
Duerme Sin Interrupciones: Meditación del Sistema Nervioso
¿Te cuesta desconectar, te despiertas durante la noche o sientes que tu cuerpo sigue en alerta al acostarte? Esta meditación para dormir profundamente utiliza respiración consciente, relajación e inteligencia somática para ayudar a calmar el sistema nervioso y favorecer el ritmo nocturno natural del cortisol. Una experiencia diseñada para soltar pensamientos, reducir la sensación de estrés y preparar cuerpo y mente para un sueño profundo, reparador y continuo.
Transcripción
Buenas noches.
Soy Alías y hoy te voy a enseñar.
Algo mucho más interesante.
Como dejar que tu cuerpo le comunique a tu cerebro.
Que el día ha terminado.
¿El cortisol es una hormona esencial?
Que ayuda a mantenernos despiertos,
Atentos.
Y preparados para responder.
Su ritmo natural aumenta alrededor del despertar.
Y debería reducir su protagonismo durante la noche.
Pero cuando vivimos demasiado tiempo preocupándonos.
Antecipando o controlando.
El organismo puede llegar a la cama todavía.
En modo vigilante.
Aquí entra lo que llamaremos.
.
.
Inteligencia Somática la capacidad de escuchar conscientemente.
Las señales internas del cuerpo.
Respiración.
Temperatura.
¿latido?
Tensión.
Y utilizarlas para recuperar una sensación?
De seguridad.
Durante esta meditación.
Combinaremos respiración lenta Atención interoceptiva relajación corporal.
Y señales de seguridad?
Para favorecer el descenso.
De la activación nocturna.
¡No vamos!
A perseguir el sueño.
Vamos a crear las condiciones para que el sueño te encuentre a ti.
Y tenga menos razones.
Para abandonarte durante la noche.
Comenzamos.
Colocate.
Cómodamente.
Y antes de hacer absolutamente nada.
.
.
Quiero que comprendas algo.
Hasta ahora has intentado dormir.
Desde la mente.
Has intentado dejar de pensar.
Has intentado relajarte.
Has intentado obligarte a no preocuparte.
¿Has mirado la hora?
Has calculado.
¿Cuánto tiempo te queda para dormir?
Y posiblemente sin darte cuenta.
Has convertido el descanso.
En otra tarea que debes conseguir.
Pero el sueño no funciona así.
El sueño aparece cuando algo mucho más antiguo que tus pensamientos recibe una señal muy sencilla.
La de que ya puedes.
Dejar de vigilar.
Esta noche vamos a trabajar desde ahí.
No desde el pensamiento hacia el cuerpo.
Sino desde el cuerpo hacia la mente.
Eso es inteligencia somática.
Cuerpo está enviando información a tu cerebro.
Constantemente.
La presión del colchón bajo tu espalda.
La temperatura de tus manos.
El movimiento de tu abdomen.
La tensión de la mandíbula.
El ritmo de tu respiración.
El contacto desde la sábana con tu piel.
Y ahora vamos a utilizar esas señales conscientemente.
No para controlar el cuerpo.
Sino para recordarle algo que.
.
.
Quizá ha olvidado durante las últimas horas.
Que este momento.
No es una emergencia.
Cierra suavemente los ojos.
Y siente primero.
El peso.
Nada más.
Siente el peso.
No cambies la respiración todavía.
Siente el peso de tu cabeza.
Sobre la almohada.
El peso de los hombros.
Ahora el peso de la espalda.
El peso de la pelvis.
El peso de las piernas.
Permite que la gravedad haga algo que durante todo el día ¿Has hecho tú?
Sustenerte.
Durante las próximas horas.
No necesitas sostenerlo todo.
La cama puede sostener.
La noche puede sostener.
Este momento.
Y la vida puede seguir existiendo.
Durante unas horas sin que tú tengas que supervisarla.
Respira.
Muy suavemente.
Inhala por la nariz.
Sin llenar demasiado los pulmones.
Ahora exhala.
Un poco más de espacio.
Otra vez.
