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Deja de Vivir como un Pobre, Dios Ya Pagó Todo por Ti

by Elías Berntsson

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Vivir en escasez no es solo una cuestión material, sino una creencia arraigada en la mente. Muchas veces, nos aferramos a la idea de que no somos lo suficientemente merecedores, que debemos luchar y sufrir para obtener lo que necesitamos. Sin embargo, Dios ya ha provisto todo para nosotros. La abundancia no es algo que se gana, sino algo que se reconoce y se recibe con fe. Cuando cambias tu mentalidad y comprendes que no te falta nada, comienzas a ver oportunidades donde antes veías limitaciones. Dejar de vivir como un pobre significa soltar el miedo, la duda y la sensación de carencia. Dios no nos creó para vivir en angustia, sino para experimentar plenitud y gozo. Todo lo que necesitas ya está disponible para ti, pero debes abrirte a recibirlo. La clave está en cambiar tu diálogo interno, confiar en la provisión divina y actuar desde la certeza de que ya eres bendecido. ¡Es momento de caminar con la seguridad de que Dios ya pagó todo por ti!

Transcripción

Uno de los pilares fundamentales para vernos como Dios nos ve es adoptar una mentalidad de abundancia.

La imagen que tenemos de nosotros mismos puede impulsarnos o,

Por el contrario,

Limitarnos profundamente.

Debes comprender que Dios ya ha depositado en ti todo lo necesario para llevar una vida llena de prosperidad.

Dentro de ti plantó semillas cargadas de posibilidades,

Potencial extraordinario y sueños por cumplir.

Sin embargo,

Tenerlas ahí no basta.

Es esencial comenzar a activarlas.

En otras palabras,

Necesitas creer firmemente que ya cuentas con todo lo que requieres para avanzar.

Es vital recordar que eres hijo del Dios Todopoderoso y que fuiste diseñado para cosas grandes.

Dios no te creó para llevar una vida común,

Sino para brillar con luz propia.

Te ha otorgado habilidades,

Inteligencia,

Dones especiales,

Sabiduría y,

Por encima de todo,

Su poder sobrenatural para cumplir tu propósito.

Ahora mismo posees los recursos necesarios para avanzar hacia el destino que Él tiene preparado para ti.

Dios no te formó con la intención de que vivieras una existencia mediocre.

La nos bendijo con toda bendición espiritual.

Observa que habla en tiempo pasado.

Eso significa que la acción ya fue realizada.

Él ya colocó en ti todo lo indispensable para prosperar.

Ahora te corresponde a ti tomar acción con base en lo que ya posees.

Un ejemplo claro de esto es Abraham.

Dos décadas antes de tener a su hijo,

Dios le habló diciendo,

Te he hecho padre de muchas naciones.

Desde una lógica humana,

Abraham bien pudo haber dicho,

¿cómo?

Si ni siquiera tengo hijos.

Pero,

En vez de eso,

Eligió confiar en lo que Dios decía sobre él.

Su respuesta fue,

Dios,

Aunque esto no tenga sentido desde una perspectiva natural,

No voy a dudar de tu palabra.

No lo analizaré con mi lógica humana.

Simplemente estaré de acuerdo contigo.

Si tú dices que Sara y yo tendremos un hijo,

Por más extraño que parezca,

Yo lo creo.

Lo impactante es que la promesa de Dios estaba en pasado.

Te he hecho.

Aunque aún no había nacido su hijo,

Desde la perspectiva de Dios,

Eso ya era un hecho.

La promesa incluía un presente vivo y un cumplimiento futuro.

Abraham debía asumir la responsabilidad de confiar en Dios y sostener su fe.

Y así fue.

Alrededor de 20 años más tarde,

Abraham y Sara tuvieron un hijo,

Isaac.

A lo largo de las escrituras,

Dios ha declarado grandes verdades sobre ti también.

Pero esas promesas no se activan automáticamente.

Requieren que pongas de tu parte.

Creer que ya estás bendecido y actuar como tal.

Es cuando te posicionas como alguien que vive bajo la bendición divina que esas promesas se hacen visibles en tu vida.

Por ejemplo,

La Biblia dice,

Somos más que vencedores.

No afirma que algún día lo seremos.

