
Cuando Cuido De Mí, Me Siento Culpable
En ocasiones cuando necesitamos cuidarnos, nos negamos a hacerlo porque sentimos que otros asuntos u otras personas necesitan más nuestra atención y cuidado que nosotros mismos. Tendemos a sentirnos culpables por atender nuestras necesidades y de alguna manera intentamos convencernos de que darnos un descanso es tiempo perdido. En esta charla exploraremos los orígenes y la función de la "culpa", así como el antídoto para enfrentarla. Dura aprox. 25 min y al final hay una meditación aprox. 10 min.
Transcripción
Hay momentos en los que necesitamos dedicarnos tiempo a nosotros mismos,
Pero nos negamos a hacerlo y le damos prioridad a otros asuntos u otras personas.
Y aunque ciertamente es muy importante trabajar para pagar las facturas,
Atender la casa o cuidar a los niños,
Tener buena salud es un requisito indispensable para poder hacer todas esas cosas importantes.
¿Pero por qué hacemos esto?
¿Por qué nos negamos a darnos un momento de descanso cuando nuestro cuerpo o mente o ambos nos lo piden?
La respuesta inmediata es porque nos sentimos culpables.
Cada vez que pensamos en tomarnos o nos tomamos un breve descanso de nuestras responsabilidades,
Por alguna razón surge la culpa y comenzamos a sentir que no deberíamos de tomarnos este tiempo,
Porque esto sería una pérdida de tiempo.
El problema con este tipo de comportamiento es que tiene un efecto negativo inmediato en nuestro bienestar,
Mientras que a largo plazo se puede ver afectada en gran medida nuestra salud.
¿Pero por qué nos sentimos culpables y cómo podemos cambiarlo?
Bueno,
Vamos a explorar esta emoción porque sólo cuando entendemos algo somos capaces de trabajar en ello apropiadamente y de esta manera podremos aprender a regularlo también.
La culpa es una emoción compleja que forma parte de las emociones autoconscientes.
A este grupo pertenecen también la vergüenza o el orgullo.
A diferencia de las emociones básicas,
Como el miedo,
La tristeza,
La sorpresa o la rabia,
Cuyo objetivo principal es ayudarnos a sobrevivir,
Las emociones autoconscientes,
Como la culpa o el orgullo,
Son muy importantes a nivel social.
La culpa es una emoción negativa,
Pero esto no significa que sea malo sentirla,
Porque a pesar de ser negativa,
Tiene una función muy importante en nuestras vidas,
Ayudándonos a vivir en armonía con los demás y a mantener relaciones buenas y significativas con aquellos que nos rodean.
Esta emoción es,
Como ya dije,
Una emoción social que se experimenta en privado,
Pero que una vez la sentimos tiene efectos prosociales.
La culpa nos permite aprender de nuestros errores cuando lastimamos al prójimo,
Motivándonos a disculparnos y modificar nuestros comportamientos para corregir el daño si esto es posible.
Cada vez que nos disculpamos o corregimos un error,
Nuestro sentimiento de culpa se reduce.
Esta emoción tiene esencialmente dos componentes.
Uno es el componente afectivo,
Es decir,
Lo que sentimos,
Y el otro es el componente cognitivo,
Es decir,
Lo que pensamos cuando sentimos esta emoción.
Cuando nos sentimos culpables,
Experimentamos una sensación dolorosa o desagradable que va acompañada de pensamientos de autoculpa.
Estos pensamientos o creencias están relacionados con lo que creemos que hicimos mal,
Y nuestra responsabilidad en el resultado negativo de una determinada situación.
La fuerza de estas creencias dependerá de cómo nos evaluamos de acuerdo a nuestros valores y principios.
La culpa es una emoción universal.
En general,
Todos la sentimos porque todos nacemos con la capacidad de sentir culpa,
Aunque la forma como la expresemos puede ser distinta,
Ya que el cómo lo expresamos es aprendido.
Esta emoción es una emoción compleja que parece originarse a partir de la combinación de dos fuentes.
Una es la empatía,
Y la otra es la ansiedad por exclusión.
¿Tenemos una capacidad innata para sentir empatía por los demás?
¿Somos capaces de comprender y relacionarnos con el dolor y sufrimiento de los demás?
