
Calma tu Sistema Nervioso y Apaga la Mente Esta Noche
¿Tu cuerpo está cansado, pero tu mente no deja de pensar? Esta meditación guiada para dormir profundamente te ayudará a soltar el estrés, calmar los pensamientos y preparar tu cuerpo para un sueño reparador. Túmbate cómodamente, cierra los ojos y sigue mi voz: no necesitas llegar hasta el final, puedes quedarte dormido en cualquier momento. Ideal para escuchar por la noche si sufres ansiedad nocturna, insomnio o dificultad para apagar la mente.
Transcripción
Buenas noches.
Soy Alías.
Una voz humana sin inteligencia artificial.
Y puede que hayas llegado hasta aquí.
Tu cuerpo está cansado.
Pero tu mente todavía continúa despierta.
Esta noche no intentaremos obligarla a callar.
Haremos algo más sencillo.
Demostraremos que.
.
.
Ya no tienen nada que vigilar.
Mientras sigues mi voz.
Tu respiración se volverá más lenta.
La tensión.
Comenzará a aflojarse.
Y cada pensamiento irá perdiendo importancia.
No necesitas escuchar hasta el final.
Puedes dormirte en cualquier momento.
Tu única tarea.
Es dejarte sostener.
Desde este momento.
Todo lo que ha ocurrido durante el día.
Puede empezar a alejarse.
No tienes que repasarlo.
No tienes que corregirlo.
No tienes que encontrar.
Ninguna respuesta.
Antes de dormir.
Tal vez una parte de tu mente.
Crea que debe permanecer despierto.
Para protegerte.
¿Quizá piensa que se sigue dando vueltas a una conversación?
Encontrará las palabras perfectas.
Que se anticipa el día de mañana.
Evitará cualquier dificultad.
Que se mantiene todas tus preocupaciones delante de ti.
Nada podrá sorprenderte.
Pero esta noche puedes mostrarle algo diferente.
¿puedes enseñarle que descansar?
También es una forma de estar a salvo.
Que soltar.
No significa descuidarte.
Que dormir no significa perder el control.
Significa permitir.
Que una inteligencia más profunda que tus pensamientos.
Continúe cuidando de ti.
Ajusta ahora el volumen.
Para que mi voz llegue suavemente.
Postura que resulte más cómoda para tu cuerpo.
Puedes tumbarte boca arriba.
Pelado.
O como prefieras.
No existe una postura perfecta.
¿la postura adecuada?
Es aquella en la que dejas de esforzar.
Coloca los brazos.
Donde puedan descansar.
Permite que las piernas se aflojen.
Haz cualquier pequeño movimiento.
Que todavía necesites hacer.
Y cuando sientas que ya estás preparado,
Preparada.
Deja que los ojos se cierren.
No los cierres con fuerza.
Sólo permite que los párpados caigan.
Como dos cortinas.
Que descienden lentamente.
Al final del día.
Inhala suavemente por la nariz.
Sin llenar demasiado los pulmones.
Y ahora exhala.
Con lentitud.
Como si con el aire saliera también una pequeña parte.
De la tensión.
Otra vez.
Y nada.
Y ahora exhala un poco más despacio.
Observa que no tienes que producir la respiración.
Ya sabe respirar por ti.
Incluso cuando no piensas en ello.
Incluso mientras duermes.
Existe dentro de ti una sabeduría.
Que nunca necesita pedir instrucciones.
Tu corazón sigue latiendo.
Tus pulmones siguen respirando.
Su cuerpo continúa reparándose.
Y durante los próximos minutos.
.
.
Puedes descansar en esa certeza.
Ahora siente los lugares.
En los que tu cuerpo toca la cama.
Nota el peso de la cabeza sobre la almohada.
La parte de tus hombros.
Que descansa sobre el colchón.
La espalda.
Las caderas.
Las piernas.
Los talones.
No necesitas recorrerlos.
Ningún orden.
Solo percibe que hay algo debajo de ti sosteniéndote.
¿La cama no te pide que hagas nada?
No te exige ser fuerte.
No necesita que demuestres.
Que puedes con todo.
Simplemente te sostiene.
Y durante esta noche.
Tú también.
Puedes dejar de exigirte.
Permite que la mandíbula se separe ligeramente.
Deja que los dientes ya no se presionen.
Que la lengua descanse.
Que la frente se vuelva lisa.
Quizá anotes.
Que tus ojos todavía realizan pequeños movimientos.
