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Me rindo al Instante Santo - Dejo todo en manos de Dios

by Ananda Ishaya (Ernesto Guerra)

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4.5
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En esta meditación te invito a soltar el control y descansar, por unos minutos, en las manos de Dios. A través de la rendición consciente, permites que la mente se aquiete y el corazón se abra al Instante Santo. No hay nada que resolver ni que entender, solo permitir que la vida se exprese tal como es. Al rendirte a este momento, la paz se revela de manera natural.

Transcripción

Cierren sus ojos,

Respiren lento y profundo.

Y es tiempo de entregar nuestra vida y nuestra voluntad a Dios.

¿Cómo se hace eso?

Es bien fácil.

Simplemente entrega este instante santo a Dios.

Y eso se hace simplemente integrando los sonidos,

Los pensamientos y las sensaciones de tu cuerpo.

Entregándolos significa rindiéndonos,

Aceptándolos.

Y no aceptándolos desde un punto de vista de,

¡ay,

Chín,

Voy a aceptarlo para tener paz!

No,

Es como simplemente dejar de hacer mi voluntad.

Conscientemente elijo hacer la voluntad de Dios.

Y acepto esos pajaritos que se escuchan.

Acepto mis pensamientos.

Acepto mis emociones.

Acepto todo en este instante santo.

Porque yo amo a Jesús,

Yo amo a Dios y yo confío en el Espíritu Santo.

Y el Espíritu Santo es este instante santo.

Y yo confío en el instante santo.

No pudo haber sido de otra manera.

Este instante santo es tal como Dios lo dispuso para mí,

Para mi aprendizaje.

Inhala profundo y llénate de esta conciencia que hoy eliges tener.

Y hoy elijo vivir aquí y ahora,

Por el resto de mi vida.

Pues confío en este instante santo.

Así como es,

Es perfecto.

Mi mente es la mente de Dios.

Y solo tengo pensamientos con Dios.

Y solo escucho una voz,

Que es la voz de Dios.

Que habla por mí.

A partir de este instante yo me hago a un lado y permito que el instante santo,

El Espíritu Santo,

Me guíe a partir de este instante.

Sé que la voluntad de Dios es que yo sea feliz.

Y lo único que necesita Dios para darme ese gran regalo es el que yo deje de hacer mi voluntad y comience a aceptar la suya.

Y eso se logra muy fácil.

Simplemente necesito permitir a la creación que suceda así como tiene que suceder en este instante santo.

Dejar de resistirme,

Dejar de quejarme,

Dejar de lastimarme con mis quejas acerca de este instante santo.

Que si hay mucho ruido,

Que si no hay ruido,

Que si siento calor,

Que si siento culpa,

Que si siento preocupaciones,

Que si mi mente está loca,

Que si no está loca.

Todos esos cuestionamientos en tu mente es justamente lo que te impide en recibir el regalo de Dios que es el que tú seas feliz.

Necesitas sólo aprender a rendirte a este instante santo tal y como es.

Y eso lo puedes lograr con un simple pensamiento.

Bendigo la voluntad de Dios en mí y bendigo la voluntad de Dios en todos mis hermanos.

Bendigo la voluntad de Dios en mí y bendigo la voluntad de Dios en todos mis hermanos.

Inhala profundo y ríndete a este nuevo propósito que eliges tener a partir de este instante santo.

Ya no tienes que elegir por ti mismo,

Ahora vas a elegir desde el Espíritu Santo.

Y eso es tan sencillo.

Simplemente necesitas elegir la paz.

Y desde la paz elegir darle permiso a la creación que suceda como tenga que suceder.

Darle permiso a tu cuerpo de ser como es actualmente.

Darle permiso a tu mente de tener los pensamientos que quiera tener en este momento.

Darle permiso a tus emociones de tener todos esos sentimientos.

Pero sin crear historias,

Ni etiquetarlas,

Ni querer encontrar una razón de por qué me siento de esta u otra forma.

Es simplemente permitir que suceda esa energía que tarde que temprano se va a ir y por lo tanto es falsa.

Por lo tanto no hay nada de que preocuparse,

Al contrario te hace daño cuando la reprimes.

Así es que hacer la voluntad de Dios también tiene que ver con darme permiso de sentir.

Darme permiso de sentir.

Darme permiso de ser yo mismo otra vez.

Hacer la voluntad también es decirle a Dios,

Si esto que voy a hacer es de beneficio para mí,

De mis hermanos y de Dios,

Ábreme las puertas.

