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Meditacuento: Melina Y La Miel

by Cindy Vanessa Parra

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Puntuación
5
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
15

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de los meditacuentos. En este capítulo vamos a acompañar a melina una simpatica abejita a vivir el mundo que hay afuera de la colmena por primera vez, volar, beber nectar de las flores y poliniza, mientras cultivamos el hábito de la meditación

Transcripción

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Meditacuentos,

Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.

Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.

Ubícate en una postura cómoda en la que puedas tener tu espaldita derecha.

Relaja los hombros permitiendo que se alejen de tus orejas.

Relaja brazos,

Dejando que caigan a los costados igual que las piernas.

Despacito cierra los ojos.

Comienza a sentir el aire entrando en tu cuerpo.

Cómo llega hacia tus pulmones,

Cómo crece tu pecho,

Tu abdomen y luego cómo todo se hace pequeño para que el aire salga.

Trata de ponerle atención a ese movimiento.

Que hacemos sin ningún esfuerzo.

Que hacemos de forma automática.

Que nos mantiene lleno de vida.

Que nos permite realizar nuestras actividades día a día.

Respira profundo.

Tratando de sentir cada una de las partes de tu cuerpo que se involucra en la respiración desde las fosas nasales.

Todo el recorrido hacia tus pulmones.

El ego de ahí,

Cómo se transforma para ir por la sangre a todas las partes de tu cuerpo Inhala y exhala.

Siendo consciente de la respiración Una acción tan simple,

Tan sencilla.

Como entrar y sacar el aire pero tan especial.

Nos llena de vida,

De salud que nos permite aprender,

Jugar.

Agradeciendo cada uno de esos pequeños movimientos que hace nuestro cuerpo para respirar.

Movimientos que los hacemos tan automáticos que no nos damos cuenta.

Nota que a través de tu respiración has relajado los pies,

Las piernas.

La cadera,

El vientre la espalda,

El abdomen y el pecho los brazos,

Las manos y los dedos de las manos.

El cuello y la garganta todo tu rostro.

Toda tu cabeza y tu cabello Inhala y exhala y reconoce la sensación de calma y tranquilidad que tienes en este momento.

Se ha logrado solo con respirar.

Conserva esta sensación,

Esta quietud.

Sigue respirando a tu propio ritmo sin forzarlo Mantén los ojos cerrados,

Activa los oídos y deja que vuele tu imaginación.

Este meditat cuento se llama Melina y la miel.

Era así una vez.

Un gran bosque lleno de árboles verdes y frondosos.

En el que había mucho verde,

Mucha vida y mucha naturaleza.

Allí,

En el árbol más viejo del bosque,

Había un hueco.

Y en el hueco había una gran ciudad de cera llamada La Colmena.

Justo allí vivía Melina,

Una abeja joven llena de vida,

Peludita y con ganas de salir a conocer el mundo.

Resulta que una ma��ana,

Melina estaba muy emocionada porque había llegado el día de salir a volar por primera vez.

Durante semanas,

Había practicado dentro de una colmena oscura y calientita.

Y vaya.

No había sido una tarea fácil.

Puedes aprender a volar,

Tenía su truco.

Melina tenía que mover sus pequeñas aletas transparentes rapidísimo.

Casi 200 veces en un solo segundo.

¿Había practicado demasiado para alcanzar esa velocidad?

Y por fin tenía todo lo necesario para salir.

A hacerlo en el mundo real.

Para volar afuera sin la protección de la colmena.

Pero,

Lejos de tener miedo,

Melina estaba emocionadísima por salir.

Así que se enfiló.

Alistó sus alas y cuando llegó su momento,

Saltó y empezó a volar.

Y de inmediato lo sintió.

El rápido movimiento de sus alas comenzó a hacer ese hermoso y arrullador sonido al volar.

Jajajajajaja Cuando se dio al aire,

El mundo le pareció inmenso.

El viento era suave y el sol le calentaba la espaldita.

Voló siguiendo el dulce aroma del bosque hasta encontrar una flor hermosa.

Era un Zen Pazúchi.

Naranja y brillante que parecía un pedacito de sol en la tierra.

Melina se posó suavemente sobre sus pétalos.

Bebió un poco del néctar dulce de la flor.

