
Meditacuento: Alba y las Alas Prestada
Hoy volamos alto con Alba, una hormiga voladora que experimenta el emocionante "Gran Vuelo". Pero el verdadero mensaje de esta historia llega al atardecer, cuando Alba decide soltar sus alas porque ya no las necesita para construir su hogar. Es un ejercicio de relajación hermoso para ayudar a los niños a "quitarse" la energía pesada del día, soltar las revoluciones y aterrizar suavemente en su cama.
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Medita Cuentos,
Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.
Ahora sí,
Comencemos.
Ubícate en una postura cómoda.
En la que puedas ver tu espaldita derecha.
Aleja tus hombros de las orejas,
Brazos sueltos y relajados a los costados igual que las piernas,
Y toma el aire para que cuando lo saques cierras los ojos.
Vamos juntos.
Inhala.
Exhala.
Comienza a sentir tu cuerpo el día de hoy.
Siente tu respiración como el aire entra y sale.
Sin necesidad de hacer un esfuerzo.
No hay una forma correcta de respirar.
La que haga tu cuerpo el día de hoy es la idea.
Imagina que todo el día estuviste con un traje o una armadura especial.
Te sirvió para resolver todos los desafíos del día.
Para vivir todas las aventuras que ya viviste.
Para afrontar incluso esos momentos difíciles.
Ahora ha llegado el momento de descansar.
Y vamos a imaginar que nos vamos a quitar toda la armadura empezando por los pies.
Dándonos esas botas protectoras que nos permitieron correr,
Saltar,
Caminar y detenernos el día de hoy.
Imagina ahora que te quitas todo lo que protege las piernas.
Que nos permitió tener fuerza y estabilidad.
Te lo quitas para que se sientan libres,
Ligeras.
Imagina ahora que en tu pecho y espalda llevabas un gran escudo.
Y ahora lo puedes soltar,
Dejarlo a un costado.
Y siente la libertad de tu cuerpo y de tu pecho al respirar como todo se hace más blandito y suave.
Imagina que también llevabas protectores de los brazos de los codos,
Los antebrazos y unos guantes pesados que nos protegieron de todo el día de hoy.
Es momento de quitarlos y dejarlos a un costado.
Siente como las manos están tan ligeras que parece que flotan.
Igual que los brazos y los hombros Ahora agítate tu casco.
Ese que te protegía hasta el rostro.
Que nos permitió vivir el día de hoy con todas las aventuras,
Pero ya no lo necesitamos más.
Siente tu cuerpo completamente ligero,
Suave.
Y al quitarse todas esas armaduras se relaja por completo desde los dedos de los pies hasta la cabeza.
Se siente libre para respirar,
Se siente blandito.
Relajad.
Sin ninguna tensión sin hacer esfuerzos innecesarios porque en estos momentos la cama o la colchoneta te sostienen.
Te encuentras completamente seguro,
Segura y a salvo.
Mantén la sensación de calma y tranquilidad.
Continúa con tus ojos cerrados.
Activa los oídos y deja que vuele tu imaginación.
Este meditacuento se llama Alba y las alas prestadas.
Era hace una vez un hormiguero oscuro y calientito en el que vivían muchas hormigas.
Había una de ellas muy especial,
Una jovencita que se llamaba Alba.
Que no era una hormiga obrera,
De esas que cargan hojitas.
Ella había nacido con un regalo muy especial.
Tenía un pal de alas largas,
Brillantes y transparentes como el cristal.
Durante mucho tiempo Alba esperó prácticamente bajo la tierra,
Hasta que una tarde después de que llovió muy fuerte y que dejó todo el jardín oliendo a tierra mojada,
Le dijeron que había llegado su momento.
Era hora en que por fin saldría a la superficie.
Y lo mejor haría su gran vuelo.
Entonces Alba subió corriendo por el túnel y se asomó a la superficie,
Y al sentir la brisa en tus antenas,
Estiró las alas por primera vez.
¡Flush!
Las abrió y se sintió lista para despegar.
La verdad es que fue el momento más emocionante de su vida.
Entonces Alba voló alto,
Muy alto.
Vio las copas de los árboles desde arriba,
Sintió el viento en su carita e incluso dio un par de piruetas y bailó con el aire junto a cientos de otras hormigas voladoras.
El cielo se llenó de puntitos negros.
