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Cuento infantil: "El tiempo y el reloj"

by Alan Hecker

rating.1a6a70b7
Puntuación
4.9
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
245

En este cuento, seguimos a Tomás, un niño curioso que no entiende por qué el tiempo nunca se detiene. Un día, decide quitarle las pilas a su reloj para ver qué sucede. Pero lo que descubre va más allá de su imaginación. Acompañamos a Tomás en una aventura que nos lleva a comprender el misterio del tiempo, cómo fluye constantemente y la importancia de dejar que las cosas sigan su curso. Un cuento que nos enseña a aceptar el cambio y disfrutar cada momento. Musica free copyright de Kevin MacLeod

Transcripción

Hola,

Soy Alan y esto es Cuentos con Moraleja.

El cuento de hoy se llama El tiempo y el reloj.

Había una vez un chico llamado Tomás que vivía en una pequeña ciudad donde todo funcionaba a la perfección.

Las personas caminaban a su ritmo,

Las estaciones cambiaban de manera predecible y el sol siempre salía y se ocultaba en el momento justo.

En cada casa,

En cada esquina,

Había relojes que marcaban la hora de manera exacta.

A Tomás le fascinaba cómo estos relojes movían sus agujas,

Pero también le inquietaba algo.

¿Por qué no podía detener el tiempo?

Tomás,

Con su curiosidad inagotable,

Se preguntaba a menudo por qué las cosas no podían quedarse quietas.

¿Qué pasaría si lograra detener el tiempo?

¿Y si pudiera vivir para siempre en su momento favorito?

Un día,

Mientras caminaba por el mercado,

Tomás vio a un relojero anciano en una pequeña tienda,

Ajustando la manecilla de un enorme reloj de péndulo.

Era un reloj hermoso,

Con detalles dorados y un suave tic-tac que parecía eterno.

Con valor,

Tomás decidió entrar y hacerle la pregunta que tanto le inquietaba.

—Buenos días.

Disculpe,

Señor.

Tengo una pregunta para hacerle.

—¿Qué pasaría si pudiéramos detener el tiempo?

—preguntó Tomás con ojos curiosos.

El anciano lo miró y sonrió con sabiduría.

—Ven aquí,

Joven.

El tiempo es un compañero muy especial,

Pero no puede ser detenido.

Déjame contarte una historia —dijo el relojero mientras señalaba el gran reloj de péndulo.

—Este reloj,

Como todos los demás,

Mide algo invisible,

Pero muy importante.

Mide los momentos que tenemos para disfrutar,

Aprender y crecer.

El relojero invitó a Tomás a mirar dentro del reloj.

Allí,

En lugar de engranajes y péndulos,

Tomás vio algo asombroso.

Pequeños recuerdos,

Cada uno iluminado por una luz suave que flotaban y se movían a su propio ritmo.

—¿Ves?

—dijo el relojero.

—Cada uno de estos momentos es irrepetible.

Intentar detener el tiempo solo impediría que vivas nuevos recuerdos.

Si el tiempo se detuviera,

También lo harían las cosas que te hacen feliz,

Como jugar con tus amigos o descubrir cosas nuevas.

A pesar de la explicación del relojero,

Tomás aún quería intentarlo.

Aquella noche,

Con emoción y un poco de nerviosismo,

Tomás tomó su reloj de mano y cuidadosamente le quitó las pilas.

—¡Ahora sí!

—pensó emocionado.

Justo en ese momento,

Todo a su alrededor se quedó en completo silencio.

El tic-tac del reloj dejó de sonar.

Pero no solo eso.

El viento,

Que en momentos antes movía las ramas de los árboles,

Dejó de soplar.

El suave sonido de los grillos nocturnos desapareció,

Y al asomarse por la ventana,

Vio que las nubes en el cielo estaban completamente estáticas.

Había logrado lo imposible.

Había detenido el tiempo.

Al principio,

Tomás se sintió poderoso y sorprendido.

—¡Lo logré!

¡Puedo hacer lo que quiera!

—exclamó con entusiasmo.

Salió corriendo al jardín,

Pero a cada paso notó algo extraño.

Las flores no se movían ni un centímetro.

Sus pétalos se mantenían inmóviles como si fueran de piedra.

Al tratar de empujar una rama,

Esta no se movió.

Todo estaba congelado en el mismo segundo.

Se dio cuenta de que,

Aunque él podía moverse,

Todo lo demás estaba detenido.

Ningún pájaro cantaba.

No se escuchaba el crujir de la tierra bajo sus pies.

—Esto no está tan divertido como creía —pensó Tomás,

Comenzando a sentirse algo inquieto.

El mundo tan lleno de vida y movimiento,

Ahora se sentía vacío.

Decidió entrar de nuevo a la casa.

Encontró a su familia,

Pero estaban congelados en el tiempo.

Su mamá,

Con una sonrisa congelada mientras secaba los platos.

Su padre,

Con la mano en el control remoto del televisor sin poder presionar el botón.

Quiso hablarles,

Pero nadie podía responder.

—Esto no está bien —dijo en voz baja sintiendo un nudo en el estómago.