Esta reacción es mucho más fuerte cuando las personas involucradas son cercanas a nosotros.
Del mismo modo,
Es también parte de la naturaleza humana el preocuparnos y sentirnos ansiosos ante la posibilidad de que nuestro círculo social nos excluya o nos rechace.
Si estas dos cosas se unen en las condiciones adecuadas,
Sentiremos culpa.
Por ejemplo,
Nuestro mejor amigo está muy molesto y pasando un mal momento debido a un problema que tuvo en el trabajo.
Normalmente somos capaces de identificarnos con este tipo de situaciones.
Podemos claramente entender el estado emocional de nuestro amigo,
Y por supuesto nos gustaría servir de apoyo durante este tiempo,
Pero supongamos que en realidad este problema fue causado por un involuntario y desafortunado comentario que hicimos nosotros mismos.
Una vez nos damos cuenta del mal resultado de nuestro comportamiento y de cómo este afectado a nuestro amigo,
Empezaremos a sentir ansiedad porque tenemos miedo de que nuestro error ponga en riesgo la relación con esta persona valiosa.
A la vez,
Al imaginarnos cómo se está sintiendo nuestro amigo,
Esto nos causa dolor,
Con la adición de que este malestar fue causado por nosotros,
Y entonces nos sentimos culpables.
Hay dos tipos de culpa.
Una es la culpa reactiva,
Que es la que sentimos después de que una situación ha ocurrido y nos sentimos responsables por sus consecuencias negativas.
Y la otra es la culpabilidad anticipatoria,
Que es la que sentimos cuando pensamos que una situación que no ha ocurrido todavía va a ir mal,
Porque pronosticamos que nuestras futuras acciones van a tener consecuencias dañinas.
La incomodidad causada por este tipo de culpa es menor que la culpa reactiva,
Porque el hecho todavía no ha ocurrido,
Todavía no hemos hecho nada malo.
Este tipo de culpa es la que está involucrada en la vacilación inicial que sentimos cuando queremos ponernos en primer lugar,
Pero nos cuesta.
La culpa anticipatoria,
Como su nombre lo indica,
Tiene una función preventiva,
Porque tenemos la oportunidad de modificar acciones futuras que creemos que terminarán perjudicando a aquellos que nos importan.
Este tipo de culpa es muy difícil de no ser escuchada,
Porque cada vez que modificamos un comportamiento porque nos sentimos culpables y evitamos lo que creemos serán consecuencias negativas,
Nuestro sentido de autocontrol y autoeficacia aumentan.
Estamos expuestos a sentir culpa anticipatoria en las interacciones normales del día a día.
A menudo nos enfrentamos a situaciones en las que,
Independientemente de cómo elijamos proceder,
El resultado siempre será negativo.
Esto puede ocurrir de dos maneras.
Una es cuando queremos complacer a las personas que nos rodean,
Pero no es posible,
Al menos no a la misma vez.
Por ejemplo,
Nos vemos en una situación en la que tenemos que elegir entre apoyar un amigo u otro.
La otra situación es cuando queremos complacernos,
Pero al mismo tiempo queremos complacer a alguien más,
Pero esto no es posible simultáneamente.
Por ejemplo,
Cuando en determinado momento necesitamos tiempo para nosotros,
Pero a la vez queremos satisfacer las necesidades de nuestra pareja.
La combinación entre la culpa anticipatoria y el conflicto que tenemos cuando queremos satisfacer nuestras necesidades sin decepcionar a los que nos rodean,
Nos lleva un paso más cerca a entender por qué nos negamos a nosotros mismos ese momento de descanso cuando nuestro cuerpo y mente lo necesitan.
Esta situación es muy común en la cual nuestro sentido de responsabilidad hacia los demás choca con nuestra honesta intención de satisfacer nuestras necesidades,
Aunque nuestro sentido común,
Nuestros amigos y terceras personas nos aconsejan que simplemente nos demos tiempo a nosotros mismos,
No lo hacemos porque en realidad ese proceso de decidir a nuestro favor no es sencillo.
Cuando estamos en este tipo de situaciones,
Antes de proceder casi de forma automática,
Evaluamos al menos los siguientes cinco puntos.
Uno,
Si nuestras acciones causarán sufrimiento.
