
Duerme Tan Profundo que Dejarás de Sentir el Cuerpo
DUERME en 10 MINUTOS con esta meditación guiada para dormir profundamente, apagar la mente y calmar tu sistema nervioso. Deja atrás las preocupaciones, relaja todo tu cuerpo y entrégate a un sueño profundo, tranquilo y reparador esta noche.
Transcripción
Muy buenas noches.
¿Soy Elías?
¿No soy una aya?
Y esta noche no voy a pedirte que fuerces al sueño.
No tienes que vaciar la mente.
Ni controlar cada pensamiento.
Ni demostrar que sabes relajarte.
Sólo escucha.
Quizá el verdadero descanso.
No comienza cuando logras apagar.
Todos tus pensamientos.
Sino cuando dejas de creer.
Que tienes que seguirlos.
Durante los próximos minutos.
¿Mi voz acompañará tu cuerpo?
Para que reciba una señal clara.
¿La de qué ahora?
Estás a salvo.
Ya no hay nada que resolver.
El día.
¿Ha terminado?
Y puedes permitir que tu sistema nervioso Abandone poco a poco el estado.
De alerta.
Puede que hoy tu mente haya repetido preocupaciones.
Conversaciones.
O hercenas que ya pasaron.
Pero una idea no es una orden.
Un pensamiento.
No es una profecía.
Y aquello que aparece en tu mente.
No tiene por qué decidir.
¿Cómo te sentirás esta noche?
Deja que cada palabra vaya cayendo.
Suavemente en ti.
Como una llave que abre una puerta.
Cuerpo ya conoce.
La puerta del sueño profundo.
Baja el volumen hasta que mi voz sea cómoda.
De la manera que te resulte más agradable.
Y recuerda.
Si te duermes antes de terminar.
Habrás hecho exactamente lo que tenías que hacer.
A cerrar los ojos ahora.
Permite que tus párpados se encuentren sin esfuerzo.
Como si hubieran estado esperando este momento.
Durante todo el día.
No intentes dormir todavía.
Sólo descansa de intentar.
Siente.
Los lugares en los que tu cuerpo la parte posterior de tu cabeza.
Tus hombros.
Tu espalda.
Tus brazos.
Tus caderas.
Piernas.
Talones.
No necesitas sentirlos todos a la vez.
Deja que tu atención se pose lentamente en un piso.
¿Y ahora?
Cada punto de contacto te recuerda algo sencillo.
Que no tienes.
Que sostenerte.
La cama te sostiene.
La noche sabe cómo recibirte.
Lleva ahora tu atención.
A la respiración.
No la cambies.
Obsérvala tal como es.
Quizá sea corta.
Quizá irregular.
Quizá profunda.
Está bien.
Tu respiración no necesita ser perfecta.
Para empezar a calmarte.
Permite que el aire entre por tu nariz.
Y descienda hacia el abdomen.
Sin forzarlo.
Vamos ahora a hacerlo juntos.
Inhala.
.
.
Suavemente.
Y ahora exhala un poco más despacio.
Otra vez.
Y nada.
Y ahora exhala imaginando que el cuerpo recibe el mensaje de.
.
.
Ya puedes soltar.
Suelta la tensión.
La Lucha.
El querer tener la razón.
No vale la pena.
No vale la pena.
¿lo que de verdad vale?
Es tu felicidad.
Y no luchar.
Con cada exhalación.
¿Deja que tu peso aumente ligeramente?
Sobre el colchón.
Como si la gravedad de abrazar.
Como si la tierra te dijera en silencio.
Yo te sostén.
Yo te sostengo.
Respira tu propio ritmo.
No hay ninguna presa.
Solo cuenta.
Poder repararte esta noche.
Al dormir.
Que es lo que necesitas.
Lo que cada ser humano necesita.
El sueño no está lejos.
No tienes que perseguirlo.
Es el sueño el que empieza a acercarse a ti.
Observa ahora si alguna parte de tu rostro Continúa trabajando.
Quizá la frente sigue tensa.
Quizá el entrecejo conserva una preocupación.
Quizá la mandíbula permanece apretada.
Permite que todo eso se afloje?
Relaja la frente.
Separa ligeramente los dientes.
Suelta la lengua dentro de la boca.
Deja que las mejillas descansen.
Tus ojos ya no tienen que mirar nada.
