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Meditacuento: La Cuna de la Luna

by Cindy Vanessa Parra

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Puntuación
5
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
113

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de los meditacuentos. El día de hoy nos adentraremos en una aventura por el espacio para conocer cómo la luna se resiste al descanso por no querer dejar la Tierra en oscuridad.

Transcripción

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Medita Cuentos.

Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.

Ubícate en una postura cómoda en la que puedas tener la espaldita derecha.

Que los hombros estén alejados de tus orejas,

Brazos sueltos y relajados a los costados igual que las piernas y suavecito,

Cierra tus ojos.

Comienza a sentir cómo está tu respiración.

Y a medida que inhalas y exhalas Vas a ir imaginando que tu cama el sofá o la superficie en la que estás se va transformando.

Imagina que lentamente va tomando forma de nube.

Se va volviendo más suave,

Acolchado Pachoncito.

Y va tomando ese color blanco de las nubes Tu cuerpo está ahí completamente relajado.

Y esa nube lentamente se comienza a elevar hacia el cielo.

Y va relajando tu cuerpo.

Tus pies y tus piernas se relajan y flotan.

No pesan nada.

Su cadera y el vientre se relajan y flotan.

No pesa nada.

Toda la columna y la espalda se relaja.

Todo el pecho y el abdomen se relaja por completo y flota.

Y no pesa nada.

Los hombros y los brazos se relajan.

Las manos,

Las muñecas y cada uno de los dedos de las manos se relajan por completo.

Y no pesa nada.

Toda tu cabeza y todo tu rostro se relaja y no pesa nada.

Y sientes como desde los dedos de los pies hasta la cabeza.

El cuerpo flota.

Ligero como si no pesara nada.

Pero va seguro y segura flotando en esa nube que te sostiene.

Que te abriga.

Que te acompaña.

Y sigues subiendo tan alto,

Tan alto,

Que llegas al espacio.

Acompañado de todos los planetas.

De las estrellas de las galaxias enteras.

Sientes completa calma y tranquilidad.

Tu corazón está en paz.

Estás completamente a salvo.

Conserva esa sensación de calma y tranquilidad.

Cierra los ojos,

No los abras durante la historia.

Y continúa imaginando que te encuentras en el espacio.

Activa los oídos.

Y deja que vuele.

Tu imaginación.

Este meditat cuento se llama la cuna de la luna.

Había una vez un inmenso manto oscuro tan grande,

Tan grande,

Que nadie había podido medir.

Y ese manto tan grande era hogar para miles y miles y miles de cuerpos del universo.

¿En dónde vivía?

Una esfera grande y de color plateado llamada Luna.

La luna era guardiana de la noche.

Y su trabajo era muy importante.

Pues servía como una lámpara gigante para que la tierra no estuviera completamente a oscuras.

Cuando el sol se iba a dormir.

Pero claro,

Llevar tanta luz cuesta y cansa un montón.

A la Luna le pesaban los cráteres.

Bostezaba y se tragaba las estrellas.

Y a veces,

De tanto sueño,

Se tropezaba con meteoritos que estaban pasando por allí.

Estaba muy agotada.

Pero también era muy terca.

Si me duermo de golpe y apago la luz,

La Tierra se va a asustar.

Pensaba ella y se frotaba sus ojitos de plata.

¡Buen día!

Tan agotada que estaba decidió hacer algo.

Entonces se salió un ratito de su órbita,

Es decir,

Ese camino que siempre hacía.

Y empezó a emprender una pequeña aventura.

Quería un buen consejo.

Así que comenzó a rodar despacio por todo el espacio y se cruzó primero con un cometa muy travieso.

Que,

Por supuesto,

Iba a toda velocidad.

Despeinando todo a su alrededor.

¡Eh,

Tú!

Le gritó la luna.

¿Cómo le haces para descansar?

¡Yo no descanso!

¡Yo viajo!

Le respondió el cometa riéndose a carcajadas y desapareciendo en un segundo.

