
Cuatro Luces, Cuatro Vibraciones De Tu Corazón
Una meditación guiada que recorre el ciclo del día en tu interior: amanecer, mediodía, atardecer y crepúsculo. A través de la compasión, el perdón, el amor y la gratitud, te invita a abrir espacio en el corazón y respirar más amplio.
Transcripción
Te doy una cálida bienvenida a la práctica de hoy.
Busca una postura cómoda.
Si quieres cierra los ojos o simplemente relaja tu mirada al suelo.
Vamos a llevar nuestra atención hacia el centro de nuestro pecho y vamos a respirar hacia esta zona.
Al inhalar,
Abriendo las costillas,
Creando mucho espacio,
Llenando los pulmones.
Y al exhalar,
Soltando el aire poco a poco,
Vaciando los pulmones por completo.
Repetimos,
Inhalamos,
Abriendo las costillas,
Exhalamos,
Soltamos.
Y una vez más,
Inhalamos,
Creando mucho espacio,
Y exhalamos suavemente.
Dejando ir todos los pensamientos,
Todas las preocupaciones,
Invitándonos a disfrutar plenamente de la práctica.
Y dejando ahora que la respiración vaya encontrando su ritmo natural,
Vamos a jugar un poco con nuestra imaginación.
Imagina que dentro de tu pecho el día va a comenzar.
Tu corazón es un horizonte que se ilumina poco a poco.
Hoy vas a recorrer un ciclo completo de luz.
El amanecer,
El mediodía,
El atardecer dorado y el crepúsculo.
Cuatro luces,
Cuatro sentimientos,
Cuatro vibraciones del corazón.
Déjate acompañar.
Siente en tu pecho la primera claridad del día.
Una luz suave,
Tímida,
Pero llena de promesa.
Es la luz del amanecer.
Una luz que no exige,
Que no cuestiona,
Que simplemente aparece para acariciar lo que había estado en sombra.
A veces nos exigimos tanto y en algún lugar interno queda una parte de nosotras esperando ternura.
La luz del amanecer es la luz de la compasión.
La compasión es ese instante en el que dejamos de empujarnos y empezamos a escucharnos.
Imagina esa luz suave llegando a tu corazón,
Ablandando las zonas tensas,
Susurrando.
Lo estás haciendo lo mejor que puedes.
Siente un espacio donde puedes descansar.
Respira aquí unos instantes y permite que esa luz despierte tu delicadeza interior.
Ahora deja que el amanecer crezca dentro de ti hasta que se convierta en la luz amplia del mediodía.
Una luz amarilla,
Clara,
Abierta.
Una luz que revela sin herir,
Que aclara sin quemar.
A veces nuestro corazón se encoge porque sostiene un rencor hacia alguien,
Hacia nosotros mismos o incluso hacia la vida por exponernos a una prueba que no elegimos.
Ese rencor es un peso.
Nos encarcela,
Nos roba aire,
Nos impide respirar bien.
Y el perdón no es un regalo para otros,
Es un acto de libertad interna.
Es soltar un 1% del peso para poder vivir más amplio.
Es suavizar la propia mano que aprieta el corazón.
Es permitirnos respirar un poco más amplio.
Siente esta luz clara entrando en tu pecho,
Abriendo ventanas internas,
Dejando que entre aire fresco.
Pregúntate,
¿hay algún rencor hacia alguien,
Hacia mí mismo o hacia la vida?
¿Que puedo empezar a liberar hoy,
Aunque sea solo un 1% para que mi corazón respire más amplio?
No por nadie más,
Solo por mí,
Solo por mi paz.
Respira aquí unos instantes,
Permitiendo que de manera muy suave,
Algo dentro de ti empiece a aflojarse.
Y ahora deja que esa claridad del mediodía comience a volverse cálida.
Que se torne luz de tarde,
Una luz dorada,
Envolvente,
Suave.
La luz que hace bello todo lo que toca.
El amor propio es esa luz.
No un logro,
No un ideal,
Sino la presencia interna que nos recuerda que merecemos nuestro propio cuidado,
Nuestro propio descanso,
Nuestras propias palabras buenas.
Siente como el dorado se expande por tu pecho,
Baja a tu abdomen,
Sube a la garganta,
Recorre la espalda.
Es un abrazo desde dentro,
Es un estoy contigo que te dices a ti mismo,
Sin esfuerzo,
Sin condición.
Respira dentro de este dorado y deja que el amor se pose como una manta cálida sobre todo tu ser.
Y cuando el sol comienza a retirarse,
Aparece la luz profunda del crepúsculo.
Una luz azul violeta,
Serena,
Recogida.
La luz que honra lo que fue.
La luz que despide el día con belleza.
Es la luz de la gratitud.
La gratitud nace de lo pequeño,
Un gesto,
Un encuentro,
Un instante que quizás pasó desapercibido en su momento,
Pero que dejó una huella suave.
La gratitud no obliga,
Solo reconoce,
Solo dice,
Vi esto,
Lo recibí y lo honro.
Pregúntate que pequeño acto,
Presencia o experiencia de este día merece ser honrado.
Respira suave dentro de la luz del crepúsculo,
Envolviendo tu corazón y deja que la gratitud te llene por dentro.
Respira profundamente,
Al inhalar expandiendo el pecho,
Llenando los pulmones y al exhalar soltando el aire poco a poco,
Sin prisa.
Sintiendo que el día en tu interior queda completo,
Armonioso,
Bien.
Una vez más,
Inhalamos juntos,
Exhalamos.
Espero de corazón que hayas disfrutado de esta práctica.
Muchas gracias.
Namasté.
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4.8 (13)
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