Cuando seamos más sabios o más espirituales,

Declara que ya lo somos.

Puede que pienses,

Eso no aplica a mí.

Tengo demasiados problemas,

Demasiados desafíos.

Tal vez cuando supere todo esto,

Entonces lo seré.

Pero Dios no espera que superes todo para bendecirte.

Él dice que ya eres vencedor ahora.

Curiosamente,

Desde la neurociencia se ha comprobado que la creencia en nuestras capacidades activa áreas del cerebro relacionadas con la toma de decisiones,

La motivación y el aprendizaje.

Cuando eliges verte como un vencedor,

Literalmente entrenas tu mente para actuar con mayor seguridad,

Enfocarte en soluciones y avanzar con determinación.

Por eso,

Si comienzas a hablar,

Pensar y comportarte como un vencedor,

Tu vida cambiará.

Empezarás a vivir con alegría,

Paz interior y propósito.

Todo eso ya fue provisto para ti.

El precio ya fue pagado.

Es parte del legado que Dios ha preparado para quien cree en él.

Te cuento una historia.

Hace muchos años,

Antes de que los vuelos internacionales fueran comunes,

Un hombre deseaba cruzar el océano desde Europa hasta América.

Ahorró durante mucho tiempo hasta reunir el dinero justo para comprar un pasaje en barco.

Como no le sobraba ni un centavo,

Llenó una maleta con queso y galletas saladas para alimentarse durante el viaje,

Que duraría entre dos y tres semanas.

Ya estando a bordo del barco,

Todos los pasajeros se reunían en un elegante salón adornado para disfrutar de los exquisitos manjares que se ofrecían.

Mientras tanto,

Aquel humilde viajero se apartaba discretamente hacia una esquina y comía su ración de queso con galletas saladas.

Día tras día,

La misma escena.

Podía percibir los deliciosos aromas que salían del comedor y escuchaba a los demás hablar maravillas de la comida,

Incluso que habían comido tanto que necesitarían hacer dieta al llegar a su destino.

El hombre,

Sin embargo,

Sólo podía imaginarse el sabor de esas comidas.

En más de una ocasión permanecía despierto por la noche fantaseando con lo que los demás describían con tanto entusiasmo.

Ya cerca del final del viaje,

Otro pasajero se le acercó y le dijo con amabilidad,

—Señor,

He notado que siempre se queda en esa esquina comiendo queso y galletas.

¿Por qué no cena con nosotros en el salón?

El rostro del hombre se tornó rojo de vergüenza.

Para serle sincero,

Respondió,

—Sólo me alcanzó el dinero para el billete.

No tengo cómo pagar por comidas tan finas.

El otro pasajero abrió los ojos con asombro y le replicó,

—Pero señor,

¿no sabía que las comidas están incluidas en el precio del boleto?

Todo ya está pagado.

Cuando escuché esta historia por primera vez,

No pude evitar pensar en cuántas personas viven como ese hombre,

Privándose de lo mejor que Dios ya les ha dado.

Tienen su pase asegurado hacia la eternidad,

Pero ignoran todo lo que ese pase ya incluye aquí y ahora.

Cuanto más tiempo mantengamos una mentalidad limitada,

Más nos conformaremos con vivir de queso y galletas saladas.

Cada vez que decimos,

No puedo,

No soy capaz,

Eso no es para mí,

Estamos actuando como ese viajero.

Cuando permitimos que el miedo,

La ansiedad o la inseguridad nos dominen,

Estamos renunciando al banquete que Dios ya preparó para nosotros.

Es hora de acercarnos con confianza a la mesa que Dios ha dispuesto,

Repleta de bendiciones,

Paz,

Alegría,

Restauración y sanidad.

No falta nada en ese banquete,

Lo único que se necesita es que tomes tu lugar con fe y lo recibas.

Tal vez has pasado por pérdidas,

Traiciones o fracasos,

Bienvenido a la vida,

Pero nada de eso cambia tu identidad,

Sigues siendo hijo del Rey de Reyes.

Si un sueño se desvanece,

Atrévete a soñar uno nuevo.

Si caíste,

Levántate y sigue caminando.

Cuando una puerta se cierra,

Dios abre otra,

Más grande y mejor.

Solo necesitas estar atento,

Levantar la cabeza y confiar en que lo mejor aún está por venir.

