
Tu Cuerpo Está Cansado Pero Tu Mente No Se Apaga
¿Te despiertas a las 3 AM y después no consigues volver a dormir? Esta meditación guiada para dormir profundamente te acompaña a calmar el sistema nervioso, reducir la sensación de estrés y favorecer el descanso, mediante respiración consciente, relajación profunda y prácticas enfocadas en el nervio vago. Ideal para escuchar al acostarte o cuando te despiertes durante la noche y necesites volver a encontrar calma mental y sueño profundo. Túmbate, cierra los ojos y deja que mi voz te acompañe. No necesitas llegar hasta el final: puedes dormirte en cualquier momento.
Transcripción
Muy buenas noches.
Bienvenido,
Bienvenida.
A esta nueva meditación.
Puedes dormir profundo.
Si te despertaste en medio de la noche.
Bajando el corte sol.
Y calmando el nervio vago.
Si en tu reloj has visto,
Por ejemplo,
Que son las tres de la madrugada.
Quiero que sepas algo antes de comenzar.
Que no necesitas luchar.
Para volver a dormir.
No necesitas obligar a tu mente.
A detenerse.
No necesitas encontrar ahora la solución.
Aquello que te preocupa.
Esta noche vamos a hacer justamente lo contrario.
Vamos a dejar de empujar.
Vamos a dejar de perseguir el sueño.
Y poco a poco enviaremos a tu cuerpo un mensaje.
Sencillo y profundo.
¿El de qué ahora?
Estoy a salvo.
Puedo descansar.
Porque quizá tu cuerpo está cansado.
Pero una parte de tu mente continúa despierta.
Recuerde conversaciones.
Antecipa problemas.
¿Imaginan lo que podría suceder mañana?
Repasa aquello que hiciste.
O aquello que desearías haber hecho.
De otra manera.
Y sin darte cuenta el cuerpo.
Interpreta esos pensamientos.
Como si hubiera algo que resolver.
En este mismo instante.
Pero no lo hay.
Ahora mismo solo existe esta cama.
Tu respiración.
Esta noche.
Y este momento.
Así que acomódate.
No importa si llevas diez minutos despierto.
Despierta.
O una hora.
No mires nuevamente el reloj.
No necesitas saber.
Cuánto tiempo falta para que amanezca.
Por unos minutos.
Deja que el tiempo desaparezca.
Cierra ahora.
Suavemente los ojos.
Y permite que todo el peso de tu cuerpo caiga sobre la cama.
Siente la cabeza apoyada.
Los hombros.
La espalda.
Ahora sí ante las caderas.
Las piernas.
Los pies.
La cama ya está haciendo algo por ti.
Te está sosteniendo.
Así que tú ya no tienes que sostenerlo todo.
Respira lentamente.
La nariz.
Sin llenar demasiado los pulmones.
Y deja salir ahora el aire despacio.
Muy bien.
Otra vez.
Y nada.
Suavemente.
Ahora exhala un poco más lentamente.
Sin esfuerzo.
Sin convertir la respiración en otra tarea.
Que tengas que hacer bien.
Sólo deja.
Traer el aire.
Y deja salir el aire.
Una vez más.
Final.
Y mientras exhalas imagina que tu cuerpo recibe las siguientes palabras.
Ya no hay nada que hacer.
Otra respiración.
Ya no hay nada que resolver.
Y otra más.
Hasta la próxima.
Este momento.
Es seguro.
Permite que la mandíbula se afloje.
Deja que los dientes se separen ligeramente.
Que la lengua repose.
Suaviza el espacio alrededor de los ojos.
Y siente como los hombros pueden caer apenas unos milímetros más.
Hacia la cara.
No necesitas producir una gran relajación.
A veces el cuerpo no necesita.
Una señal enorme.
Necesita muchas señales pequeñas.
Una respiración lenta.
Una mandíbula relajada.
Una mano abierta.
Una exhalación.
Y poco a poco.
Comprende que puede dejar de vigilar.
Lleva ahora tu atención al abdomen.
Siente.
Cómo se mueve cuando respiras.
Quizá sube ligeramente al inhalar.
Y desciende al exhalar.
No cambies nada.
Sólo acompaña ese movimiento.
Imagina que cada vez que expulsas el aire estar bajando lentamente el volumen.
De un alarma.
Que llevaba demasiado tiempo encendida.
No tienes que apagarla de golpe.
Sólo bajar el volumen.
Bajalom.
Y ahora otro poco.
Y otro poco más.
Tu respiración se hace tranquila.
El pecho se ablanda.
El abdomen se suelta.
Y todo tu sistema recibe una señal diferente.
A la de hace unos minutos.
No hay.
Una emergencia aquí.
No hay emergencia.
Puede haber asuntos pendientes.
Puede haber incertidumbre.
Puede haber decisiones que tomar.
Pero ninguna de ellas necesita ser resuelta.