—No puedo hablar con nadie,

No puedo compartir nada.

Tomás intentó abrir la puerta del refrigerador para buscar algo de comer,

Pero estaba atascada.

Todo parecía estar encerrado en una burbuja impenetrable.

De repente comprendió algo importante.

Aunque había detenido el tiempo,

El mundo también había dejado de funcionar.

No podía seguir disfrutando de las cosas que amaba,

No podía escuchar la risa de sus amigos,

Ni ver el amanecer,

Ni sentir el viento en su rostro.

El tiempo detenido,

Que al principio le parecía una hazaña increíble,

Pronto se convirtió en una prisión.

El mundo había perdido su magia.

Lo que más deseaba en ese momento era que todo volviera a moverse.

—Quiero que vuelva el tiempo,

Quiero sentir de nuevo —dijo Tomás con el corazón pesado.

Corrió de vuelta a su habitación,

Tomó el reloj y le puso las pilas lo más rápido que pudo.

Y de repente todo volvió a la normalidad.

El reloj comenzó a hacer tic-tac de nuevo,

El viento soplosó demente y el canto de los grillos llenó el aire.

Se escuchó la risa de su madre desde la cocina y su padre cambió el canal de la televisión.

Tomás respiró aliviado,

Entendiendo finalmente que el tiempo no debía ser detenido,

Sino vivido.

Al día siguiente Tomás fue emocionado al negocio del relojero para contarle lo que había sucedido.

El anciano lo escuchó pacientemente con una leve sonrisa en su rostro.

Tomás hablaba rápido,

Contando cómo había detenido el tiempo y cómo todo se había quedado quieto,

Cómo el mundo se sentía vacío,

Sin vida.

El relojero asintió y cuando Tomás terminó de hablar,

Le dijo con una voz suave pero sabia.

—¿Sabes qué,

Tomás?

A veces deseamos que el tiempo se detenga,

Que todo se quede tal como está,

Especialmente en los momentos que más disfrutamos,

Pero lo que realmente da sentido a la vida es que todo fluye.

Cada segundo trae algo nuevo,

Cada tic-tac nos acerca a experiencias diferentes.

Detener el tiempo no es lo que necesitamos,

Sino aprender a disfrutarlo,

A sentirlo.

El relojero hizo una pausa observando el antiguo reloj de péndulo que colgaba en la pared de su taller y continuó.

—El tiempo es como una corriente de agua,

Siempre en movimiento.

Si intentas detenerla,

Se estanca,

Pierde su frescura y su vida,

Pero si aprendes a moverte con ella,

Puedes sentir cómo te lleva a lugares maravillosos.

Es en el cambio,

En el movimiento,

Donde está la belleza.

—¡Gracias!

—dijo Tomás con una sonrisa.

—Creo que lo entiendo ahora.

El relojero asintió con un gesto amable y mientras Tomás se despedía,

Agregó.

—No quiero detener el tiempo nunca más.

Ahora entiendo que cada momento es importante y en lugar de preocuparme por detenerlo,

Quiero vivirlo plenamente.

Luego de escuchar esas palabras,

El relojero le entregó un pequeño reloj de bolsillo como regalo y dijo,

—Este es para que siempre recuerdes que el tiempo no se detiene,

Pero tú tienes el poder de llenarlo con cosas maravillosas.

Tomás guardó el reloj en su bolsillo y cada vez que lo miraba recordaba que la vida era un río en el que había que nadar,

Sin prisa pero sin pausa,

Disfrutando de cada instante.

Recuerda,

Tomás,

Que la magia del tiempo está en su avance,

No en detenerlo,

Sino en aprender a caminar con él.

Este es un hermoso cuento que nos explica que muchas veces tenemos ganas de que un momento llegue rápido,

Rápido y otras veces cuando estamos en ese momento no queremos que se termine,

Por ejemplo,

Un día o dos días antes de tu cumpleaños.

—Quiero que llegue mi cumpleaños,

Estoy muy ansioso porque lleve,

Quiero estar ahí.

Cuando llega el cumpleaños hay que no se termine nunca y después pasó el cumpleaños.

El viaje hacia esa fecha importante,

Por ejemplo,

El cumpleaños,

Puede ser lo que vos quieras,

Pero el viaje también se disfruta,

Esa emoción de alegría,

De pensar qué voy a hacer o cómo va a hacer,

También se puede disfrutar tanto como ese día que estamos esperando.

¿Saben algo?

En la vida todo está siempre cambiando,

Todo,

Todo,

Todo.

Como las estaciones del año o cuando el sol sale y después se va para que llegue la noche,

Las cosas nunca se quedan iguales y eso está bien porque esos cambios nos traen cosas nuevas y emocionantes,

Como cuando aprendes algo nuevo o cuando conoces nuevos amigos.

Así que no te preocupes si algo cambia o si un día es diferente a otro,

El cambio es parte de la vida y lo importante es disfrutar cada momento mientras va pasando,

Siempre hay algo lindo por descubrir.

Nos escuchamos en el próximo cuento.

Chau chau.

4.9 (14)

Reseñas Recientes

Deisy

January 15, 2025

Muy linda la historia

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