
Meditacuento: Charo y las Olas
Charo ama los deportes, pero hay un problema: le gustan demasiados. Corre, nada, patina, juega y explora tantas actividades que termina sintiéndose confundida y presionada por elegir solo una. Cansada de no saber qué decidir, intenta alejarse de todo… hasta descubrir que el movimiento y la alegría de jugar son parte importante de quien es. En esta cálida historia junto al mar, Charo aprenderá que no siempre tenemos que tener todas las respuestas de inmediato y que está bien explorar distintas pasiones antes de encontrar aquello que hace sentir en casa a nuestro corazón. Un meditacuento sobre la paciencia, la autenticidad y la libertad de descubrirnos a nuestro propio ritmo.
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Medita Cuentos,
Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.
Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.
Ubícatelo en una postura cómoda en la que puedas tener la espaldita derecha,
Alejando hombros de las orejas,
Brazos sueltos y relajados a los costados,
Brazos sueltos igual que las piernas y cierra muy suavecito los ojos.
Respira profundo por tu nariz,
Saca el aire por la boca,
Inhala lento por la nariz,
Exhala por la boca.
Una última vez,
Inhala,
Exhala.
Deja que la respiración vaya ahora a su propio ritmo,
Como más la necesites y vas a imaginar que desde tu corazón comienzas a sentir unos pequeños aleteos y ves una pequeña mariposa que acaba de salir de su capullo,
Recién está estirando sus alas y sus patitas y suavemente mueve las alas confiando en su instinto para volar.
Sin haber practicado nunca antes,
Se avienta y comienza a recorrer tu cuerpo y donde se posa,
Relaja todo,
Quita las penas,
Los pesares,
Las tensiones y los dolores,
Así que va directo a la punta de tu nariz y de allí relaja todo tu rostro,
Incluyendo los ojos,
Los cachetes,
La boca,
Las orejas,
Hasta el cabello.
Empieza a reboletear un poco y va hacia el centro de tu pecho,
Recordando que de allí viene,
Que ha nacido de tu corazón esa mariposa aletea y relaja todo tu tronco,
Tu pecho,
Relaja incluso el cuello,
Los brazos y baja incluso hasta los dedos de las manos.
Vuelve y vuela un poco esa mariposa y se posa en tu vientre y relaja todo tu abdomen,
Tan profundamente que también pasa hasta la parte de atrás,
Relajando la espalda y la columna vertebral,
Relaja tu cadera y relaja tu vientre y vuela y comienza a brincar de una rodilla a otra,
Mientras vas relajando los muslos,
Las rodillas,
Las piernas,
Incluso los pies,
Los talones y cada uno de los deditos de los pies.
La mariposa empieza a volar y se posa en tu dedo gordo del pie derecho,
De allí aletea y brinca el dedo gordo del pie izquierdo.
Vuelve y aletea y se posa en el dedo gordo de tu mano derecha,
Un par de vuelo más para llegar a la mano izquierda en el dedo gordo,
Brinca a tu frente,
A tu mentón,
Al hombro derecho,
Al hombro izquierdo y regresa tu corazón al centro de tu pecho.
Vuelve y se fusiona con tu corazón,
Recordándote que siempre encuentras paz,
Calma y tranquilidad en el latido de tu corazón.
Conserva esta sensación de calma y tranquilidad,
Mantén los ojos cerrados y el cuerpo quieto,
Activa los oídos y deja que vuele tu imaginación.
Este meditacuento se llama Charo y las olas.
Charo tenía una colección muy especial,
No era de estampas,
No era de billetes,
No era de piedras brillantes ni de muñecas antiguas.
Ella coleccionaba pasiones.
A Charo le gustaban tantas cosas que su corazón parecía una mochila llena de pelotas,
De raquetas,
De ruedas,
De listones,
De guantes,
De tenis,
De silbatos.
Le gustaba correr tan rápido que el viento despeinará hasta sus pensamientos.
Le gustaba brincar alto en la gimnasia y sentir que por un instante casi podía agarrar una nube.
Le gustaba nadar,
Patinar,
Jugar al fútbol,
Trepar,
Bailar,
Lanzar,
Atrapar.
Y cada que descubría un nuevo deporte,
Sus ojos se encendían de emoción.
Este será mi deporte,
Decía emocionada.
Pero unos días después,
Luego decía,
Quizás este sea mi deporte.
Y luego probaba otro,
Y otro,
Y otro más,
Y otro más.
Al principio todos pensaban que era algo divertido.
Charo es la que prueba todos los deportes,
Decían sonriendo.
Pero poco a poco las preguntas comenzaron a sentirse incómodas.
¿Entonces cuál vas a elegir?
¿Entonces cuál es tu favorito?
Tienes que decidirte,
No puedes hacer todos.