La luna suspiró.

Eso no ayudaba para nada,

De hecho la había cansado bastante porque trató de perseguirla.

Entonces,

Siguió rodando con su luz pesada.

Hasta que en un rinconcito se encontró a la vieja Vía Láctea.

Era como una abuela amable.

Tejida con polvo de estrellas,

Que estaba plácidamente recostada en el infinito.

Señora Bia,

Le dijo la luna.

Tengo mucho sueño.

Mis mejillas blancas ya no pueden brillar más.

Pero si me duermo,

¿quién cuidará de la noche?

La vía láctea entonces soltó una risita suave.

Y la arropó con un pedacito de una nube cósmica.

Mi niña redonda.

Nadie puede brillar todo el tiempo,

Ni siquiera el sol,

Por eso se esconde detrás de las montañas.

El secreto es que no te apagues de un soplido.

Es que aprendas a taparte con la cobijita de la noche.

Poquito a poquito.

La luna estaba tan cansada que pensar en una cobija le pareció una idea fascinante.

Y esa misma noche bostezó profundo y jaló un poquito de la cobija sobre su cara.

Cubrió solamente un lado de su mejilla.

Que hazle y vio el que sintió.

Sintió que esa parte de su cuerpo se relajaba por completo.

Y desde la tierra la gente comenzó a mirar.

Esto es novedoso y gritón.

¡Miren!

¡La luna está en cuarto menguante!

¿Cómo la Luna se sintió tan bien?

¡Hasta el siguiente día!

Decidió hacer lo mismo.

Y con el paso de los días se atrevió a jalar un poquito más su cobija.

Ahora dejó asomada solamente una rayita de luz,

Como si fuera una sonrisa.

Y se sentía ligerita,

Lista para soñar.

Finalmente pasó el tiempo y pasó el tiempo.

Y la luna con confianza agarró toda la cobija.

Se cubrió por completo y cerró los ojos.

Esa noche todos en la tierra la llamaron Luna Nueva.

Porque ella durmió.

Soñó y soñó con mareas suaves,

Con barcos de papel,

Con osos que hibernaban.

Y descubrió algo hermoso cuando despertó.

Que en la Tierra nadie había tenido miedo.

¡Al contrario!

Como estaban tan oscuras,

Esa noche los niños durmieron más profundo y las estrellas más pequeñitas aprovecharon a brillar y lucirse y que todos en la tierra las reconocieran.

Cuando la Luna por fin descansó lo suficiente,

Empezó a desesperezarse.

Y de nuevo empezó a bajar despacito su cobija.

Primero asomando un cuernito de luz Luego asomo medio cachete.

Hasta que por completo se quitó la cobija y volvió a mostrarse redondita como era,

Radiante y llena de luz,

Para jugar de nuevo a ser el faro en la noche de la tierra.

Desde entonces,

La Luna vive mil aventuras cada mes.

Y se acuerda siempre de ir descansando de a poquito.

Eso recuerda a todos en la Tierra.

Que cuanto más queramos brillar o jugar.

Es cuando más importante es descansar.

Y hasta aquí el meditacuento de hoy,

Espero que lo hayas disfrutado tanto como yo.

Y que hayas aprendido un poco de la luna.

Y que reconozcas cuando está en todas esas fases en las que nos va mostrando solo un cachete o solo un cachito de su luz,

O esas noches en las que nos regala toda su luz.

Yo te invito a que tú hoy practiques el descanso y despacito vayas cerrando los ojos a la mitad .

.

.

Un cachito.

.

.

Y que ahora los cierres por completo.

Y que descanses profundo,

Porque recuerda que para poder jugar y brillar mucho mañana,

Tienes que descansar mucho hoy.

Y por supuesto que yo te deseo dulces sueños.

© 2026 Cindy Vanessa Parra. All rights reserved. All copyright in this work remains with the original creator. No part of this material may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, without the prior written permission of the copyright owner.

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