Pero,

Por favor,

No vuelvas a acurricarte en un rincón a comer galletas saladas.

Recuerda,

Si un sueño muere,

Sueña otro.

Puede que tu vida hasta ahora haya sido difícil,

Tal vez viviste pobreza,

Dolor,

Abandono o abusos.

Es normal que esas experiencias quieran definirte,

Pero no tienes por qué permitirlo.

Que hayas empezado así no significa que debas terminar igual.

Necesitas una visión fresca de lo que Dios puede hacer contigo,

Y para ello,

Desarrollar una mentalidad próspera es imprescindible.

La neurociencia ha demostrado que los pensamientos repetitivos moldean nuestras conexiones neuronales a través de un proceso llamado neuroplasticidad.

Esto significa que si repites pensamientos de escasez,

Tu cerebro se adapta a funcionar desde el miedo y la limitación.

Pero si te entrenas a pensar desde la abundancia y la esperanza,

Literalmente reconfiguras tu mente para abrirte a nuevas oportunidades.

Mi padre vivió algo parecido,

Comenta Joel Osten.

Él creció rodeado de escasez y terminó adoptando esa mentalidad.

Cuando comenzó a pastorear,

La iglesia apenas podía pagarle 115 dólares a la semana.

Mis padres hacían todo lo posible por sobrevivir con esa pequeña cantidad,

Más aún cuando llegamos los hijos.

Pero lo más desafiante no era el dinero,

Sino que mi padre había llegado a creer que la pobreza era lo normal,

Lo inevitable,

A tal punto que durante años ni siquiera podía aceptar una bendición cuando se le presentaba.

En una ocasión,

Durante una serie de reuniones especiales en la iglesia,

Mis padres,

Aún con recursos escasos,

Decidieron hospedar al ministro invitado durante toda una semana en casa.

Fue un acto de fe y generosidad.

Al domingo siguiente,

Un empresario miembro de la iglesia se acercó a mi padre y le dijo,

Pastor,

Sé que hospedó al predicador toda la semana,

Y aunque sé que no hay mucho dinero,

Quiero ayudarle.

Esto es para usted.

Y le entregó un cheque por mil dólares,

El equivalente a unos 10.

000 dólares hoy en día,

Una bendición inesperada.

Ese acto no solo representó un alivio financiero,

Sino que también comenzó a romper la mentalidad de escasez que lo había acompañado tanto tiempo.

Fue el inicio de un cambio profundo.

Mi padre quedó profundamente impactado por la generosidad de aquel hombre.

Sin embargo,

Su manera limitada de pensar en ese entonces le impedía recibir semejante bendición.

Tomó el cheque con apenas dos dedos,

Como si temiera contaminarlo si lo sujetaba con firmeza,

Y con voz temblorosa le dijo,

¡Oh,

No,

Hermano!

No puedo aceptar este dinero.

Deberíamos colocarlo en la ofrenda de la iglesia.

Años después,

Confesó que en lo más profundo de su corazón,

Deseaba aceptar la ayuda.

Sabía que mi madre y él la necesitaban.

Pero lo detuvo una falsa humildad.

Rechazó la bendición,

Convencido de que mantenerse en la pobreza era casi un acto de obediencia o sacrificio para agradar a Dios.

Mi padre explicó que mientras caminaba hacia el altar con el cheque en la mano para dejarlo en la ofrenda,

Algo dentro de él le gritaba,

¡No lo hagas!

Recibe las bendiciones de Dios y su bondad.

Pero no escuchó esa voz interior.

Finalmente,

Puso el cheque en la ofrenda,

Y luego relató,

Al hacerlo,

Sentí nauseas.

Dios quería bendecirlo y prosperarlo,

Pero su mentalidad de escasez era tan fuerte,

Tan internalizada,

Que simplemente no pudo aceptar lo que ya se le estaba ofreciendo.

¿Qué estaba haciendo mi padre en realidad?

Seguía alimentándose con queso y galletas.

El banquete estaba listo,

Pero su forma de pensar no le permitía sentarse en la mesa.

Afortunadamente,

Con el paso del tiempo,

Mi padre aprendió una verdad poderosa.

