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Meditacuento: a Soka Nadie lo Entiende

by Cindy Vanessa Parra

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Puntuación
4.9
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
1.5k

¡Hola! bienvenido a otro capítulo de los meditacuentos, hoy con una historia sobre la escucha activa y consciente. Espero que lo disfrutes, ¡gracias por meditar conmigo! No olvides comentarme que te pareció y si te gustaría escuchar un meditacuento de algún tema en especial Un abrazo

Transcripción

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Medita Cuentos.

Yo soy Cindy y estoy feliz de acompañarte en este espacio,

Donde juntos estamos construyendo el hábito de la meditación.

Así que ponte cómodo o cómoda.

Recuerda adoptar esa postura que te resulte más agradable.

Puede ser sentado o acostado,

En el que puedas estirar todo tu cuerpo y no tengas ninguna tensión.

Antes de comenzar la historia,

Haremos unos ejercicios de respiración que nos ayudan a activar nuestra imaginación,

Nuestra memoria,

Nuestra atención y,

Por supuesto,

Nuestra escucha.

Cierra los ojos.

Toma profundamente el aire por tu nariz y siente cómo relajas los pies,

Las piernas,

Toda tu cadera.

Deja que salga el aire suavemente por la boca.

Nuevamente toma el aire por tu nariz,

Sintiendo que ese aire es un masaje que relaja todo tu abdomen,

Tu pecho,

Toda la espalda,

Los brazos,

Las manos y los dedos.

Deja que salga el aire suavemente por tu boca.

Una última vez toma el aire profundo y siente cómo se relaja ahora todo tu cuello,

Tu garganta,

Tu mandíbula,

La nariz,

Los ojos,

La frente y las orejas.

Toda tu cabeza.

Deja que salga el aire suavemente por la boca.

Respira normalmente y siente que todo tu cuerpo se ha relajado,

Desde los dedos de los pies hasta la cabeza.

Si es que aún no lo has hecho,

Cierra los ojos.

Activa los oídos y deja volar tu imaginación.

Este cuento se llama A Soca Nadie Lo Entiende Este meditacuento va dedicado especialmente para Manu,

Ine y Vique que nos escuchan desde Argentina.

Había una vez un niño llamado Soca que vivía en un pacífico y acogedor vecindario,

Cerca a Playa Blanca,

Llamada así por el color de la arena,

Que era blanco.

Soca amaba el mar y las aventuras,

Así que siempre se la pasaba mirando el mar desde su ventana y cada que podía,

Corría a mojar sus pies y a buscar tesoros en la arena.

Una mañana en la que el sol tardó en salir,

Soca salió a caminar por la playa.

Le gustaba ir descalzo y así sentir la temperatura y la textura de esa blanca arena,

Y además disfrutaba de cada ola que llegaba a la orilla y le hacía cosquillas en los pies.

A veces jugaba a saltar las olas,

Otras a perseguirlas,

Pero siempre trataba de sentir la arena y el mar.

Esa mañana transcurría en aparente normalidad,

Hasta que sintió un gran dolor en uno de sus pies.

¡Auch!

,

Gritó Soca.

Cuando volteó a ver,

Se dio cuenta que se había lastimado con una roca,

Pero esta era una roca poco común.

Era transparente y además brillaba con mucha intensidad.

Parecía que tenía los colores del arcoiris por dentro,

Pero cambiaba de color cuando le daba el reflejo del sol,

Ese sol que apenas salía.

Era la roca más hermosa que jamás había visto,

Así que por supuesto Soca la tomó y la guardó en el bolsillo de su short.

Soca se quedó ahí jugando con las olas del mar hasta que el sol salía por completo y el calor se hizo tan sofocante que se regresó a su casa.

El resto del día transcurrió como cualquier otro,

Se la pasó en casa jugando,

En los bolsillos con bloques,

Jugando a los piratas y escondiendo tesoros.

Llegó la noche y con ella a la hora de dormir.

Soca recordó la piedra especial que había encontrado y la sacó de su short.

La volvió a mirar y esta vez,

Con la luz de la luna,

Vio que daba un reflejo de un color morado tan brillante que iluminaba toda la habitación.

Así que la puso en la ventana para que recibiera mejor la luz.

Abrazó a Toto,

Un perro salchicha de peluche con el que siempre dormía,

Y cerró sus ojos.

A la mañana siguiente,

Con los primeros rayos del sol,

Soca despertó.

Estiró las manos y dio un gran bostezo.

¡Ay!

