
Volver a Casa: El Cuerpo Como Refugio
by Maru Mutti
Esta meditación para volver al cuerpo te invita a reconectar con vos a través de la respiración consciente y la relajación profundo. Ideal para recuperar presencia, aflojar tensiones y recordar que tu cuerpo es un refugio seguro al que siempre podés volver. Música: Mer-Ka-Ba - Jesse Gallagher
Transcripción
Te doy la bienvenida a este espacio de reconexión profunda,
Este es un momento solo para vos,
Un momento para volver a habitarte,
Para recordar que tu cuerpo no es un enemigo sino un lugar seguro al que siempre puedes volver.
Te invito a buscar una postura cómoda,
Puedes estar sentado o sentada con la espalda recta o recostarte si eso te permite entregarte mejor a la experiencia.
Deja que tus manos descansen suavemente,
Que los hombros se relajen,
Que el rostro se ablande y cerra los ojos con amabilidad para empezar a conectar con tu respiración.
Toma una inhalación profunda por la nariz y exhala lento y largo por la boca.
De nuevo inhala profundo y exhala suave.
Seguí así inhalando profundo y soltando lento,
Como si cada respiración te trajera un poco más hacia vos.
Hacé esto algunas veces más a tu propio ritmo permitiéndote entregarte a una relajación total.
Y ahora que hay más calma,
Más presencia,
Volví a respirar con normalidad.
Sentí el aire entrando,
Saliendo.
Cada respiración siendo más consciente,
Estando más presente.
Cada inhalación y cada exhalación va despejando tu mente,
Te ablanda el pecho,
Relaja el vientre.
Y ahora vamos a comenzar con una práctica suave de respiración consciente,
Como una invitación para volver al cuerpo a través del aire que nos da vida.
Vamos a practicar unos minutos de Samabhriti o respiración en caja.
Inhalando,
Reteniendo,
Exhalando y volviendo a retener en partes iguales.
Yo te voy a guiar para que cada momento sea en cuatro tiempos,
Pero sentite libre de modificar este número si el cuerpo te lo pide.
Empezamos.
Inhala en 4,
3,
2,
1.
Retén en 4,
3,
2,
1.
Exhala 4,
3,
2,
1.
Retén en 4,
3,
2,
1.
Inhala 4,
3,
2,
1.
Retén en 4,
3,
2,
1.
Exhala 4,
3,
2,
1.
Retén en 4,
3,
2,
1.
Inhala 4,
3,
2,
1.
Retén en 4,
3,
2,
1.
Exhala 4,
3,
2,
1.
Retén en 4,
3,
2,
1.
Inhala 4,
3,
2,
1.
Retén en 4,
3,
2,
1.
Exhala 4,
3,
2,
1.
Retén en 4,
3,
2,
1.
Inhala 4,
3,
2,
1.
Retén en 4,
3,
2,
1.
Exhala 4,
3,
2,
1.
Retén en 4,
3,
2,
1.
Ahora continúa un poco más siguiendo tu propia guía.
Permitir que el ritmo te encuentre sin esfuerzo,
Solo sintiendo la inhalación,
La exhalación y las retenciones meciéndote desde adentro.
Y cuando llegues a la última retención en vacío,
Volve a respirar con normalidad y observa cómo te sentís.
Tómate un instante para tomar conciencia de lo que está pasando por dentro.
Y ahora,
Además de tu estado interno,
Sé consciente también de tu estado externo.
Sentí el peso de tu cuerpo apoyándose en la tierra.
Deja que el suelo te sostenga.
Que tu base te recuerde que no tienes que hacer nada más que estar acá.
Lleva tu atención a la parte baja del cuerpo,
Los glúteos,
Las piernas,
Los pies.
Imagina raíces suaves extendiéndose desde las plantas de tus pies hacia el suelo.
Raíces firmes,
Fuertes,
Vivas.
Sentí tu conexión con la tierra,
Tu seguridad,
Tu sostén.
Seguí visualizando y sintiendo tus raíces mientras seguís consciente en todo momento de cada inhalación y cada exhalación.
Y mientras continúas en conexión con tus raíces y con el aire entrando,
Entrando y saliendo de tu cuerpo,
Puedes repetirte mentalmente.
Estoy a salvo.
Puedo descansar en mí.
La tierra me sostiene.
Seguí permitiendo que esa sensación de seguridad crezca desde abajo hacia arriba,
Llenando todo tu cuerpo de presencia.
