
Neuro-Desintoxicación de Cortisol | Meditación para Dormir
Esta noche no vas a intentar dormir. Vas a permitir que tu cerebro entre en una frecuencia donde el cuerpo recuerda cómo repararse. Esta meditación ha sido creada para inducir un estado de neurodesintoxicación de cortisol mientras guías tu mente hacia ondas delta, las ondas cerebrales más lentas y profundas, asociadas al sueño reparador, la regeneración celular y la restauración del sistema nervioso. El cortisol es una hormona necesaria durante el día, pero cuando permanece elevado por la noche, la mente sigue en alerta, el cuerpo no descansa del todo y el sueño se vuelve superficial.
Transcripción
Muy buenas noches.
Soy Elías.
Y te doy la bienvenida.
A esta meditación para dormir.
Y activar la neurodesintoxicación de cortisol.
A través de las ondas delta.
Esta noche vas a permitir que tu cerebro entre en una frecuencia.
Donde el cuerpo recuerda cómo repararse.
¿Esta meditación ha sido creada para inducir?
¿Un estado para desintoxicar el cortisol mientras guías tu mente?
Hacia las ondas del tiempo.
Las ondas cerebrales más lentas y profundas.
Asociadas al sueño reparador.
La regeneración celular.
Y la restauración del sistema nervioso.
El cortisol es una hormona necesaria durante el día.
Pero cuando permanece elevado por la noche La mente sigue en alerta.
El cuerpo no descansa del todo.
Y el sueño se vuelve superficial.
Con respiraciones lentas,
Silencio guiado.
Y sensación de seguridad.
Ayudaremos al cerebro.
A soltar la alerta.
Y activar el descanso profundo.
Permitiendo que cuerpo y mente se relajen.
Y se reparen.
Mientras duermes.
Antes de comenzar.
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Y ahora sí.
Cierra los ojos.
Respira profundo.
Y comencemos.
Colócate en una posición cómoda.
Permite que el cuerpo encuentre su lugar.
No tienes que colocarte perfectamente.
No tienes que hacer nada especial.
Sólo permite que el peso de tu cuerpo se ha recibido por la cama.
Siente como la superficie.
Debajo de ti.
Te sostiene.
Como si por primera vez en todo el día.
No tuvieras que sostenerte tú.
Una respiración lenta por la nariz.
Ahora exhala suavemente por la boca.
Y nada lento.
Y al exhalar permite que el día empiece.
A alejarse.
No tienes que resolverlo ahora.
No tienes que entenderlo todo.
No tienes que ordenar.
Cada pensamiento.
Esta noche.
Su cuerpo no necesita explicaciones.
Solo necesita recibir.
Una señal clara.
La de que ya no hay peligro.
Lleva tu atención.
Al abdomen.
Observa cómo sube al inhalar.
Observa cómo desciende.
Al exhalar.
Este movimiento sencillo.
Es más poderoso de lo que parece.
Cuando respiras lento y profundo.
Tu cerebro empieza a interpretar.
Que estás a salvo.
Y cuando el cerebro interpreta seguridad.
El cortisol comienza.
A perder fuerzas.
No porque lo obligues.
No porque luches contra el estrés.
Sino porque el cuerpo entiende.
Que ya no necesita seguir.
En modo supervivencia.
Imagina ahora.
Cada exhalación.
Es como una pequeña corriente tibia.
Que limpia el exceso de tensión.
Acumulada.
Como si el cortisol de la jornada.
Se disolviera lentamente.
En la oscuridad.
Sin esfuerzo.
Sin resistencia.
Solo desapareciendo,
¿por qué?
Ya no cumple ninguna función.
Permite.
Que los hombros.
Sea blanda.
Permite que la mandíbula se afloje.
Permite que la lengua descanse dentro de la boca.
Y siente como el cuerpo empieza.
Comprender un mensaje profundo.
Tu cuerpo dice.
No tengo que defenderme.
De nada.
En este momento.
Respiro.
Sólo respira.
Ahora imagina que dentro de tu cerebro ¿comienza a apagarse?
Una luz intensa.
La luz del análisis.
La luz.
De la vigilancia.
La Luz.
De la anticipación.
Durante el día.
Esa luz te ayuda a pensar.
Decidir.
Responder y protegerte.
Pero por la noche.
.
.
Si permanece encendida.
Impide que entres en descanso real.
Así que ahora.
Cada respiración.
