
Medita para soltar el estrés y las expectativas y descansar
Esta meditación te ayudara a soltar la necesidad de control y la ansiedad de encontrar respuestas inmediatas. Te ayudara a cuestionar y trabajar todo el peso emocional que producen los juicios e interpretaciones que le damos automáticamente a todo lo que nos sucede. Reduce la ansiedad que surge de querer saber qué hacer y que va a pasar. te ayudara a abrirte a la guía del Espíritu Santo en lugar de decidir desde el miedo o el pasado. Te ayudara a experimentar mayor paz, certeza y confianza en el presente. En pocas palabras esta meditación te ayudara a pasar de "yo sé lo que esto significa" a "Estoy dispuesto a verlo de otra manera" Deseo disfrutes esta meditacion. Puedes agregar un sonido de campaña para finalizar la meditación
Transcripción
Mi nombre es José Antonio Rivera.
Y el propósito de esta meditación es que te permitas vivir la vida que Dios tiene pensado para ti.
Y no la que tus percepciones eligieron.
Cierra los ojos.
Permite que tu cuerpo se acomode.
No necesitas adoptar una postura perfecta.
No necesitas conseguir una respiración perfecta.
No necesitas hacer nada en especial.
Por unos momentos.
Simplemente permite que todo sea tal cual es.
Respira lentamente.
Y el exhalar.
Suelta un poco la necesidad de controlar este momento.
Respira una vez más.
Inhala profundo.
Hay algo que hacemos prácticamente todo el tiempo sin darnos cuenta.
Interpretamos.
Miramos algo.
Y decidimos qué significa.
Una persona hace algo.
Y decidimos lo que esto significa.
Algo sucede.
Y decidimos si es algo bueno o malo.
Si nos conviene o nos perjudica.
Pensamos en el futuro y decidimos qué debería suceder.
Recordamos el pasado.
Y decidimos qué significó.
Y después Vivimos dentro de esas decisiones como si fueran la realidad.
¿Roy?
Vamos a cuestionar algo mucho más profundo.
Y si no sabes lo que esto significa.
No necesitas responder.
Simplemente permite que la pregunta interna.
Y si ello,
¿qué llama realidad?
Es en gran medida el resultado del significado que tú mismo crees.
Le has puesto a las cosas.
No estamos hablando de negar lo que ves.
Estamos hablando de reconocer que no sabes para qué sirve.
No sabemos qué propósito tiene.
Y reconocer esto no es debilidad.
Que soñen nada.
Al mismo tiempo que respira suavemente.
Relajas tu cuerpo.
Y ENSA.
En algo que esté presente en tu vida.
Puede ser una situación.
Una relación.
Un problema.
Una preocupación.
Una decisión que tienes pendiente.
Lo intentes resolver.
Simplemente tráela a tu mente.
Y observa qué significado ya le has dado.
Se has decidido.
Esto es un problema.
Esto me está perjudicando.
Esta persona me hizo daño.
Esto debería ser diferente.
Esto significa que estoy fracasando.
Esto significa que voy por buen camino.
Eso significa que Dios quiere esto para mí.
Obsérvalo,
Sin juzgarte.
Simplemente observa.
¿Cuántas decisiones has tomado acerca de lo que estás viendo?
Ahora dilí interiormente al Espíritu Santo.
No sé para qué sirve esto.
No sé qué significa.
No sé qué propósito tiene.
Permanece unos instantes en ese no saber.
Este no saber no es un vacío.
Es un espacio.
Un espacio en el que dejas de imponer tu propia interpretación.
Porque mientras estás convencido de saber qué significa algo,
No estás dispuesto a escuchar otra respuesta.
Y hoy,
No queremos fabricar una respuesta espiritual.
Queremos dejar espacio para recibirla.
Observa algo todavía más profundo.
No solamente decides qué significan las cosas,
Decides qué debes hacer.
Que deberías evitar.
De quién acercarte,
De quién alejarte.
Que decir,
Que callar,
Que perseguir,
Que controlar y que conseguir.
Y muchas veces llamamos a todo esto tomar decisiones.
Pero quizá existe otra posibilidad.
Quizá no necesitas decidir el significado de nada.
Y cuando dejas de decidir el significado,
También puedes dejar de decidir qué hacer con aquello que estás viendo.
Esto no significa quedarte paralizado.
No significa dejar de vivirlo.
O signifique a convertirte en alguien irresponsable.
Significa dejar de ser tú.
Quien determine el propósito de tu vida.
Porque hay una diferencia enorme entre actuar.
Y decidir desde donde actúas.
El Ego siempre te dirá.
Yo lo sé.
Pero el Espíritu Santo te dice.
Déjame mostrarte.
Respirar profundo.
Y exhala suavemente.
Y mientras respiras.
Imagina que colocas delante del Espíritu Santo.
Todo aquello que estabas intentando resolver en este día.
Tus planes,
Tus preocupaciones,
Tus relaciones,
Tus proyectos.
Tus problemas.
Tus deseos,
Tus miedos.
Incluso aquello que crees saber que quieres.
No tienes que renunciar a nada.
Solamente entregale el significado que tú le habías dado.
IBILE.
Espíritu Santo.
Yo no sé qué significa esto.
No sé para qué sirve.
No sé cuál es su propósito.
Quiero aprender a verlo contigo.
Permite que aparezca en tu mente esta idea.
No necesitas decidir.
No repitas esto como una obligación.
Permite simplemente que se vuelva una posibilidad.
No necesito decidir.