Bajo los párpados.
Está bien.
No trates de detenerlos.
Sólo deja que se cansen.
Siente ahora.
Los hombros.
Tal vez han cargado tareas.
Decisiones.
Emociones o responsabilidades.
Que nadie más podía ver.
Alex Alar Imagina que ese peso comienza.
A deslizarse por tus brazos.
Baja por los codos.
Por los antebrazos.
Por las muñecas.
Hasta llegar a las manos.
Y finalmente sale por las puntas de los dedos.
No tienes que saber exactamente.
¿Qué estás soltando?
¿Tu cuerpo puede liberarlo?
Sin ponerle nombre.
Y nada.
Serenidad.
Exhala esfuerzo.
Inhala silencio.
Exhala ahora el día.
Muy bien.
¿Lleva ahora la atención?
Al centro del pecho.
Tal vez encuentres calma.
Tal vez encuentres una emoción.
O quizá solo notes el movimiento.
De la respiración.
Sea lo que sea.
No intentes cambiarlo.
Esta noche no necesitas corregir.
Nada en ti.
Puedes observar sin juzgar.
Puedes sentir.
Sin convertir cada sensación.
En un problema.
¿Puedes recordar qué un pensamiento no es una orden.
Y que una emoción no define quién eres.
Lo que aparece en tu mente.
Puede marcharse igual que llegó.
Imagina ahora que cada pensamiento se presenta como una luz encendida.
En una casa lejana.
Una luz representa algo.
Que sucedía hoy.
Una preocupación por mañana.
Una persona.
Otra una pregunta.
No necesitas entrar en ninguna de esas habitaciones.
Sólo observa desde la distancia.
Y una a una.
Las luces comienzan a apagarse.
La primera se apaga.
Después otra.
Y otra más.
No porque hayas resuelto todo.
Sino porque ya no es el momento de resolverlo.
La noche no te pide respuestas.
La noche te pide entrega.
Repite ahora en silencio.
Por esta noche.
Renuncio a comprenderlo todo.
Por esta noche.
¿Permito que la paz ocupe el lugar?
De mis pensamientos.
Por esta noche.
No necesito defenderme de nada.
Respira.
Quizá tu mente vuelva a hablar.
No pasa nada.
No necesitas enfadarte con ella.
Una mente que piensa no está haciendo nada malo.
Solo está siguiendo un hábito.
Y los hábitos comienzan a cambiar.
Cuando dejas de luchar contra ellos.
Cada vez que aparezca un pensamiento puedes responderle suavemente.
Ahora no.
Ahora no.
Si todavía es necesario.
Podré mirarte.
Pero esta noche elijo descansar.
Muy bien.
Imagina ahora.
Una corriente de oscuridad azul.
Descendiendo desde la parte superior de tu cabeza.
No es una oscuridad que asusta.
Es la oscuridad tranquila.
De una habitación segura.
La oscuridad del cielo cuando todo descansa.
Entra.
Coronella.
Atraviesa el cuero cabelludo.
Relaja la frente.
Y desciende detrás de los ojos.
Allí donde encuentra actividad.
No lucha contra ella.
Solo baja el volumen.
Como cuando una música se escucha cada vez más lejos.
Los pensamientos comienzan a perder palabras.
Después pierden imágenes.
Después.
.
.
Se vuelven solamente una sensación distante.
La corriente azul baja por tus mejillas.
Relaja tu boca.
Cuello.
¿Y mientras pasa por esa zona?
Permite que se disuelvan todas las palabras.
Que no pudiste decir.
También las que dijiste.
Y ahora desearías cambiar.
¿El pasado?
Ya terminó.
No necesita acompañarte hasta el sueño.
Lo que ocurrió no puede entrar.
En este instante.
A menos que tú lo sostengas con el pensamiento.
Y ahora puedes abrir la mano.
Puedes dejar de sostenerlo.
La corriente llega a los hombros.
Y desciende por la espalda.
Cada músculo se vuelve más blando.
La parte alta de la espalda.
Se afloja.
La zona media descansa.
La parte baja deja de sujetar tanto.
Pecho se abre.
El abdomen se suaviza.
No tienes que mantenerlo contraído.
Permite que suba al inhalar.
Y que descienda al exhalar.
Cada respiración le dice al cuerpo.
Ya puedes apagar la vigilancia.
Ya puedes entrar en la noche.
Ya puedes dormir.
Siente como la corriente azul Alcanza las caderas.