Durante toda la tarde,
Alba usó su energía para explorar el mundo,
Sintiéndose libre y feliz.
Pero poco a poco,
El sol comenzó a bajar.
El cielo empezó a ponerse de color naranja y el viento se volvió más frío.
Alma empezó a sentir que sus alitas,
Que antes eran ligeras,
Ahora pesaban un montón.
Estaba muy cansada de tanto volar y algo dentro de ella le decía que era momento de aterrizar.
Entonces miró hacia abajo.
Y vio en un rinconcito un hermoso jardín.
Y había un gran helecho verde.
Y cerca de él la tierra se veía como suave y esponjosa.
Entonces pensó que sería el mejor lugar.
Bajo dando circulos y planeando suavecito.
Hasta que sus seis patitas tocaron la tierra fresca.
Ah,
Qué rico se sentía estar en el piso y no estar haciendo fuerza para volar.
Alba quería hacer un hoyito en la tierra para empezar a construir su nueva casa y dormir ahí.
Pero se encontró con un gran problema.
Sus alas largas chocaban con las hojas y se atoraban en las ramitas.
Eran muy estorbosas para estar en el suelo.
Y en su interior otra vez apareció esa voz que les susurraba que soltara las aras.
Pero cómo iba a soltarlas si eran una parte esencial de ella y le habían permitido llegar hasta ahí.
Las alas empezaron a estorbarle mucho.
Así trató de escarpar,
De meterse debajo de los arbustos,
De tratar de hacer caminos pero no lo lograba,
Y por más de que peleaba con esa idea de soltarlas,
No tuvo otra opción.
En realidad Las alas de Alba solo eran prestadas únicamente para ese gran viaje.
Ya la habían llevado a donde necesitaba estar.
Y ya habían cumplido su misión.
Pasaron un par de días y ella seguía tropezándose con todo sin poder construir su nueva casa.
Entonces,
Desesperada y sin dudarlo más,
Alba se sacudió un poquito.
Llevó sus patitas hacia atrás,
Hacia su espalda,
Y con un movimiento muy suave,
Clic,
Clic,
Sus dos hermosas alas se desprendieron como si fueran pétalos de una flor marchita y cayeron al suelo.
La verdad es que las alas de Alba solo eran prestadas y habían sido para ese único viaje.
Ya la habían llevado a donde ella necesitaba estar.
Las alas habían cumplido su misión.
Después de todo,
Albano se sentía triste,
Al contrario,
Se sentía increíblemente aliviada,
Liviana y libre.
Al soltar sus alas,
Todo el peso del viaje desapareció,
Su espalda estaba libre y su cuerpo volvía a ser ágil y cómodo.
Ahora,
Sin el peso del vuelo,
Podía cavar fácilmente un pequeño túnel en la Tierra suave.
Meterse en su nueva casita,
Acurrucarse en la oscuridad tibia de la tierra,
Cerrar los ojos y sentirse más ligera que nunca.
Eso hizo,
Y así se fue quedando profundamente dormido.
Y hasta aquí el meditacuento del día de hoy.
¿Sabías tú que las hormiguitas negras que tienen estas grandes alas son las hormigas reina?
Y realmente solo hacen el vuelo una vez para buscar el lugar donde van a formar su nueva colonia de hormigas.
Y necesitan liberarse de las alas para poder trabajar bajo tierra,
Porque realmente las alas ahí abajo no les funcionan,
Sino que más bien les estorban.
Y así pasa en nuestra vida con ciertas cosas que terminan siendo estorbos en nuestro camino o cosas muy pesadas,
Por ejemplo la mochila o a veces incluso la ropa.
Por eso es importante llegar a nuestra casa y hacer ese cambio,
Ponernos la pijama y dejar afuera.
Todo lo físico que nos pesa,
Pero también todo lo que nos pesa mentalmente,
Como algún problema que tuvimos,
Algún miedo o alguna pelea.
Trata de imaginar que te lo quitas,
Como te quitas la mochila,
Para sentir como tu cuerpo se va poniendo más y más liviano o liviana.
Y puedes entrar en un profundo y delicioso sueño,
Como en el que estás entrando en este momento.
Quédate quietito,
Quietita,
Mantén los ojos cerrados y deja que el sueño llegue a ti el día de hoy.
Subtítulos realizados por la comunidad de Amara.
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