
Atardecer: Un Abrazo Para El Corazón
En la luz cálida del atardecer, aprende a acogerlo todo y conectar con la belleza de lo imperfecto. Una invitación a cultivar la compasión, la gratitud y cerrar el día con suavidad. Esta práctica forma parte del ciclo en el que exploramos la sabiduría de la naturaleza a través de distintos momentos del día.
Transcripción
Continuamos con nuestras prácticas de este ciclo en el que exploramos la sabiduría de la naturaleza a través de los distintos momentos del día.
Después del amanecer,
Después del mediodía,
Llegamos ahora al atardecer.
Es el momento en el que la luz comienza a suavizarse,
A volverse cálida,
A envolverse en silencio.
Un momento que nos invita a parar,
A soltar,
A descansar.
Y también a abrazarnos con más amabilidad.
Busca una postura cómoda,
Suavemente cierra los ojos.
Haz los pequeños ajustes que necesites para que el cuerpo pueda sentirse sostenido y en calma.
Vamos a tomar tres respiraciones juntas.
Inhalamos.
Exhalamos.
Inhalamos.
Exhalamos.
Una más.
Inhalamos.
Exhalamos.
Y deja que la respiración continúe a su ritmo.
Con cada exhalación soltando,
Dejando ir el día,
Las preocupaciones,
Las exigencias.
Regalándote este espacio como una forma de cuidado,
Como un bálsamo.
Suaviza el rostro.
Relaja las sombras.
Afloja la mandíbula.
Permite que el cuerpo descanse.
Vamos a calmar el sistema nervioso con la respiración.
Inhalando en cuatro tiempos,
Reteniendo en siete y exhalando en ocho.
Lo hacemos juntos.
Inhalamos.
Retenemos.
Exhalamos.
Inhalamos.
Retenemos.
Exhalamos.
Continúa a tu ritmo.
Inhalando hasta cuatro.
Reteniendo en siete.
Exhalando en ocho.
Y hacemos dos ciclos más juntos.
Inhalamos.
Retenemos.
Exhalamos.
Retenemos.
Inhalamos.
Retenemos.
Exhalamos.
Y después deja que la respiración vuelva a su ritmo natural.
Vamos a imaginar el momento del atardecer en la naturaleza.
La luz del sol se vuelve cálida,
Suave,
Tenue.
Es una luz que no quiema.
Una luz que acaricia.
Todo comienza a calmarse.
El movimiento se desacelera.
El día se recoge.
La naturaleza entera parece susurrar.
Es momento de descansar.
Siente esa luz sobre tu piel como un abrazo cálido.
Como si el propio día te envolviera con ternura.
Y en ese abrazo puedes empezar a soltar.
Quizás hoy has hecho muchas cosas.
Quizás no tantas.
Quizás ha sido un buen día.
O un día más difícil.
Quizás te equivocaste.
Quizás perdiste la paciencia.
Quizás no fuiste como te gustaría haber sido.
Y aún así,
Está bien.
No necesitas ser perfecto o perfecta.
Eres humano.
Y como todo en la naturaleza,
Estás cambiando.
Aprendiendo.
Transformando.
En este momento,
No te abandones.
Quédate contigo.
Ofrécete este mismo abrazo que te regala el atardecer.
Un abrazo sin juicio,
Sin exigencia.
Solo presencia.
Solo ternura.
Y permanece aquí unos instantes.
Sintiendo ese calor suave.
Y poco a poco deja que surja también la gratitud.
Quizás por algo pequeño.
Un instante,
Una sensación.
Quizás por algo más significativo.
¿Qué puedes agradecer hoy?
Permítete reconocerla.
Incluso en los días difíciles,
Siempre hay algo que sostener.
Algo que ha estado ahí.
Agradeciendo el final del día.
Porque en ese final,
Vive la posibilidad de volver a empezar mañana.
Observa como el sol se va ocultando,
Desapareciendo en el horizonte.
Pero dejando colores,
Huellas,
Belleza.
Y siente que ese abrazo puede quedarse dentro de ti.
Poco a poco ve soltando las imágenes.
Vuelve a tu respiración.
A tu cuerpo.
Observa cómo estás ahora.
Quizás más suave.
Más en paz.
Más cerca de ti.
Vamos a cerrar respirando juntos.
Inhalamos.
Y exhalamos.
Y lentamente empieza a mover el cuerpo con suavidad.
Y poco a poco ve abriendo los ojos.
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