
¿Te Despiertas de Madrugada? Apaga el Cortisol y Duerme
¿Te despiertas de madrugada y te cuesta volver a dormir? Esta meditación guiada para dormir te acompaña a soltar los pensamientos, calmar la mente y reducir la sensación de alerta para regresar suavemente a un sueño profundo. Relaja el cuerpo, apaga el ruido mental y vuelve a dormir en paz durante toda la noche.
Transcripción
Buenas noches.
Si te has despertado en mitad de la madrugada.
Y tu mente ha comenzado a funcionar como si el día ya hubiera empezado.
Esta meditación es para ti.
Vamos a apagar el corte sol.
Y volver a dormir.
No necesites mirarla ahora otra vez.
No necesitas calcular cuánto tiempo.
Te queda para dormir ni preocuparte.
Pensando en cómo te sentirás mañana.
Esta noche vamos a hacer justamente lo contrario.
Dejar de perseguir el sueño.
Vamos a enseñarle lentamente al cuerpo.
Que todavía es de noche.
Que no hay ninguna urgencia.
Y que puede volver a descansar.
Acomódate.
Cierra los ojos.
Y permite que durante los próximos minutos todo vuelva a hacerse.
Más lento.
De despertarte sin saber exactamente por qué.
Tal vez apareció un pensamiento.
Después otro.
Y en pocos segundos tu mente empezó a recordar pendientes conversaciones.
Preocupaciones.
O posibilidades.
No pasa nada.
¿No has perdido el sueño?
Solo te has despertado.
Puedes volver a dormir.
No conviertas este momento en un problema.
Cuanto menos luches contra estar despierto.
Menos tendrá que defenderse tu cuerpo.
Respira.
Tranquilamente por la nariz.
Y deja salir ahora el aire.
Lentamente.
Otra vez.
Y nada.
Y ahora exhala.
No necesitas respirar de una forma perfecta.
Solo permite que la salida del aire sea tranquila.
Como si cada exhalación dijera.
Todavía es de noche.
No hay nada que resolver.
Puedo volver a descansar.
Siente el peso de tu cabeza sobre la almohada.
Temperatura de las sábanas.
Siéntelas.
La posición de tus brazos.
Tu abdomen subiendo y bajando lentamente.
Quizá una parte de tu mente continúe diciendo Tengo que dormirme.
Pero observa algo.
Ese pensamiento tampoco necesita ser obedecido.
¿Puedes escucharlo?
Y dejarlo pasar.
No eres todo lo que tu mente piensa.
Hay en ti un espacio más tranquilo.
Desde el que puedes observar esos pensamientos.
Sin entrar en ellos.
Y desde ese lugar puedes elegir algo diferente.
Puedes elegir paz.
Aude.
No mañana.
No cuando todo esté solucionado.
Aude.
Respira.
Y mientras exhalas.
Imagina que la vigilancia nocturna comienza.
A disminuir.
Frente se suaviza.
Los ojos descansan dentro de sus órbitas.
La mandíbula pierde fuerte.
Los hombros pesan un poco más.
Tu cuerpo no necesita.
Mantenerse preparado.
Imagina ahora que estás.
En un inmenso campo de lavanda.
Justo antes del amanecer.
Todavía es de noche.
Las flores.
Se extienden en largas hileras violetas.
Hasta perderse en el horizonte.
Una luna pálida.
Permanece suspendida.
Sobre el campo.
Y una brisa ligera.
Hace que las flores se inclinen.
Unas hacia otras.
Como si estuvieran susurrando.
Caminas lentamente por un pequeño sendero de tierra.
No escuches coches.
No escuchar voces.
Sólo el roce de tus pasos.
Y el movimiento suave de la lavanda.
El aire es fresco.
Y a cada paso sientes que hay algo dentro de ti.
Se vuelve menos urgente.
Llegas a un pequeño claro.
Te detienes.
Y comprendes que el campo no está intentando llegar.