Tus oídos no tienen que vigilar nada.
Tu rostro puede abandonar.
Todas las expresiones del día.
Ya no necesitas parecer fuerte.
Sólo puedes ser.
Y en este instante.
Tal como eres.
Ya eres digno,
Digna de descanso.
Lleva ahora tu atención.
Al cuello y a los hombros.
Observa cuánto han cargado.
Responsabilidades.
Expectativas.
Palabras que no dijiste.
Cosas.
Que quisiste cambiar.
No necesitas analizar nada.
Solo imagina.
Y al exhalar.
Una parte de ese peso se derrite.
Se derrite ahora.
Los hombros descienden.
El cuello se ablanda.
Y la garganta se libera.
Y quizá descubras que muchas de las cargas que parecían tuyas eran pensamientos repetidos muchas veces.
Esta noche no tienes que discutir con ellos.
No tienes que expulsarlos.
Puedes mirarlos pasar y recordar que Este es un pensamiento.
No mi realidad.
Este es un pensamiento.
No mi realidad.
Y eliges volver a la respiración.
E inhalar calma.
Y ahora exhala resistencia.
Final a presencia.
Y ahora exhala el día.
Siente ahora.
Tus brazos.
Desde los hombros.
Hasta los dedos.
Permite que se vuelvan pesados.
Tus manos ya han hecho suficiente por hoy.
No tienen que sujetar nada.
No tienen que responder nada.
Pueden abrirse ligeramente.
Y descansar.
Siente ahora el pecho.
No intentes modificar los latidos del corazón.
Sólo reconoce que tu corazón.
¿Ha seguido acompañándote durante todo el día?
Tal vez puedas agradecerle en silencio.
Gracias por sostener mi corazón.
Gracias por traerme hasta aquí.
Mientras respiras.
.
.
Imagina una luz tenue y cálida.
En el centro de tu pecho.
Sólo un resplandor tranquilo.
Una presencia serena que no exige nada de ti.
Esa luz no viene a corregirte.
Porque en lo más profundo No estás defectuoso,
Defectuosa.
Viene a recordarte que debajo del cansancio del miedo.
¿y del ruido mental existe?
Un lugar intacto.
Lugar donde nada te persigue.
Un lugar donde no tienes que protegerte.
Un lugar de paz.
Que siempre ha estado en ti.
Con cada respiración,
Esa luz.
Se extiende por el pecho.
Llega a los hombros.
Baja por los brazos.
Y sube por la garganta.
No para luchar contra los pensamientos.
Sino para dejar de alimentarlos.
Quizá parezca una preocupación.
Déjala estar.
Quizá aparezca una imagen.
Déjala pasar.
Quizá.
Tu mente diga que todavía.
No estás lo bastante relajado,
Relajada.
Sonríe por dentro.
Y vuelve a escuchar.
No necesitas saber cómo ocurrirá el sueño.
Tu cuerpo sí lo sabe.
Cuerpo recuerda.
Y mientras tú dejas de interferir,
Algo empieza a ordenarse.
En silencio.
La respiración se vuelve más lenta.
Los músculos entregan.
Los pensamientos.
Pierden fuerza.
Y la noche comienza a entrar en ti.
Sin esfuerzo.
¿Y ahora?
Mientras la noche continúa entrando en ti.
Lleva tu atención hacia el abdomen.
No necesitas hacer que se mueva de ninguna manera especial.
Sólo siente cómo se eleva un poco al inhalar.
Y cómo desciende el exhalar.
Como una ola tranquila.
Que llega a la orilla.
Y después regresa al mar.
Muy bien.
Cada respiración te lleva un poco más lejos del ruido del tiempo.
Un poco más cerca de ese espacio interior.
Donde no hay nada que resolver.
Permite que los músculos del abdomen sea blanda.
No tienes que mantenerte.
Preparada.
Preparada.
No tienes que anticipar.
Lo que podría suceder mañana.
En este momento.
Nada te está pidiendo una respuesta.
Nada te está exigiendo que tengas.
Todas las soluciones.
¿Ahora solo existe?
Esta respiración.
Este cuerpo sostenido.
Y esta noche que te envuelve.
Siente como la calma desciende.
Hacia la zona lumbar.
Tal vez ahí.
.
.
Si haya acumulado parte del esfuerzo del día.
Tal vez tu cuerpo haya guardado tensiones.