Esa luz se vuelve más tenue.
Más suave.
Más lejana.
¿y en su lugar?
Parece una frecuencia distinta.
Una frecuencia más profunda.
Más lento.
Más antigua.
La frecuencia delta.
Las ondas delta son como el lenguaje silencioso.
Del sueño profundo.
No son pensamientos.
No son imágenes.
No son palabras.
Son ritmos lentos.
Eternos.
Casi invisibles.
Que le dicen al cuerpo.
Ahora puedes reparar.
Ahora puedes restaurar.
Ahora puedes soltar.
Imagina que esas ondas delta.
Comienzan en la parte más profunda de tu mente.
Como círculos expandiéndose.
En un lago oscuro y tranquilo.
Cada círculo se mueve lentamente.
Cada círculo baja la velocidad.
De tus pensamientos.
Cada círculo lleva al cuerpo a un nivel más hondo.
De descanso.
No tienes que alcanzar ese estado.
Sólo permitir.
Que se acerque.
La mente no se duerme.
Cuando se le exige dormir.
La mente se duerme cuando deja.
De sentirse perseguida.
Así que no persigas el sueño.
No lo busques.
No lo fuerces.
Solo descansa en esta respiración.
Y deja que el sueño te encuentre a ti.
Ahora lleva la atención.
Al pecho.
Siente el movimiento suave del corazón.
Tal vez.
Háblate rápido.
Tal vez late tranquilo.
No tienes que corregirlo.
Sólo escúchalo desde dentro.
El corazón ha estado contigo.
Todo el día.
Ha respondido a tus emociones.
Tus preocupaciones.
Tus recuerdos.
A tus expectativas.
Y ahora también puede recibir descanso.
¿Imagina?
Que cada latido envíe una señal de paz.
Hacia el cerebro.
Una señal que dice.
.
.
Todo está bien ahora.
No hay nada que temer.
Nada que contar.
No hay nada que demostrar.
Esta señal viaja desde el corazón.
Hacia el sistema nervioso.
Y el sistema nervioso.
Empieza a bajar la guardia.
Como un soldado cansado.
Que por fin puede dejar el escudo.
En el suelo.
Permite que esa imagen se instala en ti.
Cuerpo dejando el escudo.
Mente dejando.
La vigilante.
Alma dejando la lucha.
Porque la paz no llega cuando.
.
.
Ganas todas las batallas.
La paz llega cuando descubres.
Que muchas de ellas nunca fueron necesarias.
Respira.
Y ahora suelta.
Muy bien.
Ahora imagina una luz muy suave.
En el centro del pecho.
No es una luz brillante.
Es una luz.
Nocturne.
Delicada.
Cálida.
Como una presencia silenciosa.
Que no juzga nada de lo que ocurrió hoy.
Esa luz.
No te pide que seas distinto.
No te pide que hayas hecho todo perfecto.
Solo te recuerda algo muy simple.
Que sigues siendo digno,
Digna de descanso.
Incluso si hoy dudaste.
Incluso si te preocupaste.
Incluso si cometiste errores.
Incluso si cargaste demasiado.
Nada de eso te quita el derecho.
A dormir en paz.
Permite que esa luz.
Se expanda lentamente.
Hacia los pulmones.
Ahora hacia los hombros.
Hacia los brazos.
Hacia las manos.
Siente como las manos se aflojan.
No tienen.
Que agarrar nada.
No tienen que retener nada.
No tienen que empujar la vida.
Esta noche.
Puedes dejar de empujar.
Ahora lleva la atención.
A la cabeza.
Siente la frente.
El entrecejo.
Sus párpados.
Las sienes.
Imagina que una ola delta.
Comienza a recorrer la superficie.
¿Es una ola?
Muy lento.
Profunda.
Hipnótica.
Pasa por la frente.
Y suaviza las líneas de preocupación.
Pasa por los ojos.
Y libera imágenes del día.
Pasa por las sienes.
Y deshace el exceso de pensamiento.
Ahora pasa por la nuca.
Y apaga la tensión.
Que se escondía ahí.
Cada ola del tiempo.
Baja un nivel.
De la mente activa?
A la mente.
La mente.
A la mente silenciosa.
De la mente silenciosa.
Al cuerpo dormido.
No tienes que repetir nada.
No tienes que visualizar con claridad.
Aunque solo escuches algunas palabras.
Cuerpo entiende.
