
Meditacuento: Capuchino
¡Hola! bienvenido a otro capítulo de los meditacuentos, El día de hoy te traigo un cuento sobre el miedo al fracaso, una historia con la quizas muchos nos sintamos identificados y puede que nos llene de inspiración. Espero que lo disfrutes, ¡gracias por meditar conmigo!
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Meditacuentos.
Yo soy Cindy y estoy muy feliz de encontrarme nuevamente contigo y que sigamos aquí juntos construyendo el hábito de la meditación.
Te invito a que tomes una postura en la que te sientas muy cómodo o cómoda,
En la que puedas tener la espalda recta,
Que los hombros estén hacia atrás y hacia abajo,
Despejando nuestro cuello para que no haya ninguna tensión,
Que los brazos y las piernas estén relajados y sueltos,
Y cerramos suavemente los ojos.
Esta vez vamos a notar cómo está nuestro cuerpo,
Pero vamos a imaginar que nos salimos del cuerpo y lo observamos desde afuera.
Nos vemos ahí sentados o acostados con esa espalda recta,
Pero se ve nuestro cuerpo relajado,
Sin tensión.
Observamos cómo tenemos el cuerpo relajado en los pies,
Todas las piernas,
Los brazos y las manos,
Todo nuestro pecho y abdomen y toda la espalda.
Observa tu rostro,
Se ve relajado,
Los ojos se cierran suavemente,
No hay tensión,
La boca dibuja una ligera sonrisa,
Sin tensión.
Se ve la relajación en tus orejas,
En tus cachetes,
En tu cabello.
Observa cómo todo tu cuerpo descansa,
Se relaja y empieza a emanar una luz,
Una luz que sale de tu corazón y que comienza a crecer por todo tu cuerpo.
Es una luz rosada que nos va llenando de seguridad y de amor y esa luz empieza a salir incluso por los dedos de las manos y por las plantas de los pies y va a irradiar a todas las personas que amamos y tenemos cerca.
Siente esa luz que crece desde el corazón y llega a salir de tu cuerpo y esa luz sigue creciendo y se la llevas ahora a esa persona con la que has tenido últimamente una discusión,
Con la que quizás no te has entendido muy bien,
Esa persona que quizás te ha tratado mal o tú la has tratado mal,
Esa persona con la que tienes dificultades.
Mandamos toda esa luz rosada llena de amor para que en la vida de esa persona también llegue el amor y quizás más adelante podamos encontrarnos con más paz o simplemente que cada quien siga su camino pero deseamos que esté lleno de amor como el de nosotros,
Sacando de nuestro cuerpo cualquier rencor,
Cualquier resentimiento,
Entendiendo que somos luz y que podemos compartirla con todos los demás.
Observa un momento cómo se siente estar tan lleno de amor,
Cómo se siente que hasta tu cabello esté lleno de esa luz,
Ponte ambas manos en el pecho,
En el corazón y siente cómo todo tu cuerpo se ha llenado de amor,
Cómo has pintado a todos tus seres queridos con esta luz e incluso a esas personas con las que quizás no te llevas tan bien.
Vamos a tomar tres respiraciones profundas para que la luz se siga expandiendo por todo,
Todo el espacio.
Toma el aire profundo por la nariz,
Déjanos salir por la boca.
Toma el aire,
Déjanos salir.
Una última vez toma el aire,
Déjanos salir.
Suelta tus manos y conservando esa calma y ese amor que ha invadido todo nuestro cuerpo,
Vamos a activar los oídos y dejar que vuele nuestra imaginación.
Este meditat cuento se llama Capuchino.
En un rincón soleado de un tranquilo vecindario vivía un perrito llamado Capuchino.
Era un cachorro de pelaje suave y dorado,
Con orejas grandes y ojos llenos de curiosidad,
Pero también tenía algo que le daba mucho miedo,
Las pelotas.
Cada vez que alguien le lanzaba una pelota,
Él salía corriendo a esconderse.
Casi siempre lo hacía detrás de su mejor amigo Oreo,
Un perro con pelaje negro y blanco que siempre estaba a su lado.
Oreo era valiente y siempre disfrutaba jugando con la pelota,
Pero la verdad es que Capuchino no podía evitar sentir un nudo en el estómago al ver esa pelota rodando hacia él.
Capuchino pensaba que si fallaba al intentar atrapar la pelota,
Todos se reirían de él.
Sentía que no podía jugar bien y temía ser el centro de las burlas de todos los perros del vecindario.