Pero algo raro sucedió,

Porque esta vez sintió que su lengua era demasiado larga.

Él no recordaba eso.

Comenzó a tocar su rostro y sintió demasiado pelo.

Era raro,

Imposible que de un día para otro te crezca la barba,

¿verdad?

Además,

Algo más estaba raro,

Porque su nariz,

Su nariz estaba muy pronunciada y además fría,

Y percibía muchos olores.

No sabía que desde su habitación se podía oler lo que mamá estaba haciendo de desayuno.

Es más,

Alcanzaba a oler el perfume de mamá y el perfume de papá.

Se tocó los oídos,

Y estos estaban bastante extraños,

Largos y peludos.

Y además escuchaba el rugido del mar,

Pero hasta los peces que estaban nadando.

¡Qué!

Algo muy raro estaba pasando.

Así que corrió al baño.

Pero tan pronto puso sus pies en el suelo,

Se dio cuenta que no tenía pies,

Sino patas de perro,

Y que no podía caminar en dos pies,

Sino que tenía que caminar con sus cuatro patitas.

Se volteó a ver y vio que sus patas tenían ahora huellitas,

Uñas y mucho pelo alrededor.

Igual,

Trató de ir rápido al baño.

Pero como ya no era un niño,

Sino un perrito,

No alcanzaba ni el espejo ni el lavamanos.

Sus patas eran cortas,

Su cuerpo alargado.

Trató de darse vuelta y vio que además tenía cola.

Su pelo era de color café,

Y sus orejas llegaban casi hasta el piso.

Su trompa era alargada.

¡Se había convertido en un perro salchicha!

¡Se había convertido en Toto,

Su peluche!

¡No podía ser posible!

Como no alcanzaba el lavamanos,

Trató de meter su trompa en el agua del sanitario.

Pero aún así,

Se sacudió y seguía siendo perro.

Algo no estaba bien.

Cerraba y abría los ojos como intentando despertar,

Pero seguía siendo un perro.

Corrió a tratar de abrir la puerta,

Pero la verdad es que no alcanzaba,

Y además con las patas,

No podía abrir.

Así que observó que la ventana seguía abierta.

Trató de trepar como pudo por la ventana,

Tuvo que escalar algunos cajones,

Y logró salir por ahí.

La ventana daba al tejado,

Y el tejado lo llevó hasta un árbol.

Brincó al árbol y pudo bajar,

Muy despacio,

A través de las ramas.

Corrió a la puerta de su casa.

Necesitaba ayuda de manera urgente.

Empezó a rasguñar la puerta con todas sus fuerzas,

Y mamá abrió.

Tan pronto socavió a su mamá,

Y empezó a explicarle todo a mucha velocidad.

Hola mamá,

No sé qué pasó,

Desperté y convertí a un perro.

Ayúdame,

Me siento encerrado en la habitación.

Algo debe haber pasado,

No sé,

Anoche.

No sé si me hechizaron,

Estoy enferma.

Ayúdame,

Por favor,

Por favor.

Hola amiguito,

¿estás perdido?

Le dijo mamá.

Mamá,

Mamá,

Soy yo,

Por favor,

Ayúdame,

Estoy convertido en perro.

Qué perro tan simpático,

Debes tener sed.

Entra,

Te daré algo de comer en lo que encontramos tus dueños.

Soca trató de gritar más fuerte.

Pensó que como era un perro tan bajito,

Su mamá no le entendía,

Pero eso tampoco funcionó.

Así que decidió correr a donde estaba su papá.

Finalmente,

Él sabía más de perros que mamá y volvió a intentarlo.

Papá,

Papá,

Por favor,

Ayúdame,

Me convertí en perro,

No sé qué pasó,

Mamá,

No mentí.

Alicia,

¿por qué no me habías contado que tenemos un perrito?

Dijo el papá de Soca.

Acaba de llegar a la casa y parece estar perdido.

Ladra mucho,

Dijo su mamá.

¿Qué te parece que lo cuidamos hasta que aparezca su familia?

Está muy simpático y además como que me recuerda a alguien,

Dijo su papá.

Soca estaba desesperado.

Nadie le entendía.

Saltaba,

Daba vueltas y en vez de hablar,

Ladraba.

Brincaba y brincaba.

Hasta intentó dibujar en el suelo,

Pero solo recibió un regaño por ensuciarlo todo.

La angustia se apoderó de su cuerpo perruno.

Le palpitaba muy fuerte el corazón.

Jadeaba y tenía mucha baba.

Y la verdad es que la comida de perro no le gustó para nada.