Al amanecer.
No tiene prisa.
¿La noche terminará?
Cuando tenga que terminar.
Tú tampoco necesitas.
Precipitar nada.
El sueño puede regresar.
De la misma manera.
Sin perseguirlo.
Sin exigirlo.
Vuelve a sentir la cama.
Respira lentamente.
Se aparece una preocupación acerca de mañana.
Puedes decir.
Mañana tendrá su momento.
Si aparece algo del pasado.
Ya no está ocurriendo ahora.
¿Y si aparece miedo?
Puedo mirar este pensamiento.
Sin convertirlo en realidad.
Tal vez gran parte del cansancio.
No venga solo de lo que haces durante el día.
Sino de todo aquello que intentas controlar mentalmente.
Lo que otros harán.
Lo que podría salir mal.
Lo que habría sido mejor decir.
Esta madrugada puedes dejarlo descansar contigo.
No necesitas.
Tener razón.
No necesitas conocer todas las respuestas.
¿No necesitas decidir ahora cómo debe continuar tu vida?
Sólo descansar.
Imagina ahora un desierto de dunas.
Bajo un cielo lleno de estrellas.
La arena conserva todavía un poco del calor del día.
Pero el aire nocturno es fresco.
Las dunas parecen enormes olas doradas.
Detenidas en el tiempo.
No hay carreteras.
No hay edificios.
No existe ningún reloj.
Te sientas sobre la arena.
Y contemplas el cielo.
Miles de estrellas permanecen sobre ti.
Algunas llevan brillando mucho antes.
De que apareciera cualquiera.
De tus preocupaciones.
Y seguirán allí cuando estas preocupaciones hayan pasado.
¿Entonces comprendes algo sencillo?
Que este pensamiento que ora parece tan grande.
También pasará.
Como todos los anteriores.
Respira.
Déjalo atravesarte.
No lo retengas.
Y repite muy despacio.
En este momento.
Estoy aquí.
En este momento puedo estar en paz.
Nada necesita resolverse antes.
De que yo pueda descansar.
¿Me permite ahora?
Que tus brazos pesen más.
Piernas más.
Tu espalda más.
Y deja que la noche vuelva.
En Bolverde.
Todavía no necesitas dormir.
Solo necesitas dejar de impedir.
Que el descanso llegue.
Porque quizá el sueño nunca estuvo tan lejos.
Quizás solo estaba esperando a que dejaras de buscarlo.
Permanece unos instantes así.
Sin buscar el sueño.
Sin preguntarte cuánto falta.
Sin revisar la hora?
Ahora mismo no necesitas medir nada.
No necesitas calcular.
Cuántas horas quedan.
Hasta que suene el despertador.
No necesitas imaginar cómo te sentirás mañana.
Todo eso puede esperar.
Su única tarea ahora es permitir.
Permitir que el cuerpo permanezca quieto.
Permitir que la respiración encuentre sola un ritmo.
Más lento.
Permitir incluso que haya pensamientos.
Sin convertirlos en un problema.
Permanece.
Permanece aquí.
Unos momentos.
Muy bien.
Siente el cuerpo más pesado sobre la cama.
Nunca apoyar.
Los hombros descendiendo.
Los brazos inmóviles.
Las piernas cada vez más quietas.
¿Y si todavía hay pensamientos?
Déjalos estar.
No necesitas expulsarlos para descansar.
Solo dejar de seguirlos.
Quizá aparezca uno que diga Mañana estaré cansado.
Cansada.
Déjalo pasar.
Quizá otro diga.
Tengo que dormirme ya.
Déjalo pasar también.
Tal vez aparezca alguna conversación de ayer.
Una decisión.
Un recuerdo.
Una preocupación que parece importante precisamente porque son las tres o las cuatro de la madrugada.
No discutas con nada de eso.
No intentes demostrarle a tu mente que se equivoca.
Solo recuerda.