Como hijos de Dios,

No sólo podemos,

Sino que debemos vivir una vida de plenitud.

Entendió que no hay nada malo en prosperar,

Que incluso debemos esperar ser bendecidos,

Porque tan importante como dar una bendición,

Es aprender a recibirla con gratitud y dignidad.

Tal vez tú también vienes de un entorno de escasez,

O puede que actualmente tengas muy poco.

Está bien,

Eso no es definitivo,

Pero te hago una advertencia sincera.

No permitas que esa mentalidad se convierta en tu identidad.

No aceptes una vida limitada como si fuera tu destino inamovible.

No te acostumbres a hacer menos,

Tener menos o ser menos,

Como si eso fuera lo que te toca.

Frases como «siempre hemos sido pobres en mi familia» o «así nos tocó vivir» son peligrosas,

Porque moldean tu realidad sin que te des cuenta.

Empieza a mirar con los ojos de la fe.

Visualízate avanzando,

Prosperando,

Alcanzando nuevas metas.

Puede que ahora mismo estés rodeado de limitaciones,

Pero nunca permitas que la pobreza se instale dentro de ti.

¿Sabías que según investigaciones en psicología positiva,

Mantener una visión esperanzadora del futuro activa zonas del cerebro relacionadas con la planificación,

La creatividad y la resiliencia?

La esperanza no es solo algo emocional o espiritual,

También es una herramienta neurológica que nos prepara para tomar mejores decisiones y avanzar con claridad.

La Biblia enseña que Dios se alegra cuando sus hijos prosperan,

Y a medida que crecemos en lo espiritual,

En lo físico y en lo material,

Eso honra a Dios.

Imagínate esto,

Si yo te presentara a mis hijos y los vieras con ropa rota,

Descalzos,

El cabello desordenado y las manos sucias,

¿qué pensarías de mí?

Posiblemente concluirías que soy un mal padre,

Que no cuido de ellos,

Porque la condición de los hijos refleja directamente la imagen del padre.

De la misma forma,

Cuando nosotros vivimos como si estuviéramos derrotados,

Pobres,

Deprimidos o simplemente desanimados,

No reflejamos la grandeza de nuestro padre celestial.

Dios no se complace al vernos arrastrados por la vida,

Por el contrario,

Él se alegra cuando adoptamos una mentalidad de prosperidad,

Cuando tomamos lo que ya ha puesto a nuestro alcance.

Muchos caen en la trampa de la complacencia,

Aceptan cualquier cosa que les llega,

Frases como «hasta aquí llegué»,

«ya no me darán más oportunidades» o «es mi destino conformarme con esto»,

Son mentiras sutiles que te roban el potencial.

Pero eso no es cierto,

Tu destino es avanzar constantemente,

Tu herencia es ser más que vencedor.

Estás llamado a prosperar en todas las áreas de tu vida,

Así que deja el rincón del queso y las galletas y entra,

Con paso firme,

Al salón de banquetes.

Dios te creó para grandes cosas.

¿Sería realmente triste pasar por esta vida siendo hijo del rey,

Pero viéndonos a nosotros mismos como pobres y sin valor?

Eso mismo le ocurrió a un joven del Antiguo Testamento llamado Mefiboset.

Mefiboset era nieto del rey Saúl e hijo de Jonathan.

Quizás recuerdes que Jonathan y David eran íntimos amigos.

De hecho,

Hicieron un pacto de sangre,

Una alianza profunda de hermandad.

En aquel tipo de pacto,

Todo lo que uno poseía también le pertenecía al otro.

Si Jonathan necesitaba comida,

Ropa o ayuda,

Podía acudir a la casa de David sin reservas.

Además,

En caso de que uno muriera,

El otro tenía la responsabilidad de cuidar a su familia como si fuera propia.

El rey Saúl y su hijo Jonathan murieron el mismo día en batalla.

Cuando la noticia llegó al palacio,

Una sierva tomó en brazos a Mefiboset,

El pequeño hijo de Jonathan,

Y salió huyendo a toda prisa.

En su apuro por escapar de Jerusalén,

Tropezó y el niño cayó al suelo,

Quedando lisiado de ambos pies como consecuencia de la caída.

La sierva llevó a Mefiboset hasta una ciudad lejana llamada Lodebar,

Una de las zonas más desoladas y empobrecidas de la región.

