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Meditacuento: Ciudad Ligera

by Cindy Vanessa Parra

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Puntuación
4.8
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
328

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de los meditacuentos. Esta vez con una historia que sucede en una ciudad no muy lejana, en la que las cosas se construyen desde las palabras y en el que las mentiras aparecen para ser las villanas de la historia. ¡Espero que la disfrutes tanto como yo!

Transcripción

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Medita Cuentos,

Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.

Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.

Ubícate en una postura cómoda,

En la que puedas tener la espalda derechita,

Que el pecho se sienta libre,

Amplio para respirar profundo y los hombros estén alejados de las orejas.

Pon tus manos sobre tus piernas o si es que te encuentras acostada o acostado,

Déjalos caer a un costado.

Cierra suavemente tus ojos.

Comienza a agradecer por tu cuerpo.

Empecemos agradeciendo por los deditos de los pies que están ahí.

Siempre contigo,

Ayudándote con el equilibrio,

A dar pasos,

A moverte,

Toda la planta del pie,

El empeine y los tobillos.

A medida que agradeces,

Ve respirando despacito y seguimos por toda la pierna,

Incluyendo la pantorrilla,

La espinilla,

Las rodillas y los muslos,

Las caderas,

El vientre.

Agradeciendo por toda la parte inferior de tu cuerpo,

Que te permite moverte,

Sentarte,

Estar de pie y que te sostiene.

Seguimos agradeciendo por toda nuestra espalda en todo su largo,

Toda la columna,

Todo el pecho y todo el abdomen y en el interior todos los órganos que nos permiten comer,

Ir al baño,

Aprovechar los nutrientes,

Limpiar nuestro cuerpo,

Respirar.

Seguimos agradeciendo por los hombros,

Los brazos,

Los codos,

Los antebrazos,

Las muñecas,

Toda la mano con cada uno de sus cinco dedos.

Gracias por toda la parte media de nuestro cuerpo,

Con ella sentimos,

Abrazamos,

Nos expresamos.

Se encuentran ahí órganos vitales como el corazón y los pulmones.

Seguimos por todo nuestro cuello y garganta,

La mandíbula,

Los labios,

Los dientes y la lengua,

Las cachetes,

Las orejas,

Las fosas nasales y la punta de la nariz,

Los ojos,

Los párpados,

Las cejas,

El entrecejo y la frente,

Toda tu cabeza y todo tu cabello.

Agradeciendo por toda la parte superior de nuestro cuerpo,

Agradeciendo por todo nuestro cuerpo físico y nuestro cuerpo emocional y mental,

Que quizás no podemos observar,

Pero podemos sentirlos,

Que está ahí siempre presente.

Observa cómo agradecer por cada una de las partes de tu cuerpo te ha permitido relajarte,

Regular la respiración,

Activar toda nuestra atención.

Así que te invito a que conserves esa sensación de calma y tranquilidad,

Que actives ahora tus oídos y que dejes que vuele tu imaginación.

Este meditacuento se llama La ciudad ligera.

Había una vez,

No muy lejos de aquí,

Una ciudad,

Una ciudad que no nació de la tierra ni del mar,

Nació de las palabras.

Sí,

Una ciudad construida con las personas,

Una ciudad construida con lo que salía de su voz,

Con lo que decían cada día.

Cada vez que alguien hablaba,

Una parte de la ciudad se formaba,

Una pared,

Una calle,

Una ventana,

Una silla en el parque.

Pero aquella ciudad era especial,

Porque ahí comenzaron a decirse muchas,

Muchas cosas que no eran del todo ciertas.

Al principio eran mentiras pequeñas.

Sí,

Ya me lavé los dientes,

Decía un niño aunque no lo había hecho.

Y en ese momento,

Una teja del techo de su casa aparecía,

Pero con una pequeña grieta.

No fui yo quien rompió el florero,

Murmuraba otra niña.

Y una columna del museo crecía,

Pero no tenía hierro por dentro.

Estoy bien,

No me pasa nada,

Decía un adulto,

Escondiendo su tristeza.

Y un banco en el parque surgía,

Pero tan débil que se movía con el viento.

Y así,

Con cada mentira,

La ciudad crecía.

Sí,

Pero también se volvía cada vez más frágil.

Los edificios se veían hermosos por fuera,

Pero por dentro estaban huecos.

Los puentes parecían firmes,

Pero temblaban cuando alguien pasaba por ellos.

Las paredes brillaban,

Pero bastaba un soplido para que se agrietaran.

Un día llegó una tormenta.

No fue una tormenta grande.

No hubo rayos ni truenos,

Solo un viento suave,

Un suspiro.

Y ese viento tocó toda la ciudad.

Y al tocarla,

Las mentiras comenzaron a derribarse.

Los techos se derrumbaron,

Las casas se deshicieron,

Los parques se desvanecieron.

Todo,

Todo cayó.

Pero entre los escombros quedó algo en pie,

Una pequeña piedra brillante.

No era grande,

Ni alta,

Ni especial,

Solo que era una piedra verdadera.

En verdad,

Era una pequeña y honesta piedra.

Y entonces,

Una voz se escuchó en medio de ese silencio y ese caos.

Mentí,

Y no estuvo bien.

Me daba miedo decir la verdad,

Pero ya no quiero esconderme más.

Entonces,

La piedra creció un poco.

Otra voz se unió.

También mentí.

Quise parecer mejor de lo que me sentía,

Pero ahora quiero mostrarme cómo soy.

Y la piedra empezó a crecer,

Fuerte y limpia.

Y así,

Con cada verdad dicha desde el corazón,

La ciudad comenzó a construirse de nuevo.

Piedra por piedra,

Bloque por bloque,

Ladrillo por ladrillo.

Esta vez no era tan grande,

Ni tan reluciente,

Pero era firme,

Honesta,

Real.

Y en esa nueva ciudad aprendieron a decir la verdad,

Aunque a veces cuesta.

Pero es la única forma de construir algo que no se va a caer luego con un simple viento.

Porque cuando una ciudad se construye con la verdad,

No importa si llueve,

Truena o relampaguee,

Las personas se sienten seguras,

Y saben que allí pueden ser quien realmente son.

Y hasta aquí el meditacuento de hoy.

Espero que te haya gustado tanto como a mí,

Y que puedas continuar con los ojos cerrados,

Imaginando esa piedra que hay dentro de tu corazón.

Una piedra fuerte,

Sincera y honesta.

Quizás pueda ser una piedra muy brillante y reluciente.

O no,

Lo importante es que es la piedra de la verdad.

Desde ahí se cimientan y se construyen las cosas más honestas,

Las relaciones más sinceras,

Tu propia versión de ti mismo,

Tu imagen,

Tu autoconocimiento.

Yo te invito a que diariamente trates de construir esa ciudad de la verdad,

A que crezca un poco más la piedra.

Trates de contar la verdad,

De decirte a ti mismo la verdad y de escuchar la verdad en los demás.

Puede que no sea lo más cómodo o incluso lo más feliz en algunas ocasiones,

Pero a la larga te permitirá construir ciudad firme,

Te permitirá construirte a ti desde la firmeza,

Desde la seguridad y la tranquilidad,

De sabernos honestos y verdaderos.

Espero que descanses hoy y que tengas dulces sueños.

Subtítulos realizados por la comunidad de Amara.

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4.8 (12)

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