Porque si Dios ya conoce el camino,
¿Qué necesidad habría de que tú inventaras uno?
Si el amor ya sabe hacia dónde llevarte.
¿Por qué tendrías que protegerte de la vida?
Si tu verdadera naturaleza no está separada de Dios.
Entonces,
¿qué es el propósito de tu vida?
No consiste en construir una vida perfecta,
Quizá consiste en dejar de interferir con la vida misma.
Observa ahora.
Cualquier pensamiento que aparezca.
No puedo hacer eso.
Pero tengo que decidir.
¿Y si pierdo una oportunidad?
Y si no hago nada,
No luches contra esos pensamientos,
Tampoco intentes expulsarlos.
Simplemente obsérvalos.
Y responde.
También esto se lo entrego al Espíritu Santo.
No necesitas saber qué va a pasar mañana.
No necesitas saber cuál es la decisión correcta.
No necesitas conocer el resultado.
Tu única función ahora es dejar de fabricar un significado.
Siente tu respiración.
Siente tu cuerpo sentado.
Y permite que la mente descanse unos momentos.
Sin resolver.
Sin interpretar.
Sin anticiparte a nada.
Sin defenderte de nada.
Sin atacar.
Simplemente observa.
Hay una idea que puede parecer desconcertante.
Tal vez la vida que Dios pensó para ti no necesita que tú la diseñes.
Tal vez ya está ocurriendo.
Y quizá lo único que interfiere.
Es tu insistencia en decidir qué debería estar ocurriendo.
Por eso,
Hoy nos vamos a pedir,
Dios,
Dame lo que quiero.
Vamos a pedir algo mucho más profundo.
Dios.
Muéstrame lo que ya has dispuesto para mí.
Y después… Enséñame a no interferir.
Y deja que estas palabras se asienten.
No tengo que construir mi camino.
No tengo que conocer el significado de todo lo que me ocupe.
No tengo que decidir qué es para mi vía.
Puedo dejar que el Espíritu Santo me enseñe.
Lo piensas en toda tu vida.
Solamente en este instante.
Ahora.
Nada que resolver.
Nada que demostrar.
Nada que conseguir.
Y observa qué ocurre cuando,
Por un momento,
Dejas de tomar decisiones acerca de este instante.
Quizá comiences a sentirte en paz,
O quizá no.
No decidas siquiera qué significado tiene lo que estás sintiendo.
Déjalo ser.
La coherencia con el espíritu.
No consiste en sentirte siempre bien.
No consiste en tener pensamientos positivos todo el tiempo.
No consiste en recibir señales constantemente.
Consiste en comenzar a abandonar la idea de que tú sabes el significado de lo que ves.
O de lo que sientes.
Cada vez que reconoces.
No sé para qué es esto.
No sé qué significado tiene.
Abres una puerta.
Cada vez que dices,
Espíritu Santo,
Interprétalo por mí.
Te acercas un poco más a la paz.
Imagina que mañana aparece una situación que normalmente te haría reaccionar.
Una persona dice algo.
Algo no sale como esperabas.
Recibes una noticia.
Aparece una oportunidad.
O surge un conflicto.
Y antes de decidir qué significado tiene.
Haces una pausa.
Respiras profundo y recuerdas.
No sé qué significa esto.
No sé para qué sirve.
Espíritu Santo,
Decide conmigo.
No necesitas escuchar una voz.
No necesitas recibir una respuesta espectacular.
Quizá la respuesta sea simplemente un estado de paz.
Quizás sea esperar.
Se hace actuar.
Quizás sea hablar.
Quizás sea simplemente guardar silencio.
Pero ya no necesitas fabricar la respuesta desde el miedo.
Has dejado espacio para otra interpretación.
Y ahora?
Lentamente.
Permite que aparezca una última idea.
No quiero decidir desde el miedo.
No quiero decidir desde el pasado.
No quiero decidir desde las historias que fabriqué en mi mente.
Quiero recordar.
Y quizá.
.
.
Eso sea todo lo que necesites hacer hoy.
Recordar que no estás llamado a construir una realidad separada.
No tienes que controlar el camino.
No tienes que saberlo todo.
No tienes que convertirte en alguien distinto.
Solo necesitas estar dispuesto a entregar el significado que habías dado a las cosas.
Y dejar.
Que el Espíritu Santo te enseña a verlas de otra manera.
Respirar profundamente.
Y nada.
Y exhala suavemente.
Siente nuevamente tu cuerpo.
Respira profundamente.
Cada vez que tu mente intente darle un significado a las cosas.
Simplemente piensa.
Si oi.
No tomo ninguna decisión con respecto al significado que tienen las cosas.
Voy a vivir la vida que Dios tiene pensado para mí.
Simplemente con no tomar decisiones.
No interpretar y no darle significado a las cosas del mundo.
Voy a vivir la vida que Dios tiene pensado para mí.
Respira profundo.
Y con esa paz que te envuelve completamente.
Siente nuevamente tu cuerpo.
Escucha los sonidos a tu alrededor.
Y cuando estés preparado.
Abre lentamente los ojos.
No regreses a tus decisiones.
Regresa al presente.
Y lleva contigo esta frase.
Si hoy no tomo ninguna decisión,
Voy a vivir la vida que Dios tiene pensado para mí.
Hoy estoy dispuesto a dejar que el Espíritu Santo me enseñe.
Gracias por haber concluido esta meditación.
Espero haya sido de gran ayuda para tu camino.
Te deseo todas las bendiciones que Dios tiene preparado para ti.
Conoce a tu maestro