El miedo a ser malo y no estar a la altura de los demás lo mantenía muy preocupado.
Un día,
Mientras jugaba en el parque,
Capuchino observó a Oreo corriendo con la pelota,
Atrapándola con destreza.
Oreo se dio cuenta que Capuchino no estaba participando del juego,
Así que se acercó a su amigo con una sonrisa comprensiva.
¿Por qué no juegas a la pelota,
Capuchino?
Preguntó Oreo.
Capuchino bajó la cabeza y dijo,
Es que no soy bueno y todos se van a reír de mí.
Oreo se inclinó y le dio un toque suave con las patas.
Sabes,
Capuchino,
Todos tenemos miedos,
Pero si trabajamos juntos podemos superar cualquier cosa.
¿Qué tal si tú y yo nos ponemos a entrenar?
Estoy seguro de que puedes hacerlo.
Capuchino miró a Oreo,
Levantó las colas y las orejas y asintió.
Decidieron que iban a practicar a solas para que Capuchino pudiera superar ese miedo sin la presión de los otros perros.
Durante las siguientes semanas,
Oreo y Capuchino pasaron muchas tardes en el jardín,
A solas,
Jugando a la pelota.
Oreo le mostró a Capuchino cómo atraparla,
Con las patas de adelante,
Con la boca e incluso cómo devolverla con la trompa.
Cada vez que Capuchino se sentía inseguro,
Oreo lo animaba con palabras de aliento y una lengüetada.
Capuchino practicaba con mucho esmero y poco a poco comenzó a sentir que el miedo se desvanecía.
Cada vez que atrapaba la pelota con éxito,
Le daba una sensación de orgullo que llenaba su corazón.
Empezó a darse cuenta que fallar no era algo malo,
Sino una oportunidad de aprender y mejorar.
Hasta que llegó un día,
Un día particularmente soleado,
En el que Oreo invitó a todos sus amigos perros al parque para que jugaran a la pelota.
Capuchino estaba muy nervioso,
Pero recordó todo lo que había aprendido con Oreo.
Con ese aliento de su amigo al lado,
Se unió al juego sin pensar.
Al principio estaba un poquito tembloroso,
Pero pronto se dio cuenta que todos estaban era disfrutando del juego.
Nadie observaba cómo jugaban los demás.
Entonces él empezó a correr detrás de la pelota,
Atrapándola y lanzándola con confianza.
Cada vez lo hacía mejor.
Oreo ladraba animadamente y movía la cola,
Y los demás perros saltaban y ladraban.
El miedo que sentía antes se convirtió en alegría,
Y Capuchino descubrió que no había que ser perfecto,
Sino arriesgarse con un poco de valentía y sobre todo disfrutar del juego.
Capuchino y Oreo empezaron entonces a formar el mejor equipo del vecindario para jugar a la pelota.
Demostraron que con la ayuda de un buen amigo,
Y eso sí,
Práctica constante,
Los miedos se pueden superar y se puede incluso llegar a descubrir un súper talento.
Y cada vez que rodaba la pelota,
Capuchino rodaba hacia ella con una gran sonrisa,
Sabiendo que no importaba si fallaba,
Lo importante era disfrutar.
Y hasta aquí el meditacuento de hoy.
Me encantaría saber qué te pareció esta historia.
Y ahora que la escuchaste,
Espero que puedas imaginarte que tú también eres Capuchino,
Que puedes superar todos los miedos que tengas con ayuda de tus amigos,
De tu familia,
O de las personas en las que confía,
Pero también con un poquito de valentía y de práctica.
Recuerda que todos los miedos que enfrentamos diariamente nos hacen un poco más valientes,
Que no hay problema en fallar,
Ni en sentir miedo,
Porque eso es un impulso para hacer las cosas que nos van a hacer más grandes,
O que nos van a quizás descubrir talentos que no sabíamos que teníamos.
Recuerda que con cada respiración puedes sentir la fuerza y la valentía en tu corazón cada que sientas miedo,
Y espero que cada que te encuentres en una situación que sea un gran desafío,
Un reto,
O que te cause un poco de miedo,
Piensa en Capuchino,
Cómo logró superarlo,
Tú también lo vas a hacer.
Espero que este meditacuento te haya gustado tanto como a mí,
Y que ahora puedas ir a dormir a tener dulces y profundos sueños.
Conoce a tu maestro
4.9 (22)
Reseñas Recientes
More from Cindy Vanessa Parra
Meditaciones Relacionadas
Trusted by 36 million people. It's free.

Get the app
