encantan los meditacuentos , los escuchamos desde el sur de chile. Muchas gracias

Maricela

June 5, 2023

Excelente reflexión. La comunicación es muy importante. Gracias 🥰🙏🏻

agustin

June 2, 2023

Estuvo muy entretenido Tendras un meditacuentos de gatos Me encantan los gatos yo soy agustin Y mi mamá es linette y somos de chile🇨🇱

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