
Meditacuento: las Luces del Bosque
¡Hola a todos! Bienvendos a un nuevo capítulo de los meditacuentos, hoy te traigo una historia llena de magia y luz. Acompañame a conocer a luci una pequeña luciernaga que vivie toda una aventura para afrontar sus miedo. Espero que te guste tanto como a mi.
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Medita Cuentos,
Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.
Antes de comenzar no olvides calificar el podcast y seguirlo para que nuestra comunidad siga creciendo.
Vamos con las dedicatorias.
Este Medita Cuento va dedicado especialmente para Gala y su mamá Flor que nos escuchan desde Córdoba,
Argentina.
Para Rodrigo y Felipe y sus papás Paloma y Víctor que nos escuchan desde Argentina.
Para Bauti y su mamá Romina que nos escuchan desde Pilar,
Buenos Aires,
Argentina.
Para Felipe y Sofía y sus papás Belén y Fernando que nos escuchan desde Corrientes,
Argentina.
Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.
Ubícate en una postura cómoda,
En la que puedas tener la espalda derechita,
Que los hombros estén hacia atrás y hacia abajo,
Que tu pecho se encuentre cómodo para que puedas respirar profundo.
Deja que los brazos estén a un costado y cierra suavemente tus ojos.
Vamos a comenzar a hacer un recorrido por todo nuestro cuerpo y a relajarlo a través de nuestra respiración.
Inhala y exhala despacio y suave,
Imaginando que el aire va a los pies y va relajando por completo cada uno de los dedos de los pies,
La planta,
El empeine y el tobillo.
Respira profundo para que se relajen todas las piernas,
Las rodillas,
Las pantorrillas.
Inhala,
Exhala despacio,
Mientras se va relajando todo tu diente y la cadera.
Ve a tu propio ritmo para que tu respiración guíe esta relajación.
Inhala,
Exhala relajando toda la columna vertebral,
La espalda,
La cintura,
El abdomen,
El pecho y en el centro tu corazón.
Regálate ahí una respiración profunda para relajar toda esa zona.
Sigue respirando con suavidad para relajar los hombros,
Los brazos,
Los codos,
Los antebrazos,
Las muñecas,
Las manos,
Cada uno de los deditos de las manos.
Inhala y exhala despacio relajando toda tu cuello y barganta,
Todo el rostro incluyendo la boca,
Los dientes y la lengua,
Los cachetes,
Las orejas,
Las fosas nasales y la punta de la nariz,
Los párpados,
Los ojos,
La ceja,
El entrecejo,
La frente y toda tu cabeza incluyendo tu cabello.
Una última respiración profunda sintiendo como todo tu cuerpo se ha relajado por completo,
Desde los dedos de los pies hasta la cabeza.
Date cuenta de que sólo con la respiración podemos calmar nuestra mente,
Relajar el cuerpo,
Liberar cualquier tensión o preocupación e incluso bajar el ritmo al que palpita tu corazón.
Concentrado y concentrado en tu respiración,
Continúa manteniendo la calma y la tranquilidad.
Mantén los ojos cerrados,
Activa los oídos y deja que huele tu imaginación.
Este medita cuento se llama las luces del bosque.
En lo profundo de un bosque lleno de árboles muy altos y ramas que se entrelazaban vivía una pequeña luciérnaga llamada Lucy.
Era tan pequeña como la uña del dedo meñique pero su corazón era inmenso y estaba llena de mucha curiosidad.
Lucy vivía con su familia en una hoja grande y suave bajo un árbol viejo al que todos llamaban el abuelo roble.
Dormía durante el día.
Dormían tranquilos pero cuando caía la noche era hora de despertar porque las luciérnagas no son como nosotros.
Ellas brillan de noche cuando el mundo se cubre de sombras y los secretos de los bosques comienzan a aparecer.
Pero había algo que Lucy no le había contado a nadie.
Aunque era una luciérnaga le daba miedo la oscuridad.
No por la noche en sí sino por los ruidos de las hojas moviéndose como si alguien caminara.
El crac de las ramas secas quebrándose en la lejanía.
El uuuh del viento que se colaba entre los troncos y sobre todo el uuuh del búho que cantaba desde lo alto.
