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Meditacuento: La Luz de Simón

by Cindy Vanessa Parra

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Puntuación
5
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
23

Simón es un pequeño cucuyo que recién comienza a descubrir el mundo. Mientras aprende a volar, encender sus luces y encontrar su lugar en la escuela, vive una experiencia que le deja una profunda tristeza. Sin entender por qué se siente tan herido, Simón guarda el dolor en silencio hasta que finalmente se atreve a hablar con mamá. Un meditacuento sensible y reconfortante sobre el rechazo, la autoestima, la validación emocional y la importancia de recordar nuestro valor incluso en los momentos más difíciles.

Transcripción

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Meditacuentos,

Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.

Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.

Ubícate en una postura cómoda,

En la que puedas tener la espaldita derecha.

Aleja los hombros de las orejas.

Deja que tus brazos estén sueltos y descansados a los costados,

Igual que las piernas,

Y cierra suavecito tus ojos.

Comienza a notar cómo está tu cuerpo el día de hoy.

Vamos a hacer un recorrido por todo el cuerpo.

Pensando en esa parte del cuerpo que yo mencioné.

Sin necesidad de moverla,

Solamente piensa en ella.

Comienza en el dedo pulgar de tu mano derecha.

Dedo índice,

Dedo medio,

Anular y meñique palma de la mano,

Dorso,

Muñeca.

.

.

Antebrazo,

Codo,

Brazo.

Hombro,

Axila.

Costilla de tu lado derecho.

Cadera.

Pierna derecha,

Rodilla PANTORRILLA tobillo,

Talón Planta y pinta.

Dedo gordo de tu pie derecho.

Segundo dedo,

Tercer dedo,

Cuarto dedo y quinto dedo dedo pulgar de tu mano izquierda.

Dedo índice,

Dedo medio,

Anular y meñique Palma de la mano,

Dorso.

Muñeca de tu mano izquierda.

Antebrazo,

Codo brazo,

Hombro izquierdo,

Axila,

Costillas del costado izquierdo Cadera.

Pierna izquierda,

Rodilla.

Pantorrilla,

Tobillo Talón en peine.

Planta del pie izquierdo dedo gordo,

Segundo dedo,

Tercer dedo,

Cuarto dedo y quinto dedo lleva tu atención ahora hacia la parte de atrás de tu cabeza esa que está en contacto con la cama o la superficie en la que te encuentras.

Hombro derecho,

Hombro izquierdo,

En el centro toda la columna vertebral Cadera derecha,

Cadera izquierda.

Pantorrilla derecha,

Pantorrilla izquierda,

Talón derecho,

Talón izquierdo ahora lleva tu atención a la coronilla la parte más alta de la cabeza a la frente.

Ceja derecha,

Ceja izquierda y el entrecejo párpado derecho,

Párpado izquierdo oreja derecha,

Oreja izquierda cachete derecho,

Cachete izquierdo fósanas a la derecha,

Fósanas a la izquierda y punta de la nariz.

Labio superior,

Labio inferior.

El mentón el cuello el pecho.

En el centro de tu corazón.

El abdomen y todos los órganos que están allí.

El viento.

Y siente.

Cómo el pensar en todas estas partes de tu cuerpo ha hecho que te relajes por completo.

Ha hecho que baje la velocidad que trae a tu corazón y tu respiración.

Echa incluso que baje la velocidad de los pensamientos y puedas prestar más atención,

Estar más concentrada o concentrada.

Mantén esa sensación de calma y tranquilidad.

Continúa con tus ojos cerrados Activa muy bien tus oídos para la siguiente historia.

Y deja que vuele tu imaginación.

Este meditacuento se llama La luz de Simón.

Había una vez.

.

.

Un pequeño cucuyo llamado Simón.

Que apenas empezaba a descubrir el mundo.

Sus pequeñas luces acababan de aprender a encenderse.

Y todo lo que había a su alrededor le parecía enorme.

Mágico y a veces también un poquito aterrador.

El bosque nocturno estaba lleno de sonidos nuevos,

Como el canto de los grillos,

Las hojas que se movían con el viento.

Los sapitos que conversaban junto al río.

Y el brillo lejano de otros cucullos que volaban en los árboles.

Simón observaba todo con sus ojos bien abiertos,

Con mucha atención y mucha curiosidad.

Simón empezó a ir a la escuela,

Como lo hacían todos los cucullos recién nacidos.

Allí aprendía muchas cosas.

A mover sus alas sin tropezar.

A encontrar el camino de regreso a casa.

A reconocer qué plantas podía comer y cuáles debía evitar.

Y también cómo encender sus luces durante la noche.

A Simón le gustaba mucho aprender.

Aunque a veces sentía nervios y otras veces se equivocaba.

Siempre quería aprender.

Así sus alas terminarán cansadísimas en la noche.

Pero resulta que había algo que nadie le enseñaba en la escuela.

Algo que no venía en ningún libro.

Y algo de lo que nunca había hablado la maestra.

Que hacer cuando uno se siente solo.

¿Qué hacer cuando uno siente que lo rechazan o que no encaja?

Y eso fue lo que justamente descubrió Simón un día que jamás pudo olvidar.

Era apenas su primera semana en la escuela,

Cuando la maestra llegó llevando una gran canasta de semillas y otra llena de hojas de colores.

Vamos a hacer una actividad dijo sonriendo.

Quiero que cada uno encuentre una hoja bonita,

Una del bosque,

De las que están aquí,

Y luego se la va a regalar a un compañero.

Todos los pequeños cucullos salieron corriendo emocionados.

Y empezaron a buscar.

Simón también.

Él buscó muchísimo.