Inhala… Y ahora deja que la exhalación sea tranquila.
Larga.
Cómoda.
No cuentes si contar te mantiene demasiado despierto.
Solo siente una pequeña diferencia.
El aire entra.
Y el aire sale un poco más lentamente.
Eso es suficiente.
¿Tu misión esta noche?
No es reducir el cortisol con la fuerza.
Cuanto más luchamos contra nuestro estado interno,
Más fácilmente podemos convertirlo.
En una amenaza.
El cortisol no es tu enemigo.
Ha intentado ayudarte.
Te ha permitido responder.
Resolver.
Recordar.
Antecepar.
Moverte.
Protegerte.
Pero aquello que fue útil durante el día.
Ya no necesita dirigir la noche.
Así que imagina que dentro.
.
.
De tu cuerpo.
Existe un centro de control nocturno.
No necesitas saber dónde está.
Sólo imagínalo.
Durante el día había muchas luces encendidas.
Atención.
Decisiones.
Problemas.
Conversaciones.
Pendientes.
Expectativas,
Recuerdos.
Preocupaciones.
Pero ahora.
.
.
Una a una.
Esas luces pueden comenzar a perder intensidad.
No los apagues de golpe.
Simplemente.
Bájalas.
Como cuando disminuyes lentamente la iluminación.
De una habitación.
Primera luz.
Lo que ocurrió hoy.
Baja su intensidad.
Ya ocurrió.
No necesitas reproducirlo.
Para que termine.
Segunda Luz lo que podría ocurrir mañana.
Baja su intensidad.
Mañana todavía no está aquí.
Tercera Luz lo que otras personas piensan de ti.
Baja su intensidad.
Esta noche no tienes que defender ninguna imagen.
Cuarta Luz lo que todavía no has solucionado.
Déjalo donde está.
El problema puede permanecer.
Sin resolver.
Durante unas horas.
Sin que tú tengas que permanecer.
Despierto despierta junto a él.
Respira.
Y nota ahora tu mandébula.
No intentes relajarla completamente.
Solo pregunta.
Podría estar un 5% más suelta.
Eso es todo.
5% Siente la lengua descansando.
Dentro de la boca.
Suaviza los músculos.
Alrededor de los ojos.
Permite que la frente se usa antes.
Deja caer ligeramente los hombros.
Y ahora observa algo curioso.
¿No has tenido que convencer a tu cuerpo de nada?
Has cambiado pequeñas señales.
Y el cuerpo ha empezado a recibir.
Información diferente.
Esta es la primera clave.
Del reseteo.
Que la seguridad no siempre comienza.
Como un pensamiento.
A veces comienza como una sensación.
¿Ahora lleva tu atención?
Al abdomen.
Pon una mano allí.
Si te resulta agradable.
Siente cómo se mueve al respirar.
No necesitas hacer una respiración enorme.
Solo permite que el abdomen Tenga permiso.
Para moverse.
Y nota ahora una pequeña expansión.
Exhala.
Y siente cómo desciende.
Y nada.
Estoy aquí.
Exhala.
No hay nada que resolver ahora.
Y nada.
Estoy aquí.
Excel.
Puedo soltar.
Muy bien.
Ahora quiero que hagamos algo distinto.
En lugar de buscar.
¿Dónde estás relajado?
Vamos a buscar dónde tu cuerpo.
.
.
Ya se siente seguro.
Quizás sea una zona diminuta.
Las manos.
Los pies.
Los labios.
El pecho.
El abdomen.
Una pierna.
Busca un lugar que no necesite defenderse de nada.
En este instante.
Y cuando lo encuentres.
Quédate ahí unos segundos.
Ese lugar es importante.
Porque tu sistema nervioso.
No necesita que todo tu cuerpo.
Esté perfectamente relajado.
Puede comenzar con una pequeña isla de seguridad.
Siente esa zona.
Quizá esté tibia.
Quizá pesada.
Quizá simplemente neutral.
No tiene que sentirse maravillosa.
Son lo seguro.
Y ahora imagina que esa sensación empieza a extenderse.