Cada vez que Lucy oía esos sonidos su pancita se apretaba como una nuez y su luz que normalmente titilaba suave y doraba se apagaba poquito a poquito.
Una noche mientras volaba en silencio se encontró con su abuela una luciérnaga de alas plateadas y luz cálida como el fuego.
¿Por qué no estás brillando esta noche?
Le preguntó.
Lucy bajó la mirada y le confesó.
Es que los ruidos del bosque me dan miedo.
Siento que algo está escondido entre las sombras.
La abuela la miró con dulzura.
¿Sabes qué son esos sonidos?
Son las voces del bosque y cada una tiene su historia.
¿Quieres que te lo muestre?
Lucy asintió y juntas volaron entre los árboles.
Primero escucharon el shhh.
¿Eso?
Dijo la abuela.
Son las hojas saludando al viento.
Les gusta contar lo que ha pasado durante el día.
Luego vino el crack.
Ese es el erizo.
Tiene patas pequeñitas pero pisa con fuerza.
Está buscando las frutas caídas.
Después llegó el uuuh.
¿Es el bosque respirando?
Dijo la abuela.
Igual que tú cuando estás en calma.
Y finalmente el uuuh.
Ese es el búho.
El búho es poeta.
Cada noche canta a la luna y cuenta lo que vio con sus grandes ojos.
Lucy abrió mucho sus alitas y su luz volvió a encenderse titilando suave y confiada.
¿Entonces no hay monstruos?
No mi amor,
Son sonidos y todos tienen un significado y tú con tu luz puedes alumbrarlos y entenderlos mejor.
Mientras volvían a casa escucharon un sonido suave.
Era un pequeño grupo de libélulas bebés acurrucadas bajo una hoja.
¿Están bien?
Preguntó Lucy acercándose despacito.
Una de las libélulas con ojitos llorosos respondió tenemos miedo,
No podemos dormir,
Hay ruidos y todo está muy oscuro.
Lucy miró a su abuelita.
Esta asintió en silencio.
Entonces con una gran respiración Lucy dejó que su luz brillara más fuerte.
La luz no era más grande pero era más cálida como una linterna hecha de cariño.
Todas las libélulas bebés la miraron con curiosidad.
El sonido que escuchas.
¿El que parece un tambor suave?
Preguntó una libélula.
Ese es un sapito cantando con su familia,
Dijo Lucy sonriendo.
¿Y ese otro como si alguien arrastrara hojas?
Es un ratón buscando semillas,
Tiene hambre.
Las libélulas comenzaron a reír bajito imaginando al sapito con su micrófono y al ratoncito yendo de compras.
Sus alitas dejaron de temblar y una de ellas dijo ¿podrías quedarte un ratito más?
Lucy miró su luz que ahora danzaba segura.
Claro que sí,
Mi luz es para compartir.
Y así Lucy aprendió que cuando entendemos los sonidos dejan de darnos miedo.
Que su luz por pequeña que fuera era suficiente para dar calma a las demás.
Desde aquella noche Lucy volaba cada atardecer encendiendo su luz para sí misma y para quien fuese que lo necesitara.
Porque cuando entendió la oscuridad se dio cuenta que no era su enemiga sino un espacio para escuchar con el corazón.
Entonces esos ruidos del bosque ya no le asustaban,
Solo les contaban cuentos como este.
Y hasta aquí el medita cuenta de hoy.
Espero que te haya gustado tanto como a mí,
Y que te dé calma y tranquilidad.
Recuerda que siempre puedes cerrar los ojos,
Respirar profundo y dejar que tu luz brille.
Y que te permita entender quizás esos sonidos o esas formas que aparecen en la oscuridad,
Que no son monstruos ni cosas terroríficas,
Son historias que están ahí para ser contadas y ser escuchadas por quien las quiera oír o las quiera iluminar con su luz propia.
Respira profundo y si tienes miedo también recuerda que puedes llamar a Lucy con tu mente y tu corazón para que te acompañe a descansar.
Yo mientras tanto te deseo dulces y tranquilos sueños.
Conoce a tu maestro
4.9 (22)
Reseñas Recientes
More from Cindy Vanessa Parra
Meditaciones Relacionadas
Trusted by 36 million people. It's free.

Get the app
