
Meditacuento: Aprendiendo a Confiar
En este capítulo la protragonista es Pao, una ratona portera que, a pesar de su talento, no logra ver su propio valor y se habla constantemente con inseguridad. Tras una derrota, sus palabras negativas salen con más fuerza, hasta que su capitana, Lena, la confronta con amor y honestidad. A través de un sencillo pero poderoso hábito, Pao comienza a transformar su diálogo interno y a descubrir que la confianza en sí misma también se entrena, paso a paso, desde adentro
Transcripción
Hola a todos y bienvenidos a un nuevo capítulo de Los Meditacuentos,
Donde encuentro una meditación arrullando imaginación.
Pónganse cómodos y cómodas que vamos a comenzar.
Ubícate en una postura cómoda en la que puedas tener la espaldita derecha,
Aleja los hombros de las orejas,
Brazos a los costados igual que las piernas,
Sueltos y relajados y suavecito,
Con una respiración profunda,
Cierra los ojos.
Comienza a sentir todo tu cuerpo descansando sobre tu cama o sobre el sofá o sobre el lugar en el que estás.
Siente cómo se van soltando todas las tensiones y se va haciendo más y más pesado tu cuerpo,
Que hasta parece que te vas fundiendo con la cama y tienes una sensación muy agradable,
Como si la cama te estuviera abrazando y tú puedes soltar todo tu cuerpo.
Concéntrate en el ritmo de tu respiración que despacito entra al aire y despacito sale el aire.
Y la cama te protege,
Te da paz,
Te da seguridad,
Te da un calorcito que llega hasta el corazón y tú sigues respirando despacio.
Entra y sale el aire despacio.
Sientes tu cuerpo relajado,
Los deditos de los pies se relajaron,
Los pies por completo se relajaron,
Las piernas se relajaron,
La cadera se relajó,
El vientre está relajado.
Toda la espalda está relajada,
Todo tu pecho y abdomen está relajado,
Todos los brazos están relajados,
Todas las manos están relajadas,
Todo tu cuello está relajado,
Todo tu rostro está relajado,
Toda tu cabeza está relajada,
Estás completamente relajado,
Desde los dedos de los pies hasta la cabeza.
Sigue observando tu respiración,
Mantén esta sensación de calma y tranquilidad,
Activa los oídos y deja que vuele tu imaginación.
Este meditacuento se llama aprendiendo a confiar.
Había una vez una pequeña ratona llamada Pau,
Ella jugaba fútbol con un equipo de amigas,
Era la portera.
Siempre se paraba enfrente de la portería con sus patitas listas,
Sus orejas bien atentas y el corazón latiendo rápido,
Pero aunque hacía grandes atajadas,
Aunque saltaba y se estiraba,
Y muchas veces salvaba a su equipo de goles increíbles,
Pau no lo veía.
Cada vez que alguien decía,
¡qué buena eres Pau!
,
Ella en sus adentros respondía,
¡ay,
Yo estoy aquí pues porque nadie más quería estar en esta posición,
La verdad es que yo no soy la buena,
La buena es mi equipo,
Yo creo que ganamos por suerte!
Y así,
Sin darse cuenta,
Pau iba sembrando palabras grises dentro de su propio corazón.
Un día jugaron un partido muy importante,
El balón iba rapidísimo,
El equipo corría de arriba para abajo,
Y Pau hacía todo lo posible para detener cada tiro,
Pero ese día perdieron,
Y el silencio llenó la cancha,
Y entonces Pau bajó a la cabeza y dijo,
¡fue mi culpa,
Es que yo soy muy mala,
Yo sabía que no íbamos a llegar tan lejos!
Y sus palabras cayeron pesadas,
Como gotitas de agua,
De pronto,
¡ya basta!
Se escuchó muy fuerte un gran grito,
Todas las ratonas se quedaron quietas,
Había sido Lena,
La capitana,
La ratona más dulce y tranquila que se conocía en ese pueblo,
La que siempre hablaba suave,
Pero esta vez,
Su voz sonó firme,
¡siempre dices que eres mala,
No te das cuenta de tu valor,
No sigas sembrando inseguridades en ti!
Todos estaban sorprendidos,
El aire se quedó quieto,
Nadie dijo nada,
Y la verdad,
En silencio todas se fueron a su casa.
Esa noche,
Pau quedó muy sorprendida,
Pues Lena era la persona más amable que conocía,
Y sus palabras quedaron resonando en su mente,
Porque cayó en cuenta que siempre decía cosas como,
Soy mala,
No puedo,
No fue nada,
Yo no fui,
Y así se fue a dormir,
Dándole vueltas a esas palabras que siempre repetía.
Al día siguiente,
Lena buscó a Pau,
Perdón,
No era la forma,
Dijo muy bajito,
Pero Pau la miró y le sonrió,
Gracias,
Nunca me habían mostrado lo que hacía,
No me había dado cuenta de todo lo que repetía,
Entonces Lena se asentó a su lado,
Yo también antes era así,
Le dijo,
Pero aprendí un pequeño truco para confiar en mí,
Así que Pau la miró y abrió bien sus orejas,
Cada noche antes de dormir repito tres frases,
Suave y despacio,
Yo puedo,
Estoy aprendiendo,
Soy capaz,
Y de tanto que las digo,
Ya me las creo,
Pau quedó sorprendida de que la solución fuera tan simple,
Y guardó esas palabras como un tesoro,
Y esa noche al acostarse cerró los ojos,
Respiró profundo y susurró,
Yo puedo,
Paz,
Al principio se sentía extraño,
Pero noche tras noche lo siguió intentando,
Y ya lo decía con más seguridad,
Yo puedo,
Estoy aprendiendo,
Soy capaz,
Y así día con día,
Se llegó el siguiente partido,
Y Pau por supuesto volvió a ponerse en la portería,
El balón venía rapidísimo,
Pero esta vez antes de moverse pensó,
Yo puedo,
Saltó y lo atrapó,
Y detuvo el gol,
Otra jugada,
Otro tiro,
Y Pau repitió,
Estoy aprendiendo,
Y lo volvió a lograr,
Y poco a poco Pau dejó de decirse que no podía,
Y empezó a confiar,
No porque fuera perfecta,
Sino porque creía en sí misma,
Claro que a veces dudaba,
Porque eso también pasa,
Pero sabía algo muy importante,
Que todas las palabras que se decía a sí misma eran como semillas,
Y ahora elegía sembrar en ella seguridad,
Y hasta aquí el meditacuento de hoy,
Deseo que te haya gustado tanto como a mí,
Y que practiques igual que Pau esta noche,
Y antes de dormir te repitas,
Yo puedo,
Estoy aprendiendo,
Soy capaz,
Conviértelo en tu ritual antes de dormir para que crezca ese corazón lleno de seguridad,
Y por supuesto que hoy te deseo que tengas dulces sueños.
Conoce a tu maestro
5.0 (5)
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