Baja por los muslos.
Relaja las rodillas.
Desciende por las pantorrillas.
Por los tobillos.
Hasta llegar a los pies.
Y ahora todo tu cuerpo.
Está dentro de esa calma profunda.
Como si descansaras en el fondo de un océano sereno.
Donde ningún ruido puede alcanzarte.
Muy por encima están las preocupaciones.
Muy lejos quedan las tareas.
Aquí abajo.
Solo existe silencio.
Solo respiración.
Solo descanso.
Y quizá comiences a sentir que tu cuerpo pesa más.
Puede que lo sientas ligero.
Ambas sensaciones son perfectas.
No tienes que elegir.
No tienes que llegar a ningún estado especial.
El sueño sabe encontrar.
La paz sabe regresar a ti.
Porque la paz no es algo que tengas que fabricar.
Estaba aquí antes de que aparecieran.
Tus preocupaciones.
Y seguirá estando aquí.
Cuando el último pensamiento se haya apagado.
Quédate respirando en este espacio.
Cada vez más despacio.
Cada vez más lejos del día.
Cada vez más cerca del sueño.
Muy bien.
Mientras permaneces aquí.
.
.
Cada vez más lejos del ruido del día.
Su cuerpo empieza a recordar algo.
Que nunca olvidó del todo.
Que dormir es natural.
Que descansar es seguro.
Que soltar la vigilancia.
No te pone en peligro.
Sino que te devuelve a ti.
Imagina ahora qué.
En algún lugar dentro de tu mente.
Existe un interruptor.
No necesitas buscarlo.
No tienes que tocarlo siquiera.
Cada respiración.
Lo va bajando lentamente.
La luz de una preocupación se apaga.
La luz de una conversación.
Se apaga.
La luz de una exigencia.
Se apaga.
Y la mente empieza a quedar.
En penumbra.
No completamente vacía.
Solo tranquila.
Como una ciudad vista desde lejos.
Cuando llega la madrugada.
Y una a una se van apagando sus ventanas.
Prospira.
Y mientras respiras,
Permite que estas palabras entren sin esfuerzo.
Mi mente.
Aprende a descansar.
Mi cuerpo.
Reconoce la noche.
Puedo soltar el día sin perder nada.
Lo que necesite recordar.
Volverá mañana.
Lo que hoy no pude resolver.
Puede esperar.
Ahora elijo la paz.
Durante mucho tiempo hayas asociado la cama.
Compensarlo.
Con repasar.
Con preocuparte.
Con intentar dormir.
Pero desde esta noche.
Puede comenzar una asociación nueva.
La cama es el lugar donde dejas de hacer.
El lugar donde no tienes que producir nada.
El lugar donde el cuerpo comprende que ha llegado el momento.
De restaurarse.
Cuando te tumbas.
Tu respiración se vuelve más lenta.
Tus ojos.
Se hacen pesados.
¿Tu mente reconoce esta señal?
Y sin esfuerzo.
Empieza a retirarse.
Como la marea cuando vuelve al mar.
No tienes que perseguir el sueño.
No tienes que atraparlo.
El sueño llega.
Cuando dejas de comprobar si ya está llegando.
Por eso.
Ahora puedes dejar de observarte.
Dejar de preguntarte cuánto falta.
Dejar de calcular la hora.
Tu única tarea es descansar.
Y quizá mañana.
.
.
Al comenzar el día.
Buscarás unos instantes de luz natural.
Abrirás una ventana.
Mirarás al cielo.
Permitirás que la claridad de la mañana recuerde a tu cuerpo.
Que es tiempo de despertar.
Y cuando llegue la noche irás reduciendo poco a poco.
La intensidad de las luces.
Alejándote de las pantallas.
Bajando el ritmo.
Haciendo menos.
Reconocerá esas pequeñas señales de amor.
La luz de la mañana le dirá.
Ahora puedes activarte.
La oscuridad de la noche le dirá.
Ahora puedes descansar.
No tienes que cambiar toda tu vida de una vez.
¿Un pequeño gesto repetido?
Con calma.
Puede enseñarle al cuerpo un camino nuevo.
Quizá una cena más ligera.
Unos minutos de silencio.
Una respiración lenta.
Una habitación más oscura.
Hora más regular.
Para acostarte.
Cada elección amable.
Se convierte en un mensaje.
El mensaje es.
.
.
Merezco descansar.
No necesito agotarme.
Para tener derecho a dormir.
