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Meditacuento: Un Suspiro Sin Gravedad

by Cindy Vanessa Parra

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Puntuación
5
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
47

Hola a todos y biendenidos a un nuevo capítulo de los meditacuentos. Continuaremos con aventuras en el espacio, esta vez es el turno para un viajero espacial llamado lio que se la pasa brincando de planeta en planeta hasta que el cansacio no lo deja avanzar y descubre un fenómeno muy interesante llamado gravedad cero.

Transcripción

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Meditacuentos,

Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.

Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.

Ubícate en una postura cómoda en la que puedas tener la espaldita derecha,

Que alejes los hombros de las orejas,

Brazos sueltos y relajados a los lados igual que las piernas y despacio cierra los ojos.

Realiza una respiración profunda llenando todo tu cuerpo de aire y dejándolo salir despacio.

Otra vez toma el aire por la nariz.

Saca el aire por la nariz despacito.

Una vez más toma el aire saca al aire.

Deja que tu cuerpo vaya entrando en un estado de calma y tranquilidad.

De quietud en el que sientes que todo el peso de tu cuerpo descansa sobre tu cama.

La colchoneta,

El sillón o la superficie en la que estás.

Comienza a sentir.

Que tu cuerpo se pone pesado.

Desde los dedos de los pies hasta la cabeza.

Tan pesado que parece que se estuviera fundiendo en la cama.

Sigue respirando despacio y ve soltando cualquier tensión o preocupación y deja que caigan en esa superficie en la que estás,

En esa cama,

En el colchón.

Y ahora sientes tu cuerpo tan ligero que parece que flotara,

Que se despega casi de tu cama.

Pareciera una pluma que flota en el aire.

Siente también.

Que tu cuerpo se va enfriando.

Siente un fresco y el cuerpo ahora se siente frío por completo Y ahora siente que en tu cuerpo ha entrado un calorcito que va calentando desde los dedos de los pies hasta la cabeza.

Estas sensaciones,

Estos cambios de un extremo al otro van haciendo que tu cuerpo se relaje por completo.

Sientes una paz.

Sientes que por completo tu cuerpo descansa y tú no tienes que hacer ningún esfuerzo.

¿Te sientes seguro,

A salvo,

En paz?

Desde los dedos de los pies hasta la cabeza.

Realiza unas respiraciones profundas,

Siempre tomando el aire por la nariz.

Y dejando que salga muy despacito por la boca.

Inhalas Exhala.

Inhalas.

.

.

Exhala y en cada exhalación te relajas un poquito más.

Inhala.

Exhala.

Cualquier cosa que te preocupaba.

Que te daba miedo o angustia se va con la exhalación.

Y en tu cuerpo solo queda calma,

Tranquilidad,

Paz,

Seguridad.

Suelta todo lo que no necesitas el día de hoy.

Deja que todo tu cuerpo descanse libremente sobre la colchoneta,

Sobre la cama y colchón.

Que tus ojos descansen.

Y que tus oídos descansen.

Y que tu nariz descanse.

Y que tu boca descanse.

Pecho descansa,

Los brazos y las manos descansan.

La espalda en todo su largo descanso.

Las caderas y el vientre descansa.

Los pies y las piernas descansan.

Siente tu cuerpo completamente relajado desde los dedos de los pies hasta la cabeza.

Mantén esa sensación de calma y tranquilidad.

Lleva toda tu atención hacia tus oídos para que se activen.

Continúa con los ojos cerrados respirando suave y deja que huele tu imaginación.

Este metacuento se llama Un suspiro sin gravedad.

Había una vez un pequeño viajero espacial llamado Leo.

Claro,

Como todo viajero espacial,

Usaba un traje de astronauta.

El de él era color naranja.

Y tenía una mochila enorme donde guardaba todas sus cosas.

Y también todos sus pendientes.

Entre esos estaban unas sumas de la escuela,

Reglas de ciertos juegos que amaba jugar,

Miedos chiquitos y preocupaciones grandes.

Todo,

Todo,

Todo,

Todo le cabía en su mochila.

Su mochila lo ha acompañado a viajar por muchos planetas,

Unos enormes y otros más chiquiticos.

Por ejemplo.

Había pasado por el planeta roca.

Allí todo pesaba mucho.

Tanto pesaba que no podía levantar sus botas.

Parecía que estuvieran hechas de plomo.

Otro día le tocó pasar por el planeta hierro y ahí su mochila no pesaba nada,

De hecho parecía elevarse,

Lo jalaba tanto hacia arriba que caminaba encorvado y parecía estar flotando.

Y así se la pasaba de planeta en planeta.

