
Meditacuento: la Nochebuena
¡Hola! bienvenido a otro capítulo de los meditacuentos, hoy te traigo un capítulo sobre los hermanos. Espero que lo disfrutes, ¡gracias por meditar conmigo! No olvides comentarme que te pareció y si te gustaría escuchar un meditacuento de algún tema en especial Un abrazo
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Meditacuentos.
Yo soy Cindy y estoy muy feliz de que me acompañes para que juntos sigamos construyendo el hábito de la meditación.
Así que ponte cómodo y cómoda que vamos a comenzar.
Prepararemos nuestro cuerpo para meditar.
Ubícate en una postura en la que puedas tener tu espalda recta y el pecho amplio para respirar profundamente.
Trata de que sea una postura cómoda en la que tu cuerpo se vaya relajando y que ni los brazos ni las piernas estén cruzados.
Comienza a observar cómo estás respirando.
Puedes cerrar los ojos y concentrarte en el movimiento que hay en tu pecho o en tu abdomen con cada respiración.
Imagina cómo entra el aire por tus fosas nasales y recorre todos tus pulmones y sale lentamente por la boca.
Ponle un color al aire que entra por tu nariz,
Un aire fresco y otro color al aire que sale por tu boca,
Un aire un poco más cálido.
Imagina ese color entrando,
Llenando todo tu cuerpo de calma y ese color que sale liberando cualquier tensión o preocupación.
Continúa respirando sintiendo que entra el aire de un color y sale de otro color y con cada respiración se van relajando los deditos de los pies,
Todas las piernas,
La cadera,
Toda la pelvis.
Sigue respirando y se relaja toda la espalda,
El pecho y el abdomen,
Los hombros,
Todos los brazos,
Los codos,
Las muñecas,
Las manos y cada uno de los deditos de las manos.
Continúa concentrado en ese aire que entra y ese aire que sale mientras se relaja todo tu cuello,
Todo tu rostro,
Todo tu cuero cabelludo y todo tu cabello.
Toma una inhalación profunda,
Reten el aire en tu cuerpo,
Sonríe y deja que salga el aire lentamente por la boca sintiendo como te has relajado desde los dedos de los pies hasta la cabeza.
Una última vez vamos a respirar tomando todo el aire por la nariz hasta que no quepa nada más y déjalo salir por la boca en un gran suspiro.
Cierra los ojos,
Activa los oídos y deja volar tu imaginación.
Este cuento se llama La Nochebuena.
Había una vez un niño llamado Mateo que vivía en un pueblo donde la Navidad siempre traía alegrías y sorpresas.
Mateo amaba su pueblo,
Disfrutaba de jugar en el parque,
De ir a la escuela,
De comer helado y de estar con sus amigos pero en especial amaba la Navidad porque todo se llenaba de luces y de mucho color.
Desde que empezaba diciembre él ayudaba a decorar toda su casa,
A poner el pino,
A pintar las esferas y era quien se acordaba de encender las luces cada que caía la noche.
Además elegía dormir con una pijama navideña todo el mes.
Este año no fue diferente,
Mateo estaba amando la Navidad como nunca.
Se llegó la Nochebuena y con ella la alegría de reunirse en familia y dar y recibir regalos pero esa noche fue aún más especial porque algo cambió.
Mamá y papá salieron desde muy temprano por lo que Mateo se había quedado con sus abuelos,
Sus tíos y sus tías y mientras toda la familia estaba reunida alrededor del árbol decorado con luces centellantes,
Risas y las fragancias de las galletas recién horneadas,
Mamá y papá entraron llevando en brazos al más preciado regalo de Navidad,
Su nuevo hermanito a quien habían llamado Lucas.
Al principio Mateo se sintió un poco confundido y asustado,
No sabía exactamente cómo ser un hermano mayor ni qué significaría tener a alguien más en casa.
Se preguntaba si todavía tendría tiempo para sus juegos y si mamá y papá lo seguirían queriendo igual.
Sin embargo,
La primera vez que sostuvo a Lucas en sus brazos algo mágico sucedió.
Los ojitos curiosos del pequeño lo miraron con asombro y en ese momento Mateo supo que sería su deber protegerlo y enseñarle todo lo que él sabía.
A medida que pasaban los días,
Mateo descubrió que ser hermano mayor era como tener un compañero de aventuras permanentes.
Juntos podían explorar el mundo desde el suelo de la casa de Star,
Jugar a esconderse detrás de los cojines y compartir risas contagiosas.
Mateo le enseñó a Lucas a construir torres de bloques y a decir las primeras palabras.
Y Lucas,
A su manera,
Le enseñó a Mateo sobre la magia de la inocencia y la belleza de ver el mundo con ojos nuevos.
Una tarde,
Mateo encontró un regalo muy especial en la cuna de Lucas.
Era un suave y colorido peluche de su caricatura favorita.
Mateo llevaba deseando mucho tiempo un peluche así.
Lucas,
Como si pudiera entender los deseos de su hermano,
Le ofreció el regalo con sus pequeñas manitas.
Desde ese día,
El peluche se convirtió en el cómplice perfecto para la travesura de los hermanos.
Juntos formaron un equipo invencible,
Listos para enfrentar cualquier desafío que les presentara la vida.
Y aunque,
Claro,
De vez en cuando tenían malos entendidos y discusiones,
Seguían siendo unos hermanos muy amorosos.
La noche buena del siguiente año,
Mientras observaban las luces parpadeantes del árbol y compartían galletas con leche,
Mateo abrazó Lucas con mucho cariño.
Ahora sabía que tener un hermano pequeño era el mejor regalo de todos.
Después de todo,
La Navidad no solo se trataba de recibir,
Sino de descubrir la magia que había en dar amor y compartir la felicidad con aquellos que queremos.
Y por eso fue que en la familia de Mateo,
El amor creció con cada risa compartida,
Cada aventura vivida,
Convirtiendo la Navidad en una celebración llena de risas y nuevos recuerdos.
Y hasta aquí el Medita Cuento de hoy.
Me encantaría saber si tú tienes hermanos y si quizás a ti también te tocó ser el hermano mayor.
¿Cómo ha sido esa experiencia?
¿Y cuáles son esos mejores recuerdos que tienen?
Espero que hayan disfrutado tanto de esta historia como yo.
Les mando un abrazo muy muy fuerte y espero que disfruten mucho de estas fiestas.
Nos escuchamos en un próximo capítulo y continuamos con esta temporada de Medita Cuentos Navideños.
¡Adiós!
Conoce a tu maestro
4.8 (34)
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