Dos,
Si hay otras formas de proceder de modo que podamos evitar cualquier resultado negativo llevando a cabo aquello que queremos hacer.
Tres,
Cuál sería nuestro nivel de responsabilidad si sucede algo malo.
Cuatro,
Si nuestras acciones son justificadas y responsables.
Y cinco,
Si nuestras acciones están de acuerdo con nuestros valores y nuestros principios.
Además de todos esos puntos anteriores,
Es muy posible que en ocasiones también tengamos en cuenta el juicio externo y esto puede tener un papel muy importante en nuestras decisiones,
Porque cuando pensamos que las personas importantes para nosotros nos culparán de los resultados negativos que sean consecuencia de nuestras acciones,
Nuestras dudas y nivel de incomodidad aumentan.
Los comportamientos inducidos por la culpa se pueden observar en todo tipo de relaciones,
En familia,
Trabajo,
Amigos,
Etc.
Investigaciones científicas en el campo de la culpa han demostrado que nuestras decisiones y acciones están fuertemente influenciadas por la culpa que sentimos.
Un ejemplo típico para ilustrar cómo evaluamos los puntos anteriores es el caso de un padre o una madre que tiene un conflicto al querer seguir las indicaciones del médico de descansar durante una enfermedad,
Pero se siente culpable porque no quiere afectar a sus hijos y a su pareja.
Durante esta situación,
Casi de forma automática,
Ellos evalúan uno a uno los pasos anteriores y llegan a las siguientes conclusiones.
1.
Que tomarse ese tiempo recomendado de descanso puede causar mucha molestia a sus hijos y pareja.
2.
Que no hay forma de que sigan ese consejo sin que haya consecuencias negativas en la casa,
Ya que este padre o madre no van a estar pendientes.
3.
Si algo ocurre en la casa,
Va a ser totalmente su responsabilidad por haberse tomado ese descanso.
4.
Que ese es un acto irresponsable,
El tomarse ese descanso,
Sería un descuido porque su pareja y sus niños deben ser atendidos.
5.
Llegan a considerar que tomar ese descanso es un acto egoísta y de malos padres porque están anteponiendo sus necesidades a las necesidades de sus hijos y su pareja.
Después de todas estas consideraciones,
Por supuesto es más fácil para un padre o una madre tomar la decisión de que lo mejor es ignorar las recomendaciones médicas y centrarse en los asuntos familiares.
Sin embargo,
Las cosas no terminan allí porque una vez hemos llegado a la conclusión de que la mejor opción es la de atender a los otros en vez de a nosotros mismos,
Cuando actuamos en consecuencia,
Aparece la culpa reactiva porque aunque cuidar de aquellos que amamos es muy satisfactorio,
El hecho de que hayamos decidido conscientemente ignorar nuestra incomodidad,
Dolor o necesidades cuando deberíamos haber hecho lo contrario,
Nos causa dolor y malestar.
Este comportamiento desinteresado que dicta que debemos anteponer las necesidades de los demás a las nuestras es algo que hemos aprendido desde la infancia.
Nos enseñaron que no es correcto pensar y actuar de acuerdo a nuestras necesidades y deseos primero porque eso significa que somos egoístas y que es mucho mejor siempre atender a los demás primero porque eso es un acto de amor.
Sin embargo,
No entendemos o se nos olvida que cuidarnos a nosotros mismos también es un acto de amor,
De amor a nosotros mismos y de autocompasión.
Si estamos sanos emocional y físicamente,
Esto se reflejará en la calidad de las interacciones que tenemos con los demás.
Cuando nos sentimos bien y felices,
Es parte de nuestra naturaleza humana el ayudar a que las personas que nos rodean se sientan de la misma manera.
Durante este tiempo en el que nos sentimos bien y felices,
Tenemos las condiciones adecuadas para ayudar a que los demás alcancen un estado similar de felicidad y bienestar.
Sin embargo,
Si no nos sentimos bien física o mentalmente,
Nuestra capacidad de proporcionar bienestar estará limitada porque nuestro propio juicio,
Emociones y comportamientos están determinados por la interacción cuerpomente.
Solo pensemos en aquellos días en los que tenemos dolor de cabeza,
Por ejemplo.
Es normal estar más reactivos y tener menos paciencia.