Hasta que llegó a uno en el que se sintió muy cansado.

Tan cansado que le dolía el cuello,

Le dolían las piernas,

Ya no podía cargar más y pedía a gritos descansar.

Necesito un lugar donde nada pese,

Suspiro lío.

Frotándose los hombros que ya le dolían.

Entonces,

Encendió los propulsores de su mochila y voló hacia la parte más tranquila y fresca del Sistema Solar.

Flotando en medio del silencio,

Encontró una roca espacial muy peculiar.

No era un planeta gigante.

Era un asteroide pequeñito.

Redondito y cubierto por un polvo plateado.

Parecía que fuera un bombón de azúcar.

Entonces Leo aterrizó sobre él.

Pero fue raro,

Porque no hubo un golpe fuerte,

Ni un pum.

Ni sus botas tocaron el suelo fuerte.

Pareció más bien que aterrizaban un copo de nieve,

O sobre el pasto,

Porque incluso rebotó con suavidad.

Le dio de un paso y para su sorpresa siguió rebotando hacia arriba,

Como si estuviera caminando en un trampolín o en una cama suave.

¡Qué extraño lugar!

Dijo mientras se reía.

El espacio allí tenía una temperatura perfecta.

No hacía calor ni frío.

Corría un airecito fresco y delicioso que lo acariciaba y le revolcaba el cabello.

Dios se sentía tan a gusto que por primera vez en mucho tiempo se quitó su mochila y la dejó caer.

Pero esta en lugar de caer hacia abajo quedó flotando a su lado porque ahora no pesaba nada.

Leo no entendía muy bien qué pasaba,

Pero estaba disfrutando tanto de ese asteroide.

Que el cansancio que tenía no lo dejó preguntarse más,

Simplemente cerró los ojos y dejó que cada músculo de su cuerpo se relajara.

Entrando de inmediato en un sueño profundo.

Tan profundo que comenzó a soñar.

El sueño que estaba corriendo al lado del asteroide.

Hablaba con él,

Sonreía y que eran amigos.

El asteroide le agradecía por invitarlo.

Y le contaba que él era muy especial porque en él no había gravedad.

La gravedad es como un imán que tienen los planetas en su centro y hacen que todas las cosas sean jaladas hacia él.

Por eso,

Si en los otros planetas él soltaba la mochila,

De inmediato se iba para el suelo.

Y en unos pesaban más sus botas y en otros un poquito menos.

Porque en todos los planetas que la había recorrido,

La gravedad era diferente.

En unos más fuerte y en otros más ligera.

Leo fue muy feliz en ese sueño.

Se sentía muy relajado.

Se sentía seguro y a salvo en un lugar perfecto.

Pero además en el sueño estaba aprendiendo algo que no sabía.

Y.

.

.

Descubrió entonces qué era la gravedad.

Desde allá acostado,

Sin tensiones,

Sin mochila que pesaba,

Leo abrió un ojito y se dedicó a observar el universo.

A lo lejos veía cómo los planetas más grandes hacían su viaje de traslación alrededor del Sol.

Y se movían muy despacio,

Girando en el cielo,

Sin prisa,

Como estaba él,

Ahí,

Flotando en un lugar perfecto.

Todo en el espacio se tomaba su tiempo.

Todo era fresco,

Ligero y calmado.

Leo sonrió,

Sintiendo que por fin su cuerpo descansaba de verdad,

De verdad.

Sabía que al día siguiente tendría que volver a ponerse su traje y su mochila.

Pero ahora conocía el secreto.

Siempre podría regresar a un pequeño asteroide de gravedad cero para soltar todo el peso y simplemente descansar.

Y hasta aquí el Medita Cuento de hoy.

Deseo que te haya gustado tanto como a mí y que hayas aprendido hoy de esto que sucede en el espacio y también en la Tierra que se llama gravedad,

Que es lo que nos mantiene jalados o pegados hacia el centro de la Tierra.

Por eso no andamos flotando por ahí,

Como si lo hacen a veces los astronautas cuando salen al espacio.

Pero siempre podemos utilizar nuestra imaginación para imaginar que no hay gravedad y sentir que todo nuestro cuerpo flota y así relajarnos como lo hacía Leo.

Así que yo te invito a que cierres los ojos si es que los abriste y empiezas a sentir como todo tu cuerpo flota,

Como si no hubiera gravedad.

Para que descanses profundo y tengas dulces sueños.

© 2026 Cindy Vanessa Parra. All rights reserved. All copyright in this work remains with the original creator. No part of this material may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, without the prior written permission of the copyright owner.

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