Porque el cuerpo no necesita frases perfectas.
Necesita ritmo.
Necesita seguridad.
Necesita permiso.
Y ahora se lo estás dando.
Permiso para descansar.
Permiso para soltar.
Permiso para no saber.
Permiso para no controlar.
Permiso para dormir.
Respira suavemente.
Y deja que la respiración se vuelva más linda.
Por sí sola.
Ahora imagina que el cortisol acumulado durante el día.
Es como una niebla tenue.
Dentro del cuerpo.
No es malo.
No es enemiga.
Sólo fue una respuesta.
De protección.
Pero ya no hace falta.
Con cada exhalación.
Esa niebla se vuelve más ligera.
Se desvuelve en el abdomen.
Se disuelve en el pecho.
Se disuelve en la garganta.
Se disuelve.
En la cabeza.
Y en su lugar aparece una sensación.
De espacio.
Un espacio limpio.
Un espacio interno.
Donde ya no hay tanta presión.
Como si el cuerpo dijera.
Gracias.
Ya puedo encargarme yo.
Y tú no tienes que hacer nada más.
Ahora lleva la atención.
A la columna.
Desde la base de la espalda.
Hasta la noche.
Imagina que por la columna Desciende una corriente lenta.
Azulada.
Y profunda.
Una corriente de sueños.
Una corriente delta.
Va liberando pequeñas zonas.
De rigidez.
Vértebra por vértebra.
Músculo por músculo.
Nervio por Nervio como si todo el sistema nervioso recibiera una orden silenciosa.
Apagar la alarma.
Activar la reparación.
Pagar la vigilancia.
Activar el descanso.
Apagar el miedo.
Activar la confianza.
Muy bien.
Permite que esta corriente llegue a las caderas.
A los muslos.
Ahora a las rodillas.
A las piernas.
A los tobillos.
Y a los pies.
Siente el peso de las piernas.
Siente cómo se vuelven.
Más pesadas.
Más cálidas.
Más lejanas.
Como si el cuerpo estuviera entrando poco a poco.
En una profundidad amable.
No una profundidad oscura.
Sino segura.
Una profundidad donde no tienes que desaparecer.
Solo descansar.
Muy bien.
Ahora imagina.
Que todo tu cuerpo está rodeado por un campo de silencio.
Dentro de ese campo.
Ningún pensamiento tiene prisa.
Ninguna emoción necesita ser empujada.
Ningún recuerdo necesita ser corregido.
Todo puede estar ahí.
Y aún así.
.
.
Tú puedes descansar.
Porque no eres tus pensamientos.
No eres tus miedos.
No eres la historia que la mente repite.
Cuando está cansada.
Hay algo en ti más quieto.
Más amplio.
Y más verdadero.
Y esta noche vas a descansar ahí.
En esa parte de ti?
Que no necesita luchar.
Para estar en paz.
Respira.
Y ahora suelta.
Desciende.
La mente comienza.
A hablar menos.
El cuerpo comienza a sentir más.
Y las ondas delta se acercan.
Como una música muy lenta.
Aunque no puedas escucharla.
Una música interna.
Una frecuencia.
De reparación.
Un lenguaje nocturno que dice Duerme.
Sana.
Descansa.
Todo está siendo cuidado.
Permanece aquí.
Tiene esfuerzo.
Sin esperar nada.
Solo dejando que el cuerpo entre.
Poco a poco.
En su inteligencia más profunda.
Muy bien.
Y ahora permite que el descanso te lleve más profundo.
No necesitas vigilar.
La respiración.
No necesitas entender.
El proceso.
Tu cuerpo ya ha recibido la señal de.
.
.
El peligro terminó.
Las ondas delta comienzan a envolver tu mente.
Como una manta invisible.
Lenta y silenciosa.
Cada pensamiento pierde fuerza.
Cada tensión se disuelve.
Cada célula recuerda.
Su función natural.
Reparar.
Equilibre.
El cortisol desciende.
Como una marea que se retira.
Al final del día.
Y en ese espacio interno que queda libre.
Parece una paz más antigua.
Que tus preocupaciones.
No tienes que ganarte esta paz.
Ya está en ti.
Y siempre lo estuvo.
Solo descansa.
Sólo permite.
Sólo duerme.
Mientras tu cuerpo se regenera.
Su mente vuelve a la verdad.
Estoy a salvo en la paz.
Que vive dentro de mí.
Conoce a tu maestro
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