Muy lentamente.
Como una gota de tinta disolviéndose.
En agua.
No empuja.
No conquista.
No lucha contra la tensión.
Sólo ocupa.
Más espacio.
Y aquí aparece una segunda clave.
Que no necesitas expulsar la tensión.
Para encontrar paz.
Puedes dejar de combatirla.
Quizás has pensado alguna vez.
.
.
Cuando desaparezca mi preocupación.
Estaré en paz.
Pero esta noche.
.
.
Vamos a invertir la frase.
Permitimos la paz.
Y dejamos que la preocupación Decida.
Si todavía necesita quedarse.
Porque aquello contra lo que dejas de luchar.
Muchas veces deja también.
De luchar contigo.
Respira.
Hay algo dentro de ti.
Que puede observar una preocupación.
Sin convertirse en ella.
Puede observar una sensación.
Sin temerla.
Puede observar.
Un pensamiento.
Sin obedecerlo.
Oye ese espacio silencioso.
Sigue intacto.
Aunque hoy hayas tenido un mal día.
Aunque hayas cometido errores.
Aunque alguien te haya decepcionado.
Aunque tengas.
Incertidumbre.
Aunque mañana haya asuntos importantes.
Ese espacio silencioso sigue intacto.
Nada de eso puede entrar completamente.
En este instante.
Te lo traiga.
¿Y si lo trae?
No pasa nada.
Lo dejamos pasar.
Pensamiento.
Imagen.
Recuerdo.
Pensamiento.
Y vuelve al cuerpo.
La almohada.
La temperatura.
La respiración.
Tu peso.
Este instante.
Eso es inteligencia somática.
Cuando la mente intenta viajar hacia.
.
.
Un peligro imaginado?
El cuerpo le recuerda dónde estás realmente.
Prosperando.
Sostenido.
Sostenida.
Sin tener que correr.
Sin tener que responder.
Sin tener que demostrar.
Ahora escucha internamente.
Mi cuerpo puede abandonar.
La vigilancia.
Respira.
Mi cuerpo puede abandonar.
La vigilancia.
Mi noche no necesita continuar mi día.
Respira.
No tengo que controlar el sueño.
Puedo permitir que el sueño ocurra.
Mientras permaneces aquí.
Imagina que el reloj químico de tu organismo comprende poco a poco.
Que ha llegado la noche.
La activación puede descender.
Los músculos pueden reducir su vigilancia.
La respiración puede hacerse.
Más silenciosa.
El corazón no necesita apresurarse.
Y el cortisol puede seguir el ritmo nocturno.
Que le corresponde.
Sin que tengas que ordenárselo.
No lo estás forzando.
¿Estás retirando señales innecesarias?
De alarma.
Como quien deja de alimentar un fuego.
Y permite que vaya disminuyendo.
Por sí mismo.
Muy bien.
Ahora siente todo tu cuerpo.
De una sola vez.
No partes.
Tu cuerpo entero descansa sobre la cama.
Y pregúntate ¿Qué ocurriría?
Si durante esta noche.
.
.
No tuviera que protegerme de mis propios pensamientos.
No busques una respuesta.
Deja que la pregunta desaparezca.
Quizá la verdadera paz.
No sé aconseguir que nunca parezca un pensamiento.
Quizás sea descubrir que ningún pensamiento tiene poder para separarte.
De la quietud que existe debajo de él.
Belleza que tú.
.
.
Ya está aquí.
No tienes que crearla.
Sólo deja.
De cubrirla.
Respira una vez más.
Y al exhalar.
Permite que algo dentro de ti indiga.
Es suficiente.
Suficiente pensar.
Suficiente intentar.
Suficiente anteceparlo.
Suficiente controlar.
El día ha terminado.
Tu cuerpo ha recibido la añal.
¿Y ahora?
Vamos a enseñarle a permanecer en ella.
Ya no necesitas hacer tanto.
De hecho.
A partir de este momento.
Cuanto menos intentes dormir.
Más espacio le das al sueño.
Para aparecer.
