
Meditacuento: Pingü el Pinguino
¡Hola! bienvenido a otro capítulo de los meditacuentos, en el capítulo de hoy aprenderemos la técncia de la calma que usan los pingüinos Espero que lo disfrutes, ¡gracias por meditar conmigo! No olvides comentarme que te pareció y si te gustaría escuchar un meditacuento de algún tema en especial Un abrazo
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Meditacuentos.
Yo soy Cindy y estoy feliz de acompañarlos en este espacio donde juntos estamos consuyendo el hábito de la meditación.
Antes de comenzar a escuchar esta historia,
Vamos a buscar una postura en la que nos sintamos completamente cómodos y relajados.
Puede ser sentados o acostados.
Trata de que tu cuerpo se encuentre completamente estirado y que no tengas cruzado ni los brazos ni las piernas.
Haremos unos ejercicios de respiración que nos ayudan a activar nuestra mente,
Nuestra concentración,
Nuestra atención y nuestra memoria.
Toma profundamente el aire por tu nariz mientras estiras todo tu cuerpo hacia los costados.
Deja que salga el aire lentamente por la boca.
Nuevamente toma el aire.
Imagina que tu cuerpo se congela con ese aire y se pone rígido.
Aprieta piernas,
Aprieta los brazos,
Aprieta los dientes.
Aprieta todo tu cuerpo y siente el frío.
Deja que salga el aire por la boca mientras ese hielo se derrite y relaja todo tu cuerpo.
Relaja los pies,
Las piernas,
Relaja tu abdomen,
Relaja los brazos,
Relaja todo tu rostro,
En especial los dientes,
Relaja tus ojos y relaja toda tu cabeza.
Una última vez toma el aire profundamente por tu nariz.
Deja salir el aire suavemente por la boca y siente como todo tu cuerpo se encuentra completamente relajado,
Desde los dedos de los pies hasta la cabeza.
Cierra los ojos,
Activa los oídos y deja volar tu imaginación.
Este cuento se llama Pingo el pingüino.
El medita cuento de hoy va dedicado especialmente para Nicole y su mamá Cecilia.
Érase una vez un helado mar en el extremo más lejano de la Antártida,
En donde vivían los pingüinos aletiamarillos.
Estos pingüinos habitaban en el frío más extremo,
Pero habían desarrollado un pelaje especial que los mantenía con calor,
Especialmente alrededor de su pancita,
La cual usaban para deslizarse por el hielo.
Y también tenían un pico suficientemente fuerte para perforar el hielo y poder pescar.
Esta familia de pingüinos aletiamarillos eran todos unos expertos para vivir en condiciones extremas,
Como este gran frío.
Nada les hacía falta.
Tenían comida,
Tenían calor y,
Sobre todo,
Mucho,
Pero muchísimo amor.
La característica principal de estos pingüinos aletiamarillos era que desde muy jóvenes buscaban una pareja con la cual quedarse por el resto de sus vidas.
El amor reinaba en esta colonia de pingüinos y,
En honor a ella,
Todas las noches se reunían a cantar y bailar para celebrar que el amor seguía fuerte entre ellos.
Cada vez que un pingüino se hacía joven,
Todos los pingüinos adultos le comenzaban a dar consejos para que eligieran bien a su pareja.
Así sucedió con Pingu,
Un pingüino muy particular,
Que estaba recibiendo consejos para buscar pareja.
Era muy especial,
Pues sus aletas tenían un color amarillo intenso,
Pero también una de sus patas era amarilla.
Su cuerpo almacenaba demasiada energía y nunca,
Nunca se quedaba quieto.
Se la pasaba deslizándose de aquí para allá,
Inventando nuevas formas de pescar,
Bailando,
Saltando,
Por lo que en realidad los adultos no creían que pudiera conseguir pareja.
Un día,
Pancho,
El papá de Pingu,
Lo invitó a dar un paseo por el extenso hielo.
Caminaron,
Se deslizaron y saltaron hasta llegar a una gran montaña de hielo,
La cual escalaron juntos para llegar a la cima y desde allí ver el inmenso océano.