A las tres de la madrugada.
La noche puede esperar en silencio contigo.
Mañana tendrá su propio momento.
Ahora pertenece al descanso.
Respira.
Sólo respira.
Y mientras exhalas,
Repite interiormente por esta noche.
Suelto el control.
¿No significa que renuncies a tu vida?
Significa que reconoces que no necesitas dirigir.
Cada instante.
Para estar a salvo.
Quizá existe una inteligencia.
Más profunda.
Que continúa funcionando mientras tú descansas.
Tu corazón sigue latiendo.
Sin que se lo ordenes.
La respiración continúa.
Cuando dejas de pensar en ella.
La vida sabe permanecer contigo incluso.
Mientras duermes.
Así que durante unas horas.
.
.
Puedes permitirte no conducir.
Puedes dejarte llevar.
Siente ahora el centro del pecho.
Imagina allí una pequeña luz cálida.
Muy tenue.
Como la luz que queda en una habitación.
Cuando todo el mundo se ha ido a dormir.
Con cada exhalación.
Esa luz se extiende hacia el abdomen.
Hacia la garganta ahora.
Y ahora hacia los hombros.
Hacia la nuca.
Como una corriente de calma?
Que recorre lentamente el interior.
Y mientras esa sensación se extiende.
Imagina que tú seas tema nervioso.
Comienza a abandonar poco a poco.
El estado de vigilancia.
Tu cuerpo ya no necesita prepararse.
Para lo que podría ocurrir.
No ahora.
Ahora puede descansar.
Ahora puedes reparar.
Ahora puede entregarse al sueño.
Si aparece un pensamiento?
No intentes echarlo.
Eso solo despertará más la mente.
Míralo aparecer.
Y déjalo pasar.
Como una nube atravesando un cielo nocturno.
Porque un pensamiento no es necesariamente.
Una realidad.
Y tampoco tienes que responder a cada pensamiento que aparece.
Hay algo en ti que puede observarlo.
Sin seguirlo.
Algo silencioso.
Algo que permanece en paz incluso.
Cuando la mente hace ruido.
Permanece por un instante ahí.
En ese espacio.
Respirando.
Soltando.
Recordando.
No tengo que resolver mi vida ahora.
No tengo que defenderme ahora.
Hacerlo todo ahora.
Sólo descansar.
Quizá debajo de todas esas preocupaciones.
Descubras que la paz nunca se marchó.
Sólo había demasiado ruido.
Para sentirla.
Manéfica.
Por unos momentos.
Muy bien.
Desde ese espacio tranquilo.
¿Permite ahora que tu cuerpo?
Descienda un poco más.
Ya no necesitas prestar tanta atención a mi voz.
¿Puedes escuchar algunas palabras?
Y dejar que otras pasen.
Tu mente consciente puede empezar.
A alejarse tranquilamente.
Como si cada frase llegara desde un lugar.
Un poco más lejano.
Respira.
Y nada.
Y siente el peso de tu cuerpo sobre la cama.
La frente se suaviza.
Los párpados pesan.
La mandíbula descansa.
Los hombros se entregan.
Los brazos se vuelven pesados.
Las manos ya no tienen que sujetar nada.
Por esta noche puedes soltarlo todo.
Imagina ahora.
Una corriente tibia.
Desciende lentamente.
Tu espalda.
Pasa por los hombros.
Por las vértebras.
Continúa bajando.
Hacia las piernas.
Allí donde pasa.
Encuentra alguna pequeña tensión.
Y la invita a descansar.
La tensión descansa y se va.
No tienes que eliminarla.
Solo dejar de alimentarla.
Porque aquello contra lo que luchamos permanece en nuestra atención.
Esta noche no vamos a luchar.
Vamos a permitirlo.
Permitir que las cosas sean.
Como son.
Durante unas horas.
Permitir que el mundo continúe girando.
Sin tu vigilancia.
Permitir incluso que aquello que todavía no comprendes permanezca sin respuesta.
Puedes decir interiormente.
No necesito saberlo ahora.
Respeta.
No necesito solucionarlo ahora.
Y otra vez respiran.
Puedo descansar incluso sin tener.
Todas las respuestas.
Respira otra vez.
Muy bien.
Imagina ahora qué hay dentro de ti.
Existe un interruptor.
Durante el día he estado encendido.
Esa es la atención.
Responsabilidad.
Planes.
Recuerdos.
Preocupaciones.
Pero ahora vas apagando lentamente.
Esas pequeñas luces.
La necesidad de anticipar.
Se apaga.
La necesidad de controlar.
Se apaga.
La conversación que sigues repitiendo.
Puede esperar.
Se apaga.
El problema de mañana.
Puede esperar.
Y se apaga.
La opinión de alguien sobre ti.
Se apaga.
Incluso aquello que hoy te dolió.
Puede descansar contigo sin que tengas.
Que comprenderlo.
Porque en este momento no eres la historia.
