
Meditacuento: Grandes Aventureros
Un meditacuento suave y reconfortante que invita a los niños a conectar con su cuerpo a través de la experiencia de sus pies. A lo largo del día, descubrirán cómo sentir, soltar y encontrar calma en lo simple… hasta dejarse llevar hacia un descanso profundo y tranquilo.
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a los Meditacuentos de YoArt,
Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.
Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.
Ubícate en una postura cómoda,
En la que podamos tener la espaldita derecha,
Que los hombros se alejen de las orejas,
Brazos y piernas sueltos a los costados,
Sacúdalos un poco y luego déjalos caer,
Y cierra suavemente los ojos.
Vamos a descansar el día de hoy,
Reconociendo que ya hicimos suficiente,
Que fue un día perfecto tal y como fue.
Empieza haciendo un recorrido por tu cuerpo,
Como si quisiéramos dibujar toda una silueta de nuestro cuerpo,
Empezando por los pies,
Los deditos de los pies,
Las piernas y la cadera,
Y toda esa parte que vamos nombrando se va relajando por completo.
Continúa con todo tu tronco,
La espalda,
El abdomen,
El pecho,
Todo se va relajando por completo.
Ve ahora por los brazos,
Antebrazos,
Manos,
Y cada uno de los dedos de las manos se relajan por completo.
Ve ahora a tu cuello,
A la nuca,
A la cabeza y al rostro,
Pasando por la mandíbula,
La boca,
Los cachetes,
Las orejas,
Pómulos,
Las fosas nasales y la punta de la nariz,
Los ojos,
Los párpados,
Las cejas y el entrecejo,
La frente y todo tu cabello y tu cuero cabelludo,
Y todo el cuerpo,
Desde los dedos de los pies hasta la cabeza se ha relajado por completo.
Y ahora concéntrate en lo que escuchas a tu alrededor,
Busca el sonido más lejano que puedas encontrar,
Quizás son sonidos de carros,
Perros ladrando,
O las personas haciendo sus actividades.
Ahora busca un sonido más cercano,
Como el sonido de mi voz,
El sonido de la música,
O el sonido de tu propia respiración.
Incluso si escuchas bien,
Puedes llegar a imaginar el sonido de tu propio corazón,
Latiendo despacio,
Sosteniendo todo tu cuerpo en completa relajación.
Siente toda tu energía dirigirse a los oídos,
Que han afinado y se escucha,
Siente la sangre que va a los oídos,
Desde el corazón,
Y siente también como tu atención se va a los oídos.
Continúa así,
En completo descanso,
Con los ojos cerrados,
Con los oídos activos,
Y dejando que huele tu imaginación.
Este meditacuento se llama Grandes Aventureros.
Había una vez dos grandes aventureros que vivían muy,
Muy abajo,
Tan abajo que casi nadie los miraba.
No tenían ojos como los de la cara,
Pero veían las cosas de otra forma.
Veían a través de la piel,
Con dedos,
Con cosquillas y presiones suaves.
Sentían el mundo como un mapa lleno de historias.
Cada mañana eran los primeros en tocar el día.
Buenos días,
Suelo.
¿Qué nos tienes hoy?
Primero,
El frío del piso.
Un pequeño escalofrío subía como un mensaje secreto.
Despierta,
El día ya empezó.
Y poco a poco,
Todo el cuerpo despertaba.
Luego,
Llegaba algo suave y calientito que los abrazaba.
Gracias por cuidarnos,
Decían.
Hoy tenemos una misión importante.
Y así comenzaba la aventura.
Caminaban por lugares duros y lisos.
Se quedaban quietos por largos,
Largos ratos.
Y aprendían a esperar,
Pero también a escuchar.
No con oídos,
Sino con vibraciones.
El suelo les contaba historias.
Las risas que rebotaban.
Los pasos apurados.
Los saltos llenos de emoción.
Y cada sensación viajaba hacia arriba.
Como si fueran notas invisibles.
Todo está bien.
Estamos seguros.
Puedes estar tranquilo.
Más tarde,
Llegaba el momento de moverse.
De correr,
De frenar,
De girar,
De saltar.
Se volvían rápidos,
Ligeros y felices.
¡Más rápido!
¡Yo te sigo!
Y así juntos jugaban a volar,
Sin despegarse del suelo.
Pero el mejor,
El mejor momento del día llegaba después.
Cuando ya no había nada cubriéndolos.
Y era entonces cuando el pasto,
Fresco,
Suave y un poquito húmedo llegaba.
¡Oh,
La tierra!
Se hundían despacito,
Abrazando la tierra.
Y cada hoja parecía que se acercaba a ellos y les mandaba mensajes.
Respira.
Relájate.
Estás bien aquí.
Y algo dentro del cuerpo comenzaba a cambiar.
El corazón latía más despacio.
Los hombros se aflojaban.
La mente descansaba.
Porque estos aventureros tenían un secreto.
Son grandes mensajeros.
Cuando sienten el suelo,
Ayudan a encontrar calma.
Cuando tocan la naturaleza,
Ayudan a recordar que todo está bien.
También saben cuando hace frío y cuando hace calor.
Y ayudan a mantener el equilibrio sin que nadie lo note.
Siempre están atentos,
Presentes.
Y al final del día,
Después de tantas aventuras,
Regresan a casa.
Un poco cansados,
Un poco sucios,
Pero muy felices.
Entonces llega un momento especial.
El agua tibia.
El agua que se lleva el polvo y también el cansancio.
Un masaje suave,
Dedito por dedito.
Y sin palabras,
Alguien les dice gracias por hoy.
Gracias por llevarnos a tantos lugares.
Luego limpios,
Se van a descansar.
Se acomodan bajo las sábanas.
Suaves,
Calientitos,
Quietecitos.
Buenas noches.
Y mientras todo el cuerpo se dormía,
Ellos también soñaban.
Soñaban con caminos,
Con risas,
Con tierra,
Con pasto.
Y con todas las historias que aún faltan por sentir.
Porque esos grandes aventureros que viven muy abajo,
Son tus pies.
Y hasta aquí el Medita Cuento de hoy.
Espero que te haya gustado tanto como a mí.
Que me dejes saber si te sorprendió o desde el inicio sabías quiénes eran los protagonistas.
Y que hoy,
Antes de dormir,
Le regales un masajito a tus pies.
En agradecimiento por todas las aventuras que ha vivido.
Por todas las aventuras que te permite vivir.
Y recuerdes que ellos son importantes miembros de tu cuerpo.
Que te ayudan a regular las emociones.
Porque nada mejor que un masajito en los pies.
O que los pies tocando el pasto para llenarnos de calma y tranquilidad.
Por hoy,
Deseo que te vayas a dormir profundamente.
Y que por supuesto tengas dulces sueños.
Conoce a tu maestro
4.9 (7)
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