
Meditacuento: Roberto Tejedor
Un suave meditacuento para niños que acompaña a Roberto, un pequeño pájaro tejedor, en su día a día construyendo su nido. A través del ritmo de la naturaleza, los intentos, las pausas y los comienzos inesperados, este cuento invita a conectar con la calma, la paciencia y la respiración consciente. Ideal para relajar el cuerpo, aquietar la mente y acompañar el momento de descanso.
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Medita Cuentos,
Donde en cuento de una meditación arrullan tu imaginación.
Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.
Ubícate en una postura cómoda en la que puedas tener la espaldita derecha,
Que alejes los hombros de las orejas.
Brazos y piernas se encuentren sueltos y relajados,
Incluso deja que caigan a los costados.
Hiciera suavecitos tus ojos.
Comenzando a conectar con tu respiración,
Sintiendo cómo entra el aire por la nariz y cómo sale el aire por la nariz.
Empieza a sentir el aire que entra,
Llenando tu cuerpo de calma,
De paz.
El aire que sale llevándose cualquier tensión,
Preocupación o angustia.
Inhalo calma.
Exhalo preocupaciones.
Inhalo paz.
Exhalo angustias.
Inhalo presencia.
Exhalo distracciones.
Sigue respirando despacio y ve sintiendo cómo la respiración te ayuda a ir aflojando tu cuerpo y relajándolo.
Afloja las piernas por completo,
Incluyendo los deditos de los pies.
Deja que caigan a los lados y siente cómo están siendo sostenidos por tu cama.
Sigue respirando,
Sintiendo cómo ahora puedes soltar todas tus caderas.
Sintiendo incluso cómo se hunden en la cama.
Inhala y exhala y relaja la espalda,
La columna vertebral en todo su largo.
Siente cómo se derrite en la colchoneta o en tu cama.
Inhala y exhala,
Sintiendo cómo el pecho también se relaja y el abdomen.
Inhala y exhala,
Suelta también tus hombros,
Deja que toquen el suelo,
Que caigan ahí,
Que se sientan pesados.
Sigue respirando y relaja por completo tus brazos,
Incluyendo cada uno de los dedos de las manos.
Deja que estén a los lados del cuerpo y siente cómo están siendo cargados por tu cama.
Tú no necesitas hacer ningún esfuerzo.
Inhala,
Exhala,
Relaja tu cuello,
Aleja los hombros de las orejas,
Relaja tu boca,
Tu mandíbula,
No importa si se abre un poquito la boca.
Relaja los cachetes,
Relaja la nariz,
Relaja los ojos y los párpados,
Sintiendo que los párpados son cobijitas que cubren los ojos con mucha suavidad.
Relaja la frente y la cabeza,
Relaja especialmente tus orejas,
Permite que se preparen para escuchar con atención.
Sigue respirando,
Si es que alguna parte de tu cuerpo faltó por relajarse,
Lleva el aire allí y libera el aire.
Siente tu cuerpo completamente relajado,
Desde los dedos de los pies hasta la cabeza.
Continúa con esa sensación de calma y tranquilidad,
Mantente en silencio,
Activa los oídos,
Sigue con los ojos cerrados y deja que vuele tu imaginación.
Muy muy temprano,
Cuando el cielo apenas comenzaba a pintarse de azul claro y el aire continuaba fresco y silencioso,
Roberto comenzaba a abrir los ojos.
Era un pájaro pequeño y tejedor,
Sus plumas eran suaves,
De un color dorado que brillaba más fuerte cuando le pegaba el sol,
Con ojos curiosos y siempre siempre observaba todo su alrededor.
Cada mañana antes de volar,
Roberto se quedaba quieto un momento escuchando,
Escuchaba el viento,
Escuchaba cómo se movían las hojas de los árboles,
Escuchaba incluso los insectos que habían cerca de él.
Ese era su momento favorito del día,
Pero hoy había algo muy importante que hacer,
Porque Roberto quería construir su propio nido y no cualquier nido,
Uno fuerte,
Suave y seguro que pudiera sostenerlo a él y a todos sus sueños.
Así que alzó vuelo,
Voló entre árboles altos y ramas que parecía que se estiraban para tocar el cielo y buscó con mucha atención la fibra más perfecta.
No era fácil de encontrar porque habían muchas que eran muy rígidas y otras que eran muy corticas y otras que se rompían antes de tiempo.
Pero Roberto no tenía prisa,
Tomaba uno,
La giraba en su pico,
La probaba y si es que no servía pues la dejaba ir con el viento.