Tu mente está contando.
Hay algo mucho más profundo en ti.
Una presencia silenciosa que puede mirar cualquier pensamiento.
Sin convertirse en él.
Una presencia que no necesita defenderse.
Que no necesita demostrar nada.
Que sencillamente es.
Y en ese espacio interior hay paz.
Una paz que no proviene de este mundo.
Quizá la has olvidado durante unas horas.
Pero no la has perdido.
Nunca estuvo verdaderamente lejos.
Respira despacio.
Siente ahora como el abdomen.
Se vuelve más blando.
El pecho más tranquilo.
La Garganta.
Más libre.
Como si todo el recorrido interior relacionado con el nervio vago.
Recibiera una sola señal.
Ésta es.
Todo está bien.
En este instante.
No significa que tu vida sea perfecta.
Significa que ahora mismo.
.
.
En esta cama.
En esta respiración.
Puedes dejar de luchar.
¿Y cuando el cuerpo deja de recibir señales constantes de amenaza?
Puede comenzar a cambiar de estado.
De vigilancia a descanso.
De tensión.
Reparación.
De esfuerzo.
Sueña.
Imagina ahora qué es la actividad del día.
Se aleja poco a poco.
Como una ciudad vista desde un tren.
Tren de vapor.
Donde hay humo saliendo.
De su chimenea.
Estás en ese tren.
En la noche.
Las luces de la ciudad.
Quedan atrás.
Vez más pequeñas.
Hasta que ya no necesitas distinguirlas.
Solo queda oscuridad tranquila.
Silencio.
Y movimiento suave.
Tú también puedes alejarte así de tus pensamientos.
No tienes por qué detenerlos.
Sólo dejar que queden atrás.
¿Uno aparece?
Y se aleja.
Otro aparece.
Y se aleja.
No subas a ninguno de ellos.
Deja pasar ese tren.
Tu única tarea ahora es.
.
.
Ninguna.
No hacer.
No conseguir.
No entender.
Sólo estar.
Solo respirar.
Sólo permitir.
Y si dentro de unos minutos vuelves a despertar,
Recuerda.
.
.
No significa que algo vaya mal.
No necesitas mirar la hora.
No necesitas.
Pensar otra vez.
Simplemente vuelve a tu respiración.
Siente la cama.
Y repite.
Ahora estoy a salvo.
Ahora estoy a salvo.
Ahora puedo soltar.
Ahora puedo soltar.
Ahora puedo dormir.
Ahora puedo dormir.
Una vez más.
Ahora estoy a salvo.
Puedo soltar.
Ahora puedo dormir.
Siente ahora las piernas.
Muy pesadas.
Los pies completamente relajados.
Los brazos inmóviles.
La cabeza sostenida.
Todo tu cuerpo descendiendo.
Más lento.
Más tranquilo.
Más profundo.
Como si estuvieras entrando en un océano cálido.
Y silencioso.
No hay nada que alcanzar en el fondo.
Sólo descansar.
¿Cada respiración te lleva un poco más?
Hacia adentro.
Cada exhalación te aleja un poco más.
Del día.
Y mientras te acercas al sueño.
.
.
Puedes dejar.
Que estas palabras.
Permanezcan contigo.
Son confío en la vida.
No necesito controlar este momento.
Mi cuerpo sabe descansar.
Mi mente puede guardar silencio.
El amor que soy permanece intacto.
Nada real en mí puede ser amenazado.
Puedo entregar mis preocupaciones.
Puedo perdonar este día.
Puedo perdonarme.
Puedo comenzar de nuevo mañana.
Ahora no necesitas repetir nada.
Ni siquiera necesitas seguir escuchando.
Tu respiración sabe continuar sola.
Corazón.
Sabe continuar solo.
Tu cuerpo conoce el camino hacia el descanso.
Deja que el sueño llegue cuando quiera.
Sin perseguirlo.
Sin preguntar cuánto tardará.
Como una ola que se acerca lentamente a la orilla.
Más cerca.
Más profundo.
Y mientras todo se vuelve silencioso.
Dentro de ti.
Recuerda una última vez.
Que nada tienes.
Que resolver ahora.
Nada tienes.
Que demostrar ahora.
Estás aquí.
Estás sostenido.
Está sostenida.
Puedes descansar.
Puedes soltar.
Puedes dormir.
Profundamente.
No necesito controlar el futuro.
Elijo confiar.
¿En qué este momento?
En este instante.
Todo puede estar bien.
Puedo mirar mis pensamientos.
Sin creer en todos ellos.
Hoy elijo la paz en lugar.
Del miedo.
Mi felicidad no depende de que todo Salga como espero.
Nace de la paz que decido conservar.
Dentro de mí.
Buenas noches.
Conoce a tu maestro
More from Elías Berntsson
Meditaciones Relacionadas
Profesores Relacionados
Trusted by 36 million people. It's free.

Get the app
