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Cuento infantil: Clementino y la bicicleta voladora

by Alan Hecker

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Puntuación
4.6
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
68

Este cuento llamado "Clementino y la bicicleta voladora de sandía" Narra la historia de Clementino, el cual tenía una idea, pero todos le decían que no iba a funcionar. Esta historia narra como podemos o quedarnos escuchando lo que nos dicen o luchar por nuestros sueños. Música free copyright by Kevin MacLeod (intro/outro)

Transcripción

Hola,

Yo soy Alán y esto es Cuentos con Moraleja.

Hoy te voy a contar un cuento que se llama Clementino y la bicicleta voladora de Sandía.

En un pueblo muy pero muy aburrido,

Llamado Aburrilandia,

Vivía un niño llamado Clementino,

Que tenía el cabello azul,

Usaba medias desparejas y hablaba en rima,

Aunque nadie le había enseñado.

Clementino tenía un sueño,

Volar una bicicleta hecha de sandía.

¿Qué?

Sí,

De sandía,

Con ruedas redondas,

Verdes por fuera,

Jugosas por dentro y un asiento de pepitas.

Todos en el pueblo se reían de él.

Clementino,

Las sandías no vuelan,

Le decían,

Pero Clementino no se rendía.

Un día conoció a una científica medio chiflada llamada Doctora Pupis,

Que inventaba cosas imposibles con materiales rarísimos,

Flautas hechas de manteca,

Paraguas invisibles y robots que bailaban cumbia.

¿Una bicicleta de sandía que vuele?

Dijo Pupis.

¡Facilísimo!

Solo necesitamos tres materiales,

Tres pelos de unicornio con hipo,

Una cucharada de carcajada sincera y la confianza de alguien que no tiene miedo de hacer el ridículo.

Clementino se rascó la cabeza,

Se le cayó una media del bolsillo y dijo,

Yo puedo conseguir todo eso,

Menos el unicornio,

No conozco ninguno.

Pupis le guiñó un ojo,

¿y vos sabés qué pasa si crees muy fuerte en algo?

A veces aparece.

Esa noche,

Clementino soñó con un unicornio,

Se llamaba Gregorio y hablaba con acento italiano.

Toma mis pelos,

Clementino,

Solo úsalos con amor y sin apuro.

¡Chao,

Bambino!

A la mañana siguiente los pelos estaban en su mochila y Clementino no se sorprendió,

Se sonrió,

Armó la bicicleta con Pupis,

Cargaron la cucharada de carcajadas,

Que les cuento que las obtuvo haciéndole cosquillas a su abuela,

Y subió.

¡Clementino!

Le gritaban los del pueblo,

¡eso no va a funcionar!

Pero Clementino miró al cielo,

Se puso las antiparras de cartón,

Infló el pecho y comenzó a pedalear.

Pedaleó,

Pedaleó,

Pedaleó y la bicicleta se levantó,

Se levantó como si el cielo lo hubiera estado esperando.

Pasó volando por arriba del kiosco de la plaza del concejal dormido,

Hizo piruetas,

Gritó ¡uhuuu!

Y cuando bajó,

Nadie se rió.

Todos querían una bicicleta de sandía,

Pero Clementino solo dijo,

No hace falta volar para hacer cosas increíbles,

A veces solo hay que dejar de escuchar las voces que no creen en vos.

Y la moraleja que nos deja este cuento es,

No siempre te van a entender,

No siempre te van a seguir,

Pero si vos crees en algo con el corazón,

Puede que termines volando o construyendo algo tan loco que inspire a otros.

Tan loco como lo que hizo Steve Jobs,

El que inventó el iPhone,

Las Mac.

Soñó con que todos tuvieran una computadora en el bolsillo.

O como Boyan Slat,

Un chico que a los 16 años pensó que podía limpiar los océanos del plástico.

Y hoy lo está haciendo.

Así que si un día se te ocurre algo muy pero muy loco,

No lo tires a la basura.

Capaz que ahí empieza la próxima gran aventura.

Nos escuchamos en el próximo cuento.

© 2026 Alan Hecker. All rights reserved. All copyright in this work remains with the original creator. No part of this material may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, without the prior written permission of the copyright owner.

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