Tu respiración puede encontrar.
Su propio ritmo.
Saber respirar.
Sin que tú lo vigiles.
Tu corazón sabe latir.
Tu sistema nervioso.
Sabe regularse.
Y mientras tú descansas.
Millones de procesos continúan silenciosamente.
Dentro de ti.
Ahora imagina.
Tu cuerpo entra en una especie de.
.
.
Moda nocturna.
Como si lentamente disminuyera el brillo de una pantalla.
Menos actividad.
Menos vigilancia.
Menos necesidad de responder.
Y cada vez que exhales.
Repite internamente.
Ya terminó.
Ya terminó este día.
Ya terminaron las conversaciones.
Ya terminaron las decisiones.
Ya terminó la necesidad de comprenderlo todo.
Ya terminó.
Excel.
Ahora lleva tu atención.
Al centro del pecho.
Siente simplemente que estás aquí.
Quizá puedas percibir el corazón.
Quizá no.
No importa.
Imagina que derde el pecho.
Comienza a extenderse una sensación tibia.
Hacia los hombros.
El abdomen.
La espalda.
Las piernas.
Hasta llegar a los pies.
Una señal silenciosa recorriendo todo tu organismo.
Estamos a salvo.
Estamos a salvo.
No necesitas.
Saber si el cortisol está bajando.
No necesitas medir nada.
¿Tu trabajo termina aquí?
El resto.
.
.
Pertenece a la sabiduría automática del cuerpo.
Porque durante el sueño.
.
.
Tu organismo sabe cambiar de estado.
Sabe reparar.
Saber reorganizar.
Sabe descansar.
Déjalo trabajar.
Y si durante la noche despiertas.
.
.
Recuerda esto.
Despertar unos instantes no significa.
Que hayas perdido el sueño.
No conviertas un pequeño despertar.
En una alarma.
No mires inmediatamente la hora.
No preguntes.
Porque estoy despierto.
Regresa simplemente al cuerpo.
Siente la almohada.
Siente el peso.
Siente una exhalación lenta.
Nada ha salido mal.
Mi cuerpo sabe volver a dormir.
Esa será tu señal.
No lute.
No miedo.
No analices.
Solo regreso.
Porque cuanto menos significado.
Damos al despertar.
Menos combustible recibe la vigilancia.
Ahora siente como todo tu cuerpo.
Pesa un poco más.
Los párpados pesan.
La mandévola.
Los hombros pesan.
Los brazos.
El abdomen.
Las piernas.
Ya no tienes que ir a ninguna parte.
No tienes que convertirte en nadie.
No tienes que demostrar tu valor.
Hay una parte de ti.
Que permanece intacta debajo.
De todas las preocupaciones.
Una parte que no necesita resolver el futuro.
Para sentirse en paz.
Una presencia tranquila.
Que simplemente observa.
Y permite.
Quédate ahí.
En esa presencia tranquila.
Y escucha estas palabras en esfuerzo.
Estoy a salvo ahora.
El día ha terminado.
Mi cuerpo sabe descansar.
Puedo soltar el control.
Puedo confiar.
En este momento.
No puedo dormir.
¿Y si aparece un pensamiento?
Déjalo cruzar.
No eres ese pensamiento.
Si aparece una preocupación.
Déjala pasar.
No tienes que seguirla.
Esta noche.
No eres quien resuelve.
No eres quien controla.
No eres quien anticipa.
Esta noche.
Simplemente eres.
Respirando.
Descansando.
Soltando.
Y mientras mi voz empieza a importar cada vez menos.
De que el sueño se acerque.
Sin perseguirlo.
Sin comprobar si está llegando.
Como una ola que sabe perfectamente.
¿Cuándo alcanzar la orilla?
El cuerpo ya recibió el mensaje.
No hay nada que hacer.
Nada que vigilar.
No hay nada que conseguir.
Sólo descansar.
Por hoy.
Todo está bien.
Pero hoy todo puede esperar.
Ahora estoy en paz.
Buenas noches.
Conoce a tu maestro
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