
Cuento infantil. "La sombrerera"
by Alan Hecker
El cuento de "La Sombrerera" de María Elena Walsh nos enseña algo muy especial: cuando compartimos y cuidamos juntos lo que es de todos, hacemos que todo florezca y que todos puedan disfrutar. Pensar en los demás y trabajar en equipo es la mejor forma de lograr que las cosas crezcan bonitas y fuertes. ¡La solidaridad siempre gana!
Transcripción
Hola,
Soy Alan y esto es Cuentos con Moraleja.
Hoy quiero contarles un cuento de María Elena Walsh que me encanta,
Se llama La Sombrerera.
Había una vez un árbol tan bueno,
Pero tan bueno,
Que además de sombra daba sombreros.
Este árbol se llamaba sombrera y crecía en una esquina del bosque de Gulugu.
La gente que vivía cerca acudía al árbol pacíficamente todas las primaveras,
Cortaban los sombreros con suavidad y los elegían sin pelearse.
Esta gorra para ti,
Este bonete para mamá,
Esta galera para el de más allá,
Este birrete para mí.
Pero un día llegó al bosque un comerciante muy rico y sinvergüenza llamado Platini.
Atropelló a todos los vecinos gritando basta,
Todos estos sombreros son para mí,
Me llevo el árbol a mi palacio.
Todo el mundo vio con gran tristeza cómo el horrible señor Platini mandaba a sus sirvientes a que desenterraran el árbol.
Los sirvientes lo desenterraron y lo acostaron sobre un lujoso automóvil de oro con perlitas.
El árbol crecía raquítico y de mala gana,
Cosa que enfurecía al horrible señor Platini.
Este señor esperaba que floreciera para poner una sombrería y vender los sombreros carísimos,
Y con ese dinero comprarse tres vacas y luego venderlas,
Y con el dinero comprarse un coche y venderlo,
Y con el dinero comprarse medio palacio más,
Y luego venderlo,
Y con el dinero comprarse un montón de dinero y guardarlo.
Por fin llegó la primavera y el árbol floreció de mala gana unos cuantos sombreritos descoloridos.
El señor quiso mandarlos a cortar inmediatamente,
Pero el viento que se había enterado de toda la historia se puso furioso y el viento dijo,
Yo siempre he sido amigo de los vecinos de Bulubú,
No voy a permitir que les roben sus sombreros así no más.
Y se puso a soplar como un condenado,
Arrancando todos los sombreros del árbol.
El señor Platini y todos sus sirvientes salieron corriendo detrás de sus sombreros,
Pero nunca los pudieron alcanzar.
Corrieron y corrieron y corrieron hasta llegar muy lejos,
Muy lejos del bosque de Bulubú,
Y perderse en el defiero de Guiliví.
Entonces los vecinos aprovecharon y se metieron en el jardín del señor Platini y volvieron a trasplantar a su querido árbol al bosque de Bulubú.
El viento estaba muerto de risa y el árbol recobró pronto la salud.
Cuando volvió a florecer,
Los vecinos volvieron a cosechar sus sombreros sin pelearse,
Y el señor Platini se quedó solo y aburrido en el desierto,
Sin sombrería,
Sin tres vacas,
Sin coche,
Sin medio palacio y lo que le daba más pena,
Sin un montón de dinero.
¡Ah!
¡Y sin sombreros!
Y de esta manera se acaba el cuento de la sombrera.
Y este cuento nos deja una moraleja y es que cuando cuidamos lo que es de todos y compartimos con los demás,
Hacemos que todos puedan disfrutar y ser felices.
Pensar en los demás y trabajar juntos siempre es lo mejor para que todo crezca bonito y fuerte.
Que tengas un muy lindo día.
Nos escuchamos en el próximo cuento.
Chau chau
Conoce a tu maestro
More from Alan Hecker
Meditaciones Relacionadas
Profesores Relacionados
Trusted by 35 million people. It's free.

Get the app