Poco a poco reunió las mejores fibras y regresó a una rama alta,
Una rama que se inclinaba sobre un pequeño río.
Allí fue que decidió comenzar.
Con mucho cuidado comenzó a sujetar la primera hebra y la pasó con su pico a través de una hoja,
La giró y la entrelazó,
Luego juntó otra más y otra más.
Era lento,
Muy lento,
Y a veces pasaba el viento y le movía todo y las partes que no estaban fijas las tenía que volver a comenzar.
El día avanzaba y el sol comenzaba a subir a lo más alto del cielo.
Habían otros pájaros cerca que iban y venían,
Otros pichoncitos que cantaban y jugaban y otros tantos que volaban el grupo.
Roberto los miraba por un instante pero luego regresaba a su nido porque algo dentro de él le decía que siguiera construyendo.
Al caer la tarde algo había logrado,
Un pequeño aro colgante,
Que no podemos decir que fuera perfecto o gigante pero se movía suavemente con el viento.
Roberto lo observó,
Sentía algo de orgullo y esa noche durmió cerca sobre una rama y mientras el cielo se llenaba de estrellas el nido se balanceaba al compás del viento.
Al día siguiente Roberto volvió y también al otro y al otro día y al otro día.
Cada jornada traía su propio ritmo,
A veces se encontraba súper fácil todas las fibras y otras veces no encontraba casi nada,
A veces avanzaba muchísimo y otras veces parecía que no hubiera puesto ni una sola hoja.
Pero él siempre regresaba,
Siempre buscaba las mejores hebras y siempre,
Siempre estaba intentándolo.
Un día el viento sopló más fuerte de lo normal,
Las hojas comenzaron a crujir y agitarse con fuerza,
Todo se puso gris y Roberto llegó como siempre,
Se posó cerca a su nido y lo miró.
Veía que el nido se movía mucho más de lo habitual pero aún así él decidió tomar una hebra y empezó a ajustarla.
Pero el viento tiraba y tiraba y entonces una parte de su base se soltó y luego otra y como en un dominó en un instante todo lo que había tejido se deshizo en el aire.
Todas las fibras se cayeron lentamente y desaparecieron en las hojas.
Roberto no se movió,
Se quedó ahí impactado mirando.
El viento soplaba y soplaba,
Entonces Roberto ese día decidió no tejer.
Voló poco y se posó en otras ramas.
Observó el río y escuchó sonidos que no eran tan familiares.
Cuando el sol comenzó a esconderse regresó al mismo lugar,
A la misma rama.
Todo parecía igual,
Incluso el viento seguía allí.
Entonces Roberto inclinó la cabeza,
Luego miró hacia el suelo y vio que habían algunas fibras atrapadas entre las ramas,
Así que bajó y las tomó.
Las giró,
Subió de nuevo y con mucho cuidado las colocó una tras otra,
Con más firmeza esta vez,
Sin prisa.
Dejó que el cielo se fuera pintando de naranja atardecer y ahí seguía tejiendo.
Esa noche el nuevo nido también se mecía con el viento y aunque aún no se podía decir que era un nido completo,
Algo era ahí,
Distinto,
Algo sentía Roberto.
Sentía que ese nido era más suyo,
Que ahora sí tenía su propia identidad,
Que era más fuerte y más suave,
Porque él había sido capaz de volver a comenzar.
Y hasta aquí el medita cuento de hoy,
Espero que te haya gustado tanto como a mí y que recuerdes que en la vida a veces nos pasan cosas como las que le pasó a Roberto,
Que no tienen explicación ni un culpable,
Simplemente pasan como por ejemplo un fuerte ventarrón que destruye todo lo que él había construido,
Pero tú siempre tienes la oportunidad de decidir volver a empezar o quedarte mirando lo que ya se dañó,
Lo que ya no pasó,
Lo que no pudo ser.
Así que esta es una invitación para que recordemos tener paciencia en todo lo que construimos,
Incluso en nuestros juegos,
Y que tendremos siempre esa opción de elegir si recomenzar cuando algo malo sucede o quedarnos mirando lo malo que pasó.
Hoy te deseo que te vayas a dormir disfrutando de tu nido,
De tu cama,
De la comodidad y la seguridad en la que puedes descansar y que puedas tener dulces sueños.
Conoce a tu maestro
5.0 (6)
Reseñas Recientes
More from Cindy Vanessa Parra
Meditaciones Relacionadas
Trusted by 36 million people. It's free.

Get the app
