
Charla con Dios, episodio 1
Este es un espacio sincero de conversación con Dios, sin respuestas con palabras, con silencios que invitan a la calma. Reflexiones en mi día a día sobre la vida, un trocito de mi para acompañarnos en el camino y para recordar que nunca caminamos solos.
Transcripción
Quiero que seas bienvenido,
Bienvenida,
A charlas con Dios.
Este es un espacio sencillo,
Como una conversación con un amigo de confianza.
Aquí comparto lo que vivo y siento,
Sin buscar respuestas con palabras,
Sino en el silencio,
Donde muchas veces encuentro calma,
Claridad,
Paz.
Creo que Dios se revela en lo inmenso y en lo sencillo,
En una estrella que viaja millones de años para brillar en nuestros ojos,
En un amanecer que renueva el día,
En la rama seca que un día sorprende con un brote,
En la luna,
En una tormenta eléctrica,
También en mis pasos cuando corro,
En mi respiración cuando medito,
En uno de tus comentarios cuando agradeces una práctica,
En lo cotidiano que se vuelve sagrado al prestarle atención.
De vez en cuando escucharás una campana,
Es un recordatorio para regresar al presente,
Para observar la respiración por unos segundos,
Para regresar a la vida que ocurre aquí y ahora.
Que esta serie de charlas con Dios sean una pausa,
Un respiro,
Una fragancia suave para el alma.
Mi Dios,
Hoy he venido a hablarte,
Quiero contarte un poco lo que pasa en mi interior,
Contarte por ejemplo que a veces mis propios pensamientos se amontonan,
Que de pronto todos quieren salir por un espacio pequeño al mismo tiempo,
No son voces ajenas,
Soy yo misma pensando mucho,
Quizá intento con el pensamiento resolver acertijos que no tienen solución en ese momento,
Pero todo pasa por ejemplo cuando salgo a correr,
Al inicio mi mente va muy rápido y empiezo a pensar en lo que tengo pendiente,
En preocupaciones o en lo que me da miedo,
Pero después de un rato con cada paso,
Con cada respiración,
Cuando atiendo al presente,
El ruido cesa y ahí en medio de los kilómetros y del camino,
Regreso al silencio,
Un silencio donde me encuentro contigo,
Donde no necesito pensar,
Donde solo estoy presente y decido estar.
Hay veces en que siguen llegando pensamientos,
Pero son automáticos,
Llegan,
La diferencia es que no les hago caso,
No me quedo sosteniéndolos o alargándolos,
Algo muy parecido a lo que sucede cuando medito,
Porque si,
Lo mismo pasa cuando meditamos,
Al comienzo mis pensamientos saltan de un lugar a otro dependiendo de qué tan tranquila estoy antes de meditar,
Pero si permanezco en quietud,
Concentrada en la respiración,
Estableciendo una intención,
Empieza a aparecer esa calma que hay en mi interior,
Que eres tú Dios,
Porque tú eres ese estado de paz,
De calma,
Ahí estás tú,
No en el desorden de mi cabeza,
Sino en el espacio abierto que queda cuando dejo de controlar,
De querer resolver todo.
Mi Dios,
También quiero hablarte hoy de la ansiedad,
Esa sensación terrible que le da una tonalidad oscura o gris a todo,
Que hace que la vida pierda la intensidad real,
Como si la ansiedad fuera más poderosa,
Pero te doy gracias,
Porque poco a poco me enseñas a liberarme de esos estados que perturban,
Que son ruidosos,
Me muestras que yo no soy esos pensamientos automáticos,
Que lo que soy tampoco son mis miedos,
Que puedo regresar a la calma,
A la nitidez que hay cuando observamos el presente,
También quiero agradecerte por las pruebas,
A veces las personas me hieren,
Se marchan y dejan un vacío,
O hablan desde un egoísmo que es irrespetuoso,
Y eso duele,
Pero entonces miro un árbol,
Veo una rama seca que parecía muerta,
Y descubro que da un brote nuevo,
Y recuerdo que yo también puedo regenerarme,
Que en mí hay vida que renace día a día,
He aprendido que muchas veces el dolor del otro es solo un miedo disfrazado,
Y que la mejor respuesta no es endurecerme,
Sino aprender a escuchar,
Aprender también a respetarme,
A mirar con esos ojos de compasión que tú me has enseñado,
Mi dios,
Si somos vulnerables,
Pero tú nos haces fuerte,
Gracias a ti he aprendido a cuidarme,
A respetar mis propios ritmos,
A valorar este camino hacia ti,
Esa vulnerabilidad se ha convertido en maestra,
Enseña que se puede vivir con más gratitud,
Que hay una fuerza real en todos nosotros,
Que proviene de la madre tierra,
De la sabiduría universal,
De ti,
Mi dios,
Hoy cierro esta charla con gratitud,
Es hora de ir a trabajar,
De continuar un día y otro,
Regresando siempre la mirada al presente,
De ir por el camino que tú has decidido,
Me despido de esta charla,
Y sé que sigues conmigo en silencio acompañándome,
Gracias por estar siempre presente,
Por mostrarme que cuando hay amor no hay miedo,
Por recordarme que no necesito tener todas las respuestas,
Pero el silencio aclara todas las incertidumbres,
Gracias por acompañarme hasta aquí,
Me hará muy feliz ver en los comentarios tu intención para este día,
¿qué le dirías a dios en este momento?
Recuerda regresar al presente,
Y tener un día maravilloso,
En compañía de esa sabiduría infinita,
Que hay en ti,
Que hay en todos,
Que es dios.
Conoce a tu maestro
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