Y si no me abre las puertas significa que no era de beneficio para mí,

De mis hermanos,

Ni de Dios,

Que es lo mismo.

Así es que es muy fácil saber cuándo estás haciendo la voluntad de Dios.

Cuando eres feliz estás haciendo la voluntad de Dios,

Cuando estás sufriendo,

Estás carente o enfermo,

Estás haciendo la voluntad de la mente,

Del programa.

Así es que es muy fácil saber si te has rendido a la voluntad de Dios,

Porque la voluntad de Dios siempre es que su hijo sea feliz.

Y lo único que necesitas tú para llevarte ese gran regalo es que dejes de resistirte.

Y resistirte es lo mismo que no aceptar este instante santo tal y como es.

Darle permiso que suceda es la solución.

Darle permiso que se desenvuelva este instante santo tal y como está planeado desde hace mucho tiempo.

La voluntad de Dios es que yo me rinda a no saber,

A dejar de tener la razón.

Porque Dios sí sabe,

Yo no sé nada,

Pero Dios sí sabe por qué pasan las cosas.

Así es que yo elijo interpretar esto de otra forma,

Elijo ver esto con los ojos de Dios.

Y me elijo reconocer como su hijo.

Cuando me elijo reconocer como su hijo es cuando dejo de tener miedo,

Porque sé que ya soy completo,

Suficiente,

Amado,

Poderoso,

Valioso y sabio.

Soy el príncipe celestial,

Soy el hijo del rey celestial.

Por lo tanto hacer la voluntad de Dios es reconocer también eso,

Que yo soy su hijo,

Su santo y bendito hijo.

Imagina que en tu mente vas a barrer los pensamientos que te hacen creer lo contrario.

Y tu inhalación es la forma de barrer esos pensamientos.

Respira profundo y lento,

Lo más lento y lo más profundo que puedas.

Guarda la respiración un momento y cuando saques la respiración hazlo en un ahhh.

Ese ahhh viene siendo el adiós a la ilusión de que yo tengo el control de mi vida.

Adiós a la ilusión de que yo tengo el control de mis familiares.

Adiós a la ilusión de que tengo el control de mi país.

Adiós a la ilusión de que tengo el control de mi economía.

Adiós al control de mi cuerpo,

De mi destino,

Del día de mi muerte,

Del día de mi despertar.

Yo no controlo absolutamente nada.

Solamente entrego mi voluntad a este instante santo.

Y le permito que suceda tal como Dios lo dispuso para todos mis hermanos y para mí también.

Ese es mi único propósito a partir de hoy,

Rendirme a la voluntad de Dios.

Y entregarme a sus brazos,

Sentirme totalmente amado.

Porque cuando yo hago esta actitud de rendición es como decir Dios nuevamente quiero ser tu bebé.

Ya me cansé de ser adulto y que quiero controlar al mundo como pinky y cerebro.

Vamos a controlar el mundo.

No,

Hoy decido ser un bebé y decirle a Dios hoy elijo entregarme a tus brazos.

Confío en ti y en tu creación perfecta.

Confío en ti y en tu creación perfecta.

Y confiar en Dios es lo mismo que confiar en ti.

Si no tienes fe en Dios es porque no tienes fe en ti mismo.

Hoy elijo confiar en el instante santo que es lo mismo que confiar en el niño interior.

Porque tu niño interior era feliz porque vivía siempre presente.

Siempre presente,

Siempre presente,

Siempre presente.

Cuando tú aceptas la voluntad de Dios y te rindes al instante santo es lo mismo que si te estuvieras amando.

Porque amar al instante santo es lo mismo que amar a tu niño interior.

Es exactamente lo mismo.

Cuando te resistes al momento presente y le pides al momento presente que cambie,

Que sea diferente,

Ya sea dentro de ti o fuera de ti,

Estás diciéndole a tu niño interior quiero vivir en el futuro,

Quiero vivir en el pasado,

No quiero estar presente.

Y eso mis hermanos es sufrir.

¿Quieres amarte?

Comienza por amar el instante santo.

¿Quieres ser libre?

Comienza por rendirte a la voluntad de Dios.

Bienvenido al cielo en la tierra hermano.

Hecho está,

Hecho está.

© 2026 Ananda Ishaya (Ernesto Guerra). All rights reserved. All copyright in this work remains with the original creator. No part of this material may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, without the prior written permission of the copyright owner.

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