Durante estos tiempos es más fácil tener discusiones por cosas insignificantes con aquellos cercanos a nosotros,
Por cosas que nunca discutiríamos si nos sintiéramos bien.
Pero bueno,
¿qué podemos hacer para hacerle frente a este tipo de culpa anticipatoria altruista?
Uno de los mejores antídotos en este tipo de casos es la práctica de la autocompasión o compasión hacia nosotros mismos.
Compasión es el deseo que tenemos de que otros estén libres del sufrimiento,
Mientras que la autocompasión es el deseo que tenemos que nosotros mismos estemos libres del sufrimiento.
La compasión tiene dos partes.
Una es que seamos capaces de reconocer que hay sufrimiento en el mundo,
En los demás y en nosotros mismos.
Y dos es que deseemos liberar al otro o a nosotros mismos de ese sufrimiento.
Ser compasivo con los demás es relativamente fácil porque va en línea con lo que nos han enseñado durante nuestra infancia.
Sin embargo,
Ser compasivos con nosotros mismos es una práctica menos familiar y a la que tendemos a resistirnos porque parece ir en contra con lo que hemos aprendido.
Cuando pensamos en la autocompasión solemos pensar en meditación.
Sin embargo,
A lo largo del día tenemos a nuestra disposición una amplia colección de prácticas autocompasivas que podemos llevar a cabo.
Estas incluyen la forma como nos hablamos,
Qué y cuánto comemos,
Cuántas horas dormimos,
La cantidad de tiempo de televisión o internet que consumimos o con qué tipo de información alimentamos a nuestra mente.
Estos ejemplos son oportunidades que tenemos todos los días para ser compasivos con nosotros mismos.
La práctica de estas acciones diarias autocompasivas pueden ayudarnos a suavizar nuestra culpa en situaciones conflictivas en las que necesitemos ponernos a nosotros mismos en primer lugar.
Adicional a esto están lo que yo he llamado los tres pasos compasivos que podemos aplicar cuando necesitamos proceder compasivamente en una situación en la que nos es difícil ponernos a nosotros mismos de primeros.
El primer paso autocompasivo que podemos tomar es reflexionar sobre lo que para nosotros significa ser responsables,
Pero en esta reflexión debemos incluirnos a nosotros mismos porque aunque es cierto que tenemos responsabilidades con nuestros seres queridos,
También somos los principales responsables de nuestro bienestar.
El segundo paso autocompasivo es el de aceptar la situación sin hacer juicios,
Críticas y elaboraciones.
Cuando nos enfrentamos a una situación en donde ha aparecido el sentimiento de culpa anticipatoria altruista,
Es importante el aceptar que las cosas son como son y no podemos hacer mucho para cambiarlas.
Lo que sí podemos hacer es cambiar el cómo respondemos y aquí es donde es importante el evitar los juicios y las autocríticas porque una vez hemos tomado una decisión y actuamos en consecuencia,
Es de poca utilidad seguir evaluando si elegimos la opción correcta.
Si en esta ocasión decidimos ponernos en primer lugar,
Debemos aceptarlo sin hacer muchas más elaboraciones y si mañana decidimos a favor de los demás,
Es bueno aplicar el mismo enfoque evitando todo tipo de prejuicios y valoraciones.
Evitar la evaluación constante de lo que deberíamos o no deberíamos estar haciendo,
Nos ayuda a disminuir la sensación de culpa porque nuestros pensamientos serán menos negativos.
Finalmente,
El tercer paso autocompasivo es actuar de acuerdo a nuestras necesidades.
Si tenemos dificultades en hacer esto posible,
Entonces es importante acudir a nuestra creatividad,
Centrándonos en lo que podemos hacer y no en lo que no podemos hacer.
Cuando actuamos desde un lugar compasivo,
Nuestro estrés se ve reducido y abrimos la posibilidad a que surjan nuevas ideas o puntos de vista.
Lo importante es siempre intentar trabajar en la búsqueda del conjunto de arreglos alrededor nuestro que apoyen nuestras necesidades.
Por ejemplo,
Si un padre o una madre no pueden dejar de cuidar a los niños porque no tienen apoyo,
Una manera de compensar esto es tratar de minimizar el gasto de energía en actividades que no son esenciales,
Enfocándose en hacer lo estrictamente necesario de modo que se facilite el encuentro de un espacio,
Aunque pequeño,
Para el cuidado de sí mismos.