El mar se extendía hasta juntarse con el cielo.
Era un azul brillante que combinaba perfectamente con el hielo.
A pesar de ese extremo frío,
La belleza de ese paisaje convertía ese lugar en el más cálido de la tierra.
Se quedaron un rato en silencio,
Apreciando todo lo que estaba a su alrededor y luego Pancho comenzó a hablar.
Querido Pingu,
Tengo que confesarte algo.
Cuando yo era joven,
Era igual que tú,
Con una energía que no me cabía en el cuerpo,
Inquieto y curioso,
Lleno de vida y con ganas de recorrerlo todo.
Los demás pingüinos se reían de mí y decían que nunca conseguiría una pareja.
Al principio,
La verdad es que eso no me preocupaba,
Pero la verdad es que a medida que me hice más grande,
Comencé a ver cómo todos mis amigos encontraban el amor y yo seguía solo,
Deslizándome por el hielo.
Me empecé a sentir triste,
Muy triste.
Así que una noche,
En la que las estrellas brillaban con mucha intensidad,
Yo pedí un deseo.
Quería aprender a dominar mi energía.
Esa noche era especial,
Porque las estrellas se comenzaron a alinear,
Formando el rostro de un pingüino en el cielo.
No cualquier rostro,
Era el gran maestro pingüino,
El ancestro del que todos provenimos,
El maestro de maestros.
Y con una gran voz,
Me compartió la clave para dominar mi energía.
Y ahora,
Yo te la voy a compartir a ti.
Por primera vez en muchos años,
Pingü estaba completamente atento a las palabras de su papá.
Todos sus sentidos estaban puestos en la historia que él le estaba contando.
Así que Pancho continuó.
La energía de nuestro cuerpo es una gran fuente de poder.
Si quieres aprender a dominarla,
Podrás usarla para ser creativo,
Para ser fuerte,
Para ser valiente,
En lugar de dejar que ella te domine a ti.
Cierra los ojos.
Concéntrate en el centro de tu pecho.
La energía fluye por todo nuestro cuerpo.
Solo siéntela.
Respira profundo.
Y siente ese río que fluye por tu interior.
Ese río de energía que va desde el centro de tu pecho,
Hasta las aletas,
Hasta tus patas,
Y también hasta tu cabeza.
Fluye por cada rincón del cuerpo.
Y empieza a respirar.
Deja que el aire que entra por tu nariz arrulle el río de tu energía.
Siente cómo se va haciendo más y más suave.
Un río tranquilo que brota desde tu pecho y va a todos los rincones de tu cuerpo.
Respira profundo.
Respira las veces que necesites para que el río de tu energía vuelva a la calma.
¿Ya lo sientes?
Preguntó Pancho.
Pingüí se acostó sobre el hielo y sonrió.
La calma estaba en todo su cuerpo y no tenía ni siquiera ganas de hablar.
Se quedaron unas horas en silencio contemplando el hermoso paisaje y luego suavemente se deslizaron en sus panzas de regreso a casa.
Pingú no volvería a ser el mismo después de ese día,
Pues gracias al amor de su papá había aprendido a calmar su río interior.
Seguía siendo un pingüino inquieto,
Curioso y feliz,
Lleno de energía,
Pero ahora tenía el poder de dominarla y de encontrar la calma cada que lo necesitaba.
Años después,
Pingú encontró su pareja.
¿Y sabes qué fue lo más curioso?
Era una pingüina igual de inquieta que él,
Pero ya juntos encontraron la calma en la respiración.
¡Ah!
Y hasta aquí el meditacuento de hoy.
Por favor,
Cuéntame qué tal te pareció.
Te cuento que este ejercicio de respiración le sirve a los pingüinos,
Pero también nos sirve a nosotros en cualquier situación en la que necesitemos calmar un poco el río de nuestra energía.
Espero que tú hayas disfrutado tanto de esta historia como yo.
Nos escuchamos en un próximo capítulo.
¡Adiós!
Conoce a tu maestro
4.9 (38)
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