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El Árbol que no Sabía Quién Era

by Cindy Vanessa Parra

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Puntuación
4.8
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
12.6k

Hoy te quiero compartir este cuento para trabajar el amor propio y la auto valoración en los niños y niñas. Esta es una adaptación de una antigua fábula escrita por Cristina Rodríguez Lomba. Te invito a crear un espacio cómodo, tomar unas respiraciones profundas y disfrutar de este bello cuento en compañía de tus hijos/as.

Transcripción

El árbol que no sabía quién era.

Había una vez un jardín muy hermoso,

En el que crecían todo tipo de árboles maravillosos.

Algunos daban naranjas jugosas,

Y otros peras tan dulces que parecían azucaradas.

También habían árboles repletos de melocotones dorados,

Que hacía que todo el mundo que pasara se llenara la boca de agua saboreando esas deliciosas frutas.

Era un jardín muy,

Muy excepcional.

Y los frutales se sentían muy felices.

No solo eran los árboles más sanos,

Robustos y bellos,

Sino que además producían las mejores frutas que te puedes imaginar.

Pero solo uno de sus árboles se sentía muy triste porque,

Aunque sus ramas eran grandes y muy verdes,

No daba ningún tipo de fruto.

El pobre árbol siempre se quejaba de su mala suerte.

Amigos,

Todos ustedes están cargados de frutas estupendas,

Pero yo no.

Es injusto,

Ya no sé qué hacer,

Decía el árbol.

Este árbol estaba muy deprimido,

Y todos los días repetía la misma canción.

Los demás lo apreciaban mucho,

E intentaban que recuperara su alegría y su ánimo.

El manzano,

Por ejemplo,

Le decía,

Ah,

Es que tienes que centrarte,

Ese es el problema.

A ver,

Si no te concentras nunca lo conseguirás,

Relaja tu mente e intenta dar manzanas.

A mí me resulta muy sencillo,

Decía el manzano.

Pero el árbol,

Por mucho que se quedaba en silencio y trataba de imaginar manzanas verdes naciendo de sus ramas,

No lo conseguía.

Otro que a menudo le consolaba era el mandarino,

Quien además le insistía que,

¿por qué no trataba de dar mandarinos?

A lo mejor te resulta más fácil con las mandarinas.

Mira cuántas tengo yo,

Son más pequeñas que las manzanas y pesan menos.

Vamos,

A su esfuerzo lo vas a lograr,

Decía el mandarino.

Nada de nada.

El árbol era incapaz y se sentía fatal,

Porque era diferente y se sentía que era poco productivo.

Una mañana llegó un búho y lo escuchó llorar amargamente y se acercó a él.

Viendo que lloraba tanto,

Que parecía casi una lluvia,

Pensó que le pasaba algo muy grave y le preguntó.

Perdona que te moleste.

Mira,

Yo no sé mucho acerca de los árboles ni de los problemas que tienen,

Pero aquí me tienes por si quieres contarme qué te pasa.

Soy un animal muy observador y quizás pueda ayudar.

El árbol suspiró y le confesó al ave cuál era su gran dolor.

Gracias por interesarte en mí,

Amigo.

Como puedes comprobar,

En este jardín hay cientos de árboles,

Todos grandes y bonitos y llenos de frutas,

Todos increíbles,

Excepto yo.

¿Acaso no me ves?

Todos mis amigos insisten en que intente dar mandarinas,

Manzanas o peras,

Pero no puedo.

Me siento frustrado y enfadado conmigo porque no soy capaz de dar ni siquiera una aceituna.

El búho,

Que era muy sabio,

Comprendió el motivo de su pena y le dijo con firmeza.

¿Quieres saber mi opinión sincera?

El problema es que no te conoces a ti mismo.

Te pasas el día haciendo lo que los demás quieren que hagas y no escuchas tu voz interior.

El árbol se confundió.

¿Mi voz interior?

¿Qué es eso?

Sí,

Tu voz interior,

Le dijo el búho.

Tú la tienes,

Todos la tenemos,

Pero hay que aprender a escucharla.

Ella te dirá quién eres tú y cuál es tu función dentro de este planeta.

Espero que la puedas escuchar.

El búho le guilló un ojo y,

Sin decir ni una sola palabra,

Alzó el vuelo y se fue a la lejanía.

El árbol se quedó meditando y pensando.

Creo que voy a seguir el consejo de ese búho.

Se ve muy inteligente.

Así que inhaló profundamente varias veces para liberarse de todos esos pensamientos negativos e intentó buscar su voz interior.

Cuando consiguió desconectar su mente de todo lo que le decían los demás,

Escuchó al fin una pequeña vocecilla dentro de él que le decía en forma de susurro.

Cada uno de nosotros somos lo que somos.

¿Cómo quieres dar peras si no eres un peral?

Tampoco puedes dar manzanas porque no eres un manzano,

Ni mandarinas porque no eres un mandarín.

Tú eres un roble y como roble que eres,

Estás en la misión de acoger todas las aves con tus enormes ramas,

Darle sombra,

Darle calor a todos los seres vivos.

Ah,

Y eso no es todo.

Tu belleza contribuye a la alegría del paisaje y eres una de las especies más admiradas por los científicos y los botánicos.

¿No crees que eso es suficiente?

En ese momento y después de muchos meses,

El árbol que se sentía tan triste por fin sintió alegría.

La emoción recorrió todo su tronco porque al fin comprendió quién era y que tenía una preciosa y esencial labor que cumplir dentro de la naturaleza.

Jamás volvió a sentirse triste ni peor que los demás porque logró saber cuál era su lugar.

La moraleja de esta historia es que todos tenemos capacidades diferentes que nos hacen muy especial,

Así que aprende a conocerte a ti mismo.

Trata de identificar qué es lo que te hace especial porque no importa cómo seas,

Todos tenemos en este mundo una misión muy especial.

4.8 (456)

Reseñas Recientes

María

January 19, 2026

Gracias🙏❤️

Lilian

July 26, 2025

Que bello igual que tu voz

Luis

June 18, 2025

God

Bertha

June 9, 2025

Buenísima moraleja!!! Gracias 🙏

Shirlee

May 8, 2025

Gracias por compartir esta historia tan hermosa. Es cierto…. Todos somos de la Tierra pero no tenemos la misma identidad ni el mismo recorrido. Debemos entender esto y valorar esto en nuestros mismos. Gracias. 🙏🏽

Vanna

March 25, 2025

Hermoso, gracias!

Milena

August 3, 2024

Espectacular. Me encantó 😃

Martin

March 4, 2024

Excelente!!

Dennisse

February 5, 2024

Excelente gracias

Ana

November 29, 2023

Gracias

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