Claro,
Sé que es mucho más fácil decirlo que hacerlo,
Pero el tener una actitud proactiva nos permitirá ver posibilidades que no habíamos visto antes debido a nuestra negatividad.
Además de las prácticas autocompasivas diarias,
La meditación es otra herramienta valiosísima que tenemos a nuestra disposición para ayudarnos a crecer y fortalecer ese músculo autocompasivo.
Vamos a hacer una pequeña práctica.
Siéntate cómodamente,
Mantén la espalda recta,
Hombros relajados,
Mantén una postura alerta y digna,
Cierra los ojos o manténlos parcialmente abiertos según sea más cómodo para ti.
Siente tu cuerpo,
Nota tu postura,
Respira lenta y profundamente tres veces.
Siente,
Visualiza o imagínate el aire entrando y saliendo de tu cuerpo.
Cada respiración te hace sentir más relajado y cómodo.
Vuelve a tu respiración normal.
Tratando de evitar cualquier juicio o pensamiento sobre lo que es correcto o incorrecto,
Trae a tu mente una situación en la que sentiste que debías haberte dado prioridad,
Pero no lo hiciste,
Dándole prioridad a las necesidades de otros.
Si tienes varias opciones,
Escoge sólo una.
Presta atención a las personas involucradas en esta situación.
Conecta con la emoción que te llevó a darles ese tiempo y ese esfuerzo.
Ese fue un acto hermoso de tu parte.
Conecta con esa energía de generosidad y amor.
Visualiza,
Imagina o siente que esta energía de amor,
Generosidad y bondad llena todo el espacio que te rodea.
Ahora,
Por un momento,
Obsérvate a ti misma.
Conecta con cómo te sentías en esta situación.
En un gesto que simboliza tu intención de ayudar a curar este dolor o malestar que sentiste,
Pon tu mano en tu corazón.
Adicionalmente,
Puedes hablarte y decirte,
Reconozco el sufrimiento y me gustaría hacer lo posible para ayudar a curarlo.
Escoge las palabras que más resuenen contigo.
Inhala lenta y profundamente,
Mientras visualizas,
Imaginas o sientes que esa energía de amor que compartiste con otros empieza a llenar tu espacio interior,
Dándote calma y bienestar.
Sientes que esa energía de amor empieza a curarte de adentro hacia afuera.
Visualiza también cómo al exhalar todas las molestias y tensiones restantes se disipan.
Repite esto dos veces más.
Ahora,
Para reforzar nuestra intención de abrirnos a la autocompasión,
Vamos a ofrecernos una oración compasiva.
Yo te voy a dar un ejemplo,
Pero tú puedes elegir las palabras que más resuenen contigo.
Haz que esta oración tenga significado.
Dale poder y valor para que puedas sentir su energía curativa durante esta vida.
Que yo sea el arquitecto activo de mi felicidad y bienestar.
Que pueda reconocer justa y sabiamente mi responsabilidad en las cosas que ocurren a mi alrededor.
Que pueda aceptar que cuando yo lo necesito,
Está bien atenderme a mi primero durante esta vida.
Que pueda tratarme cada día con amor y compasión.
Y desde este lugar de amor y compasión que yo me doy a mí mismo,
Que cada una de mis acciones beneficie a aquellos que me rodean.
Es hora de regresar.
Haz una respiración profunda y lenta.
Deja que ésta te ayude a conectarte con tu cuerpo.
Siente el espacio que te rodea.
Siente el aire.
Escucha los sonidos.
Pero antes de terminar este ejercicio y esta charla,
Me gustaría que cuando vuelvas al mundo exterior,
Mantengas esto presente.
Establecer límites.
Atender tus necesidades.
Sacar tiempo para descansar y cuidarte.
No son actos de egoísmo.
Son actos de amor.
De amor a ti mismo.
Ahora,
Cuando te sientas listo,
Abre los ojos.
Conoce a tu maestro
4.7 (63)
Reseñas Recientes
More from Olga-Lucia Gamboa Arana
Meditaciones Relacionadas
Profesores Relacionados
Trusted by 35 million people. It's free.

Get the app
