
Meditacuento: Mariposa Viajera
Manuela es una mariposa monarca que siente el llamado ancestral de migrar. En su vuelo descubre paisajes, desafíos y emociones que la ayudan a comprender que puede amar profundamente su lugar de origen y también el camino que la vida le invita a recorrer. Un meditacuento sobre identidad, raíces, valentía y el corazón viajero que todos llevamos dentro.
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Medita Cuentos,
Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.
Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.
Ubícate en una postura cómoda en la que puedas tener tu espaldita derecha,
Que los hombros se alejen de las orejas,
Los brazos y las piernas pueden estar sueltos a los costados y cierra suavemente tus ojos.
Comienza a sentir tu cuerpo el día de hoy.
Vamos a pasar preguntándole a cada una de las partes de nuestro cuerpo cómo se encuentra hoy y con la pregunta vamos a procurar que esa parte del cuerpo se relaje.
Así que sigue mi voz.
Comencemos preguntándonos cómo están los pies,
Contemplando cada uno de los deditos de cada pie.
Y al preguntarles cómo se siente,
Ve relajándolos.
Ahora ve a preguntarle cómo se sienten las piernas,
Las rodillas,
Los muslos,
La cadera y el vientre.
Recuerda que a medida que le preguntas a esa parte del cuerpo cómo está,
La vas relajando.
Pregúntale ahora a toda la espalda cómo se encuentra,
A la columna vertebral en todo su largo,
Al pecho,
El abdomen y el ombligo,
Relajando todo el tronco.
Vamos ahora a preguntarle los hombros,
Los brazos,
Los codos,
Antebrazos,
Muñecas,
Dedos de las manos y palmas de las manos.
Una vez que le preguntes cómo están,
Ve y las relajando.
Vamos a preguntar cómo está nuestro cuello y garganta,
Subimos un poquito y le preguntamos a nuestro rostro cómo está,
A la boca,
Los cachetes,
Las orejas,
Los pómulos,
Las fosas nasales y la punta de la nariz,
Los ojos,
Los párpados,
Las cejas y el entrecejo y la frente,
Relajando por completo el rostro.
Ahora le preguntamos a todo nuestro cráneo y cuero cabelludo y siente por un momento cómo se ha relajado todo tu cuerpo,
Desde los dedos de los pies hasta la cabeza y agradece por el cuerpo que tienes hoy,
Que te permite vivir día a día,
Que te permite jugar,
Caminar,
Comer,
Tener energía,
Que tiene la capacidad de recargarse con el descanso,
Que está lleno de vida,
Que está lleno de salud y que es el cuerpo tuyo.
Con esta sensación de gratitud por todo nuestro cuerpo,
De agradecimiento por todo lo que nos permite hacer día a día,
Vamos a quedarnos con esta sensación de calma y tranquilidad,
Vamos a mantener los ojos cerrados,
Activar los oídos y dejar que vuele nuestra imaginación.
Este meditacuento se llama la mariposa viajera.
Había una vez una mariposa monarca llamada Manuela.
Sus alas eran grandes,
Anaranjadas y con manchas negras.
Parecía tener todos los colores del atardecer.
Cuando Manuela abría sus alas por la mañana,
El sol llegaba despacito a calentarla y el aire parecía que pasaba a saludarla diciéndole buenos días pequeña viajera.
Resulta que Manuela nació en un lugar lleno de vida,
Donde habían flores de muchos colores,
Hojas suaves en las que podía descansar y un cielo siempre siempre despejado.
Ese era su hogar,
Su lugar de origen,
El lugar donde había aprendido a volar dando pequeños aleteos y donde su corazón habría dado los primeros latidos.
A Manuela le encantaba posarse sobre las flores y escuchar todo lo que sucedía allí,
Al viento,
A los pájaros,
Incluso su propia respiración.
Resulta que un día algo cambió,
Porque una mañana,
Mientras ella estaba descansando en la hoja,
Comenzó a sentir un cosquilleo extraño,
Un sentimiento muy raro y escuchó un susurro,
Un susurro antiguo,
Muy suave,
Que decía adentro de ella,
Es tiempo de volar lejos.
