
Un Cuento Para Niños Sobre Las Emociones
Este cuento está dirigido a niños, aunque muchos adultos también pueden encontrar algo valioso en él. Después de muchas noches explorando el bosque, Lumi llega a un lugar muy especial: una pequeña casa con la puerta siempre abierta. Una casa donde pueden entrar la alegría, la tristeza, el miedo, el enojo y también esas emociones que a veces no sabemos nombrar. Es un espacio para escuchar, imaginar y descubrir que no necesitamos rechazar lo que sentimos para estar bien. Ideal para compartir antes de dormir o en cualquier momento de calma, este cuento ofrece una oportunidad para conversar sobre las emociones y cultivar una relación más amable con ellas, tanto en la infancia como a lo largo de la vida. Music: Go to Sleep My Little One - Doug Maxwell_Media Right Productions Nighty Night Global Genius
Transcripción
Este es un metacuento para niños.
Del bosque de las emociones.
Antes de comenzar la historia.
Vamos a respirar juntos inhala lentamente por la nariz y suelta el aire suavemente.
Otra vez Inanna.
Y exhala.
Muy bien.
Ahora escúchame.
En el bosque de las emociones.
Vivía una pequeña luciérnaga llamada Lu.
Cada noche.
Cuando el bosque se vuelve silencioso.
Lumi sale a volar entre los árboles.
Y mientras vuela.
Descubre algo nuevo sobre lo que sentimos.
Ésta es una de sus historias.
Aquella noche.
Lumi volaba suavemente entre los árboles.
Y el bosque.
Y estaba en calma.
Pero algo era diferente.
No había prisa.
No había ruido.
Solo una sensación tranquila.
Que se movía entre los árboles.
Mientras avanzaba.
Vio algo que no había visto antes.
En medio del bosque.
Había una pequeña casa.
Era sencilla.
Con una luz cálida que salía por la ventana.
La puerta estaba abierta.
Lumi se acercó un poco más.
Y entonces Notó algo especial.
Diferentes animales.
Y giraban poco a poco.
Algunos caminaban despacio.
Otros dudaban antes de entrar.
Y algunos más.
Se quedaban un momento fuera.
Como si no estuvieran seguros.
Pero la puerta.
Seguía bien.
Siempre a bien.
Uno a uno y van entrando.
Sin prisa.
Sin que nadie los apurara.
Lumi observó con curiosidad.
Reconoció a varios de ellos.
Ahí estaba Bruno.
El pequeño castillo.
También Muatón.
El zorro que ya conocía.
Y un poco más atrás.
El pequeño mapachero.
Cada uno llegaba con algo distinto dentro de sí.
Algunos.
Creí en inquietud otros.
Tristeza.
Otros y nosotros.
Y otros.
Algo que no sabían explicar.
Pero antes de entrar.
Muchos se detenían un momento.
Como si necesitaran algo.
Para poder dar ese paso.
Entonces.
.
.
Lumi recordó algo que había aprendido en sus viajes por el bosque.
Cuando una emoción es muy grande Respira.
Puede ayudarnos a hacerle espacio.
Y mientras observaba.
Notó algo hermoso.
Algunos animales se detenían en la puerta.
Inhala más despacio.
Y soltaban el aire lentamente.
Y después de eso.
Podían entrar.
No porque la emoción se fuera.
Sino porque ya no los apretaba tanto.
Dentro de la casa.
Había algo aún más especial.
No solo en el lugar para sentir.
También era un lugar para expresar.
El pequeño mapache.
Se sentó en silencio al principio.
Pero poco a poco.
Pudo decir en voz bajita lo que sentía.
Tom lo escuchó.
Bruno también.
Y nadie lo interrumpió.
Nadie le dijo que estaba mal.
Sólo lo dejaron hablar.
Otros animales dibujaban.
Otros respiraban profundo.
Otros simplemente escribían en un diario.
Cada uno a su manera Illumine.
Comprendió algo nuevo otra vez.
Sentir es importante.
¿pero también lo es?
Encontrar la forma de expresar lo que llevamos dentro sin lastimar.
Sin guardarlo todo.
Sin esconderlo.
Como cada uno puede.
A su tiempo.
El viento pasó suavemente entre los árboles.
Como si el bosque entero.
También lo supieron desde su pequeño lugar.
No me observaba en silencio.
Aquella noche.
Había descubierto algo más.
Todas las emociones.
Pueden aparecer.
Respira.
Puede ayudarnos a calmarles.
Y expresarlas.
Puede ayudarnos a comprenderlas.
Porque no necesitamos.
Que desaparezcan de mi día.
Solo.
Un lugar donde puedan estar.
Y una forma.
De dejarla salir.
Desde su pequeño lugar.
Lumi se detuvo un momento.
Esa noche.
No salió volando de inmediato.
Se quedó en silencio.
Observando el bosque.
Los árboles,
El viento,
Los sonidos suaves que aparecían y desaparecían.
Había volado muchas noches.
Había visto tristeza.
Miedo.
Alegría.
Y no.
Y también.
Esas emociones.
Que a veces no tienen un nombre tan claro.
Cada una se sentía distinta.
Algunas eran suaves.
Otras.
Más intensas.
Algunas llegaban despacio.
Y otras?
Aparecían de repente.
Pero todas.
Tenían algo en común.
Y van y venían.
Y después cambiar.
Lumi encendió su pequeña luz y por un instante y el bosque pareció iluminarse un poco más.
Como si cada rincón guardar una historia.
Como si cada emoción tuviera un lugar ahí.
Como si el bosque susurrara.
Todo lo que sientes.
Es parte de ti.
Y puedes aprender a escucharlo.
Sin prisa.
Sin miedo.
Sin tener que entenderlo todo de inmediato.
Lumi levantó vuelo suavemente.
Y mientras se alejaba.
Ya no buscaba algo nuevo solo acompañaba el camino.
Porque ahora sabía.
¿Quién es ese vos?
Cada emoción tenía su momento y que dentro de cada uno también existía un lugar así.
Un lugar.
Donde podemos detenernos.
Respirar y simplemente sentir.
Un alfombre.
Termina el viaje por el bosque de las emociones.
Pero las historias.
No se va.
Se quedan contigo.
Y enfermedades.
Imagina que es la pequeña luciérnaga Lumi.
Enciende su luz una vez más.
Una pequeña luz.
Que ahora también V-Ray.
Y te recuerda.
Escuchar lo que sientes.
Esto fue.
Medita cuentos con Ale Villarreal.
Gracias por caminar este bosque conmigo.
Hasta la próxima.
Conoce a tu maestro
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