
Meditacuentos: El Gol que No Ganamos
Bienvenidos a un nuevo capitulo de los Meditacuentos, hoy tenemos un capítulo muy especial, en el que acompañamos a un equipo de futbol a través de todo un campeonato en el que ganaran algo mayor que un trofeo. Espero que lo disfrutes tanto comoyo. Recuerda comentarme si te gusto y que ideas tienes para los próximos meditacuentos.
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Meditacuentos,
Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.
Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.
Ubícate en una postura en la que puedas tener la espaldita recta,
Que el pecho esté libre para respirar profundo.
Lleva los hombros hacia arriba y hacia atrás y luego déjalos caer y deja que tus brazos estén a los lados.
Trata de que tus piernas no se encuentren cruzadas.
Vamos a cerrar suavemente nuestros ojos y a ir respirando suavemente,
Tratando de regular nuestro ritmo para que sea una respiración calmada,
Sin prisas.
Simplemente siente cómo todo tu cuerpo se expande cuando entra al aire y se contrae cuando se va al aire.
Inhala llenando cada rincón de tu cuerpo con aire,
Exhala vaciando tu cuerpo.
Inhala despacio pensando en cómo el aire atraviesa tu nariz,
Va a los pulmones y de ahí se reparte por todo el cuerpo y exhala liberando cualquier tensión o preocupación.
Sigue sintiendo tu respiración mientras imaginas que el aire,
El aire que entra en tu cuerpo son pequeñas partículas que entran a darle un masaje al cuerpo y a llenarlo de calma.
Imagina cómo va hasta tus piernas,
Cómo llega hasta la punta de cada uno de los dedos,
A los brazos,
A todo el tronco y la espalda,
Al rostro y la cabeza.
El aire va a cualquier rincón de tu cuerpo.
Si tienes algún dolor,
Alguna tensión o malestar,
Concéntrate en ese punto para que el aire vaya y libere la tensión y llene de calma ese punto.
Siempre pensando cómo el cuerpo se expande,
Crece cuando tomas aire y se encógese de chiquito cuando sacas el aire.
Sigue concentrado con tu respiración un momento más.
La respiración es un ancla mágica que nos permite estar en el presente y relajarnos.
Funciona en cualquier situación y además es una herramienta que siempre tienes.
Una última vez respira profundo,
Concentrado en cómo entra el aire,
Cómo sale el aire.
Deja de pensar por un momento en la respiración y siente tu cuerpo que ya está más relajado,
Más tranquilo,
Más libre.
Mantén esa sensación de calma y tranquilidad.
Continúa con los ojos cerrados,
Activa los oídos y deja que vuele tu imaginación.
Ese meditacuento se llama El Gol que no ganamos.
Había una vez un equipo de fútbol llamado Los Cometas.
No eran los más altos ni los más fuertes,
Pero algo tenían de especial.
Jugaban siempre con todo el corazón.
Correr,
Reír,
Pasar la pelota,
Ayudarse.
Eso era lo que ellos más disfrutaban.
Jugaban en un parque que estaba rodeado de árboles y a veces los perros del barrio lo tomaban como baño.
Cada gol lo celebraban como si fuera el primero,
El primer gol del mundo,
Y cada caída enseguida recibía una mano que los ayudaba a levantarse.
Con el tiempo Los Cometas comenzaron a ganar más partidos.
Ya podían cercar su cancha y permitir que fuera un espacio seguro en el que los perros no fueran a hacer sus necesidades.
Pasaron ronda tras ronda con mucho esfuerzo,
Hasta que un día,
Como en los grandes sueños,
Llegaron al final del campeonato.
Estaban muy felices,
Claro,
Un poquito nerviosos también.
Se pusieron sus camisetas,
Limpiecitas,
Perfectas.
Los cordones estaban bien atados y respiraron profundo antes de entrar a la cancha.
Entre ellos estaba Simón,
Un arquero valiente que no tenía miedo de tirarse al suelo y siempre apoyaba el equipo.
Vamos equipo,
Juntos podemos.
El partido estaba muy parejo,
Unos minutos a un lado,
Otros minutos al otro.
Estaba lleno de gritos,
De aplausos,
De pases asombrosos,
Atajadas increíbles.
Y entonces,
En los últimos minutos,
Un jugador del otro equipo patió la pelota y aunque Simón corrió para atraparla,
Se tropezó y cayó al suelo.
Y la pelota pasó.
Y fue un gol.
El silbato sonó.
Se terminó el partido.
Perdieron.
Simón se quedó tirado en el suelo.
No lloraba,
Pero sentía una culpa terrible,
Un nudo en el pecho.
Solo se repetía,
Todo fue por mí,
Los hice perder.
Entonces,
Uno a uno,
Como si los demás del equipo se hubieran puesto de acuerdo,
Corrieron hacia él.
Nadie le gritó,
Nadie lo culpó.
Al contrario,
Lo abrazaban.
Jugaste increíble,
Simón.
Gracias por todas las atajadas de las que nos salvaste.
Estamos tristes,
Sí,
Pero llegamos a la final.
Somos un equipo,
Ganemos o no.
En ese momento,
Aunque el marcador decía otra cosa,
Todos sabían que habían ganado.
Habían ganado algo más grande que el torneo.
Ganaron confianza en ellos como equipo,
Ganaron unión,
Ganaron una cancha limpia y ganaron la alegría de haber jugado y llegado hasta la final.
Se tomaron las manos con mucha fuerza,
Formaron un círculo y empezaron a cantar la canción de su equipo.
Y empezaron a reír,
A llorar y a sentirse orgullosos.
Somos los cometas que vuelan alto.
Cada pase,
Cada salto.
Ganemos o no.
Juguemos unidos y soñemos entre todos.
Ahora,
Tú continúas respirando,
Imaginando que también eres parte de ese equipo.
Y piensa en algún momento en el que las cosas no salieron tan bien,
En el que te esforzaste demasiado,
Pero no se logró.
Solo hace falta tener un poco la visión más amplia y ver que no solo es el fin,
También es todo el camino que recorremos para llegar a una meta.
Puede que no alcances la meta,
Pero hubo muchos aprendizajes.
Quizás ganaste amigos,
Ganaste un nuevo talento,
Confianza en ti mismo.
No importa que a veces la meta no se logre.
Hasta aquí el Medita Cuento de hoy.
Espero que te haya gustado tanto como a mí.
Que te quedes con ese sentimiento de que el camino para llegar a los objetivos también es importante y comiences a disfrutar cada cosa que haces.
Yo te deseo dulces sueños.
Conoce a tu maestro
4.7 (15)
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