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Meditacuento: El Valle del Viento

by Cindy Vanessa Parra

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Puntuación
5
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
Reproducciones
365

Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de los meditacuentos. El día de hoy te traigo un cuento muy especial, pensado para estos momentos en el que el mundo atraviesa tantas situaciones difíciles de guerra y conflicto, te invito a que lo escuches, lo disfrutes y me compartas lo que piensas y sientes.

Transcripción

Hola a todos y bienvenidos al nuevo capítulo de Los Meditacuentos,

Donde un cuento y una meditación arrullan tu imaginación.

Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.

Ubícate en una postura cómoda en la que puedas tener la espaldita derecha,

Que los hombros estén alejados de tus orejas,

En la que los brazos puedan descansar a un costado de tu cuerpo sobre tus piernas y que los pies no se encuentren cruzados.

Toma una respiración profunda y cierra los ojos cuando saques el aire.

Comienza a sentir cómo está todo tu cuerpo,

Cómo se siente el día de hoy y permite que a través de cada respiración la calma vaya entrando en tu cuerpo.

Ponle un color a la calma.

Puede ser un azul claro,

Un verde o un morado o el color que tú prefieras.

E imagina que el aire se torna de ese color.

Cada que inhalas entra ese aire de color a relajar todas las partes de tu cuerpo.

Y cuando exhalas sale un aire transparente porque la calma se ha quedado dentro de ti.

Inhala aire de color y llévalo a los pies,

Las piernas,

Las rodillas y los muslos.

Deja salir el aire completamente transparente.

Inhala y permite que la calma se quede en todo tu vientre,

Tus caderas,

Todo el abdomen.

Exhala un aire transparente que se lleva cualquier cosa que no necesitas.

Inhala,

Permitiendo que la calma ahora vaya a toda la columna,

La espalda y el pecho.

Exhala liberando todo.

Inhala llevando la calma a los hombros,

A todos los brazos,

Cada uno de los dedos de tu mano,

La muñeca y los codos.

Vuelve a respirar profundo para que llegue la calma a todo tu cuello,

Tu garganta,

A toda la mandíbula,

Los dientes,

La lengua,

Los labios.

Respira profundo y lleva esa calma a los ojos,

Los cachetes y las orejas.

Vamos de nuevo a llevar la calma a través de la respiración a tu frente,

A las cejas,

Al entrecejo,

A toda la cabeza,

El cuero cabelludo y todo tu cabello.

Una última vez inhala sintiendo cómo ese aire de color está en todo tu cuerpo.

Exhala liberando cualquier tensión o preocupación que quede.

Ajusta tu cuerpo para que te puedas quedar quieto o quieta durante los próximos minutos.

Mantén los ojos cerrados,

Activa los oídos y deja que vuele tu imaginación.

Este meditacuento se llama El Valle del Viento.

Había una vez un valle tan pero tan bonito que las nubes se quedaban un rato extra solo para contemplarlo.

En ese valle vivían dos pueblos,

Los gorriones del este y las luciérnagas del oeste.

Nadie sabía muy bien quién había llegado primero,

Pero si preguntabas,

Cada grupo te aseguraba que ellos habían llegado desde siempre,

Probablemente desde antes que existiera el viento.

Y es que el viento,

Por cierto,

Era la joya de ese valle.

Suave en verano,

Fresco en otoño,

Juguetón en primavera y acogedor en invierno.

Soplaba aquí,

Soplaba allá,

Hacía que las hojas bailaran,

Que las flores se abrieran y que los niños rieran mientras corrían detrás de él.

Claro,

Hasta que alguien pensó que había que decidir quién mandaba sobre el viento,

Porque todo el mundo sabe,

El viento se comporta mucho mejor si tiene un jefe,

O al menos eso decían los gorriones.

Las luciérnagas,

Ofendidas,

Respondieron que por supuesto que el viento tenía que obedecerles a ellas,

Ya que ellas brillaban por la noche y eso les daba una autoridad natural.

Las reuniones para ponerse de acuerdo empezaron tranquilas,

Con té de flores y galletas,

Pero misteriosamente cada encuentro empezaba con menos té,

Con menos galletas y más gritos.

