
Duerme 8 Horas Sin Despertarte | Apaga El Cortisol
Duerme 8 horas sin despertarte con esta meditación guiada para dormir profundamente, calmar la mente y reducir la alerta nocturna. A través de la respiración, la relajación y la estimulación suave del nervio vago, acompaña a tu cuerpo hacia un sueño profundo, continuo y reparador.
Transcripción
Buenas noches.
Te doy la bienvenida a esta meditación para dormir durante toda la noche.
Calmar la alerta interior.
Y ayudar a tu cuerpo a permanecer.
En un descanso profundo.
Y reparador.
¿Soy Elías?
Y esta noche no necesitas perseguir el sueño.
No tienes que obligar a tu mente.
¿A quedarse en blanco?
Ni luchar contra los pensamientos.
Sólo escucha.
Transpira.
Y permite que tu cuerpo recuerde algo que ya conoce.
¿Qué ahora?
Estás a salvo.
El día ha terminado.
Ya no tienes que responder mensajes.
Tomar decisiones.
Anticipar problemas.
Ni revisar lo que hiciste.
¿O dejaste de hacer?
La noche no te pide soluciones.
La noche te invita a soltar.
Colócate de la manera más cómoda posible.
¿Siente la espalda sostenida?
Por la cama.
El peso de las piernas.
Los brazos descansando.
Las manos sueltas.
Sin necesidad de agarrar nada.
Suavemente los ojos.
Y nada.
Despacio por la nariz.
Ahora exhala lentamente por la boca.
¿Otra vez?
Final.
Y ahora exhala.
Abandonando una parte del peso invisible del día.
No fuerces la respiración.
No la conviertas.
En una tarea.
Deja que encuentre por sí sola.
Ritmo más lento.
Y nocturno.
Cada exhalación puede convertirse.
En un mensaje para tu sistema nervioso que dice.
.
.
Ya pasó.
Ya terminó.
Ahora puedo descansar.
Quizá durante el día.
El cuerpo permaneció demasiado tiempo en alerta.
Tal vez resolviste asuntos.
Imaginas de escenarios.
Recordaste conversaciones.
O sentiste que debías estar pendiente de todo.
Y aunque ahora estás en la cama.
Una parte de ti puede continuar vigilando.
No te enfades con esa parte.
Esa parte solo intentaba protegerte.
Pero ahora puedes decirle.
Gracias.
Ya puedes descansar.
Siente como los hombros.
Descienden un poco.
Relaja la frente.
El espacio entre las cejas.
Los párpados.
Las mejillas.
Y ahora la mandébola.
Permite que la lengua repose dentro de la boca.
No tienes que demostrar fortaleza.
No tienes que protegerte de este momento.
No tienes que ganarte el derecho a dormir.
El descanso no se conquista.
El descanso se permite.
Repite internamente.
Estoy a salvo ahora.
Una vez más.
Estoy a salvo ahora.
No importa si una parte de ti.
Todavía duda.
No necesitas convencerla.
Sólo deja que estas palabras se posen sobre tu cuerpo.
Como una manta tibia.
Ahora llévate atención.
Al abdomen.
Observa cómo se eleva ligeramente.
Al inhalar.
Desciende al exhalar.
Este movimiento sencillo.
Le comunica al cuerpo que puede abandonar poco a poco.
La vigilancia.
La exhalación se alarga.
El pecho se suaviza.
Y la alarma interior.
Pierde intensidad.
Imagina ahora que caminas.
Por un bosque nocturno.
Los árboles se elevan a ambos lados.
De un sendero plateado.
Sus ramas.
Se entrelazan bajo una luna tranquila.
Entre las hojas aparecen pequeñas luces azules.
Como luciérnagas.
Que conocen el camino.
A lo lejos escuchas un arroyo.
El viento mueve suavemente las copas de los árboles.
Y tus pasos avanzan despacio.
Hacia un lugar seguro.
Con cada paso tu respiración se vuelve más serena.
Con cada paso la tensión se aleja.
Con cada paso.
El día queda más atrás.
Al final del sendero.
Aparece una pequeña casa junto a un lago.
En una de sus ventanas.
Arde una lámpara dorada.
Fuera el viento.
Mueve las ramas.
Dentro todo está quieto.
La puerta.