Manuela realmente no entendía por qué,
Ella nunca había tenido esa preocupación o ese pensamiento de salir de su zona,
Nunca había cruzado las montañas ni los ríos,
Ni siquiera había trabajado las nubes,
Pero su cuerpo parecía que sabía algo más,
Sus alas recordaban como esa necesidad de moverse y volar.
Y ese vuelo,
Ese vuelo migratorio vivía guardado en la memoria de todas las mariposas monarcas que nacían.
Era un secreto que se transmitía de corazón a corazón,
Entonces Manuela siguió su instinto,
Pero antes de partir,
Miró todo a su alrededor,
Las flores que siempre la habían alimentado,
La tierra que la había visto nacer,
El cielo que la acariciaba,
Y entonces dio una respiración profunda y pensó,
Llevaré por siempre este lugar conmigo y comenzó a volar.
Al principio el vuelo era muy ligero,
El aire era tibio y suave,
Manuela volaba sobre campos verdes que parecían alfombras gigantescas y veía ríos,
Ríos gigantes como si fueran serpientes y árboles que movían sus ramas como si las tuvieran saludando.
Entonces voló y voló,
A veces volaba sola y a veces volaba acompañada de otras mariposas monarca.
No es que las conociera,
Pero todas compartían el mismo cielo y el mismo camino.
Manuela sentía mucha emoción y curiosidad y claro también un poquito de cansancio.
Hubo días en los que el viento soplaba muy fuerte y sus alas tenían que esforzarse más.
Hubo días fríos y otros que se sentían larguísimos.
Cuando eso pasaba,
Manuela buscaba un lugar seguro,
Una rama,
Una flor,
Una hoja grande,
Se posaba allí,
Cerraba un poco sus alas y respiraba,
Inhalando y exhalando.
En esos descansos Manuela sentía su corazón con mucha claridad.
Descubría algo muy importante y era que su corazón tenía mucho espacio,
Porque había un lugar especial para el lugar donde ella nació,
Para el amor que tenía por ese lugar,
Por el lugar que la había visto crecer,
Pero también tenía un lugar igual de grande para el amor por ese viaje,
Por el camino que recorría y por todo lo nuevo que estaba aprendiendo.
Manuela se estaba dando cuenta que podía amar el lugar de donde venía y el lugar hacia donde iba y entonces después de esas pausas continuaba su viaje y volaba sobre montañas altas donde el aire se sentía frío y limpio.
Volaba sobre ciudades que brillaban de noche,
Volaba sobre cada paisaje que iba dejando en ella distintas emociones.
Sentía asombro,
Valentía y confianza y cada aleteo la hacía sentir más fuerte.
Cuando por fin llegó al lugar donde muchas mariposas monarcas se reúnen para descansar,
Manuela se posó con cuidado.
Miles de alas a su alrededor se movían despacio,
Como si el bosque estuviera respirando.
Entonces Manuela cerró los ojos por un momento y sintió orgullo.
Se sentía orgullosa de su historia,
Del lugar de donde venía,
De sus raíces,
Pero también de la valentía que tenía para volar tan lejos sin olvidarse quién era ella.
Y entonces pensó mi corazón es tan grande que en él cabe mi hogar y también mi camino.
Y así descansó tranquila,
Sabiendo que siempre podía volar de regreso y que nunca estaría lejos de ella misma,
Porque adonde fuera que ella volara,
Su corazón viajaría con ella.
Y hasta aquí el meditacuento de hoy.
Espero que te haya gustado tanto como a mí,
Que te haya conmovido el corazón darte cuenta de todo el espacio que tenemos para amar a las personas que ya conocemos y a las que estamos por conocer,
Así como a los lugares.
Y si tú estás atravesando un cambio de escuela,
De país,
De casa o de barrio,
Que recuerdas que todo lo bonito siempre lo puedes llevar en el corazón y siempre habrá lugar para amar lo nuevo.
Espero que te vayas hoy con ese corazón lleno y tranquilo como el de Manuela y que por supuesto tengas dulces sueños.
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4.5 (6)
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