Y fue allí,

En medio de la escasez y el olvido,

Donde el nieto del rey creció y pasó la mayor parte de su vida.

Detento momento pensarlo.

Era nieto de un rey,

Pero vivía como si no valiera nada.

Años más tarde,

Cuando David ya reinaba en Israel y la historia de Saúl y Jonathan comenzaba a desvanecerse en la memoria de la gente,

El rey David preguntó a uno de sus siervos,

¿Queda aún alguien de la familia de Saúl a quien yo pueda mostrarle bondad por causa de Jonathan?

Recordemos que David y Jonathan habían hecho un pacto solemne.

Si uno de los dos moría,

El otro protegería a su descendencia como si fuera suya.

El siervo respondió,

Sí,

Aún vive un hijo de Jonathan,

Aunque está lisiado de los pies.

Vive en Lodebar.

Entonces David ordenó,

Ve a buscarlo y tráelo al palacio.

Cuando Mefiboset se presentó ante el rey,

Probablemente temblaba de miedo.

Sabía que su abuelo había perseguido a David con intención de matarlo.

Es posible que pensara que ahora David buscaba venganza,

Pero David lo sorprendió con gracia.

No temas,

Yo te mostraré bondad por amor a tu padre Jonathan.

Te devolveré todas las tierras que pertenecieron a tu abuelo Saúl y desde ahora comerás siempre a mi mesa.

David trató a Mefiboset como parte de la realeza porque lo era.

Era nieto de un rey y más aún beneficiario de un pacto eterno.

Su vida cambió en un instante.

Esa es la buena noticia,

Pero también debemos reflexionar en los años que pasó en Lodebar,

Viviendo muy por debajo de su identidad.

Mefiboset sabía que era parte de la realeza,

Sabía que había un pacto entre su padre y el rey David.

Sin embargo,

Nunca se acercó al palacio a reclamar lo que le pertenecía.

¿Por qué no lo hizo?

¿Porque se conformó con menos?

La respuesta se revela en sus propias palabras.

Cuando David le prometió restaurarle todo,

Mefiboset respondió,

¿Quién es tu siervo para que tomes en cuenta a un perro muerto como yo?

Eso revela la imagen que tenía de sí mismo.

Se veía como alguien sin valor,

Como un desecho,

Como un simple estorbo.

Aunque llevaba sangre real,

Su mente estaba programada para vivir como un desterrado.

Y no es muy distinto a lo que muchos de nosotros hacemos hoy.

Dios nos mira con amor,

Dignidad y poder,

Como vencedores y herederos.

Pero nosotros a veces nos miramos como fracasados,

Indignos,

Derrotados.

Al igual que Mefiboset,

Adoptamos una mentalidad de perro muerto,

Que nos impide recibir las promesas que ya son nuestras por derecho espiritual.

Aquí entra un dato importante.

Diversos estudios en neurociencia social han demostrado que la autoestima y la percepción del valor propio están estrechamente ligadas a la activación de ciertas redes cerebrales,

Como la cordeza prefrontal medial.

Cuando una persona se siente indigna o inferior de forma constante,

Estas áreas se inhiben,

Afectando su capacidad de tomar decisiones,

Aspirar a más y recibir amor.

En resumen,

Si te ves como un perro muerto,

Tu cerebro comenzará a comportarse como si esa fuera tu única opción.

Por eso,

Es vital que,

Como Mefiboset,

Tú y yo aprendamos a renovar nuestra forma de pensar y desarrollar una mentalidad de prosperidad.

Es cierto que puedes haber cometido errores,

Quizá no seas todo lo que deseas ser.

Puede incluso que tengas heridas físicas,

Emocionales o espirituales.

Pero nada de eso anula el pacto que Dios ha hecho contigo.

Sigues siendo su hijo o hija,

Y él tiene planes grandes para tu vida.

No tienes por qué vivir en tu propio Lodebar,

Atado a la culpa,

La pobreza o a una autoestima destruida.

Dios no encuentra placer en verte así.

Su deseo es que te levantes,

Te sacudas el polvo y tomes tu lugar en la mesa.

Imagina que has preparado una cena especial para tus hijos.

La mesa está servida,

La comida huele deliciosa,

Todo está listo.

