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Meditacuento: El Gigante de los Anillos

by Cindy Vanessa Parra

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Puntuación
4.8
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
111

Hola a todos y bienvenidos a los meditacuento, esta vez nos adentraremos en el gran e infinito espacio para conocer a un gigante presumido. Él siempre está luciendo un gran accesorio, sonrie y da vueltas luciendo su belleza, pero todos necesitan descansar, incluso los más grandes, acompañalo a descubrir como descansar sin cambiar su entorno.

Transcripción

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Meditacuentos,

Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.

Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.

Ubícate en una postura cómoda en la que puedas tener tu espaldita derecha.

Que alejes los hombros de las orejas,

Brazos y piernas sueltos y relajados y en el que puedas cerrar.

Con una respiración profunda tus ojitos.

Reconoce cómo está tu cuerpo el día de hoy.

Cómo se siente hoy todo tu cuerpo.

Y a través de la respiración comienzas a imaginar que va entrando el aire.

Y va inflando cada una de las partes de tu cuerpo.

Como si fueran globos.

Empezando por los deditos de los pies las plantas de los pies y los empeines.

Y esos globos se inflan y se van elevando porque se vuelven muy ligeros Sigue respirando despacio para llenar ahora todas tus piernas,

Rodillas,

Muslos y caderas.

Y sientes toda la parte inferior de tu cuerpo ligera.

Como un globo que se va elevando hacia el cielo.

Continúa respirando y llena de aire todo tu vientre,

Tu abdomen.

La espalda en todo su largo el pecho y en el centro tu corazón.

Y siente todo tu torso inflarse y elevarse hacia el cielo.

Continúa respirando y llena de aire ahora los dedos de las manos,

Las palmas de las manos.

Las muñecas,

Los antebrazos.

.

.

Los codos,

Los brazos.

.

.

Los hombros y las axilas.

Y siente que el aire las hace flotar,

Las hace sentir ligeras.

Continúa respirando para inflar también todo tu cuello y garganta,

Todo tu rostro y toda tu cabeza.

Y sientes tu cuerpo completo lleno de aire.

Suave y ligero.

Con la capacidad de flotar.

Y de elevarse hasta el cielo.

Cerca de las nubes.

Cerca de las estrellas y de la luna.

Y esa ligereza.

Y el poder flotar te da mucha calma y tranquilidad Te da seguridad y paz.

Todo tu cuerpo flota sin dolor,

Sin molestias,

Nada pesa.

Nada incomoda.

Sigue ahí sintiéndote acobijado por las nubes a tu alrededor.

Sintiéndote segura,

Seguro y a salvo.

Conserva esta sensación de calma y tranquilidad que te da ser un globo.

Mantén los ojos cerrados,

Activa los oídos y deja que vuele tu imaginación.

Este meditacuento se llama El Gigante de los Anillos.

Érase una vez.

Un universo lleno de vida.

Infinito,

Como sólo el universo puede serlo.

Hogar de estrellas,

De cometas y de muchos planetas.

Y era también el hogar.

De alguien que vivía por allá en el fondo.

Mucho más allá del cinturón de asteroides.

Un gigante bonachón llamado Saturno.

Era un planeta muy especial.

Que a diferencia de lo que muchos podrían pensar,

No estaba hecho de rocas.

ADA.

Eternamente de nubes,

De gas y de suspiros estelares.

Aunque era gigante,

Era tan ligero que si el universo estuviera hecho de agua,

Él sería un patito de bule flotando.

Saturno era el planeta más presumido de todo el vecindario.

Porque llevaba puesto el accesorio más hermoso que hubiera visto se jamás.

Parecía una falda.

En realidad era como un anillo gigante.

Y lleno de brillo.

A simple vista,

Parecía que fuera una sola pieza,

Una pieza lisa y perfecta.

Pero si te acercabas a verlo de cerca.

.

.

Podías apreciar.

Que en realidad eran millones y millones de cristales de hielo brillantes y pequeñas roquitas juntas que estaban todas tomadas de la mano,

Girando y patinando alrededor de él.

Claro que tener un accesorio.

