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Meditación: Bicho el Perro Mágico

by Cindy Vanessa Parra

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Puntuación
4.7
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
386

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo, hoy te traigo una historia sobre un niño que comenzó a sentirse triste y apartado por el nacimiento de su hermano menor, pero llega un perro mágico que le hace cambiar su vida. ¡Espero que la disfrutes tanto como yo! No olvides comentarme que te parecio y si tienes ideas para los próximos capítulos Te mando un fuerte abrazo y gracias por acompañarme a construri el hábito de la meditación.

Transcripción

Hola a todos y bienvenidos a los Medita Cuentos de Yoarte,

Donde un cuento y una meditación arrulla en tu imaginación.

Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.

Ubícate en una postura en la que puedas tener la espaldita recta,

El pecho libre para respirar profundo,

Que los brazos y las piernas se encuentren sueltos y en la que te sientas cómodo y cómoda para ir cerrando los ojos.

Comenzaremos haciéndonos consciente de cómo está nuestro cuerpo.

Vamos a imaginar que con los ojos cerrados vamos a ir dibujando nuestro cuerpo,

Como si tuviéramos un lápiz con el que vamos a recorrer todos los bocones de nuestro cuerpo,

Pero cada parte que toca ese lápiz se la va relajando por completo.

Así que comencemos por los pies,

Dedo por dedo,

Desde el dedo gordo hasta el dedo meñique,

Toda la planta de tu pie,

De ambos pies.

Ahora vamos a dibujar todos los tobillos,

Las pantorrillas,

Las rodillas,

Las piernas,

La cadera y el vientre.

Toda la parte inferior de tu cuerpo está completamente relajada al haber sido dibujada con ese lápiz especial.

Continuamos con el lápiz dibujando la cintura,

El estómago,

El pecho,

La espalda y en el centro la columna vertebral.

Todo el tronco lo hemos dibujado,

Seguimos con los hombros,

Las axilas y los brazos,

Los codos,

El antebrazo,

Toda la mano,

Cada uno de los dedos de las manos,

Toda la palma de la mano,

Toda la parte del medio de tu cuerpo está completamente relajada.

Seguimos hacia el cuello,

Todo nuestro rostro incluyendo los ojos,

Los párpados y las cejas,

La nariz,

Los pómulos,

Los cachetes,

Las orejas,

La boca,

Los dientes y la lengua,

También la garganta y cada uno de nuestros cabellos,

Todo el cuero cabelludo está completamente relajado.

Y teniendo todo nuestro cuerpo pintado con ese lápiz especial y estando completamente relajados y relajadas,

Vamos a tomar una respiración profunda tomando todo el aire por la nariz y dejándolo salir lentamente por la nariz.

Una vez más toma el aire,

Déjalo salir por la nariz,

Continúa con los ojos cerrados,

Activa los oídos y deja que vuele tu imaginación.

Este meditacuento se llama Bicho el perro mágico.

Tomás estaba acostado en su cama dibujando sin mucho entusiasmo.

Desde que su hermanito Simón había llegado,

Sentía que todo alrededor giraba en torno a él.

Mamá y papá siempre estaban ocupados cambiando pañales,

Alimentando o arrullándolo y Tomás,

Aunque intentaba no pensar demasiado en eso,

Se sentía apartado.

Con un suspiro,

Deslizó el lápiz por la hoja sin darse cuenta de lo que estaba creando.

Cuando terminó,

Miró el dibujo.

Un perro de orejas largas y cola esponjosa.

Le puso nombre casi sin pensar.

Bicho.

De repente el papel brilló y ante sus ojos asombrados,

El perro saltó fuera de la hoja con un suave ladrido.

¡Guau!

¡Guau!

Exclamó Tomás cayendo de espaldas en la cama.

Bicho sacudió su pelaje y lo miró con una gran sonrisa perruna.

Hola Tomás.

Movió la cola con entusiasmo.

Me alegra conocerte.

¿Tú hablas?

Preguntó Tomás a un sorprendido.

Claro que hablo y vuelo y salto y babeo.

Bicho giró en círculo sobre la cama antes de tumbarse junto a Tomás.

¿Por qué tienes esa cara de nube gris?

Tomás frunció el seño.

No tengo cara de nube gris,

Murmuró.

Bicho ladeó la cabeza.

Si yo fuera un espejo verías que sí.

¿Qué te pasa?

Tomás dudó un instante,

Pero al mirar los ojos brillantes de Bicho sintió que podía confiar en él.

Es que desde que llegó mi hermanito,

Mamá y papá ya no tienen tanto tiempo para mí.

Todo es Simón esto,

Simón aquello.

A veces siento que ya ni me ven.

Bicho apoyó su hocico en la pata delantera,

Pensativo.

Suena difícil.

¿Y qué has hecho?

Preguntó.

Nada,

Susurró Tomás mirando al techo.

¿Qué puedo hacer?

Es un bebé y los bebés sólo lloran y duermen y ocupan todo el tiempo de los papás.

¿Y tú?

Preguntó Bicho moviendo la cola.

¿Tú qué haces?

Tomás se encogió de hombros.

¿Dibujar supongo?

¡Dibujar!

Exclamó Bicho.

¿Sabías lo especial de eso?

No todo el mundo puede crear cosas con sólo mover un lápiz.

Tomás miró sus manos manchadas con el lápiz.

Nunca lo había pensado así.

Oye,

Tengo una idea,

Dijo Bicho con un brillo travieso en los ojos.

¿Por qué no dibujamos algo juntos?

¿Para qué?

Preguntó Tomás.

Para ver qué pasa,

Respondió Bicho con un guiño.

Tomás intrigado tomó su cuaderno y comenzó a dibujar.

Esta vez su lápiz se movió con más entusiasmo.

Creó un perrito pequeño con patas cortitas y orejas grandes como las de un conejo.

Lo llamó Copito.

Apenas terminó el dibujo,

Copito saltó del papel con un ladrido agudo y moviendo la cola.

¡Funciona cada vez mejor!

Se rió Bicho.

¿Y qué harás con Copito?

Tomás lo pensó por un momento,

Luego con una sonrisa un poco tímida tomó al perrito en brazos y caminó hacia la habitación de sus padres.

Simón estaba en su cuna observando el mundo con sus ojos redondos y curiosos.

Mamá y papá levantaron la vista al verlo entrar.

¿Todo bien cariño?

Preguntó mamá.

Tomás respiró hondo.

A veces me siento mal cuando me dejan afuera.

Quiero estar con ustedes también.

Dijo Tomás.

Mamá y papá se miraron y luego se acercaron a él abrazándolo con fuerza.

¡Ay Tommy!

Nunca quisimos que te sintieras así.

Dijo su papá con ternura.

Siempre serás nuestro niño especial.

¿Quieres ayudarnos con Simón?

Preguntó mamá.

Nos encantaría que participes.

Tomás asintió y extendió sus brazos dejando a Copito en la cuna.

Simón lo miró con fascinación y empezó a reírse a lo que Tomás también sonrió.

Esa noche cuando volvió a su habitación Bicho lo esperaba en la cama.

Nada mal hermano mayor.

Dijo el perro acomodándose a su lado.

Tomás sintió un calor agradable en su pecho.

Ya no se sentía apartado.

Sentía que era parte de algo mucho más especial y mientras cerraba los ojos supo que todo estaba bien.

Y hasta aquí el meditacuento de hoy.

Espero que lo hayas disfrutado tanto como yo y que tengas dulces sueños.

© 2026 Cindy Vanessa Parra. All rights reserved. All copyright in this work remains with the original creator. No part of this material may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, without the prior written permission of the copyright owner.

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