Pero uno de tus hijos entra a la cocina con la cabeza gacha y en vez de sentarse contigo a la mesa,

Se esconde bajo ella,

Esperando que le caiga alguna amiga.

¿Qué harías?

Probablemente le dirías con amor y firmeza,

«Hijo,

Hija,

¿qué estás haciendo?

Esta mesa la preparé para ti.

No eres un bendigo.

Eres parte de la familia.

Levántate y siéntate a la mesa».

Dios nos dice lo mismo hoy,

«Hijo mío,

Hija mía,

¿eres parte de mi familia?

Ya pagué el precio.

No vivas más como si fueras un extraño.

Suelta el queso y las galletas saladas.

Levántate y recibe lo que te pertenece».

«Victoria y yo tenemos un par de sillones reclinables en nuestra habitación»,

Comenta Joel.

«Son realmente cómodos,

Perfectos para relajarse.

A veces,

Cuando quiero ver un partido,

Leer tranquilo o simplemente tener un momento a solas para reflexionar y orar,

Me encierro en la habitación,

Cierro la puerta y me instalo en uno de esos sillones.

Es mi pequeño refugio de paz.

Un día llegué a casa y no lograba encontrar a mi hijo Jonathan por ningún lado.

En ese entonces tenía unos cuatro años,

Así que empecé a preocuparme.

Revisé todos los lugares habituales,

Su dormitorio,

El cuarto de juegos,

La cocina.

Incluso salí al garaje a buscarlo,

Pero no estaba.

Finalmente me dirigí a nuestra habitación y noté que la puerta estaba cerrada.

Al abrirla,

Allí estaba,

Jonathan,

Recostado plácidamente en mi sillón favorito,

Con las piernas estiradas,

Una mano sosteniendo un tazón de palomitas de maíz y la otra cerrada al control remoto.

Al verlo,

Sentí una mezcla de alivio y ternura.

Me sonrió y con una seguridad encantadora exclamó,

«Papi,

Esto es vida».

No pude evitar reírme,

Pero su comentario me tocó el corazón.

Me alegró ver que mi hijo se sentía tan cómodo y seguro como para entrar sin dudar a mi habitación,

Ocupar mi asiento preferido y disfrutar sin restricciones.

Me hizo feliz ver que sabía que era parte de la familia y que lo mío también era lo suyo.

Querido amigo o amiga,

¿quieres agradar a tu padre celestial?

Entonces,

Comienza a vivir como un hijo amado.

Deja de vivir como un forastero en tu propia casa espiritual.

Toma tu lugar en la mesa,

Celebra lo que te ha sido dado.

Deja atrás el queso y las galletas saladas y adéntrate en el banquete que tu padre ha preparado para ti.

No tienes por qué seguir cargando con culpa o condenación.

Tampoco debes seguir viviendo con miedo,

Ansiedad o con esa sensación de no ser suficiente.

La libertad fue incluida en el paquete desde el principio.

Ya fue pagado el precio completo.

Solo tienes que levantarte,

Asumir tu identidad y ocupar tu lugar.

Sube al sillón del padre,

Recuéstate en su gracia,

Respira paz y reconoce tu valor.

Porque no eres un invitado ocasional,

Eres familia.

No estás colándote,

Estás en casa.

Y aquí hay algo poderoso desde la ciencia.

Investigaciones en psicología del apego han demostrado que cuando una persona se siente realmente aceptada,

Vista y segura en sus relaciones más importantes,

Se activa un sentido de pertenencia profundo que fortalece su autoestima,

Su resiliencia emocional y hasta su sistema inmunológico.

Es decir,

Saberse parte de una familia y sentirse en casa no solo trae paz mental,

Sino bienestar físico real.

Por eso,

Desarrollar una mentalidad próspera comienza cuando dejas de verte como un extraño frente a Dios y empiezas a comportarte como lo que eres,

Un hijo amado,

Con pleno acceso a cada bendición espiritual,

Emocional y práctica que él ya ha preparado.

Recuerda,

No fuiste creado para vivir como un espectador de las promesas de Dios,

Sino como heredero legítimo.

Siéntate en su sillón,

Toma el control,

Disfruta las palomitas y di con confianza,

Esto es vida.

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