Y entonces empezó a revantar raíces húmedas,

Hojas secas,

Ramas,

Todo lo que la maestra había llevado.

¡Hasta que por fin encontró!

Una pequeña hoja de color dorado que le pareció perfecta.

La llevo con mucho cuidado entre sus patitas.

Y comenzó entonces un revoloteo de alas y hojas que iban y venían,

Porque todos estaban intercambiando hojas.

¡Para ti!

¡Gracias!

¡Mira,

Encontré esta!

Todo el salón parecía lleno de felicidad.

Simón sonreía emocionado y él también voló para entregarle su hoja al cucuyo que siempre se sentaba a su lado y después volvió rapidito a su asiento.

Y espero.

Espero muy feliz,

Pensando que pronto alguien también le regalaría a él una hoja.

Pero poco a poco el revoloteo comenzó a detenerse.

Los cucullos regresaron a sus lugares.

Cada uno abrazaba su hoja feliz y comentaba con los demás.

Pero Simón no recibió nada.

Nadie le dio una hoja.

Él se quedó en silencio.

Algo se atravesó en su pecho.

Quiso llorar muchísimo,

Pero se aguantó.

Se quedó quietecito,

Solo miró sus patitas y trató de fingir que no pasaba nada.

Lo más triste es que nadie pareció notarlo.

Y aquella noche,

Mientras volaba de regreso a casa,

Sus luces apenas se titilaban.

Los días siguieron pasando y en la escuela aprendían a volar.

Rutas muy largas.

Aprendían sobre las flores que solo se abren de noche y sobre el bosque.

Pero Simón descubrió que había algo que no estaban comentando en ninguna materia ni en ningún libro.

Nadie le explicaba qué hacer con eso que él sentía.

Nadie le enseñaba a aliviar esa tristeza que había en su corazón.

Por no haber sido elegido.

Y aunque seguía jugando,

Y aunque seguía hablando con sus compañeros,

Y aunque también a veces se reía,

La herida se queda escondida en medio de su pecho.

Buenas noches.

En casa,

Mientras mamá acomodaba unas hojitas suaves para dormir.

Simón no pudo más y le comentó a su mamá.

Mamá,

Creo que hay algo malo en mí.

De inmediato,

Su mamá dejó de acomodar las hojas y lo abrazó con mucha ternura.

¿Por qué dices eso,

Pequeño?

Y Simón le contó todo.

Les contó sobre la actividad,

La hoja dorada,

La espera,

El silencio y el dolor.

Y su mamá lo escuchó sin interrumpirlo.

Sin apurarlo ni decirle,

Eso no es para tanto.

Solo lo escucho.

Y cuando Simón terminó,

Ella acarició despacito sus alas.

Ay,

Simón,

Lo que sentiste sí duele.

Sentirse rechazado puede doler muchísimo.

Y a veces duele tanto que creemos que ese dolor habla de quienes somos,

Pero no es verdad.

Entonces,

¿no significa que nadie me quiere?

Le preguntó Simón.

Claro que no.

Que ese día nadie te haya dado una hoja no significa que no seas importante,

Ni querido,

Ni especial.

¿Recuerdas cómo juegas con Tomás en el recreo?

¿Recuerdas cómo Luna siempre se ríe contigo?

¿Recuerdas todo lo que te amamos papá y mamá?

Simón solo miraba.

Ese momento había sido muy triste.

Pero no era un momento para toda la vida,

No era toda su historia.

Entonces mamá continuó.

A veces los demás se distraen o no notan las cosas,

Y aunque eso no quita que te dolió muchísimo,

Tampoco significa que estés destinado a sentirte solo o rechazado.

Las luces de Simón empezaron a encenderse despacito.

Nunca confundas un momento triste con tu verdadero valor.

Simón apoyó la cabeza sobre mamá.

Y por primera vez desde ese día tan triste,

El dolor en su pecho se comenzó a sentir un poquito más liviano.

Y esa noche,

Mientras el bosque sonaba con sus ruidos naturales,

Como el sonido de los grillos y el moverse de las hojas.

Simón sentía un poquito de consuelo en su corazón.

Porque sabía que seguirían existiendo momentos que le dolerían.

Pero que ningún rechazo iba a apagar su luz,

Porque su luz vivía adentro de sí,

Protegida por su amor propio y el amor de los seres que tenía cerca.

Porque la luz no dependía de cuántas hojas recibía,

Ni de cuántos lo miraran o los eligieran primero.

La luz seguía estando allí,

Paciente y lista para brillar.

Y hasta aquí el meditacuento de hoy.

Deseo que les haya gustado tanto como a mi.

Y si alguna vez tú has vivido una experiencia triste como la de Simón,

Te mando un abrazo fuerte.

Y te recuerdo que esos momentos tristes son sólo un momento.

Que sí tienen todo su valor,

Que sí pueden ser tristes y podemos sentirnos mal y llorar,

Pero que no definen por completo toda nuestra vida.

Que a veces hay momentos incómodos que pasan,

Pero que nuestra luz está protegida en el centro de nuestro corazón.

Llena de amor,

Del amor que nos tenemos nosotros,

El amor que nos tiene nuestra familia,

Nuestros amigos y que no se apaga.

Incluso si es que peleamos con alguno de ellos,

No se va a pagar.

Seguirá ahí brillando siempre.

Y hoy te deseo que tengas dulces y profundos sueños.

Y que se aparezcan en tus sueños esas lucecitas brillantes de los cucullos.

© 2026 Cindy Vanessa Parra. All rights reserved. All copyright in this work remains with the original creator. No part of this material may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, without the prior written permission of the copyright owner.

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