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Cuento infantil: Visita a la India. 3er episodio

by Alan Hecker

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Puntuación
4.9
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Actividad
Meditación
Adecuado para
Bebés
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953

En el 3er episodio de los "Emocionantes viajes de Emma" Emma descubre en su viaje por India el placer que le da compartir sus cosas y como al final de quedarse con muy poco se siente mas liviana y feliz! Música de Kevin Mac Leod libre de copyright

Transcripción

Hola,

Yo soy Alan y esto es Cuentos con Moraleja.

En el tercer episodio de hoy,

De los emocionantes viajes de Emma,

Escrito por Cristina Pérez Brito de editorial Círculo Rojo,

Voy a leerles Visita a la India,

Lo que no necesito para ser feliz en este mundo.

Y está dedicado a Iria.

Comenzamos.

Faltaban solo dos días para el comienzo de una gran aventura en la India.

Emma empezó a preparar su maleta.

Zapatos para pasear,

Playeras,

Zapatillas para la playa,

Vestidos para la noche,

Ropa deportiva,

Dos muñecas,

Colonia,

Juegos para el avión,

Gorros,

Pintura de uñas.

¡Ay,

Que no me caben las tizas,

La plastilina,

Los patines,

Mi peluche favorito,

Una pelota!

Emma tuvo que dejar atrás muchas cosas porque ya no le cabían en la maleta y estaba preocupada pensando que las echaría en falta.

Cuando llegó el gran día subió al avión cargada de ilusión y de curiosidad por descubrir un país nuevo.

Al desembarcar en la gran ciudad de Calcuta,

Emma quedó sorprendida al ver tanta gente caminando a la vez por la misma acera.

Desde el minuto uno todo era ya diferente.

Los olores,

Las vestimentas,

El ruido de las calles,

Incluso el transporte.

Un tuk-tuk,

Una moto típica de tres ruedas,

Llevó a Emma hasta un hostal.

Con un namasté la recibieron y le ofrecieron un rico plato de arroz con verdura.

Cuando estás en un país extranjero hay que adaptarse a las costumbres.

Le habían aconsejado unos viajeros en el avión.

La primera costumbre para Emma fue comer con las manos,

Pues en la India no se utilizan cubiertos.

¡Qué buena idea!

Así en casa tardaríamos menos en fregar.

Se lo contaré a papá.

El segundo consejo que le dieron para adaptarse a las costumbres era que olvidase toda su ropa y comprase tres vestidos típicos de allí.

Y así lo hizo.

Emma sacó toda su ropa de la mochila y se la regaló a unas niñas que estaban en el hostal y tenían mucha curiosidad por las prendas tan diferentes.

De camino al mercado para comprar el tradicional salbar-kamish,

Camisón y pantalón,

Unos niños muy pequeñitos le pidieron algo de comida.

Emma no se lo pensó y les dio toda la comida que llevaba en su mochila,

Barritas de cereales,

Chocolatines,

Bollos.

Comprar la nueva ropa no fue tarea fácil,

Pues comunicarse resultaba complicado.

Hasta que Emma entendió que en ese país,

Asentir con la cabeza significaba no,

Y ladearla a un lado,

Formando el signo infinito,

Quería decir sí.

De camino en tren hacia una pequeña aldea alejada del ajetreado ruido de la ciudad,

Emma notó que unas niñas la miraban con algo de curiosidad y envidia.

Ellas,

De piel morena,

Pelo oscuro y pies descalzos,

Observaban fijamente las uñas lilas de Emma.

Sin pensárselo dos veces,

Esta les regaló todas las pinturas y maquillajes que llevaba en su mochila.

La aldea no era como se la había imaginado.

Las casitas estaban construidas con barro y paja,

Y las camas con trozos de madera.

La cocina consistía en una hoguera por fuera y el agua la recogían de una fuente común.

La gente del poblado la recibió con mucha curiosidad y le hacían preguntas sobre la familia,

Pues para ellos es un aspecto muy importante en la vida.

Los niños iban casi sin ropa,

Mientras que las mujeres llevaban unos vestidos muy coloridos,

Y los hombres lucían camisa y pantalón.

Sin conocer mucho el idioma,

Pero con señales,

Le ofrecieron deliciosos mangos,

Lichis y piñas.

¡Qué rico está todo!

Emma mostraba una gran cara de felicidad al saborear aquellos manjares típicos,

Y los demás disfrutaban al verla.

Por la noche cenaron todos sentados en el suelo,

Formando un círculo y cogiendo los alimentos con las manos.

De repente se oyó un fuerte ruido.

¿Qué ha sido eso?

Y de nuevo el ruido al otro lado del círculo.

Eran eructos.

¡Ay,

Qué asco!

¡Eso en mi país es de mala educación!

Pero había leído que en la India eructar después de la cena es señal de satisfacción.

Cuando todos dormían,

Entre los cantos de los grillos y de los sapos,

Emma escribió una postal para sus abuelos.

Queridos abuelos,

Estoy en un poblado donde la gente es muy feliz.

Viven de manera sencilla,

No tienen coches,

Ni un ropero lleno de ropa,

Ni muchos juguetes.

Me estoy dando cuenta de lo poco que necesito para ser feliz.

No echo de menos las muñecas que dejé en casa,

Ni la ropa que dejé en el hostal,

Ni el maquillaje que compartí.

Solo echo de menos a la familia.

Un abrazo,

Emma.

Para continuar el viaje con poco peso,

Dejó todos los juguetes que había traído a la escuela del poblado,

Donde la habían recibido con mucho cariño y curiosidad.

Con su mochila casi vacía,

El estómago llenito y contento,

El corazón latiendo muy fuerte y la mente muy clara,

Continuó aprendiendo todo lo que ese país le ofrecía.

Siguió su viaje hacia la ciudad de Agra para visitar el Taj Mahal.

El camino no fue fácil.

La carretera estaba llena de barro por las tormentas y el tuk-tuk quedó atascado.

Le pidieron que se bajase y siguiera unos metros a pie.

Para facilitar el camino decidió dejar atrás su bolsita de colonias y cremas,

Y solo se quedó con el spray antimosquitos y la crema solar.

Para llegar a la ciudad tuvo que coger un tren,

Donde compartió la litera con varias personas.

Todo el mundo era amable y compartía lo poco que tenía.

Después de 30 días de viaje,

Una nueva Emma volvió a casa,

Una que valoraba sobre todo el tiempo en familia.

Se sintió muy agradecida y afortunada por todo lo que tenía,

Pero se había dado cuenta de que,

Para ser feliz,

No había nada como un buen y simple abrazo.

Colorín colorado,

Este cuento se ha terminado.

4.9 (21)

Reseñas Recientes

Monse

June 3, 2024

Me gustan mucho sus cuentos te mando un fuerte abrazo

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