Se abre para ti.
Y entras.
Ayunakamalimpia.
Una manta cálida.
Y un silencio profundo.
Que no te exige nada.
Junto a la entrada encuentras una cesta.
Imagina que depositas allí.
Sus preocupaciones.
Aún,
Aún.
Lo que no pudiste controlar.
Lo depositas.
Lo que otros pensaron de ti.
Lo depositas.
Lo que temes que ocurra mañana.
Lo depositas en esa cesta.
Lo que todavía no comprendes.
Lo depositas.
Nada de eso necesita acompañarte.
Hasta la habitación.
Respira.
La noche no es para resolver.
La noche es para reparar.
Siente el centro del pecho.
Imagina allí una luz azul tenue.
Y constante.
Con cada inhalación.
Permanece encendida.
Con cada exhalación.
Se extiende hacia la garganta.
El abdomen.
Los hombros.
Y la espalda.
Puedes imaginar el nervio vago.
Como un camino sereno.
Comunica la respiración.
El corazón.
Y el cerebro.
Camino por el que viaja el mismo mensaje.
El mensaje es.
.
.
Estás a salvo.
Puedes soltar.
Puedes dormir.
No necesitas controlar lo que ocurre dentro de ti.
¿Tu cuerpo conoce?
Caminos que tu mente no necesita comprender.
Ahora siente la nuca y la base del cráneo.
Imagina quedarte allí.
Desciende una corriente tibia.
Por toda la columna.
Pasa por la parte alta de la espalda.
Por la zona media.
Y por la región.
Y a medida que baja.
Va apagando pequeñas señales de alerta.
La urgencia se apaga.
La preocupación anticipada.
Se apaga.
La necesidad de control.
Se apaga.
No porque tus asuntos no importen.
Sino porque ahora.
No te corresponde sostenerlos.
Esta noche.
Puedes entregarlos.
Esta noche.
Puedes descansar.
Permanece aquí.
En esta tranquilidad.
Siente la paz.
De respirar.
Isolta.
Muy bien.
Deja que el peso del cuerpo sea sostenido por completo.
Ya no necesitas observar la respiración.
Con tanta atención.
El aire sabe entrar.
Que el aire sabe salir.
Tu corazón sabe continuar.
¿Tu cuerpo sabe descender?
Hacia el sueño cuando deja de recibirlo.
Señales de peligro.
Siente los brazos.
Cada vez más pesados.
Desde los hombros hasta los codos.
Desde los codos.
Hasta las muñecas.
Desde las muñecas.
Hasta la punta de cada dedo.
Tus manos no tienen que escribir.
No tienen que sujetar nada.
No tienen que protegerte.
Sólo descansar.
Siente ahora.
Las piernas.
Los muslos se vuelven pesados.
Las rodillas se aflojan.
Las pantorrillas.
Abandonan la tensión.
Los tobillos.
Descansa.
Los pies se entregan por completo a la cama.
Todo tu cuerpo recibe el mismo mensaje.
ES.
Ahora no hay lucha.
Ahora no hay presa.
Ahora no tienes que demostrar nada.
Imagina aquí cada exhalación.
Reduce un poco el volumen de la alerta interior.
Como si muchas voces.
.
.
¿Hubieran hablado al mismo tiempo durante el día?
Y alguien.
Con infinita delicadeza.
Comenzará a bajar su intensidad.
La voz del miedo se vuelve lejana.
La voz de la exigencia se debilita.
La voz de la culpa pierde fuerza.
Debajo de todas ellas.
Aparece un silencio que siempre estuvo presente.
No es un silencio vacío.
Es un silencio lleno de seguridad.
Un silencio que no juzga.
Un silencio que te recuerda que sigues mereciendo paz.
Incluso después de un día de fidel.
Ahora imagina que te encuentras.
Junto a un mar tranquilo.
Bajo un cielo cubierto de estrellas.
¿La arena conserva todavía?
Poco del calor del día.
Las olas llegan lentamente a la orilla.
Y se retiran con un sonido regular.
Profunda.
Hipnótico.
Cada ola te ayuda a descender.
O la relaja el rostro.
Otra ola relaja el pecho.
Otra ola suaviza el abdomen.
Otra ola libera la espalda.
Y otra ola se lleva cualquier temor.
