
Meditacuento: El Viento
¡Hola! bienvenido/a a otro capítulo de los meditacuentos, el día de hoy te traigo un cuento que nos habla del viento, ese misterioso y juguetón amigo. Una divertida historia motiva la curiosidad y la gratitud. Espero que lo disfrutes, gracias por meditar conmigo.
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a este espacio de meditacuentos,
Un espacio diseñado especialmente para ti,
Así que lo primero que debes hacer es relajarte,
Ponerte cómodo,
Quizás acostado o sentado,
Trata de que los brazos y las piernas no se encuentren cruzados y sobre todo trata de sentirte muy muy cómodo.
Antes de comenzar la lectura vamos a iniciar con unos ejercicios de respiración que van a calmar nuestra mente y activar nuestra imaginación,
No te preocupes que los haremos juntos.
Empieza tomando el aire profundamente por tu nariz y déjalo salir lentamente por tu boca como si estuvieras inflando un grobo,
Vuelve a inhalar por la nariz e imagina que entra un aire fresco que recorre todo tu cuerpo y llena tus pulmones y deja salir el aire por la boca sintiendo como también salen tensiones,
Dolores y cualquier malestar.
Vamos una última vez juntos,
Inhala tranquilidad y relajación y exhala cualquier tipo de tensión,
Dolor o malestar.
Ya estamos listos para comenzar,
Te recomiendo que cierres los ojos pues así se hace más maravillosa esta experiencia y quizás te sirva ponerte audífonos pero es solo una sugerencia.
El día de hoy leeremos un cuento titulado el viento.
Chilaquil era un perro muy particular,
Vivía la vida sin preocupaciones,
Tenía un pelaje suave y rizado de color café,
Patas blancas y abollonadas y un olfato capaz de identificar olores a kilómetros de distancia.
Todas las mañanas Chilaquil salía a cumplir su misión pues desde muy pequeño se había propuesto hacer una colección de olores,
Quería ser capaz de oler la mayor cantidad de aromas en el mundo.
Buen día dijo muy entusiasmado a su amiga panela,
Un nuevo día y ya sabes lo que significa,
Es hora de buscar nuevos aromas y así decía todas las mañanas y siempre salía en compañía de su amiga.
Un miércoles en la mañana Chilaquil salió como de costumbre moviendo la cola a cumplir su misión pero ese día todo estaba diferente,
Algo extraño estaba pasando en el ambiente,
Los árboles no se movían,
Las hojas estaban quietas,
Inmóviles,
Casi como si fueran pinturas estáticas en una pared,
Pero eso no era lo peor de todo,
Lo peor era que Chilaquil no olía nada,
Nada,
Ni un solo aroma,
Ni el de su comida,
Ni el del pasto,
Ni el de las flores,
Ni siquiera el aroma de su mamá.
No huelo nada,
¿qué pasa?
Panela por favor ayúdame,
Dijo Chilaquil muy desesperado.
Panela salió corriendo asustada porque ella,
Ella tampoco olía nada,
Así que esto no era un problema de Chilaquil,
Era algo que estaba pasando en el bosque,
De inmediato todos comenzaron a darse cuenta de lo que estaba pasando,
Llegaron los conejos muy alarmados,
Los pájaros,
Los topos,
Las hormigas,
Todos estaban preocupados por la misma situación,
El olor de las cosas se había ido.
Luego de muchos revuelos,
Teorías,
Plegarias y miedos,
Salió caminando muy despacio y jadeando con la lengua afuera,
Un perro de pelaje negro con blanco,
Con la barba llena de canas y un poco ciego.
Lo que pasa es que se ha ido el viento,
Dijo el sabio perro,
Que era el abuelito de Chilaquil.
¿El viento?
Preguntó Chilaquil.
Sí,
Mi querido nieto,
El viento,
Hoy no ha venido a visitarnos y su fuerza es necesaria para que lleguen a nosotros los aromas y los podamos percibir.
¿Y dónde lo buscamos?
Dijo Chilaquil.
Sigue la ruta que marcan las azucenas,
Ellas siempre buscan al viento para que les ayude a transportar su aroma.
Chilaquil dio un brinco y sin más salió corriendo en búsqueda de las azucenas,
Decidido a encontrar y volver a traer el viento.
Rápidamente encontró las azucenas e identificó cuál era el camino que lo fue llevando hacia un bosque de niebla.
Caminó,
Caminó y caminó y de repente estaba caminando envuelto en nubes suaves y esponjosas,
Blancas y brillantes.
Envuelto entre las nubes,
Chilaquil comenzó a jugar y a sentir mucha paz,
Tanta paz como nunca antes la había sentido.
Y fue así como de pronto empezó a escuchar unos susurros de palabras muy bonitas.
¿Sabes quién era?
Era el viento.
Resulta que el viento era un niño juguetón que en su interior guardaba tesoros,
Recuerdos de los lugares en los que había estado,
Hojas secas,
Papelitos de colores,
Bolitas de algodón,
Algunos calcetines y todo aquello que la gente olvidaba.
El viento con esa alma de niño invitó a Chilaquil a jugar con él,
Le presentó todos sus tesoros,
Lo invitó a reír y a divertirse con él.
Y después de mucho hablar y de pasar todo el día juntos,
Fue así que Chilaquil se dio cuenta que el viento no había ido porque ya nadie jugaba con él,
Nadie lo escuchaba y nadie reconocía el valor de su presencia.
Entonces Chilaquil supo lo que tenía que hacer,
Supo que el viento siempre había estado con él,
Que todos los olores que hoy tenía en su lista habían llegado gracias a él y que nunca se había tomado el tiempo de reconocerlo ni de agradecerle.
Chilaquil volvió recorriendo el mismo camino,
Empezó por esas nubes suavecitas,
Luego recorrió el camino que hacían las azucenas y finalmente llegó al bosque donde estaban todos sus amigos y su abuelo.
Y a partir de ese momento él prometió que desde ese día se encargaría de enseñarles a todos el valor del viento y la necesidad de él en nuestras vidas y que prepararía el terreno para que viniera cada mañana a jugar con ellos.
Y así fue,
Como desde ese momento el viento nunca más volvió a faltar en ese bosque donde vivía Chilaquil.
Y hasta aquí el meditacuento de hoy.
Las aventuras de Chilaquil nos han recordado que hay muchas cosas a nuestro alrededor por las cuales agradecer.
Quizás hoy podamos agradecer por el sol que nos permitió salir a jugar,
O por la lluvia que permite que las plantas reciban agua y se vean más verdes,
O por el viento que nos refresca y que nos trae esos deliciosos aromas,
O por las personas que te acompañan.
Todos los días podemos encontrar una razón por la cual agradecer y verás que eso hace que sea más grande nuestro corazón.
Espero que hayas disfrutado de este cuento tanto como yo,
Y ya sabes,
Nos vemos en un próximo meditacuento.
Adiós.
Conoce a tu maestro
4.8 (137)
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