Ahora que sentís la estabilidad que te dan tus propias raíces,
Vamos a hacer un recorrido consciente por todo tu cuerpo.
Un escaneo amoroso que te invito a explorar como si recorrieras tu casa interior.
Empezás llevando tu atención a los pies.
Sentílos.
Agradeceles por sostenerte cada día.
Subí a tus tobillos,
Tus pantorrillas,
Tus rodillas.
Permití que se relajen.
Sentí el flujo de energía subiendo por las piernas.
Y lleva la atención a tus caderas,
El centro de tu base.
Respirá y deja que se ablanden,
Que se disuelvan todos los miedos que están ahí guardados.
Subí lentamente al abdomen,
A esa zona donde muchas veces se acumulan las tensiones.
Respirá profundo y consciente,
Inhalando calma,
Exhalando cualquier rigidez que puedas encontrar.
Sentí el vientre expandirse y contraerse como una ola que calma todo por dentro.
Lleva tu atención al pecho,
A ese espacio donde vive el corazón.
Respirá en cada latido.
Permití que tu corazón se expanda,
Que se abra con confianza.
Deja que cada inhalación acaricie tus emociones y que cada exhalación te libere de lo que ya no necesitas cargar.
Lleva la atención a los hombros.
Solta el peso que no es tuyo.
Permití que caiga,
Sentí la ligereza en tu interior.
Y ahora escanea los brazos,
Las manos,
La energía que fluye hasta la yema de los dedos.
Esa energía vital que siempre está ahí,
Esperando ser reconocida,
Ser recordada.
Sube al cuello,
A la garganta y respirá ahí.
Deja que el aire limpie cualquier nudo,
Cualquier palabra no dicha.
Soltá todo lo que se sienta atragantado ahí.
Lleva ahora la atención al rostro,
A la mandíbula,
A los ojos,
A la frente.
Afloja cualquier tensión,
Soltá el control y permítete relajarte.
Y finalmente lleva tu atención a la coronilla e imagina como si una luz dorada descendiera desde arriba y envolviera todo tu cuerpo.
Esa luz desciende por la cabeza,
El cuello,
Los hombros,
Recorre el pecho,
Los brazos.
Baja por el abdomen,
Las piernas,
Hasta llegar a los pies.
Todo tu cuerpo está envuelto en una luz cálida que te trae una sensación de calma,
De amor,
De expansión.
Esa luz es tu energía vital,
Es tu hogar.
Sentí el cuerpo como refugio,
Como un templo que respira,
Que late,
Que te contiene.
Y quédate unos instantes ahí,
Sintiendo tu respiración,
Notando el contacto con la tierra,
Expandiendo la calma que nace desde adentro.
Volver a casa no siempre es fácil.
A veces el cuerpo carga memorias,
Miedos,
Resistencias.
Y sin embargo siempre está dispuesto a recibirte,
A abrirte espacio,
A abrazarte tal como sos.
Decirle internamente a tu cuerpo,
Gracias por sostenerme,
Gracias por protegerme incluso cuando no te entendí.
Hoy elijo volver a vos.
Respira profundo y consciente.
Sentí como cada inhalación te enraiza más y más.
Nota como cada exhalación te hace sentir liviano,
Liviana.
Y ahora visualiza tu chacra raíz en la base de la columna.
Una esfera de luz roja intensa,
Girando despacio,
Estable,
Firme.
Con cada respiración esa luz se expande,
Llenando tus caderas,
Tus piernas,
Tus pies,
Anclándote a la tierra.
Y desde ese lugar de estabilidad repetí internamente.
Estoy presente.
Estoy seguro,
Segura en mí.
Estoy en casa.
Quédate unos segundos en ese silencio interno.
Sentí la vida pulsando en vos.
Poco a poco vas a ir volviendo a este espacio,
A este momento,
A este lugar.
Volvé a conectar con tu respiración.
Inhala profundo,
Exhala suave.
Y lentamente empieza a mover los dedos de las manos,
Los pies,
El cuello.
Permití que el cuerpo se despierte desde adentro.
No hay apuro,
Solo gratitud y presencia.
Si lo sentís,
Puedes juntar las palmas de tus manos a la altura de tu corazón y quedarte un instante ahí,
Agradeciendo por este momento,
Por este regreso a vos.
Cuando lo sientas,
Puedes abrir los ojos,
Manteniendo la calma y la presencia que cultivaste en tu interior.
La luz en mí ve y reconoce,
La luz cae en vos.
Namasté
Conoce a tu maestro
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