Un día los gritos fueron tan altos que el viento decidió que no valía la pena quedarse,

Y se fue,

Así sin avisar,

Sin dejar ni una nota.

Al principio todos creyeron que volvería,

Solo necesita tiempo para reflexionar,

Decían,

Pero pasaron días,

Semanas,

Meses y estaciones y el viento no volvió.

El valle se puso pesado,

El aire no corría,

Las semillas no brotaban y hasta los juegos parecían más lentos.

Los gorriones y las luciérnagas seguían discutiendo,

Porque como todo mundo sabe,

Cuando algo va mal lo mejor es seguir peleando sobre quién tiene la culpa.

Mientras tanto,

Las crías de ambos pueblos,

Esos que habían acabado de nacer y no habían podido escuchar al viento,

Se sentaban y se encontraban junto al río,

Jugaban con piedras,

Inventaban historias y a veces hasta cantaban canciones que,

Según habían oído,

Se parecía a cómo sonaba el viento antes.

Resulta que una tarde,

Un gorrión pequeño y una luciérnaga muy joven empezaron a cantar juntos.

No sabía si lo hacían bien,

Pero sonaba distinto.

Los demás se unieron,

Empezaron a mezclar sus trinidos,

Sus zumbidos y sus risas.

Y algo curioso pasó.

El aire se movió,

Tímido,

Como si estuviera espiándolo desde lejos,

Y luego un poquito más fuerte,

Como si dijera,

Mmm,

Así sí vale la pena quedarse.

Los adultos vieron esto y por primera vez en mucho tiempo se quedaron callados.

Se quedaron callados y no hubo discusión.

Fue entonces cuando alguien,

Nadie recuerda muy bien quién,

Preguntó,

¿y por qué seguimos discutiendo como los adultos?

¿Acaso ellos siempre tienen la razón?

La pregunta quedó flotando en el aire,

Más ligera que cualquier discurso,

Y otros empezaron a añadir,

¿por qué tenemos que elegir solo un dueño para el viento?

¿Qué pasa si los cuidamos entre todos?

¿Y si cambiamos la forma de decidir las cosas?

Pues,

Después de un silencio,

No hubo ninguna votación,

No hubo un discurso final,

Ni ninguna firma de acuerdos,

Simplemente dejaron de seguir órdenes ciegas y empezaron a decidir todos juntos.

Y así,

El viento volvió para quedarse.

No sonaba como antes,

Sonaba mejor,

Con nuevas notas que nacían de muchas voces pensando,

Cantando y decidiendo en conjunto.

Y Siballe aprendió que la paz no era volver a lo de antes,

Sino atreverse a cambiar las formas,

Preguntar,

Cuestionar y no dar por sentado que quien habla más fuerte es el que más sabe.

Y hasta aquí el meditacuento de hoy,

Espero que te haya gustado tanto como a mí y que te pueda dejar pensando si has vivido tus situaciones en las que las discusiones le ganan a la razón o incluso discusiones que pierden el sentido porque se nos olvida que lo que construimos entre dos o tres o muchos es más fuerte que alguien que solo grita por querer tener la razón.

Yo te invito a que todos estos días cuando te sientes con alguien a jugar o incluso cuando tengan ideas diferentes encuentren formas de escucharse antes de gritar o pelear y que así desde nuestro círculo pequeño empecemos a hacer acciones para promover la paz,

Una paz que pueda llegarle a todas las personas del mundo.

Deseo que hoy tengas sueños pacíficos,

Tranquilos y seguros.

5.0 (14)

Reseñas Recientes

Mariana

December 4, 2025

Super me encanta puedes dedicarme un meditacuenti mi nombre es Alicia y mi mamá se llama mariana vivimos en Medellín Colombia saludos te quiero mucho

Mariela

September 2, 2025

Nos encantó. Inspirador

Silvina

September 1, 2025

Hermoso besosss

Luis

August 27, 2025

Muy. Bonito, me puedes mandar saludos plss??? Graciass

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