Un pensamiento.
No es una orden.
Y tampoco es necesariamente una descripción.
De la realidad.
Es algo que aparece.
Permanece unos instantes.
Y puede marcharse.
Puedes observarlo.
Sin obedecerlo.
Respira.
Lentamente.
Y ahora exhala un poco más largo.
Otra vez.
Toma aire.
Con tranquilidad.
Y déjalo ahora salir.
Con cada exhalación imagina que.
.
.
Una pequeña parte de la alerta interna.
Se apaga.
Menos vigilancia.
Menos antecipación.
Menos necesidad de controlar.
Menos necesidad de saber.
Cuerpo puede recibir ahora una señal diferente.
No hay peligro.
No hay prisa.
No tengo que resolver nada.
Todavía es de noche.
Quizá llevas muchas horas sosteniendo cosas que.
.
.
Ni siquiera son visibles.
Expectativas.
Responsabilidades.
Lo que otros necesitan de ti.
Lo que tú esperas de ti mismo.
De ti misma.
Pero durante estos minutos puedes dejarlo todo fuera.
No porque no importe.
Sino porque ahora mismo no necesitas cargar con ello.
Imagina ahora un sendero.
Cubierto de nieve.
En mitad de un bosque de abetos.
La noche es silenciosa.
La nieve refleja una luz azul.
Muy suave.
Y cada rama parece sostenerlo.
Diminutos cristales.
Que brillan bajo la luna.
Caminas despacio.
Tus pasos apenas producen sonido.
El aire frío toca tu rostro.
Limpio y tranquilo.
A lo lejos.
Entre los árboles.
Ves una pequeña cabaña de piedra.
Una ventana iluminada rompe la oscuridad.
Te acercas.
Abres la puerta.
Dentro hay una chimenea encendida.
La habitación está tibia.
La madera crepita lentamente.
Y desprende una luz anaranjada.
Que se mueve sobre las paredes.
Dejas el abrigo junto a la puerta.
También puedes dejar ahí.
Simbólicamente.
Todas las preocupaciones que trajiste contigo.
Como si no necesitaras.
Llevarlas más adentro.
Te sientas frente al fuego.
No hay teléfono.
No hay reloj.
No hay nada esperando una respuesta.
Sólo el sonido de la madera.
El calor sobre tus manos.
El silencio detrás de las ventanas.
Y mientras observas las llamas Comprendes que puedes hacer lo mismo ahora.
Dejar fuera aquello que no necesitas resolver.
Durante esta madrugada.
Puedes entrar en este momento.
Más lejero.
Respira.
Y vuelve a sentir tu cuerpo.
La cama está aquí.
La almohada está aquí.
Tú estás aquí.
Ahora dirige la atención.
Al pecho.
Siente cómo se eleva.
Y cómo vuelve a bajar.
No necesitas cambiar la respiración.
Solo acompañarla.
Imagina que cada respiración abre un poco más de espacio.
Alrededor de tus pensamientos.
No necesitas eliminarlos.
Sólo dejar de apretarlos.
Piensa ahora.
Durante unos segundos.
En aquello que más te preocupa.
No entres en la historia.
No busques una solución.
Sólo obsérvalo desde cierta distancia.
Necesito resolver esto.
¿A esta hora?
Quizá la respuesta sea no.
¿Entonces permite que esa preocupación Descansa.
No estás abandonándola.
No estás ignorándola.
Sólo estás decidiendo que éste.
No es el momento.
Mañana podrás mirarla con otra luz.
Tal vez con más claridad.
Tal vez con otra perspectiva.
A veces descansar también es una forma de confianza.
Confiar en que.
.
.
No todo depende.
De que permanezcas despierto,
Despierta.
Confiar en que no necesitas controlar cada resultado.
Confiar en que la paz puede existir incluso.
Antes de que todas las circunstancias cambien.
Hay una parte de ti que no necesita solucionar el mundo.
