
Meditacuento: Vuelo En Calma
Este meditacuento explora a un fantástico insecto: la libélula, conocida por tener dos pares de alas que puede mover por separado y que se convertirán en su mayor herramienta para enfrentar el viento de las tormentas que llega a desestabilizar su vida, una analogia con la realidad par aprender a estar en el momento presente sin dejarnos arrastras de las emociones.
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos al nuevo capítulo de Los Medita Cuentos,
Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.
Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.
Ubícate en una postura cómoda,
En la que puedas tener tu espaldita derecha,
Que los hombros se alejen de las orejas,
Brazos sueltos y relajados a los costados y en la que puedas cerrar despacito los ojos.
Comienza a respirar despacio solo usando tu nariz.
Imaginando el recorrido que hace el aire desde que pasa por tus fosas nasales.
Hasta que llega a los pulmones.
Y cómo desde allí se va yendo a cada uno de los rinconcitos de tu cuerpo.
Y luego sale aire nuevamente un poco más calientito desde los pulmones hasta las fosas nasales.
Todo ese recorrido pasa en cuestión de segundos.
El aire lleva la vida y la calma a todo tu cuerpo.
Imagina el aire que va hasta los deditos de los pies.
Es el recorrido quizás más largo.
Imagina el aire que va a toda la planta de tus pies,
Al empeine y los tobillos.
Imagina el aire que va a todas tus piernas,
Caderas y abdomen.
Imagina el aire entrando en tu cuerpo para recorrer toda tu espalda y tu columna vertebral.
Para recordar todo tu abdomen y tu pecho.
Para pasar por todos los órganos que hay en el interior de tu cuerpo.
Imagina el aire ahora yendo un poco hacia arriba hacia los hombros y todos los brazos,
Llegando hasta cada uno de los dedos de las manos.
Imagina el aire en tu garganta,
En tu cuello.
Imagina el aire que ha ido a los pulmones y ahora sube a todo tu rostro.
Permite que descanses.
Liberes cualquier tensión en la boca,
En los dientes,
En los cachetes,
En la nariz,
En las orejas,
En los ojos en la frente.
Incluso llega hasta tu cabello.
Hasta la punta del cabello más largo.
Sigue sintiendo ese aire que entra y sale sin necesidad de que hagas ningún esfuerzo.
Sigue sintiendo el aire que te llena de calma y tranquilidad.
El aire que te da vida.
El aire que está ahí para ti.
Conserva esta sensación de calma y tranquilidad.
Mantén los ojos cerrados Sigue respirando de forma suave y sin forzarlo.
Activa los oídos y deja que vuele tu imaginación.
Este meditacuento se llama Un vuelo en calma.
Esta es Lila.
Una nivelula hermosa de cuerpo alargado y brillante de color turquesa.
Con cuatro alas largas y transparentes que parecían contener todos los colores del arco iris.
Lila vivía en un estanque lleno de nenúfares verdes y agua cristalina.
Allí volaba y zumbaba a toda velocidad por encima del agua y jugaba a perseguir mosquitos y a saludar las ranas.
Pero como todo en la vida no puede ser perfecto,
Lili ha tenido un problema.
No sabía qué hacer.
Cuando el clima cambiaba.
En el estanque,
A veces soplaba el viento de las tormentas.
Y no era una lluvia,
Era un viento que llegaba de repente,
Fuerte y remolinado.
Cuando ese viento soplaba,
Lila se asustaba muchísimo.
Trataba de volar más rápido para escapar,
Pero el viento la empujaba,
La hacía girar,
Dar volteretas y terminar mareada,
Escondida entre las cañas,
Sintiendo que no tenía control de nada.
Una tarde mientras Lila intentaba desenredarse las alas,
Después de que un ventarrón le había llegado a revolcar toda la vida.
Un viejo y sabio abuelo libélula de un color azul profundo llegó a su lado.
Pequeña Lila Te he visto pelear contra el viento todos los días.
Le dijo con su voz tranquila.
El problema es que intentas huir de él.
Cuando corres el viento te empuja.
Pero no puedo detenerlo",
Suspiró Lila muy frustrada.
Es muy fuerte y me arrastra.
No puedes detener el viento.
Pero puedes detenerte a ti misma.
Le dijo el abuelo.
Mira bien tus alas,
No tienes dos.
Tienes 4 y cada una tiene su propio motor.
El abuelo le explicó el secreto más grande de las libélulas.
Mientras los pájaros solo pueden mover sus alas juntas de arriba para abajo,
Las libélulas pueden mover sus cuatro alas por separado.
Eso les da un gran poder.
Pueden hacer un vuelo suspendido.
Entonces,
Como de costumbre,
Al día siguiente volvió el viento de las tormentas.
Las hojas de los árboles se sacudieron.
Y Lila sintió como el viento la empujaba hacia adelante.
Su primer instinto fue asustarse y tratar de escapar.
Pero recordó la conversación con el abuelo.
Entonces se detuvo en el aire.
En lugar de volar hacia adelante,
Leela batió sus dos alas delanteras hacia un lado y sus dos alas traseras hacia el otro.
Como imitando un helicóptero.
Encontrando un equilibrio perfecto.
Fue asombroso.
Fue increíble.
El viento soplaba con mucha fuerza,
Movía las cañas y levantaba pequeñas olas en el estanque.
Pero por primera vez en toda su vida,
Lila no se movía ni un solo milímetro.
Estaba como flotando en el aire,
Perfectamente quieta en su propio centro.
Desde esa altura,
Flotando con calma.
Lila pudo observar la tormenta sin ser arrastrada por ella.
Vio como el viento mecía los árboles,
Vio como las ranas se sumergían y se dio cuenta de que el viento no era malo,
Solo era el viento y pronto pasaría.
Entonces Lila sonrió.
Ya no se sentía mareada,
Asustada ni con las alas enredadas.
Había descubierto que su paz no dependía de que el viento dejara de soplar,
Sino de saber usar su propio equilibrio para quedarse quieta,
Respirar y observar desde arriba hasta que todo volviera a la calma.
Y hasta aquí el meditacuento de hoy.
Espero que te haya gustado tanto como a mí y que si no lo sabías o hayas aprendido un nuevo dato sobre las diviélulas y es que ellas pueden mover cada una de sus cuatro alitas de forma diferente para poder mantener el equilibrio y la calma.
Y aunque parece solo un dato curioso sobre las libélulas,
En realidad nos enseña mucho de nosotros mismos.
Porque a veces las emociones se comportan como ese viento fuerte de las tormentas.
El enojo,
La rabia puede arrastrarnos y nosotros ni nos damos cuenta de cómo nos revuelcan.
Pero,
Igual que las bibélulas,
Tenemos ese superpoder de mantener la calma.
La calma funciona como esas alas que puedes mover en diferentes direcciones.
Para simplemente quedarte allí.
Observando la emoción Quizás diciendo,
Tengo rabia,
Tengo tristeza,
Tengo enojo,
Pero no permitiéndote que con eso revuelques todo lo que hay a tu alrededor y te revuelques a ti mismo.
Siempre puedes respirar y activar ese helicóptero de la calma para esperar que pase la emoción y luego hacer algo al respecto.
Por hoy,
No es necesario que activemos nada,
Simplemente quédate pensando en la libélula,
En todo lo que es capaz de hacer y en todo lo que tú también puedes hacer para conservar la calma.
De momento,
Deseo que te vayas quedando muy,
Muy quieta.
Que conserve los ojos cerrados y que permitas que el sueño llegue a ti y que tengas hoy unos dulces y profundos sueños.
Conoce a tu maestro
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