De las que ni siquiera eras consciente.
No hace falta comprenderlas.
No hace falta ponerles un nombre.
Sólo permite que se aflojen.
Imagina que una corriente de agua tibia.
Recorre lentamente tu espalda.
Pasa por cada vértebra.
Por cada lugar que estuvo rígido.
Cansado.
O alerta.
Y donde esa corriente pasa.
El cuerpo deja de resistirse.
La espalda se entrega un poco más al colchón.
La pelvis se vuelve pesada.
Las caderas descansan.
Todo tu cuerpo comienza a recordar que descansar.
Es seguro.
Quizá alguna parte de ti.
¿Hay aprendido a permanecer vigilante?
Incluso cuando nada malo.
Está ocurriendo.
Quizá tu mente haya confundido pensar constantemente.
Con estar protegido.
Pero esta noche puedes enseñarle.
Algo nuevo.
Puedes enseñarle que también estás a salvo.
Cuando dejas de controlar.
Que también estás a salvo.
Cuando no sabes.
Que también estás a salvo cuando descansas.
Confía en la vida.
Confía en Dios.
Y el universo.
O como tú personalmente quieras llamarlo.
No necesitas mantener.
Encendida la mente.
Para que la vida continúe.
La vida sigue respirando en ti incluso.
Cuando tú duermes.
Su corazón sabe latir.
Tus pulmones saben respirar.
Tu cuerpo sabe repararse.
Y la sabiduría que te sostiene.
No necesita que permanezcas despierto,
Despierto.
Para hacer su trabajo.
Siente ahora tus caderas.
Y tus muslos.
Percibe su peso.
Deja que la relajación descienda lentamente por ambas piernas.
Como una ola profunda y silenciosa.
Que está bajando ahora por los muslos.
Llega a las rodillas.
Y afloja todo lo que encuentra.
¿Las piernas ya no tienen que llevarte?
A ningún lugar.
No tienes que avanzar.
No tienes que llegar.
Por esta noche.
Ya has llegado.
Estás aquí.
Y aquí es suficiente.
La calma continúa descendiendo.
Por las pantorrillas.
Los músculos se sueltan.
Las piernas se vuelven más pesadas.
Quizá más ligeras.
No importa cómo lo percibas.
Cualquier sensación es adecuada.
¿Ahora lleva a la atención?
A los tobillos.
A los pies.
Y a cada uno de los dedos.
Permite que se aflojen.
¿imagina que cualquier resto de tensión?
Encuentra una salida.
A través de las plantas de los pies.
Como si el peso del día descendiera lentamente.
Y abandonar a tu cuerpo.
Las conversaciones pendientes.
Las decisiones.
Los recuerdos.
Las imágenes.
Las palabras que todavía parecían razonar.
Dentro de ti.
Todo puede salir.
Todo puede irse.
¿No porque lo rechaces?
Sino porque ya no necesitas cargarlo.
Durante la noche.
Lo que tenga que resolverse.
Podrá ser mirado mañana.
Con una mente más clara.
Y lo que no pueda resolverse.
Por ahora.
Puede descansar contigo.
RESPIR.
Inhala suavemente.
Y al exhalar ahora siente como todo tu cuerpo.
Desciende un poco más.
La cabeza reposa.
Los hombros descansan.
Los brazos están sueltos.
El pecho se abre.
El abdomen se ablanda.
La espalda se entrega.
Las caderas pesan.
Las piernas se apagan.
Los pies descansan.
Todo tu cuerpo está recibiendo.
¿El mismo mensaje?
¿Ya es hora?
De dormir.
Imagina sobre ti.
Un cielo nocturno inmenso.
No tienes que verlo con claridad.
Basta con sentir su amplitud.
Un cielo profundo.
Sereno.
Silencios.
Algunas estrellas brillan a lo lejos.
No hacen ruido.
No se apresuran.
No intentan llegar a ninguna parte.
Simplemente están.
Y tú por unos instantes.
Puede ser como ese cielo.
¿los pensamientos son pequeñas nubes?
Que aparecen y se alejan.
Pero tú no eres las nubes.
Tú eres el espacio que las contiene.
¿Alguna preocupación puede atravesarte?
Y aún así la paz.
Permanece detrás.
Un recuerdo puede aparecer.
Y aún así el silencio continúa indistinto.
Una sensación puede cambiar.