No necesito terminarlo todo.
Para permitirme parar.
Ahora imagina que tu dormitorio se transforma lentamente en una cabaña tranquila.
En medio de un bosque nocturno.
Los árboles permanecen inmóviles.
La luna ilumina las hojas.
Escuchas.
Muy lejos.
El agua de un pequeño arroyo.
No hay peligro.
No hay prisa.
Todo el bosque descansa contigo.
Los animales han encontrado refugio.
¿la sabes?
Guarda un silencio entre las ramas.
Un ciervo se tumba sobre la hierba.
Sonrisa.
Se recoge bajo un árbol.
La naturaleza.
No se siente culpable por descansar.
Nos exige permanecer despiertas.
Confía.
Y tú también puedes confiar.
¿En el centro de la cabaña?
Hay una chimenea.
El fuego se está apagando lentamente.
Al principio quedan algunas llamas.
Después sólo brasas.
Después una luz roja y cálida.
Y finalmente.
.
.
Oscuridad.
Observa como cada brasa representa una parte de tu actividad mental.
Una idea.
De acuerdo.
Una preocupación.
Una expectativa.
No necesitas apagarlas.
Una a una.
Sólo deja de añadir leña.
Sin tu atención?
Pierden fuerza.
Sin resistencia.
Se consumen.
Sin lucha.
Desaparecen.
Repite internamente.
.
.
No alimento los pensamientos.
Que me quitan la paz.
No necesito seguir cada historia de mi mente.
Puedo elegir el silencio.
Puedo descansar en una paz.
Que no depende de las circunstancias.
Muy bien.
Siente que tu cuerpo.
.
.
Empieza a perder sus límites.
Primero los pies.
¿Ya no sabes con exactitud?
Donde termina cada dedo.
Las piernas.
Se vuelven pesadas.
Y lejanas.
Las manos.
Descansan sin necesidad de moverse.
Los brazos.
Parecen fundirse con la cama.
El abdomen sube y baja.
Por sí solo.
El pecho respira sin tu ayuda.
La cabeza pisa.
Sobre la almohada.
Y poco a poco dejas de sentir el cuerpo.
Como algo que tienes que sostener.
¿Es la cama?
La que te sostiene.
Es la noche la que te envuelve.
Es la vida la que continúa respirando en ti.
Imagina ahora que la cabaña empieza a llenarse de una niebla blanca.
No cubre tu rostro.
No dificulta la respiración.
Es una niebla ligera.
Hecha de calma.
Sube desde el suelo.
Rodea tus pies.
Tus piernas.
Tus caderas.
Tu abdomen.
Pecho.
Tus hombros.
Turbrados.
¿Tu cuello?
Y finalmente la cabeza.
Allí donde llega.
Las sensaciones se vuelven más lejanas.
Las preocupaciones pierden forma.
Los pensamientos pierden palabras.
La mente ya no necesita interpretar nada.
Sólo recibir.
Solo descansar.
Solo dormir.
¿Y si todavía queda algún pensamiento?
Déjalo pasar.
No lo sigas.
No lo rechaces.
No necesitas terminar esta meditación.
Puedes perderte en mi voz.
Puedes dejar de escuchar las palabras.
Puedes permitir que se vuelvan sonidos lejanos.
Todo lo importante.
Ya ha sido dicho.
Estás a salvo.
No tienes que vigilar.
No tienes que controlar.
No tienes que demostrar nada.
El día ha terminado.
La noche ha comenzado.
Tu cuerpo sabe dormir.
Mente sabe apagarse.
Tu descanso puede ser profundo.
Repite conmigo.
Me entrego al sueño.
Dejo el pasado en paz.
Dejo el futuro en manos de la vida.
En este instante no me falta nada.
En este instante estoy a salvo.
En este instante puedo descansar.
Y ahora la niebla se vuelve más cálida.
Tu respiración se hace casi imperceptible.
Cuerpo está quieto.
Se aleja.
Y descientes.
Más profundo.
Más tranquilo.
Más lejos.
Como una hoja que cae lentamente sobre un lago oscuro.
Toca el agua sin hacer ruido.
Y permanece flotando.
Sostenida.
No hay nada más que hacer.
No hay ningún lugar.
Al que llegar.
Sólo dormir.
Sólo descansar.
Solo permitir que la noche se cuide.
Sueña.
Restáurate.
Todo está bien.
Todo está bien.
Buenas noches.
Conoce a tu maestro
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