Para estar en paz.
Una parte de ti.
Permanece silenciosa detrás.
De todo el ruido mental.
Y puedes descansar ahí.
Y mientras respiras,
Repite interiormente Puedo elegir paz ahora.
Puedo soltar.
Sin perder nada.
Puedo descansar aunque no tenga.
Todas las respuestas.
No necesito comprenderlo todo esta noche.
Siente ahora las manos.
Los dedos flojos.
Las palmas.
Descansando.
Los antebrazos pesados.
Los hombros más blandos.
Siente los muslos.
Naturalizas.
Las pantorrillas.
Ovidios.
Los pies.
Todo el cuerpo puede comenzar a entregarse.
Al peso de la cama.
Tal vez notes incluso que algunas zonas empiezan a sentirse lejanas.
Como si el cuerpo ya supiera.
El camino hacia el sueño.
¿No tienes que acompañarlo hasta el fin?
Sólo dejarlo ir.
¿Y si aparece nuevamente algún pensamiento?
Puedes decirle.
Mañana.
Una sola palabra.
Sin enfado.
Sin rechazo.
Mañana.
Esta noche no.
Imagina ahora una pequeña isla.
Al amanecer.
Está sentado o sentada sobre una roca.
Lesa.
Frente a un mar completamente tranquilo.
El cielo comienza a cambiar lentamente de azul oscuro.
A Violeta.
Y después a un tono rosado.
Casi transparente.
Las primeras aves atraviesan el horizonte.
El agua apenas se mueve.
Frente a ti hay un pequeño muelle de madera.
Una barca permanece amarrada a él.
Te acercas.
Y dentro de esa barca comienzas a colocar una por una.
Las cosas que ya no necesitas transportar.
Durante esta madrugada.
Una preocupación.
Una culpa.
Una conversación.
Una expectativa.
Una persona.
Una decisión.
Una pregunta que todavía no tiene respuesta.
Quizá algo que ocurrió.
Hace mucho tiempo.
El que tu mente decidió recordar precisamente esta noche.
Colócalo también.
No tienes que cargar con ello mientras duermes.
Cuando terminas.
Desatas suavemente la cuerda.
Y observas cómo la barca comienza a alejarse.
No la empujas.
No la persigues.
Sólo permites que la corriente se la lleve.
Se hace cada vez más pequeña.
Hasta desaparecer.
Y tú permaneces aquí.
Calma.
Aquello que soltaste no era tu identidad.
¿No eras esa preocupación?
No eras ese miedo.
No eras ese error.
Eres también aquello que permanece cuando Todo eso se va.
Eres silencio.
Presente.
Permite que esa sensación descienda por todo el cuerpo.
Desde la frente.
Hasta la mandébola.
Del cuello al pecho.
Del pecho al abdomen.
Y de ahí hasta las piernas y los pies.
Todo más lento.
Más pesado.
Más tranquilo.
No necesitas comprobar si ya estás más dormido o dormida.
Deja que la mente descanse.
No tienes que vigilar tu propio sueño.
Sólo escucha lo que necesites escuchar.
Esta noche no tengo que demostrar nada.
No necesito controlar el futuro.
El pasado ya pasó.
Puedo mirar mis pensamientos.
Sin convertirme en ellos.
Puedo elegir paz.
Puedo perdonar.
Y descansar.
¿Puedo soltar el miedo?
¿Puedo dejar que la vida continúe?
Mientras yo duermo.
Puedo volver a dormir.
¿Y si el sueño tarda un poco más?
No importa.
Ya no estás luchando.
Sólo respira.
Descansa.
Y permite.
Final.
Y al exhalar.
.
.
Suelta los planes.
Las preguntas.
Y las preocupaciones.
Estoy a salvo.
Estoy en paz.
No tengo nada que resolver ahora.
Puedo confiar.
Puedo volver a dormir.
Buenas noches.
Conoce a tu maestro
4.8 (5)
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