
Dominando la Mente
La mente ejerce un dominio constante sobre nosotros, dominio que nos empuja continuamente a la acción, a no parar. A través de esta sencilla meditación buscamos que la quietud de nuestra postura nos ayude a ser capaces de controlar la mente y ponerla a nuestro servicio, en lugar de ser dominados constantemente por su poder.
Transcripción
Comenzamos buscando una posición en la que nos encontremos suficientemente cómodos para no tener que movernos durante toda la meditación.
Una vez que la encontremos suavemente podemos ir cerrando los ojos.
Y una vez que tengamos los ojos cerrados vamos a empezar a visualizar nuestro cuerpo.
La inmovilidad total de nuestro cuerpo es la base de la meditación.
Son los cimientos y una de las mejores maneras para entender cuando sin querer nos dejamos llevar por la mente.
Nuestra mente está demasiado acostumbrada a la rapidez,
A siempre tener cosas que hacer.
Nos empuja continuamente a movernos,
A buscar nuevos objetivos,
Nuevas distracciones,
Nuevos estímulos.
Cuando nosotros nos anclamos en una postura para meditar lo que estamos haciendo es llevarle la contraria a nuestra mente,
Buscando directamente lo opuesto a lo que nuestra mente quiere.
Inmovilidad y quietud contra dinamismo y actividad.
Es por eso que es muy sencillo que durante la meditación nos entren muchísimas ganas de movernos,
De rascarnos,
De tocarnos el pelo,
Notando quizá algún tipo de picor.
Esto no son más que señales de nuestra propia mente,
Que impulsos que nos manda para que actuemos,
Para salir de la quietud y mantenernos en este estado constante de activación.
Durante nuestra meditación nos comprometemos a no movernos,
Conscientes de que no movernos será la clave para trascender nuestra propia mente,
Para dominarla.
En la tradición budista se dice que nuestra mente es como un mono,
Que salta de una rama a otra,
Que está todo el tiempo inquieto,
Y que la postura no es más que un pilar donde conseguimos atar a este mono para que no se mueva.
Al principio se quejará y tratará todo lo que esté en sus manos para escaparse,
Pero que con el tiempo simplemente se calmará.
De la misma manera actuamos ahora.
Es muy probable que nuestra mente se queje,
Que busque cosas que hacer,
Que trate de moverse.
Pero nosotros permaneceremos completamente inmóviles,
No dejando que nuestra mente gane la batalla.
Para hacer esto lo único que tenemos que hacer es que cada vez que sintamos un picor,
Una pequeña molestia,
Alguna sensación que nos diga sutilmente muévete,
Tan solo tenemos que tratar de respirar en esa sensación,
De observarla con muchísima ecuanimidad,
Con distancia.
El hecho de observarla sin identificarnos con esa sensación lentamente nos irá llevando a una profunda aceptación que conseguirá que nuestra mente desista de intentarlo y perfectamente notaremos como ese estímulo deja de tener importancia.
Notaremos como poco a poco se disuelve.
Esto mismo puede pasar con una ligera molestia,
Con un dolor físico real.
Si pasados unos minutos,
Si llegados el momento,
Algún dolor aparece,
Lo primero que haremos será observarlo,
Respirar en él aceptándolo,
Permitiendo que lentamente se disuelva.
Si con esta sensación de ecuanimidad,
De aceptación,
Podemos observar que este dolor es muy intenso y muy real,
Si después de respirar en él y de observarlo no desaparece,
Trataremos de hacer movimientos muy suaves para eliminarlo,
Pero sobre todo muy conscientes.
Por supuesto sin ninguna prisa ni agitación para no dejar que nuevamente nuestra mente tome el control.
Nuestra postura lentamente irá consiguiendo que todo nuestro cuerpo se relaje.
Esta inmovilidad paulatinamente nos va trayendo sosiego y calma.
Lo podemos ir notando en el ritmo de la respiración y de los latidos de nuestro corazón y seguimos muy comprometidos con la inmovilidad,
Con esta decisión profunda de que no nos vamos a mover,
De que vamos a permanecer muy cómodos e inmóviles aquí.
El único movimiento que notamos es el de nuestra propia respiración,
Notando lentamente cómo vamos conquistando los propios pensamientos,
Cómo si nos esforzamos tenemos dominio total sobre nuestra mente.
Es muy probable que de vez en cuando nuestra mente vuelva a intentar que nos movamos,
De nuevo a través de algún pequeño estímulo,
Sensación,
Molestia,
Quizá con una orden sutil de que se nos ha olvidado hacer algo,
Un impulso de mirar cuánto tiempo llevamos meditando.
Solo tenemos que tener presente que todo esto es producto de nuestra mente con el único y preciso objetivo de hacer que nos movamos,
De no dejarnos que seamos nosotros quienes decidamos,
Sino de ser siempre ella la que tiene el control,
La que dirige y mueve nuestras vidas.
Una vez más volvemos a tomar el firme compromiso de no movernos,
De respirar en las sensaciones,
De dejar que se desvanezcan,
Tratando de hacer esto unos minutos más,
Muy orgullosos de nosotros mismos al sentir cómo lentamente estamos tomando las riendas.
Respiramos en esta profunda sensación de calma,
En esta profunda sensación de control,
De que si queremos podemos hacerlo.
Nos seguimos manteniendo completamente inmóviles,
Relajando una última vez más todo nuestro cuerpo aquí.
Y lentamente antes de salir de esta pequeña meditación vamos a tratar de tomarnos unos últimos segundos tan solo para observar los posibles cambios que se han podido producir en nosotros y muy conscientes de que cuando abramos los ojos vamos a estar profundamente cambiados,
Que vamos a ver el mundo de otra manera.
Cuando nos sintamos preparados podemos suavemente abrir los ojos.
Conoce a tu maestro
4.7 (277)
Reseñas Recientes
Meditaciones Relacionadas
Trusted by people. It's free.

Get the app