Y aunque Charo seguía sonriendo por fuera,
Por dentro sentía que su mente comenzaba a hacerse nudos y nudos y confusiones.
¿Por qué ella quería elegir un deporte?
De verdad quería,
Solo que cada deporte le daba algo distinto,
Y en últimas ninguno la convencía lo suficiente.
El fútbol le enseñaba a confiar,
La natación le hacía sentir profundamente tranquila.
El voleibol le daba un equipo para reír.
El atletismo le daba libertad y velocidad.
El patinaje le hacía sentir muy valiente y veloz.
¿Cómo será que podía elegir solo uno?
Una noche,
Acostada en su cama,
Suspiró.
Tal vez no puedo decidir.
¿Significa que mejor no hago ninguno?
¿Que no soy tan buena en alguno?
Y esa idea comenzó a meterse y a meterse en su mente.
Le estorbaba en cada pensamiento,
Casi como si tuviera una piedrita en su zapato.
Pensó que dejaría todos los deportes,
Todos.
Así ya no tiene que elegir,
Ya no tendría que confundirse,
Ni siquiera haciéndose preguntas.
Entonces pensó que eso era lo mejor.
Estaba durmiendo más,
Pasaba más tiempo sentada,
Podía mirar por la ventana.
Pero la verdad es que algo extraño pasaba,
Porque su cuerpo no se sentía feliz,
Porque sus pies parecían tiesos y pesados,
Y los brazos como que se querían mover pero no tenían fuerza.
En el pecho se sentía un vacío,
Y ella empezó a sentir que extrañaba.
Extrañaba jugar,
Moverse,
Saltar,
Estar en un equipo,
Sentirse viva,
Porque el deporte era parte de ella.
Y quizás,
Quizás no tenía que tener ya mismo todas las respuestas.
Entonces dijo,
Mejor voy a probar los deportes más raros que encuentren,
Solo por diversión.
Y entonces comenzó su aventura más inesperada.
Probó esgrima,
Y casi se tropieza con la espada.
Afortunadamente era de espuma.
Intentó tiro con arco,
Jugó hockey e incluso trató de jugar al golf y andar en kayak.
Y aunque no encontraba el deporte perfecto,
Se estaba divirtiendo.
Y se relajaba,
Porque ya no estaba buscando esa respuesta tan urgente ni esa lección.
Solo exploraba,
Escuchaba y aprendía.
Resulta que un día su búsqueda la llevó al mar.
Empezó a sentir ese aroma salado del océano,
El sol brillante y las gaviotas volando,
Y lentamente una tras otra venían las olas.
Entonces,
Charo observó personas sobre tablas en el mar.
Parecía un poco loco y difícil,
Pero por supuesto que lo quería intentar.
La primera la tumbó,
La verdad es que la segunda y la tercera también.
Estaba empapada,
Despeinada y llena de arena.
Pero se quedó flotando en el agua y escuchó el mar.
Escuchó cómo su corazón se sincronizaba con las olas.
Y entonces,
Nadie le estaba diciendo que escogiera,
Ni que se decidiera,
Ni que lo hiciera perfecto.
Simplemente podía estar ahí,
Escuchando cada ola como su propio corazón.
Y fue que ahí,
Una puerta se abrió.
Fue ahí que sintió eso que tanto esperaba sentir.
Ese era su verdadero deporte.
Eso era lo que ella necesitaba,
Una alegría profunda.
Porque el surf era lo de ella,
Y no era la más buena aún.
Pero tenía todas las ganas de serlo,
De disfrutarlo,
De vivirlo,
Despacio.
Día con día,
Sin tener que elegir por qué la decisión había llegado a ella.
Descubriendo que no estaba prohibido amar muchas cosas,
Ni explorar,
Ni cambiar,
Ni tardarse en descubrir que era eso suyo.
Ese verdadero deporte.
Porque la vida no era una carrera para decidir.
Era un viaje para descubrir con calma.
Solo necesitaba escuchar su corazón.
Y no tenía que decidir solo hoy.
Podría hacerlo cuando fuera el momento justo.
Cuando llegara la ola adecuada para montar.
Y hasta aquí el meditacuento de hoy.
Deseo que te haya gustado tanto como a mí.
Que puedas tú también encontrar tus pasiones.
Y que sepas que no tienes que elegir solo una.
Que puedes explorar,
E ir probando poco a poco.
Hasta que llegue ese momento en el que encuentras la indicada.
Aunque también pueden ser muchas al mismo tiempo.
Y es completamente válido.
Por hoy te deseo que tengas dulces y profundos sueños.
Conoce a tu maestro
More from Cindy Vanessa Parra
Meditaciones Relacionadas
Trusted by 36 million people. It's free.

Get the app
