
Los Cuatro Amigos - Cuarto Capítulo
¡Hola! bienvenido a otro capítulo de los meditacuentos, el día de hoy te traigo el cuarto capítulo de los cuatro amigos, una nueva aventura de estos divertidos animales que hoy te invitan a leer. Espero que lo disfrutes, gracias por meditar conmigo.
Transcripción
Hola,
Bienvenidos a otro Medita Cuento.
Un espacio para ti,
Para que disfrutes y te relajes.
Así que llegó la hora de ponerte cómodo,
Sentado o acostado.
Busca la posición que mejor se sienta.
Relaja todo tu cuerpo,
No cruces brazos ni piernas.
Toma profundamente el aire por tu nariz y siente cómo el aire recorre todo tu cuerpo y va hasta tu estómago.
Deja que el aire salga lentamente por tu boca.
Una vez más toma el aire por la nariz,
Recorre tu cuerpo hasta el ombligo y déjalo salir por tu boca.
Inhala paz y tranquilidad y exhala cualquier preocupación o miedo.
Ya estás listo para disfrutar este cuento.
Cierra los ojos para que sea más agradable esta historia.
El día de hoy tenemos otro capítulo de los cuatro amigos.
Ese particular grupo de amigos en el que está una tortuga muy traviesa,
Un ciervo muy elegante y vanidoso,
Un cuervo muy sabio y un pequeño ratón muy sensato.
Era una mañana como todas las mañanas en el bosque.
Los animales se habían despertado a dar su caminata matutina y habían comenzado a recoger las hojas secas y se preparaban para ir a la charca.
Pero hoy el cuervo estaba un poco extraño.
No hablaba mucho,
Volaba despacio y se quedaba atrás.
Sus amigos lo miraron un poco intrigados y le preguntaron,
Cuervo ¿a ti qué te pasa?
El cuervo siguió callado,
Pero en su mente habían un montón de ideas que no era capaz de pronunciar.
Desde hace varios días le picaba la curiosidad de saber qué había más allá del bosque,
Qué había más allá de recoger hojas,
Qué había más allá de esas caminadas matutinas y de las nadadas en el charco.
Pero no pronunció ni una palabra.
Continuaron su camino hacia el charco y disfrutaron de la refrescante agua bajo el sol,
Nadaron y se divirtieron,
Todos menos el cuervo.
Para esto la tortuga ya no aguantaba tanta intriga y se acercó con el cuervo.
Ya por favor,
Dinos qué te pasa.
El cuervo suspiró,
Tomó valor y les dijo,
Es que creo que algo me falta en la vida.
La vida tiene que ser algo más,
Debe haber algo más.
Todos se echaron a reír.
Ay,
Cuervo,
¿por qué eres tan raro?
Solo debes hacer las cosas que hace un cuervo y ya.
Pero el cuervo no estaba satisfecho con esa pregunta.
De camino a casa,
Cuando ya habían salido de su baño en el charco,
El cuervo se encontró un libro.
Todos pasaron por alto,
No creyeron que fuera algo importante,
Pero el cuervo se detuvo,
Abrió las hojas.
¿Y qué crees?
Encontró ahí la imagen de un cuervo como él.
¡Guau!
Esto es lo que yo estaba esperando.
Ese soy yo.
Seguro que su vida debe ser mucho más maravillosa que la mía.
Quiero conocer al dueño de este libro y quiero entender todo esto que está aquí.
Todos estos símbolos,
Todas estas cosas negras,
Eso debe decir algo.
Yo quiero aprender a leer.
¿Puedes imaginarlo?
Todos los animales soltaron la carcajada y voltearon a verlo como un bicho raro.
¿Aprender a leer?
Dijo la tortuga.
Pero si los cuerpos no leen,
Dijo el ciervo.
Y el ratón,
Que era un poco más sensato,
Se acercó y le dijo,
No amigo,
La lectura no es para ti,
Eso es para los humanos.
Tú aléjate de eso,
No digas tonterías.
Los animales voltearon y siguieron su rumbo hacia su casa.
Pero el cuervo,
El cuervo no,
No quedó satisfecho,
Así que tomó ese libro y se lo llevó.
Durante toda la noche estuvo jejando y jejando las hojas de ese libro.
Estaba muy inquieto,
Él quería saber aquello que decía y quería vivir la historia de ese cuervo que veía plasmado.
Un cuervo disfrutando del paisaje,
Pero un cuervo que también leía,
Un cuervo que tenía libros,
Un cuervo que aparecía en los libros.
Así que al día siguiente,
Sin avisarle a nadie,
Se propuso ir a la ciudad y buscar quién le podía enseñar a leer.
Madrugó muy temprano y se llevó su libro,
Pues quería buscar quién era el dueño.
Pero en la ciudad nadie lo escuchaba.
Trataba de acercarse a la gente,
Pero todo mundo salía espantado o intentaban ahuyentarlo.
Trató y trató,
Pero nadie,
Ni en el parque,
Ni en la iglesia,
Ni en las calles,
Le pusieron atención.
Muy cansado,
Agotado de tanto volar,
Llegó hasta el patio de una escuela.
Descansó cerca a un árbol porque sus alas ya no daban para más.
Cuando de repente,
Una pequeña niña se acercó a él y le dijo,
Oye,
Encontraste mi libro.
Y lo abrazó.
Y tú eres el cuervo de mi libro.
El cuervo estaba sorprendido,
La verdad que no sabía qué decir.
De todo se había esperado,
Menos que el libro fuera de una pequeña niña.
Pasaron toda la tarde juntos,
Hablando y mirando el libro.
La niña también estaba aprendiendo a leer,
Así que le dijo que le enseñaría lo que ella sabía.
Juntos hicieron una pareja fenomenal y descubrieron que para aprender a leer debía nojear el libro todos los días,
Inventar historias,
Pero también escuchar historias.
Y poco a poco iba asociando el sonido y las imágenes con esas palabras ahí escritas.
El cuervo,
El cuervo aprendió a leer,
Sí.
Y sabes,
Hizo una nueva amiga.
Claro que no olvidó a sus amigos fantásticos del bosque,
Solo que ahora hacía viajes recurrentes de la escuela al bosque,
Del bosque a la escuela.
Y además tenía una nueva meta,
Leer un nuevo libro.
Y así transcurrió la vida en el bosque.
El cuervo logró su sueño y sus amigos siguieron apoyándolo,
Aunque en el fondo creían que estaba muy loco.
Y hasta aquí este cuento de hoy.
Ya ves,
El cuervo aprendió a leer,
De tanto nojear los libros y de tanto escuchar historias.
Espero que tú también sientas esa motivación y te acerques a un libro y como el cuervo lo empieces a ojear.
Espero que hayas disfrutado tanto de esta historia como yo y ya sabes que nos vemos en un próximo capítulo.
Conoce a tu maestro
4.8 (148)
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