Y aún así hay algo en ti.
Que observa sin ser dañado.
Ese espacio interior.
No tiene presa.
No teme a la noche.
No necesita defenderse.
Es tranquilo.
Es amplio.
Es inocente.
Y cada vez que dejas de luchar contra un pensamiento.
Vuelves a él.
No necesitas expulsar nada.
Solo recordar dónde estás.
Estás aquí.
Estás a salvo.
Estás siendo sostenido,
Sostenida.
Y ahora poco a poco.
Las palabras empiezan a esparcirse.
Y espaciarse.
Como luces que se apagan una a una.
En una casa al final del día.
Una habitación queda en silencio.
Después otra.
Y otra más.
Que todo lo interior descansa.
Tu sistema nervioso.
Que la noche no es un lugar de peligro.
Es un lugar de recuperación.
Un lugar donde puedes soltar la vigilancia.
Lo que el día consumió.
Mientras duermes.
No tienes que hacer nada.
El descanso no es una tarea.
Es una entrega.
Y tú empiezas a entregarte.
Quizás ya no escuches cada palabra.
Quizá algunas frases.
Se mezclen con imágenes.
Quizá empieces a perder el hilo.
Y eso está bien.
Mi voz puede quedarse al fondo.
Como una presencia lejana.
Mientras tú te acercas al sueño.
Y si aparece algún pensamiento.
.
.
¿Puedes responderle?
Ahora no.
Ahora no.
Mañana.
Si es necesario.
Ahora descanso.
No discuto.
No analizo.
Sólo vuelve a esas tres palabras.
Ahora descanso.
Ahora descanso.
Ahora descanso.
Siente como esas palabras se extienden.
No como una orden.
Sino como un permiso.
Un permiso que quizá llevas mucho tiempo esperando.
Puedes descansar de ser quien resuelve.
Puedes descansar de ser quien sostiene.
Puedes descansar de ser.
Quien intenta comprenderlo todo.
Durante unas horas.
La vida puede sostenerte a ti.
Y ahora?
Voy a contar lentamente desde diez Hasta uno.
No necesitas escuchar todos los números.
Cada número permites.
Que la conciencia descienda hacia un sueño?
Más profundo.
Diez.
El cuerpo pesa.
Nueve.
La respiración se vuelve suave.
8 la frente se abre y descansa.
Siete la mandíbula se afloja.
Seis.
Los hombros se hunden.
La mente pierde interés.
En seguir pensando.
Los sonidos se alejan.
3.
El cuerpo ya sabe el camino.
Dos.
Sólo queda quieto.
Uno.
Puedes dormir.
Y ahora imagina que flotas.
Sobre un agua completamente tranquila.
La noche es cálida.
El cielo está lleno de estrellas.
El agua te sostiene sin esfuerzo.
No tienes que nadar.
No tienes que mantenerte a flote.
Solo permitir que el agua te lleve.
Cada pequeño movimiento te mece.
Cada respiración es una ola.
Y cuanto más te dejas sostener.
Menos percibes el peso del cuerpo.
Los bordes de tus manos.
Se vuelven difusos.
Los pies parecen más lejanos.
Las piernas descansan tan profundamente.
Que casi desaparecen de tu atención.
El tronco flota.
Los brazos reposan.
La cabeza está sostenida.
Dentro de ti hay espacio.
Fuera de ti hay espacio.
Y entre ambos.
Ya no hace falta establecer.
Ninguna frontera.
Sólo existe la quietud.
Deja que la noche aborre las formas.
Deja que los pensamientos pierdan sus nombres.
Deja que las preocupaciones se alejen.
Y permite que tu mente se apague.
No pierdes el control.
Sino que vuelves a confiar en tu cuerpo.
En la noche.
Y en el descanso que te restaura.
Tu respiración se hace más lenta.
Su cuerpo se relaja.
Todo tu sistema encuentra calma.
Este es tu refugio.
Dormir.
Soltar.
Y descansar es seguro.
La paz sigue dentro de ti.
Debajo del ruido.
Y del cansancio.
El día ha terminado.
La noche te sostiene.
Tu mente descansa.
Cuerpo se duerme.
Y tú desciendes poco a poco.
Hacia un sueño profundo y tranquilo.
No te aferres.
Suelta y descansa.
Buenas noches.
Conoce a tu maestro
5.0 (3)