El mar,

Pensó Soca.

Ahí debe estar la solución.

Así que salió corriendo con toda la velocidad que sus patas de perro le permitían y llegó al mar.

Allí todo estaba igual.

La arena seguía blanca y las olas iban y venían dispuestas a jugar también con sus patitas.

Al menos el mar no había cambiado.

Soca sintió un alivio.

Se acostó en la orilla del mar y se quedó en silencio escuchando las olas.

¿Será que ya no volveré a ser un niño?

Pensaba.

¿Será que no podré volver a hablar con mis papás?

¿Cómo les voy a decir que los amo y que yo soy su hijo?

Se puso a pensar en la última conversación que había tenido con mamá,

Pero no logró recordar nada.

Siempre había estado muy concentrada en mirar al mar aún estando desde su casa y la verdad es que se daba cuenta que muchas veces había ignorado lo que ella decía.

Pensó que quizás recordaba lo que había hablado con papá,

Pero tampoco tuvo suerte.

Las olas del mar seguían acercándose,

Pero parecía que venían con más fuerza.

El rugido se hacía más fuerte,

Como si el mar se estuviera enojando y ya empezó a mojarle las patas,

Pero también todo su cuerpo.

Soca trató de levantarse para correr,

Pero parecía que se había quedado pegado a la arena.

No podía levantarse,

No podía despegarse.

Cada vez las olas se hacían más fuertes.

¿Qué estaba pasando?

No sabía si es que su cuerpo de perro sabía nadar o no.

¿Terminaría ahogado?

En eso vio venir la ola más grande que jamás había visto.

Tuvo mucho miedo.

Cerró sus ojos con fuerza y se despertó.

Aún con las palpitaciones muy fuertes y lleno de sudor,

Abrió los ojos y lo primero que hizo fue mirarse las manos.

Ya no eran patas de perro.

Habían vuelto a ser sus dedos de niño.

Ya no tenía pelos en la cara y su nariz había vuelto a la normalidad.

Sus orejas también estaban pequeñas.

No había pelos.

Y sus pies ya no eran patas de perro.

Corrió al baño y ya alcanzaba al espejo.

Efectivamente,

Seguía siendo un niño.

Todo esto había sido solo una pesadilla.

El cristal seguía iluminando la ventana,

Ahora de tonos naranjas por la luz del sol.

Bajó corriendo las escaleras y vio que su mamá se encontraba haciendo el desayuno.

La abrazó fuertemente.

Igual corrió a abrazar a papá.

Los dos estaban muy sorprendidos de ese repentino ataque de amor.

Soca les contó lo que había soñado y les prometió que a partir de ese momento quería tener conversaciones más largas y estar más atento.

A partir de ese día,

Cada que Soca miraba el cristal,

Se acordaba de ese sueño tan loco que tuvo.

Pero lo más importante,

Se acordaba de tener plena atención y escucha en las conversaciones que tenía con los demás.

Y tú te has puesto a pensar ¿qué pasaría si hoy no pudieras hablar?

Y hasta aquí el meditacuento de hoy.

Espero que te hayas divertido con esta historia.

Te invito a que establezcas hoy una conversación con mamá,

Con papá,

Con tus hermanos o con tus amigos,

En la que escuches atentamente lo que dicen.

Concéntrate en esa historia y no te distraigas con cosas como los videojuegos,

El celular o las cosas que pasan por la ventana.

Trabajar en nuestra atenta escucha nos ayuda a recordar mejor todo eso que aprendemos.

Espero que hayan disfrutado tanto de esta historia como yo.

No te olvides de dejarme saber en los comentarios qué pensaste de esta historia y qué harías tú si hoy no pudieras hablar.

¿Has pensado cómo podrías comunicarte?

Nos escuchamos en un próximo capítulo.

¡Adiós!

4.9 (43)

Reseñas Recientes

Roxana

August 9, 2024

Gracias por tus meditacuentos, son parte de la rutina de todas las noches de mi hija Mariel nos gusta escucharte antes de que se duerma 🤗😇 Saludos desde Morelos, Mexico.

Luna

December 14, 2023

Querida Cindy, eres un Sol! Gracias por alegrarnos la noche antes de ir a dormir, con todos tus cuentas y reflexiones. Un abrazo desde Alemania, Paula y Manuella.

Susana

September 2, 2023

¡Qué lindo!

Mary

July 25, 2023

Me encantó el cuento Cindy. También Pingu el Pingüino. Gracias. Hanna y Mary.

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