A despertarte durante la noche.
Su cuerpo no necesita vigilar.
Mientras duermes.
No necesita comprobar la hora.
No necesita adelantarse.
Al amanecer.
Puede permanecer en descanso.
Y si en algún momento de la noche.
.
.
Abrieras los ojos.
¿No significaría que el descanso terminó?
No tendrías que mirar el reloj.
Analizar lo que ocurre.
Ni comenzar.
Una conversación con la mente.
Podrías simplemente sentir la cama.
Escuchar tu respiración.
Y recordar.
Que sigo a salvo.
Puedo volver a dormir.
Que hacer nada.
Imagina que esta frase.
.
.
Queda guardada en una parte profunda de ti.
Preparada para acompañarte.
Durante toda la noche.
Es ésta.
Aunque despierte.
Permanezco en calma.
Mi cuerpo conoce el camino.
De regreso al sueño.
Respira profundamente.
El cortisol puede ir descendiendo.
Mientras la alarma interior se apaga.
El nervio vago transmite una señal.
De serenidad.
Desde el pecho.
Hacia la cargante.
El abdomen.
Y el cerebro.
Una señal suave.
Constante.
Profunda.
Puedes descansar.
Puedes confiar.
Puedes permanecer dormido,
Dormida.
Ahora contempla el cielo nocturno.
Los pensamientos son como pequeñas nubes.
Se cruzan frente a la luna.
Algunas.
Traen recuerdos.
¿Otras preocupaciones?
Otras historias sobre cosas que.
.
.
Quizá nunca ocurran.
Pero ninguna nube puede dañar al cielo.
Y tú eres más amplio,
Amplio.
Que cualquier pensamiento que aparezca.
No eres la preocupación.
No eres el miedo.
No eres la historia que la mente repite.
¿Eres el espacio tranquilo?
Y puede observarlo todo.
Sin seguirlo.
Esta noche no necesitas creer.
Cada pensamiento.
Puedes elegir la paz en lugar.
De continuar una lucha que ya no te protege.
Perdono el día.
Perdono el día.
Perdonar no significa justificar.
Aquello que te hizo daño.
Significa dejar de repetirlo dentro de ti.
Mientras intentas descansar.
A ti internamente.
Libero este día.
Libero lo que no pude controlar.
Libero mis propios juicios.
Libero lo que otros pensaron de mí.
El hijo descansar.
Muy bien.
Ahora imagina una luz cálida.
Encendiéndose.
En el centro del pecho.
Esa luz sube hacia la garganta.
Y relaja todo lo que no dijiste.
Todo lo que quisiste explicar.
Y todo lo que sentiste que nadie comprendía.
Después asciende hacia el rostro.
La frente se suaveza.
Los pensamientos pierden velocidad.
La mente deja de vigilar.
¿La luz también desciende?
Hacia el abdomen.
Y se extiende por todo el cuerpo.
Como una señal silenciosa de calma.
Estás a salvo.
Puedes soltar.
Puedes dormir durante toda la noche.
Siente que el sueño se aproxima.
Sin que tengas que perseguirlo.
Como una niebla suave.
Mundo amante.
Que desciende.
Una presencia amorosa.
Que te recoge y te sostiene.
Quédate aquí.
Muy bien.
Habita internamente.
Mi cuerpo sabe descansar.
Mi mente puede aquietarse.
Mi corazón está en paz.
Estoy a salvo.
Puedo dormir profundamente.
Puedo permanecer dormido.
Puedo despertar.
Renovado.
Renovada.
Ahora deja que mi voz se vuelva más lejana.
No necesitas seguir cada palabra.
Mente consciente.
Puede descansar.
Tu cuerpo comprende.
El día ha terminado la noche te sostiene.
El Cortesol de Hacienda.
El nervio vago transmite calma.
La respiración se vuelve más suave.
El sueño se hace más profundo.
No tienes que hacer nada.
No tienes que resolver nada.
No tienes que prepararte para mañana.
La vida puede continuar.
Sin que tú la vigiles.
Esta noche puedes entregarte por completo al descanso.
Puedo elegir la paz.
Vez del miedo.
Conoce a tu maestro
More from Elías Berntsson
Meditaciones Relacionadas
Profesores Relacionados
Trusted by people. It's free.

Get the app