Tan especial era lo que lo hacía tan presumido.

Amaba ver esas rocas y esos cristales patinando alrededor de él.

Le encantaba verlo cuando la luz del sol desde los lejos les daba y los tocaba.

Y pensaba seriamente.

Que nadie.

Nadie en todo el extenso universo.

Podría ser más afortunado que él.

Así se pasaba sus días.

Entre cristales y brillos.

Embelezado,

Admirando su gran accesorio.

Y aunque cualquiera podría pensar.

Que esa no era una actividad agotadora.

Poco a poco Saturno comenzó a sentirse verdaderamente cansado.

Porque en realidad él no sólo estaba mirando sus accesorios.

Él había estado caminando alrededor del sol durante casi 30 años sin detenerse a tomar una siesta.

Y sus ojos se comenzaban a llenar de niebla y le pesaban muchísimo.

¡Ahhh!

Dijo un gran bostezo.

Tan grande que se formó un huracán en su panza.

¡Es hora de dormir!

Murmuró el gigante.

Pero mis anillos.

.

.

Mis anillos siguen dando vueltas.

Así que trató de quedarse quieto.

Pero los cristales seguían dando vueltas a su alrededor.

Trató de taparse las orejas con sus nubes,

Pero aún seguía sintiendo ese cosquilleo de las roquitas girando y girando.

Le sopló a sus anillos.

Deténganse,

Patinadores.

¿Cómo voy a dormir si ustedes siguen jugando?

Pero en el espacio.

Las cosas que giran no se pueden detener por un simple soplido.

Así que Saturno,

Frustrado y cansado,

Suspiró.

Fue entonces,

Al verlo tan agotado,

Que una de sus lunas,

Un satélite pequeñito llamado Titán,

Que siempre andaba envuelto en una cobijita,

Se acercó despacito.

—¡Abuelo Saturno!

—le susurró.

—No necesitas que dejen de girar.

Cierra tus ojos y escucha.

En realidad ellas no están jugando,

Están cantando para ti.

Sorprendido,

Saturno decidió que dejaría de luchar.

Relajó su enorme cuerpo hecho de gas y dejó que sus nubes se esponjaran libremente.

Y cierro los ojos.

Entonces,

Trató de concentrarse en el sonido que hacían sus anillos.

Y al prestar atención,

Se dio cuenta que los cristales de hielo,

Al chocar suavecito unos con otros,

Hacían un sonido hermoso.

Sonaban como campanitas.

Era una canción de cuna en realidad.

Era una melodía lenta y constante que lo estaba arrullando.

Él en realidad llevaba 30 años evitando escuchar esa melodía.

Pensando que para descansar tenía que apagar todo el universo.

Mientras que él para poder dormir solo necesitaba dejar de pelear contra el movimiento y guiarse por ese sonido del hielo que cantaba para él.

Entonces su respiración se fue volviendo profunda y se sincronizó con ese lento girar de sus anillos.

Y el gigante,

Ese gigante lleno de gas,

Se quedó profundamente dormido.

Meciéndose en la inmensidad oscura del universo.

Luciendo como una enorme bola de algodón que estaba adornada por un hermoso halo de hielo.

Y hasta aquí el meditacuento de hoy.

¿Sabías que en realidad Saturno sí tiene pedacitos pequeños de hielo brillante que giran a su alrededor sin parar?

Espero que este minita cuento te haya gustado tanto como a mí.

Y que hoy te quedes pensando en Saturno,

Porque a veces somos como él.

Y los pensamientos en nuestra cabeza giran y giran y no nos dejan descansar.

Pero solo tienes que respirar profundo y guiarte por los sonidos que hay a tu alrededor.

Que son canciones y melodías compuestas para que puedas descansar.

Como el sonido de tu respiración,

El sonido de tu corazón,

El sonido de los grillos,

El sonido de las cigarras o el sonido que hace el silencio.

Yo te deseo que hoy puedas dejarte guiar por esa melodía que hay a tu alrededor para que tengas dulces sueños y duermas profundamente.

4.8 (5)

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Silvina

July 20, 2026

Bellisimo gracias

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