Y lo guardó en un saquito especial que tenía en su pancita.

Llamado estómago de miel.

Mientras bebía,

Los pelitos suaves de sus patas y de todo su cuerpo se llenaron de un polvito amarillo de la flor,

Llamado polen.

Cuando terminó,

Melina le agradeció al néctar y a la flor.

Y nuevamente comienzas a zumbar y a volar hacia otra flor y a otra flor.

Y con esto iba llevando ese polen de una flor a otra y a otra.

Y sin saberlo estaba ayudando a polinizar.

Es decir,

Ayudaba a que nacieran nuevas flores en el bosque.

Cuando su saquito,

Su estómago de miel,

Estuvo lleno,

Melina regresó a la colmena zumbando.

Allí,

Muy feliz,

Comenzó a pasarle todo el néctar a sus hermanas mayores.

Y todas juntas comenzaron a aletear muy rápido sobre el néctar,

Echándole un aire fresco para secarlo y convertirlo en una espesa y dulce gota de miel dorada.

Pero… Cuando Melina miró su gotita de miel.

.

.

Y luego miró los gigantescos panales de la colmena que llegaban hasta el techo.

Se puso un poco triste.

Paró sus alitas.

Mi gota es muy pequeña,

Dijo.

Trabajé todo el día y apenas una cosita de nada.

No va a ser nunca la diferencia.

Pero una abeja que pasaba por allí la escuchó.

Y notó lo triste que estaba.

Entonces se acercó y la abrazó.

¡Ay Melina,

Mira a tu alrededor!

¿ves esta fábrica gigante de dulzura?

Ninguna abeja construyó esto sola.

Cada una de las abejas que ves aquí.

Sólo podrá producir durante toda su vida menos de una cucharadita de miel.

Casi que va a producir la lágrima de un adulto.

Melina abrió los ojos,

Abrió muchísimo los ojos.

Un poquito.

Así es,

Le respondió la abeja.

Pero mira,

Mira lo que pasa cuando sumamos todas las gotitas.

Tu gotita con la mía y la de las miles de hermanas que trabajan aquí.

Creamos suficiente miel para alimentar a toda una ciudad entera en el largo invierno.

Tu gotita no es pequeña.

Tu gotita es exactamente lo que necesitábamos para estar completos.

Esas palabras le dieron mucha paz a Melina y sonrió y se sintió mucho mejor.

Porque no solamente había logrado volar su primera vez en el bosque,

En el exterior sino que además estaba entendiendo que no necesitaba,

Ella solita,

Hacer una montaña de miel.

Solo necesitaba hacer su pequeña parte bien hecha,

Con amor y esfuerzo.

Y el resto estaba en la magia de estar unidas.

Esa noche.

Melina se acurrucó en su camita de cera,

Rodeada del aroma dulce de la colmena.

Cerró los ojos y escuchó el zumbido suave de sus hermanas que dormían y entonces descansó profundamente sabiendo que su esfuerzo,

Pequeñito,

En realidad había sido gigante.

Ya está aquí.

Él me dice el cuento de hoy.

¿Sabías que una abeja durante toda su vida llega a producir menos de media cucharadita de miel?

La verdad es que todo su esfuerzo es en colectivo y pueden alimentar a toda su colmena gracias al trabajo que hacen en conjunto.

Y esto nos lleva a pensar.

Que en la vida hacemos pequeñísimas acciones que parece que no fueran suficiente pero cuando echamos un pasito atrás y vemos todo lo que eso produce nos damos cuenta de que estamos haciendo transformaciones gigantes y no solo en acciones con los demás sino también en acciones para ti mismo como todos los días agradecer por una pequeña cosita que te haya pasado Practicar una respiración profunda.

O practicar el hábito de la meditación.

Verás que a la larga.

.

.

Todas estas pequeñas acciones se convierten en grandes hábitos que nos ayudan a estar felices,

Sanos y llenos de bienestar.

Yo espero que hoy te vayas a dormir pensando en esas abejitas que se enfocan en hacer su pequeña taredita porque saben que eso se transformará en acciones gigantes.

Y por supuesto te deseo que hoy tengas dulces sueños.

Subtítulos realizados por la comunidad de Amara.

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